jueves, 19 de abril de 2012

Extraterrestre (2011)

Un tarro de melocotones en almíbar

Y qué pasa si mañana llega el fin del mundo. Si una invasión alienígena despliega sus tropas sobre el planeta Tierra. Si los mayas tenían razón con aquello del 2012. ¿Y qué pasa si el fin del mundo nos pilla en calzoncillos y en un pisito de Lavapiés?

En Extraterrestre el fin del mundo se reduce a Julián Villagrán, Michelle Jenner, Raúl Cimas, Carlos Areces y un tarro de melocotones en almíbar. Al menos uno de los cinco está de más. Al menos uno de los cinco viene de otro planeta. No encuentra su lugar. No encaja en el puzzle. Extraterrestre es emocionante porque utiliza un humor casi imposible. El humor de lo cotidiano en la situación inverosímil.

Extraterrestre es una película insólita y extrañísima que toma el camino más difícil para volver a decir 'Te quiero'. En ella Nacho Vigalondo, cineasta y personaje tróspido y genial, resta gravedad a todo lo grave, a todo lo trascendente. La amenaza de una invasión alienígena saca a flote las cosas que realmente nos intimidan. El sexo. La envidia. Los celos. El amor. Probablemente éste sea el futuro de la comedia romántica española.



En Extraterrestre un enorme platillo volante sobrevuela la ciudad de Madrid y Julio amanece en la cama de Julia como si ambos fuesen completos desconocidos. No saben nada el uno del otro.

Al caer la noche Julio observa ensimismado en la pantalla de la televisión cómo duerme Julia. Ella parece una mujer de otra especie, venida de otro mundo. Lo extraordinario es aquello que duerme en la habitación de al lado y no el apocalipsis urbano que se ha formado a su alrededor. De pronto, los extraterrestres nos importan un bledo.



martes, 10 de abril de 2012

[•REC]³ Génesis (2012)

Horror cañí


Una película pequeña de ambición, corta de duración y modesta de presupuesto, REC 3 explota una alegría incontenible, al tiempo que dilapida y bate todo lo que se pone por delante. Sus predecesoras, dos éxitosas, arriesgadas y sobresalientes películas amortizaban un reto de puesta en cuadro que consistía en rodar siempre, todo, con cámaras que pertenecen al propio marco del film. El género que utilizaban REC y REC 2 era el falso documental infectado de terror y la acidez propia de la comedia con más mala leche del mundo –que bien podría ser cualquiera de las de Azcona y Berlanga–.

REC 3 arranca con el vídeo casero de una boda y acaba con un banquete de zombies. A los 20 minutos abandona el truco de la cámara en primera persona, de la cámara como protagonista del film, para dar el salto a la narración omnisciente. Del 'Grábalo todo, por tu puta madre' de Manuela Velasco al 'Apaga la cámara' de Diego Martín. Este es otro juego. Adiós a la restricción formal que regía las dos primeras películas. Si bien estas dos películas anteriores funcionaban perfectamente en una doble sesión con una misma personalidad, con continuidad en la narración, REC 3 es capítulo aparte. Es otra cosa. Da el salto a nuevos géneros. Le parte la cara a otros. Del terror a la comedia gamberra, pasando por el gore, el musical y el drama romántico.

REC 3 no es 'Una de zombies' como quien dice. Es una película para ir al cine a disfrutar, para meter la cabeza dentro del cubo de palomitas y seguir gritando. Y seguir cantando. Gavilán o paloma. Eloise. Un vestido de novia y una motosierra. Horror cañí que nos regala durante 80 minutos una tregua de sincera felicidad.