sábado, 30 de enero de 2010

La cinta blanca (2009)

Sobrevalorada Palma de Oro


SINOPSIS: Inexplicables acontecimientos perturban la tranquila vida de un pueblo protestante en el norte de Alemania en 1913, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Un granero es prendido fuego, dos niños son secuestrados y torturados... El maestro de escuela observa, investiga y poco a poco descubre la increíble verdad... (FILMAFFINITY)

Poco sugerente y menos provocadora. Una lección pesada y muy poco estimulante de historia, donde (cosa insólita tratándose de Haneke) sus ideas no proyectan ninguna sombra, bajo estos sucesos ocurridos en una aldea de la Alemania de 1913 no descansa ninguno de los pretendidos monstruos que buscaba el cineasta austriaco. Ni el terrorismo. Ni el fascismo. Ni la violencia. Ni siquiera se atisban las raíces del mal.

La historia de amor entre el maestro, que narra el film ya desde una edad muy avanzada, y una joven institutriz, que llega para cuidar de los hijos de la duquesa que reside en la aldea, constituye el único oasis emocional de la película. Por supuesto que el film obsequiado con el mayor galardón en el último Festival de Cannes tiene sus virtudes. El trabajo de sonido es perfecto y todos los intérpretes, desde los adultos hasta los más jóvenes, forman un conjunto actoral soberbio en esta Palma de Oro.

Pero la austeridad formal llevada al extremo se convierte aquí en la versión más errática y estática de Michael Haneke. Y eso que estamos hablando de la que probablemente sea la voz más autorizada del cine europeo reciente, que ha logrado en anteriores películas (Funny Games o Caché) un nivel excelente y magistral. Sin embargo, el lenguaje cinematográfico de Haneke en La cinta blanca está más cerca de lo que nos gustaría de ese estúpido puritanismo por el que se rigen los padres de esta aldea.


viernes, 22 de enero de 2010

Kill Bill vol.1 (2003)

Volumen 1


Si se trata de mitificar a un personaje y a una actriz pues Quentin Tarantino mete a su musa Uma Thurman a icono pop (no de rara belleza, sino de atractiva fealdad) repartiendo venganza a chorros, de sangre. 'La Novia' tiene un nombre, pero lo desconocemos. Del mismo modo que tiene un pasado pero nos es irrelevante. Conocemos (una parte de) su punto de inflexión. Conocemos (una parte de) su nueva formación. Y conocemos (una parte de) su venganza.

Tarantino narra su historia a partes. Por eso, entendida como narración no habrá dos películas Kill Bill, habrá sólo una, o cientos de ellas. Fragmentación del discurso. Por eso este volumen 1 es la miel en los labios que nos deja esperando con ansia su par, no por continuación de la historia –que también– sino por enriquecimiento de la primera obra, que se antoja incompleta.

Al ser incompleta dejará insatisfecho a buena parte de la grada, menos a aquellos que pensamos que Tarantino es mejor (aún/incluso) director que guionista. Para nosotros, Kill Bill vol.1 será un lúdico ejercicio de estilo, parcialmente placentero, que recorre a modo de montaña rusa la cabezota de Quentin Tarantino.

Un realizador superdotado (pese a su afición al corta y pega) que en este primer volumen funciona como arquitecto cinematográfico, montando la estructura de la que partirá en el volumen 2 y dejando volar la cámara a un par de planos cenitales que nos permiten acceder a las entrañas de su planificación de la escena. Porque sí, este primer volumen es un cuerpo vacío y hueco, mero formalismo, que incluye momentos maravillosos como la pelea final (en el patio nevado de atrás) entre 'La Novia' y O-Ren, uno de los encuentros más violentos y hermosos del cine pop-moderno.




Pd. Este artículo está plagado de paréntesis a la manera en que el director de Pulp Fiction introduce el inciso. Sirva de ejemplo en el film que nos ocupa el inserto de un corto de animación manga que devoramos con ojos como platos, y que encaja milagrosamente en este fantástico puzzle.


sábado, 16 de enero de 2010

A Serious Man (2009)

La cruz judía



La manera de plasmar el judaísmo en el cine es bien distinta en el corto camino que separa a Woody Allen de Ethan y Joel Coen. Allen trata sus películas como si fuesen pequeñas porciones de un teatro mayor, mientras que los Coen planifican sus escenas con el virtuosismo de una secuencia de viñetas de cómic. Un tipo serio es el tebeo de un suburbio del Minneapolis de finales de los 60, con el que presumiblemente se identifican y que sin embargo describen con un cinismo recargado.

Las interpretaciones del desconocido elenco actoral al completo son brillantes, entre las que destaca obviamente el trabajo central que acapara todo el film, Michael Stuhlbarg está sobresaliente. Su Larry Gopnik es un hombre honrado. Ama a su mujer, se entrega a sus hijos. Vive en armonía con una comunidad judía practicante. Se esfuerza en sus labores como profesor, siendo correcto y justo, para ganarse una plaza fija en el trabajo. Pero, un día, todo se derrumba. Su crisis de fe es galopante porque buscando a Dios se encuentra más perdido que nunca. Su vida resulta más difícil de resolver que una de las indeterminaciones matemáticas que él mismo explica, un cero partido por cero que tiende a infinito.

Con la excepción del protagonista, el atormentado Larry Gopnik, el resto de personajes no van más allá de la caricatura. Su mujer, el amante de su mujer, sus hijos, su hermano, su vecino, etc., todos forman parte del peculiar zoológico que se han montado los Coen (por enésima vez) en Un tipo serio. No se les puede reprochar que no hayan sido fieles aquí a su peculiar estilo, pero la narración tiene problemas de ritmo y al tratarse de su trabajo más autobiográfico quizás falta ese punto tan necesario de distanciamiento. A nivel personal, es una decepción que se ve interrumpida, eso sí, por el corte a negro final más seco, fino y devastador del año. La confirmación de que los Coen pueden hacer lo que les venga en gana y se están quedando con nosotros.

Porque un tornado va a llevarse por delante a nuestros protagonistas. El dedo de Dios apuntando a la gris cabezota de Larry Gopnik, que solo pretendía ser A Serious Man.