lunes, 30 de julio de 2012

The Dark Knight Rises (2012)

Espectacular cierre a la trilogía




The Dark Knight Rises, como bien indica su propio título, reincide en la fórmula exitosa de sus dos entregas anteriores, aunque sin el efecto imprevisible, genial y traumático del Joker de Heath Ledger. En su regreso del ostracismo al que él mismo se condenó, Batman debe hacer frente a un nuevo villano, el Bane al que da vida Tom Hardy, que amenaza con destruir el sistema socioeconómico de Gotham. Esta parece una estrategia muy oportuna al calor de los movimientos revolucionarios que se han desatado en la actualidad ante la desconfianza política y financiera.

El gigantismo de la propuesta y del tono, lejos de ser una virtud, infecta la película de una grandilocuencia irritante. Sin embargo es innegable el talento de su realizador Christopher Nolan para la dirección de actores, capaz de extraer de todos ellos –la Warner ha armado un equipo de intérpretes sensacional y acertadísimo, todo hay que decirlo– trabajos muy dignos que salvan a la película de un ridículo grande.

Nolan culmina con The Dark Knight Rises más de siete horas de un entretenimiento y un espectáculo a prueba de bombas, tan condescendiente como ambicioso. Y la entrega final está a la altura de las expectativas. Nolan, con todas sus limitaciones –especialmente para las secuencias de acción y el empleo de la música–, ha conseguido salir airoso de una película inflada de grandilocuencia y épica. Aplauso fuerte y a descansar.


lunes, 23 de julio de 2012

The Amazing Spiderman (2012)

The Amazing Piscinazo




Reiniciar la saga de Spiderman tan solo diez años después de que lo hiciese Sam Raimi es o bien un acto de valentía o bien un acto de idiotez. Primero de todo, y sin que por ello suene a veredicto prematuro, esta nueva versión de los orígenes de Spiderman es absolutamente prescindible.

Partiendo de esa conclusión, ¿qué aporta la película de Marc Webb? Aporta pocas cosas y ninguna de ellas interesante. Es cierto que confirma que Andrew Garfield y Emma Stone –Peter Parker y su primer amor de instituto, respectivamente– son dos buenos actores, que funcionan muy bien juntos, pero eso ya lo suponíamos. También el guión matiza algunos momentos determinantes de la infancia y la adolescencia de Parker y su transformación en Spiderman. Además de que en esta nueva versión Parker es un skater y escucha a Coldplay.

Conociendo el historial de Webb –responsable de 500 días juntos – no es de extrañar que el gran atractivo de la película fuera descubrir cómo se desenvuelve Parker con las chicas en los pasillos del instituto. Y de uno de los encuentros entre clases y frente a las taquillas entre Garfield y Stone, a poco más de media hora del comienzo de la película, surge entre titubeos, tartamudeos y frases entrecortadas, una propuesta de cita peculiar y muy poco concreta, que se convierte en el único clímax genuino de la película.



domingo, 8 de julio de 2012

El Piloto de 'Breaking Bad'

Como una cerilla que se ahoga en la piscina


Anoche embutido en mi aburrimiento decidí saldar una tarea que tenía pendiente desde hace algún tiempo. Anoche vi el episodio piloto de Breaking Bad. Quizá fue por el simple hecho de que me ilusiono con facilidad o quizá sencillamente porque consiguió sacarme con una sonora bofetada de mi aburrimiento, pero el caso es que sentí un entusiasmo enorme hacia esta serie.

Los comienzos en una serie nunca son fáciles. Los personajes nos son ajenos y extraños. Los escenarios nos resultan lejanos y distantes. Los actores todavía no se encuentran cómodos. Y nadie, ni los espectadores ni los responsables de la serie, saben a ciencia cierta cuál será el futuro de su trabajo, de tal modo que lo común y lo habitual es andar con pies de plomo.

Sin embargo nada de esto sucede con el episodio inicial de Breaking Bad. La serie de AMC entra a saco desde el primer minuto. Con la precisión y la contundencia propia de una obra que va a ser exhibida en la pantalla gigantesca de un cine. Con la luz y la cámara de John Toll, el operador de maravillas como Braveheart (Gibson, 1995) o La delgada línea roja (Malick, 1998). Y con un actor perfectamente consciente de que va a hacer algo muy grande. Con esa mirada triste y cobarde a la vez que valiente y decidida.

