martes, 29 de septiembre de 2009

Malditos Bastardos (2009)

La tiranía de los hombres malos

Iba yo con recelo a ver lo nuevo de Tarantino, con el distanciamiento necesario con el que hay que cargar cuando estás ante un autor que arrastra tantísima expectación, convertido ya en fenómeno cultural masivo. Pero no sólo por eso, también porque dijo Quentin que en esta película había rodado su mejor escena y escrito su mejor personaje. Me sonaba a promoción, a escusa. Y cuando alguien empieza a justificar su trabajo antes de ser atacado, pintan bastos.

Falsa alarma. No sé si se refería al personaje del coronel nazi Hans Landa (magnífico Christoph Waltz) o a la escena brutal que abarca todo el primer capítulo. De ser así, en ambos casos habría que darle la razón al director de Pulp Fiction. Tanto el personaje como la escena se encuentran entre lo mejor escrito (e interpretado), rodado (y planificado) de la carrera de Tarantino. Christoph Waltz está memorable en la piel del corondel Landa, va y viene, sube y baja, cambia de tono y cambia de registro. Y el festival de Cannes se lo supo recompensar.

Malditos Bastardos tiene una vocación de serie que se atisba en los cinco capítulos en los que se divide. El primero de ellos es excelente: el empleo de la música, el duelo de medios planos, primeros planos e inserto de varios planos detalle, ese modo de revelar la información en el momento más oportuno, multiplicando los efectos dramáticos de la escena (un travelling desciende hasta mostrar la familia que se esconde bajo el suelo). Está orquestado como si de un western se tratara y podría venir firmado por Sergio Leone.

Los otros cuatro capítulos merecían más atención, más metraje. Aún así, todos contienen la virtud más preciada de Tarantino, sus ágiles diálogos. Es un guionista terriblemente inspirado, y consciente de ello, sustenta la película en unos largos textos que parten de la carcajada para ir acumulando progresivamente la tensión (a ello contribuye, en parte el conflicto entre idiomas, en parte la habilidad de Christoph Waltz).

No todo son aciertos. No me convence Brad Pitt y su careto de chulo impostado. Y el personaje de la guapísima Diane Kruger queda desaprovechado. Malditos Bastardos funciona de maravilla en sus momentos de lirismo. 

No obstante, nos quedamos con la sensación (qué gustazo) de que Tarantino se divierte como nadie haciendo cine como muy pocos. Para quitarse el sombrero.


martes, 22 de septiembre de 2009

TRUE BLOOD / 1ª Temporada

Lujuria desatada


HBO. 1ª temporada (2008). 12 episodios (50´)

Se puede decir que True Blood es transgresora, pero no del modo en que me gustaría que lo fuera.

Aquellos que seguimos fascinados y con adoración cada uno de los capítulos de aquella maravillosa joya de la televisión que fue Six Feet Under no necesitamos mayor demostración de las excelentes virtudes de su artífice, Alan Ball. Quizá eso dé paso a la que es la verdadera (miento, la única posible) trasgresión de True Blood, la de no tener que adscribirse a unas exigencias de calidad. La excelencia es un precio muy alto del que True Blood está exento de pago.

Porque una cosa tengo clara. Si a True Blood le cambiasemos su par de coordenadas hablaríamos de basura. Me explico:

Los guiones son torpes. Los personajes son deleznables, al igual que los actores que los interpretan (a excepción de una espléndida Lizzy Caplan, la novia bohemia de Jason, que desgraciadamente aparece en pocos episodios, no por casualidad, los mejores). La ambientación es vulgar. La puesta en escena es soez. La trama no convence: no me creo el romance entre la virginal Sookie y el vampiro Bill, y no me intriga adivinar quien es el asesino. Como tenemos Anna Paquin para rato, ya hablaré de ella en la segunda temporada. Porque la amiga es como para echarla de comer aparte.

Pero ay! amigo, cuando la HBO pone el dinero esperamos un producto excelente y sorprendente. Ahora la cadena pierde fuelle y contrata de nuevo a Alan Ball. Este señor nos dejó durante cinco años deambulando por el purgatorio, lugar donde los justos deben purificar sus imperfecciones antes de poder gozar de la gloria eterna. Y ahora nos regala una parcela de su particular cielo. Donde los ángeles, esas deliciosas camareras del Merlotte's, se acaban entregando en cuerpo y alma a todas las criaturas que salen de la misma boca de la sucursal del infierno en el cielo. Fangtasia. Y entonces se desata la lujuria.



Todo lo elegante y sofisticado de Six Feet Under se convierte en True Blood en exuberante y grotesco. El episodio piloto es horrendo, pero la segunda mitad de esta primera temporada, concretamente los episodios que van desde el 1x05 a el 1x11, es notablemente superior y los episodios se devoran. Mejor capítulo: I Don´t Wanna Know (1x10) con ese finalazo, la primera conversión del vampiro Bill, a su vez, el bautizo de sangre de Jessica.

