martes, 11 de marzo de 2008

Promesas del Este (2007)

Una oscura historia de semi-violencia



El misterioso y carismático Nikolai, nacido en Rusia, es el chófer de una de las familias más importantes del crimen organizado de Europa Oriental. Encabezada por Semyon, el encantador dueño de un caro restaurante ruso que esconde una naturaleza brutal y fría detrás de su sonrisa, la suerte de la familia se tambalea por culpa de Kirill, su alocado hijo, que hace más caso a Nikolai que a su propio padre. Pero la cautelosa vida de Nikolai cambia de golpe cuando conoce a Anna, una comadrona que trabaja en un hospital de Londres. Anna está muy afectada por la situación en la que se encontraba una adolescente que muere dando a luz, y decide buscar a la familia de la chica basándose en el diario que dejó escrito en ruso. Al escarbar en el diario, Anna desencadena involuntariamente la ira de los mafiosos...


Una pregunta está en el aire, casi una afirmación. ¿La violencia engendra violencia? Y Cronenberg responde con más violencia. El director canadiense David Cronenberg es uno de los principales originarios del denominado horror corporal que explora los miedos humanos ante la transformación corporal y la infección. Pero lejos de esa transformación física Cronenberg y Mortensen mano a mano se han propuesto reinventar el thriller moderno, en 2005 con Una Historia de Violencia y dos años más tarde con Promesas del Este. Durante tres décadas cada cita con el autor de Inseparables, Crash, eXistenZ, o el remake de La Mosca, era una experiencia metacorporal, sin embargo ahora se ha modelizado, pero éso no quiere decir que haya empeorado. Todo lo contrario. A sus 64 años Cronenberg va a más. Y para muestra un botón. La escena en los baños termales es la más extrema batalla cuerpo a cuerpo que recuerdo en la gran pantalla.





Y hay un actor al que le sienta muy bien el traje, y que por fin deja atrás al héroe de El Señor de los Anillos, yo quiero tener sus gafas, quiero tener sus músculos, quiero tener sus tatuajes, quiero moverme como él, mascar como él, quiero ser Viggo Mortensen en Promesas del Este.Y un adverbio que nunca fue mejor utilizado, "enough". ¿Suficiente?


Lo mejor: Viggo Mortensen, y la secuencia de los baños termales. O las dos cosas juntas. Y lo peor: el pseudo-ruso, y la impresión de que con algo más de metraje se podría conseguir una obra mayor.



domingo, 9 de marzo de 2008

No Country for Old Men (2007)

Ética del Western


Lo bueno de estrenarse en este mundillo del cine con una obra casi maestra, magnética, y un marcado ejercicio de estilo, como en su día fue Blood Simple, ópera prima de los Coen (esos hermanos que se mimetizan en las áridas tierras de la América profunda), es que en posteriores entregas de su filmografía basta con adaptarse a las reglas que se marcaron a mediados de los 80.

A saber:

1) Sus historias arrancan con un planteamiento original y sencillo, pero devienen en situaciones impredecibles. La mezcla del thriller con el western, de la banda sonora repleta de temas de música country, con paisajes fronterizos, sudores fríos en cuartos de baño cálidos, y sobre todo sangre, mucha sangre.

2)También impredecibles son sus personajes, cínicos, con el humor teñido de negro que tanto gusta a estos cineastas; además de oscuros son pasivos, abandonados en las formas, pero valientes cuando se enfrentan a un destino que les da las espalda, y ante el que nada pueden hacer. Fuck you. Está escrito. Ellos escriben, dirigen y producen.

3)Un estilo, los cineastas de la brecha. El dedo en la llaga de los géneros clásicos americanos. La subversión más respetuosa de las tradiciones fílmicas.

Y así, con las cosas tan claras da gusto, ya pueden dedicarse a escribir sus propios guiones o adaptar una novela del sensacional Cormac McCarthy, como este No Country for Old Men, que siempre van a aplicar sus depuradas señas de identidad. No se trata de una adaptación, sino más bien es una re-escritura de la obra original y el secreto de su éxito reside en puntualizar (en lugar de subrayar) el estilo de McCarthy. Un film visceral y seco, con un trabajo perfecto por parte de todos sus apartados técnicos (sonido e imagen).


En cuanto a Bardem, impone muchísimo respeto y miedo, y está tan bien como todos sus compañeros. El quinteto actoral está de muerte, algo que no tiene mucho mérito pues bajo la dirección de los hermanos de Minnesota jamás hubo un actor mediocre. Tommy Lee Jones, Josh Brolin, Javier Bardem, Woody Harrelson, y por fin una mujer, Kelly MacDonald, a la que entregan toda la valentía y dignidad de la que carecen el resto.

Toda la película funciona como manual de ética del Western, con sus reflexiones (nunca discursivas) sobre la moralidad de los hombres buenos, ambiciosos, de los hombres cuerdos, y los hombres viejos. El problema llega a la hora de interconectar tres historias paralelas, o perpendiculares, y en su defecto es donde pierde fuerza el conjunto. Y cuando los Coen olvidan el concepto de música y nos dejan a solas con las ásperas imágenes de su último film.

Horas después de su visionado resuenan los ecos de una película perfecta, aunque No Country for Old Men no lo sea.