miércoles, 21 de noviembre de 2012

Holy Motors (2012)

Estupenda y solemne francesada
 
 
En España tenemos la teoría de que los franceses son gente muy orgullosa y muy segura de sí misma. Gente que se siente superior a sus vecinos de arriba y que mira por encima del hombro a sus vecinos de abajo. Gente déspota, elitista y, por supuesto, sofisticada. Que nuestra teoría sobre los franceses sea verdad o mentira es lo de menos, lo cierto es que viendo y escuchando Holy Motors, no pude evitar pensar en todos esos tópicos.
 
Holy Motors podría venir a definirse como una estupenda francesada estrenada en Cannes. Léos Carax, máximo responsable de esta obra, trabaja con un material de alto riesgo en el que valentía y libertad son algo más que simples sustantivos. La confianza en sí mismo, su seguridad y su orgullo le permiten componer un trabajo de escapismo críptico y loco. Valiente y libre. Hasta ahí lo genial. Un hombre que interpreta y vive diferentes vidas y se transporta en una limusina. Una idea estimulante reducida a una estúpida línea.
 
El problema es que los franceses, creemos, no tienen intención alguna de abandonar lo solemne. Incluso una gamberrada divertida y demencial como Holy Motors parece vivir en un cómodo y cálido lugar en el que la élite solemne y sofisticada del cine aplaude casi por subvención.