lunes, 14 de junio de 2010

TRUE BLOOD / 2ª Temporada

Otro verano en Bon Temps

No encuentro ninguna razón para que os escriba cómo fue la segunda temporada de True Blood. Podría decir que fue terriblemente superior a la primera. Que los personajes que antes parecían completos anormales (Sookie, Jason, Tara, Andy, y prácticamente todos) han evolucionado una barbaridad y ahora están muchísimo mejor definidos. Que los nuevos protagonistas le han dado un vuelco a la trama.

Eric Northman (Alexander Skarsgård) es el sheriff del Área 5 y el dueño del bar de vampiros Fangtasia, un vampiro de unos 1.000 años que intentará seducir a Sookie. Mary Ann Forrester (Michelle Forbes) es la ménade que llega al pueblo para volver locos a todos los habitantes con sus rituales hedonistas. Jessica Hamby (Deborah Ann Woll) es una vampiresa adolescente "creada" por Bill y que tendrá que convivir con Sookie como su hijastra. Esto es lo más parecido a una familia que habrá en Bon Temps. 

Lo que ya sabemos. Sookie, la protagonista es una muchacha muy virgen y muy casta, que conoce a Bill, un vampiro muy tradicional y muy conservador, y se enamora de él. Una Anna Paquin que es un caso aparte, con sus dientes separados y su cara de croqueta a punto de ser rebozada. O la adoras o la detestas. Ella es True Blood. Lo quieras o no. Y su enfrentamiento con Mary Ann ya forma parte de la historia de la televisión.
“What are you?”
“None of your business”
No encuentro ninguna razón para que os escriba cómo fue la segunda temporada de True Blood. Porque nada importará lo que yo diga. Si no te interesa no la vas a ver. Y si has visto la primera temporada, entonces ya estás perdido. Ya has caído en la tentación. Ya te corre la misma sangre por las venas.

jueves, 10 de junio de 2010

Two Lovers (2008)

Un beso, una azotea, un anillo


Joaquin Phoenix (nunca ha estado mejor) es Leonard, un joven con problemas emocionales, que vuelve al hogar de su infancia para reponerse tras un intento de suicidio. Mientras trata de recuperarse bajo la atenta mirada de sus preocupados padres, dos mujeres entrarán en su vida. Vinessa Shaw (encantadora, una actriz muy a tener en cuenta) es la tierna y sencilla Sandra, hija del nuevo socio de su padre. Gwyneth Paltrow es Michelle, todo un misterio para Leonard, una bella y sensual vecina, con aires de mujer inalcanzable y que parece no encajar en el aburrido barrio al que se acaba de mudar. El amor de Leonard se debatirá entre la complicada relación con Michelle y su compromiso con Sandra.

James Gray ha alcanzado en su cuarta película la depuración de un estilo, el de una cámara en apariencia tímida, pero firme y segura. Aunque más allá de (o precisamente gracias a) la elegante y excelente dirección de James Gray, Two Lovers es una película sorprendentemente concisa sobre la idea de un hombre que conoce a dos mujeres, se enamora de ambas, pero solo puede demostrárselo a una. Una historia poco original digna de cualquier folletín del montón, que cobra en manos del director James Gray (un cruce ansiado entre Francis Ford Coppola y Woody Allen) una carga adicional de complejidad emocional. Un director brillante siempre en la creación de ambientes melancólicos, fatalistas, negros.

En el último acto de Two Lovers, Michelle surge como una sombra a través de un oscuro pasadizo, a la manera en que podría haberse descubierto la Madeleine de Vértigo, y enfrenta a Leonard con su mayor temor. Michelle es la mujer que él desea y, a su vez, un imposible, la mujer con la que no tiene ninguna posibilidad de futuro. Es decir, Leonard se enfrenta a la ausencia de deseo. Un drama romántico intimista ajeno a las preocupaciones de su tiempo. O lo que es lo mismo, atemporal.

Es un film envolvente, resuelto con sobriedad y que va creciendo lentamente bajo una extraña tranquilidad.


sábado, 5 de junio de 2010

In the mood for love (2000)

Quizás, Quizás, Quizás



¿Qué tres cosas necesita Wong Kar Wai para hacer una película? Necesita una cámara, dos personas y un lugar donde puedan encontrarse. No más. La cámara de Christopher Doyle, el director de fotografía más cotizado del momento. La pareja de actores Tony Leung y Maggie Cheung. Y un callejón de Hong Kong. No necesita un tiempo. El tiempo se lo inventa.

Hong Kong, 1962. Dos parejas se mudan el mismo día a dos apartamentos contiguos, los Chan y los Chow. A través de una serie de encuentros  fortuitos el señor Chow y la señora Chan irán conociéndose. Ambos están solos, pues sus respectivas parejas pasan más tiempo trabajando que con ellos. Finalmente, llegarán a la conclusión de que el marido de ella y la esposa de él están viviendo una aventura juntos. Despechados, Chow y Chan comenzarán, a su vez, una relación. Una relación en la que ambos buscan consuelo, no alivio sexual. "No vamos a ser como ellos".



In the mood for love se ha convertido en la obra maestra que marca el curso del cine asiático, el cuál ha demostrado un potencial enorme en los últimos años. La cámara de Christopher Doyle dispara sobre Tony Leung y Maggie Cheung, una actriz de rostro todavía adolescente destinada a convertirse en un fetiche del cineasta. Con una combinación tan explosiva detrás de la cámara (Kar Wai y Doyle) el resultado estaba cantado: un film de vocación enteramente estética, con una carga formalista brutal.

El compás con el que Wong Kar Wai dibuja las líneas maestras de In the mood for love coquetea con la simetría musical en la planificación de la puesta en escena. Las preocupaciones de Kar Wai como cineasta parecen no distar demasiado de las de Antonioni; la comunicación y el tiempo. Por eso son frecuentes en este film los planos detalle en los que se enfoca (y desenfoca) un teléfono y un reloj.

Al término del film, nuestro protagonista confiesa su secreto a una grieta en un muro, del mismo modo que Kar Wai ha abierto una brecha en el tiempo, con sus ralentís a cámara lenta, y a través de los temas de música lounge de la banda sonora (como las melodías de Nat King Cole), creando una cadencia propia como marca de estilo. Ha logrado dilatar el tiempo.


Pero In the mood for love es, por encima de todo lo demás, una película de ausencias. De ahí que los encuadres cobren tantísima importancia. Me fascina lo que oigo. Te encanta lo que ves. Sin embargo, la mitad que nos enamora es aquella que queda fuera de cuadro, aquella que solo podemos intuir. Conclusión. Kar Wai es un romántico de lo ausente. Y él se enamora de ella porque siempre será de otro, porque nunca será suya.

Como una vieja fotografía que guardas bajo la almohada, en la que dos personas no miran directamente a cámara, pero tampoco se atreven a mirarse a los ojos. In the mood for love te deja con la extraña frustración de descubrir que te has enamorado y nadie va a darte explicaciones. Ahora, corre a buscar una grieta en la montaña para contar tu secreto. O enciérrate en una habitación de hotel a escribir la novela de tu vida. O de lo que podía haber sido tu vida. Si hubieses tenido las agallas de enfrentarte a ella.