viernes, 19 de octubre de 2007

El Club de la Lucha (1999)


"Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar. Felicidades, estás a punto de tocar fondo".


Fight Club; la cinta más insólita, compleja y brutal del mejor realizador de su generación, la del pop-promo-and-TV-commercial. Cantos de sirena alrededor del guión de Chuck Palahniuk, que de pura lucidez entona un mensaje nihilista, sin rodeos, radical. Lo tiene todo para convertirse en la película de culto del siglo que está en camino. 

Fincher da forma, y de qué modo, con su particular y efectivo estilo de coreografía del videoclip. La perfecta traducción en imágenes de un texto de inimaginable apaptación. La primera media hora, es decir, lo que va desde el comienzo hasta la aparición de Brad Pitt, es la narración más genial que este cronista ha visto en muchos años. A ello contribuye un Norton es estado de gracia, rodeado de unos personajes tan irreales como perfectos prototipos de nada, Tyler Durden y Marla Singer.

"Y entonces ocurrió algo. Me solté. Me sumí en el olvido, oscuro, silencioso y completo. Al perder la esperanza hallé la libertad".

"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos y eso hace que estemos, muy, muy cabreados".



El Club de la Lucha es a los 90 como Taxi Driver o La Naranja Mecánica fue a los 70. Sus detractores la acusaran de violenta. Todo lo contrario. Es una crítica a la violenta sociedad occidental, y ya de paso a todos aquellos que encuentran peligroso su mensaje sin acercarse a entenderlo. Y lo que es peor sin ni tan siquiera escucharlo. En medio de nuestra ajetreada vida, Fight Club pide a gritos un cambio, agita los valores que creemos correctos y los convierte en jabón. Dinamita.

"Soy la completa falta de sorpresa de Jack".
"Soy la sonrisa burlona y vengativa de Jack".
"Soy la venganza autosatisfecha de Jack".
"Soy el sudor frío de Jack".
"Soy el sentimiento de rechazo de Jack".

viernes, 5 de octubre de 2007

Muerte entre las flores (1990)

¿Sueñan los androides con Miller's Crossing?



"—Una vez tuve un sueño. Caminaba por el bosque, no sé porqué, se levantó viento y mi sombrero voló. —Y lo perseguiste ¿no?, corrías y corrías y finalmente lo alcanzabas. Lo recogiste, pero ya no era un sombrero se había convertido en otra cosa, en algo maravilloso. —No, seguía siendo un sombrero y no lo perseguí. No hay nada más ridículo que un hombre corriendo tras su sombrero."

La mejor película de gángsters desde El Padrino II. Muerte entre las flores (precioso título, mucho mejor que el original Miller's Crossing), la obra maestra de los Coen, seria, alejada del típico cachondeo que abunda en el cine de éstos hermanos y sus habituales actores. Todos estupendos. Gabriel Byrne no tiene nada que envidiar a los clásicos, de Finney no hay nada más que decir, aunque el mejor es el excéntrico e histérico John Turturro, el actor más carismático de la cuadrilla de los Coen.

De escenas sombrías y una oscura fotografía que rememoran el ambiente del mejor cine negro. Un lujo. La mejor película del año. Un momento memorable, Turturro suplicando compasión en Miller's Crossing. Los hermanos Coen no solo son unos maestros de la paranoia y la subversión, también su cine arrastra un profundo compromiso con la tradición del género negro clásico, y obras maestras como Muerte entre las flores están ahí para demostrarlo.