¿Cinco temporadas expiando nuestros pecados para entrar en este sucio barrizal? Oh! Maravilla. Aquí está la sorpresa. El cielo no es como esperábamos. Un deseo sexual desordenado e incontrolable me incita a darle un traguito a mi True Blood. ¿Es sorprendentemente mala? ¿O pese a lo mala que es, es sorprendentemente adictiva y necesaria?

martes, 15 de septiembre de 2009

District 9 (2009)

Costumbrismo interestelar


SINOPSIS: Tras la llegada de una enorme nave espacial extraterrestre a Johannesburgo (Sudáfrica), a los alienígenas recién llegados a la Tierra se les obligó a vivir en condiciones penosas como "refugiados", en una especie de campo de concentración construido en las afueras la ciudad. Todo empezó unos veinte años atrás, cuando los extraterrestres tomaron el primer contacto con nuestro planeta. Los humanos esperaban un ataque hostil, o un gran avance tecnológico de la raza alienígena. Pero nada de ello sucedió. Los propios extraterrestres eran refugiados de su propio mundo. Sin saber bien que hacer, se confinó a los alienígenas en un campo de refugiados, el "Distrito 9", hasta que las naciones del mundo decidieran qué hacer ante la nueva y extraña situación.

Decir que no va a ser fácil acercarse a District 9 ya es mucho decir. Menos fácil será dictar un comentario que haga justicia al film y sirva de orientación para cualquier tipo de espectador. Salvando las distancias, la ópera prima de Neill Blomkamp me provoca sensaciones parecidas a las que me invadieron viendo REC, con la que mantiene no pocos puntos en común. Ese formato de falso documental televisivo, que multiplica la dosis de realismo aunque lo que desfile ante las cámaras sean zombies o alienígenas. Ese poquísimo prometedor comienzo (este estilo requiere tiempo para absorberte por completo). Ese retrato costumbrista trazado con similar sentido del humor, que utiliza a los extraterrestres como alegoría social y política del racismo y los procesos del apartheid. Ese ambiente malsano y sucio, que vaticina el caos. Ese final ambiguo (¿segunda parte?).

El planteamiento argumental de District 9 es curioso y llamativo, da por sentado ciertas cosas y nos trata como seres inteligentes. Y precisamente por eso, porque somos inteligentes entendemos esta película como cine de evasión. Solo de ese modo podremos perdonar: 1) lo estúpidos que son todos sus personajes (ojo, que no me refiero a personalidad, que tengo en alto afecto al imbécil), pero es que no han sido capaces de dotar de carácter ni tan siquiera a su protagonista, o 2) un final que entra sin sonrojo en materia de acción. District 9 nos sacude con sus rapidísimos (a menudo torpes) movimientos de cámara, en su combinación de tele-realidad del reportaje y traca explosiva de videojuego.


domingo, 6 de septiembre de 2009

Paranoid Park (2007)

Lo poco que queda de Gus Van Sant


Gus Van Sant estrenó en el año 2002 una obra mucho más importante de lo que pueda aparentar. Gerry marca el trazo a seguir a lo largo de un nuevo sendero, una forma distinta de hacer cine y el más extremo punto de inflexión que ha dado un cineasta en lo que va de siglo XXI. Un vuelco de escándalo, una bofetada al mainstream de sus anteriores trabajos. De las que dejan marca. Gerry solo era el borrador de un proyecto más ambicioso que desemboca en Elephant, Palma de Oro en el Festival de Cannes 2003, una obra maestra. Pero Van Sant nunca fue todo lo regular que nos gustaría. Last Days y sobretodo Paranoid Park son muestra de ello. Es como si Van Sant filmase Paranoid Park hastiado de su propio cine. O como si en un acto de hipnotismo hubiesen robado el cuadernillo de planificación del director de Gerry para rodar un guión barato.

El error en la dirección de casting es lamentable. Casi todos los intérpretes que aparecen en pantalla son debutantes, y todos sin excepción están espesos. No hay en ellos ni un atisbo de credibilidad, y su personaje protagonista, que debía ser un adolescente atormentado, pasa a ser uno de los caracteres más anodinos que han poblado el cine del director. Esperaba un brillante acercamiento a la compleja rutina del joven y sin embargo queda completamente desdibujado.

Gus Van Sant no da señales de vida en Paranoid Park. Lo narrativo carece de interés alguno y el trabajo de cámara ya no es novedad por lo que el nivel de atracción queda bajo mínimos, con la excepción de un par de planos que podríamos rescatar: el agua que se escurre a través del pelo de Alex en su ducha, o un plano fijo ralentizado que captura una tras otra las acrobacias de los skaters.