La historia de este episodio piloto es la tragedia de un hombre corriente ante su destino. Suena a Grecia clásica pero no hay nada ampuloso. Walter White es un profesor de química al que diagnostican cáncer de pulmón terminal inoperable. Le restan dos años de vida y en ese tiempo planea dejar una enorme herencia a su mujer embarazada y a su hijo retrasado para que puedan vivir cómodamente cuando él no esté. La idea es fabricar metanfetaminas con la ayuda de sus conocimientos de química y de un exalumno camello. 

A partir de ahí ya llega la mujer del vestido verde, la mancha de mostaza en la bata del doctor y la cerilla que se ahoga en la piscina. Si como yo aún queda algún rezagado que no haya dado una oportunidad a esta serie, éste es el momento. Ya solo el episodio uno merece la pena. 46 minutos que recomiendo ver y escuchar en alta definición, para disfrutar completamente.

Siento haber tardado tanto en entrar en Breaking Bad, pero ahora que estoy dentro prometo que no me van a sacar ni a tortas.

jueves, 5 de julio de 2012

X-Men First Class (2011)

El salto a una gran producción



Con motivo del estreno próximo de la nueva película de Spiderman dirigida por Marc Webb, quiero comentar el reciente trabajo de otro director nacido en la década de los 70. Es Matthew Vaughn. El caso es que las trayectorias de Vaughn y Webb son bien parejas.

Ambos han pasado de triunfar en taquilla con un presupuesto relativamente bajo por debajo de los 30 millones de dólares a estar terriblemente exigidos al frente de una superproducción de más de 150 millones de dólares. Y ambos han pasado de hacer una película indie-moderna-subversiva-pop –Kick Ass (Vaughn, 2009) y 500 días juntos (Webb, 2008)– a narrar el origen de dos mitos de Marvel –X Men First Class (Vaughn, 2011) y The Amazing Spiderman (Webb, 2012)–. ¿Cómo les sentará el salto?

X–Men First Class es una buena película, nadie discute eso. Entre otras cosas porque Vaughn es un profesional muy solvente y porque tiene a dos estrellas masculinas que aguantan el peso de la película como James McAvoy y Michael Fassbender. El problema es que en ningún momento pretende salirse de lo estrictamente rutinario. La dirección de Vaughn es siempre correcta, pero debemos exigir algo más que un simple entretenimiento sobrio. Se nota mucho la mano de Bryan Singer desde la producción. ¿Entonces para qué contratar a un realizador como Vaughn?

Queremos subversión, nuevos iconos, nuevas referencias, diversión y vértigo. Confío que todo eso nos lo pueda traer (haciendo honor a su nombre) el The Amazing Spiderman de Marc Webb. Pronto lo sabremos.


lunes, 2 de julio de 2012

Moonrise Kingdom (2012)

El amor es una isla









El primer beso de amor (y el segundo, y el tercero) en una pequeña cala. Y un baile con un tema pop fracés de Francoise Hardy. ¿Cómo se pinta una escena de amor?

Un niño scout se fuga de su campamento para enamorarse de una Lana del Rey de doce años. Ésta podría ser la línea que traza el argumento de Moonrise Kingdom o la línea que define el carácter del señor que la dirige. Wes Anderson, por mucho que lo niegue, está atrapado por su infancia. Y el trabajo con niños es el gran paso adelante de Anderson en Moonrise Kingdom. En ella los adultos –un reparto de estrellas espectacular, por cierto– son meras comparsas. Incapaces de tomar las riendas, de asumir el control y de ejercer su responsabilidad.

Después de probar suerte en la animación por stop motion de la notable Fantastic Mr. Fox Anderson vuelve a la imagen real. Aunque lo hace más cartoon que nunca, desde los planos que sueñan con ser viñetas hasta los personajes retratados en caricaturas que dan brincos solo posibles en un mundo dibujado.

La séptima película de Wes Anderson es, de nuevo, una oda brillante a una personalísima manera de filmar, a través del travelling lateral y de la composición en simetría. El estilo seña de identidad de Anderson ha sido tachado de arrogante, artificial, frío y calculador. Curiosa forma de hacer inventario. Curiosa forma de describir una obra maestra.

Moonrise Kingdom hubiese sido una preciosa Palma de Oro de no ser por el antiamericanismo confeso del presidente del Jurado, el señor Nanni Moretti. Una lástima y una estupidez tan grande como perderse esta deliciosa película.