lunes, 29 de junio de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres (2009)

Un thriller eficaz en una adaptación digna


SINOPSIS: Hace 40 años, durante una reunión familiar en una isla, la joven Harriet Vanger desapareció sin dejar rastro. Aunque no se ha encontrado su cuerpo, su tío está convencido de que fue asesinada por alguien de su propia familia, así que decide contratar a dos personas para que investiguen el caso. Los elegidos son un desencantado periodista, Mikael Blomkvist, y una siniestra hacker informática llamada Lisbeth Salander. Ambos descubrirán que el secreto del clan Vanger es más oscuro de lo que parece.

Probablemente la mayoría de los méritos de la película son culpa de Larsson, el autor del libro. Se atisba desde el film una intriga argumental densa y oscura que se multiplicará a medida que avance la trilogía, pero la película tiende a esquematizar y reducir a la simplificación esas tramas principales. No tanto los personajes, en especial el de Lisbeth Salander, enigmática joven que arrastra un pasado que sólo podemos intuir. Thriller que aumenta su tensión en la segunda parte con un crescendo muy eficaz para todo aquel espectador ajeno a la novela original.


sábado, 27 de junio de 2009

Presencias extrañas (2009)

Terroríficamente detestable


SINOPSIS: Anna Rydell (Emily Browning) regresa a casa junto a su hermana -y mejor amiga- Alex (Arielle Kebbel), tras su estancia en un hospital mental. Pero su recuperación se pondrá en peligro por culpa de su cruel madrastra, de su padre ausente y de la presencia de un fantasma que habita en la casa...

¿De verdad pueden lucrarse los señores que produjeron Presencias extrañas con un remake tan idiota? No hay tensión ninguna porque toda la película está construída a base de clichés de multicine de sobremesa. No diré que la película no cumple con su cometido, porque asustar asusta. Yo de hecho metí varios brincos en la butaca y salí a-co-jo-na-do. Lástima que lo único que me provocaba miedo era la idea de haberme quedado sordo en alguno de esos efectos de sonido que utiliza el film para dar sustos. Qué tramposillos son los hermanos Guard, los encargados de dirigir esta adaptación americana de la película surcoreana Janghwa, hongryeon (se llama así en serio, no me estoy riendo de nadie, y al contrario que ésta, el original tiene algunos momentos salvables).

A los cinco minutos ya sentía unas ganas terribles de abandonar la sala, y si no lo hice era por temor a que una de aquellas baterías sonoras terroríficas me pillase bajando y mi cuerpo cayese rodando por las escaleras. Toménselo como una recomendación de las autoridades sanitarias. No se expongan al Sol en las horas de máximas temperaturas, hidraten a mayores y pequeños, y bajo ningún concepto paguen por ver Presencias extrañas.


jueves, 25 de junio de 2009

Zack and Miri Make a Porno (2008)

Hacemos el gamberro, sí, pero con dulzura


SINOPSIS: Zack y Miri son dos amigos que se conocieron en el instituto y a los que les cuesta afrontar la edad adulta pues, a sus veintimuchos años, se ven inmersos en deudas. Para hacer dinero rápido deciden montar una empresa para grabar porno amateur con sus amigos. Mientras rueden las películas, descubrirán que sentían algo más el uno hacia el otro que la platónica amistad que les había unido hasta ahora.

Comedia ligera donde lo gamberro deja paso a lo entrañable. No es gran cosa pero parece un oasis en medio de la espantosa cartelera veraniega que llevamos de momento. Seth Rogen y Elizabeth Banks están muy acertados como pareja protagonista. Para pasar un buen rato y divertirse con los amigos. Plato de digestión rápida donde sigue presente el ingenio de Kevin Smith, aunque almibarado o (lo que es peor) pasado por agua.


