sábado, 25 de junio de 2011

El placer de los Absolutistas

Devuélveme la verdura


Hace unos días el periodista Dan Kois publicó en The New York Times un artículo que arremetía contra ese cine "lento y aburrido" que los críticos se sienten en obligación de defender.

Kois comparaba este tipo de películas con las verduras, en el sentido de que a nadie le gustan y sin embargo los expertos siempre dicen que son buenísimas e imprescindibles. Una comparación simpática pero totalmente idiota, pues en absoluto todo el mundo detesta la verdura, y por otro lado está completamente demostrado que este tipo de alimento es indispensable en una dieta sana, saludable y equilibrada.
"Hasta ahora en lugar de evitar estas películas lentas y aburridas, veía en su aridez algo así como un signo de sofisticación. Parte de ser un observador civilizado de películas consiste en ver películas que se preocupan muy poco por mi falta de atención, películas que pretenden encontrar la manera de excavar por debajo de mi aburrimiento para crear una impresión duradera." (Dan Kois: The New York Times)

Obviamente la descripción de cine lento y aburrido se queda cortísima y Kois da ejemplos concretos de ese tipo de cine que detesta: Andréi Tarkovsky es el nombre que repite hasta la saciedad. Kois representa a un sector siempre enorme de gente que desprecia el trabajo del grueso de la crítica cinematográfica, por la simple razón de que ésta defiende a capa y espada per se trabajos controvertidos, arriesgados, insólitos y a contracorriente.

Quizá Kois también tenga en mente al escribir su artículo las dos últimas películas que han ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Han sido Uncle Boonmee (Weerasethakul, 2010) y The Tree of Life (Malick, 2011). Weerasethakul y Malick no se caracterizan precisamente por hacer un cine de entretenimiento. Ambos han sido abucheados por cada uno de sus trabajos y sin embargo sobreviven al eco de su “lenta y aburrida” obra y son imprescindibles en todas las listas que manejan los críticos de cine con ‘Lo Mejor’ ya sea del año o de la década.

Por aburrimiento entendemos lo opuesto a la diversión. El caso es que siempre ha habido gente incapaz de ni siquiera tolerar el hecho de que cada persona tiene derecho a encontrar placentero un tipo de cine u otro. Se trata de un Absolutismo que funciona en ambas direcciones, de un lado el crítico de cine que se siente tocado por una gracia divina y que no responde más que a sus propias convicciones, y de otro lado el espectador que se siente insultado y amenazado por la supuesta autoridad que él mismo debe conceder a ese crítico.


Por mi parte, personalmente me encuentro entre los que disfrutan con el cine de Weerasethakul, Malick y, por supuesto, Tarkovsky. Aunque, qué duda cabe, tolero a todo aquel que deteste este tipo de cine. El placer de este cine reside en la propia manera de filmar, es un placer estético por encima (aunque dudo que haya alguna manera de separarlos) del placer narrativo.

La única ley que debe prevalecer es aquella que la sensibilidad le dicte a cada uno. Que cada uno decida dónde colocarse y sea consecuente.

viernes, 3 de junio de 2011

Llorando

A dos metros bajo tierra


A dos metros bajo tierra cumple diez años. Pues eso.