viernes, 17 de abril de 2009

Let the right one in (2008)

Obra maestra a la sueca


Qué año más raro de cine ha sido el 2008. Ha vuelto la moda de los vampiros por varios motivos, aunque la mayoría de ellos tienen que ver con la literatura: al fenómeno juvenil del Crepúsculo de Stephenie Meyer no le ha faltado su adaptación cinematográfica, una película pasable aunque un poco sosa, mientras que Alan Ball se ha sacado de la chistera una serie de televisión basada en la serie de novelas Southern vampire, de la escritora norteamericana Charlaine Harris. A eso hay que sumarle lo más grave, la película más taquillera del año está protagonizada por un tipo disfrazado de murciélago que salta de tejado en tejado. Pero ahora que ya sabemos qué piensa Hollywood de los vampiros, centramos nuestra mirada en Europa.

Let the right one in de Thomas Alfredson (traducida aquí en España como Déjame entrar) es una película sueca que utiliza al vampiro no como un arquetipo, sino como excusa para hablar de esas cosas que realmente nos atormentan. La soledad, el amor, o el miedo a lo desconocido. Oskar, un niño tímido de 12 años, marginado por sus compañeros, se hace amigo de Eli, una misteriosa vecina, cuya llegada coincide con una serie de misteriosas muertes. A pesar de que el joven piensa que ella es un vampiro, intenta que su amistad esté por encima de su miedo.



Es el guión (buenísimo) del film, y su brillante equipo de actores, lo que te engancha, como el cebo que muerde el pez antes de despedirse de todo lo que conoce. Pero lo que primordialmente te pega a la butaca, te deja boquiabierto y te paraliza el cuerpo es la forma de dirigir de Alfredson, que hace gala -¡en su segunda película!- de una precisión impresionante en cada secuencia.

La tensión que te puedes encontar en cualquier escena de esta modesta obra maestra hace rememorar todos los terroríficos encuentros habidos desde el primero de Hannibal Lecter con Clarice Starling en El silencio de los corderos (1991) hasta la habitación en la que se discutía acaloradamente el aborto de 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007).

Let the right one in te emociona, te noquea, te enamora y te acojona. Todo, música, fotografía, efectos especiales, todo es tan delicado que sólo la rendición hará justicia a este precioso film. Mientras tanto intentas asimilar lo que te dice, que no es poco. Sé tolerante, pero sé también cauteloso. Todavía queda tiempo para descubrir atónitos un clímax a mitad de película que va de lo terrorífico a lo romántico con una habilidad absolutamente asombrosa.


jueves, 16 de abril de 2009

Milk (2008)

Biopic convencional


SINOPSIS: Harvey Milk, a los cuarenta años, cansado de huir de sí mismo, deja un puesto ejecutivo en Wall Street para salir del armario y mudarse al barrio Castro, de San Francisco. Se enfrenta a empresarios, sindicatos y políticos intolerantes. Sus victorias son cada vez mayores. Su valentía – recibe amenazas constantes – inspira a otros a seguir sus pasos. En su vida privada, empieza una destructiva aventura con Jack Lira, un joven que se agarra a él para sobrevivir. La comunidad homosexual, que se siente unida y más fuerte, le elige para un puesto público. (FILMAFFINITY)

Biografía de Harvey Milk, el primer político abiertamente homosexual en Estados Unidos, dirigido con mano maestra por Gus Van Sant, pero que no aporta nada nuevo o sorprendente al género, salvo la interpretación de Sean Penn, que resuelve un rol complicado con la solvencia que le acostumbra. ¿No es extraño que un film tan progresista en sus planteamientos políticos sea tan ultraconservador en su forma estilística? Algo falla. Aunque, eso sí, el trabajo de ambientación setentero está tan logrado que ni el excesivo amaneramiento de todo el colectivo gay del film consigue echarlo a perder.


lunes, 13 de abril de 2009

Gladiator (2000)

Luces y sombras


 
Si ya de por sí no es sencillo entrar a valorar cualquier película con frialdad y obviando toda clase de sentimentalismo, menos aún es hacerlo con una película como la que nos ocupa que dejó una huella impresionante en una generación completa, que no es otra que la mía. La sensación que me provoca el film es de un completo aturdimiento*. Aturdimiento: 1. Perturbación física de los sentidos por efecto de un agente externo como un golpe o un ruido; 2. Perturbación emocional momentánea; 3. Falta de serenidad y reflexión. De ahí que considere el esquemático método de pros y contras (ventajas y desventajas, claros y oscuros...) como la mejor forma, al menos la más eficaz, de evitar la redacción fluida en la que seguro me perdería.
 
 
Luces

1.- Revitalización de un género, el peplum / Sublimación de sus cánones y códigos genéricos. El peplum es un concepto al que dio nombre la crítica francesa para referirse al cine de aventuras ambientado en la Grecia y la Roma clásicas. El peplum tiene fama de no ser muy riguroso con sus referencias históricas. En ellos se magnifica la valentía y fortaleza del protagonista. La ambientación buscaba la espectacularidad. La película dirigida por Ridley Scott insufló vida al género, y su influencia en el cine reciente es indudable: Troya (2004), la insufrible Alejandro Magno (2004), 300 (2007) o la serie de televisión Roma (2005).

2.- Interpretaciones convincentes, resultonas. Acudimos al nacimiento de una estrella mayúscula, Russell Crowe que tras el rudo policía de L.A. Confidential y el científico de El Dilema, irrumpe portentoso en el panorama estelar de Hollywood, Oscar incluido. En frente, Joaquin Phoenix, cuyo rostro es la viva imagen del odio.

3.- Magnífica banda sonora del compositor Hans Zimmer, que aturde* y emociona.




Sombras

4.- No transgresión / No adaptación a su tiempo cinematográfico. Donde más cojea la película de Ridley Scott es en lo modélico de sus planteamientos, todo está tan trillado que no hay lugar para la transgresión del tratamiento, ni estético, ni plástico (años después lo conseguiría 300) , ni mucho menos discursivo.

5. Caricaturización de personajes. Los personajes principales están estereotipados, como castas idealizaciones del bien y el mal.

6.- Grandilocuencia / Super-elefante blanco. La pomposidad de su argumento: "El general que se convirtió en esclavo, el esclavo que se convirtió en gladiador, el gladiador que desafió a un imperio", rezaban los titulares promocionales de la película más popular de los últimos tiempos. La suntuosidad de sus frases.
 
El resultado final no es tan impecable como algunos pensaron (entre los que me incluyo) en el momento de su estreno, pero está lejos de ser todo lo bochornoso que nos venden los pseudo-intelectuales que se creen puristas del cine. Sopesadas luces y sombras, me reafirmo en que Gladiator es impresionante, o al menos causa impresión, que para el caso debería tener el mismo efecto. Pd. El reparto de estrellas permanece (injustamente) invariable para no herir mi antiguo orgullo de inocente fanático del film.