martes, 2 de junio de 2009

The Happening (2008) - versión 2.0 - Fallo de apreciación

El sosiego del fin de los tiempos




Hace unos meses, aproximadamente un año, cometí un error grave de apreciación al considerar El Incidente (The Happening, el título original y más apropiado) una profunda decepción y una película fallida de su director M. Night Shyamalan, cineasta -vaya por delante- que me entusiasma y a quien tengo en un altar, pero su último film me pareció una enorme estupidez en su momento y así lo reflejé en un artículo del que ahora mismo me avergüenzo: Shyamalan se pierde en la espesura de Hollywood. Todo lo que se podía leer en él era mi descontento con el nuevo rumbo que había tomado el indio y cómo por el camino había perdido sus virtudes. Me equivoqué porque es una película entretenida y sugerente y no puede estar más lejos de lo que hoy se entiende en Hollywood como cine de masas. Lo que más me entristece de mi error es el tiempo que llevaba lamentando la cantidad de gente que había salido decepcionada de las películas de Shyamalan, y yo mismo he caído en idéntica trampa.

No pretendo autoflagelarme por ello pero sí busco aprender alguna lección de este insignificante (por la nula repercusión de mis palabras) fracaso. Esto me hace replantearme mi sistema de apreciación de un film e incluso la manera de verlo. Una película -como cualquier otra obra- debe ser juzgada no en orden a aquello que ya conocemos, sino como proceso de aceptación de la propia naturaleza de la obra y a partir de ahí, lo exitoso de sus expectativas y lo satisfactorio que llegue a ser su modo de alcanzarlas.

¿Qué sentido tiene encontrar la maestría en un territorio - el del cine de terror de serie B- que nunca la buscó, y que se identifica precisamente con su ausencia? El Incidente persigue el género perdido del llamado terror serie B, de presupuestos bajos y resultados ínfimos. Es cierto que el guión es flojo, y las interpretaciones son, por poner un adjetivo general y que no hiera, malas. Pero el dominio absoluto y sosegado que tiene Shyamalan de su cinematografía permanece intacto. Es más, sale reforzado si cabe de tan difícil reto. Porque no es fácil tomarle el pulso a El Incidente. Hay que interpretarla como una particular versión del fin del mundo a pequeña escala.

¿Dónde podemos encontrar al mejor Shyamalan en su última película? La apertura como planteamiento argumental es un más que notable ejercicio de suspense (las dos primeras escenas son incluso sobresalientes) y todo el desarrollo de la trama adquiere una fluidez y una sutilidad casi hipnótica. Además hay dos planos preciosos en los que Shyamalan aleja la cámara del plano corto al general para que no podamos ver los rostros de sus protagonistas. Uno en el que Mark Wahlberg abraza a su sobrina a mitad de película. Otro, que pertenece a la penúltima secuencia, en el que Zooey Deschanel le cuenta a su marido la buena noticia, el niño que está en camino. Ambas contadas en plano general donde no se escucha más que la banda sonora del siempre inspirado James Newton Howard. Es una demostración de qué puede hacer un gran director con actores muy limitados.
"Intuyo que Shyamalan es de esos directores a los que el tiempo dará la razón, a los que las miradas retrospectivas y, por tanto, de conjunto, reivindicarán por encima de las urgencias derivadas de las reseñas exprés (como ésta que firma un servidor). Pero la actualidad tiene estas cosas, y aunque el que esto firma defendió a Shyamalan contra la corriente incluso a colación de El Bosque y La Joven del Agua, no encuentra argumentos sólidos para seguir haciendo lo propio en referencia a El Incidente." (Roberto Piorno: La Guía del Ocio)

Perfectamente hace un año podría yo suscribirme a estas palabras, pero el tiempo y un segundo visionado me han hecho entrar en razón y me he dado cuenta de que El Incidente es bastante mejor de lo que me temía. La labor del director está en la superficie pero tiene su repercusión en las profundidades cinematográficas del film, de ahí lo difícil que resulta abstraerla de otras tareas menos meritorias en relación con el cinematógrafo, como la trama argumental o el trabajo actoral.