martes, 18 de diciembre de 2012

El Hobbit (2012)

Elige la aventura


El mundo ha cambiado. Lo siento en el agua. Lo siento en la tierra. Lo huelo en el aire.

Una década atrás (olvidemos la palabra crisis) la voz misteriosa y virginal de Galadriel prendía la mecha de El señor de los anillos. Lo hacía con el murmullo de un augurio terrible y emocionante. Sin embargo El Hobbit parece la demostración más placentera posible de lo contrario. Nada ha cambiado realmente en este mundo. Seguimos sintiendo una debilidad pasmosa por la aventura y el descubrimiento.

Martin Freeman no es Elijah Wood. Como Bilbo no es Frodo. Allá donde Frodo es un pelele del destino, un héroe por exigencia del guión, Bilbo labra su propio devenir, tiene carácter y toma decisiones personales. Quiere el anillo. Bilbo elige la aventura. Frodo se la encuentra. ¿Los actores? Pues lo mismo. Freeman me encanta.

La vuelta de Peter Jackson a la Tierra Media se erige en un monumento a la manera de contar viejas historias de héroes y mitos, tómese como ejemplo el hallazgo mayúsculo de las montañas que despiertan como Gigantes de piedra, el maravilloso prólogo en el que Bilbo narra la historia del reino de Erebor (que da paso a un nuevo comienzo en La Comarca, igual que ocurriese en La Comunidad del Anillo), el asedio de unas arañas gigantes a la casa de Radagast (a las que solo intuimos, pues nunca las llegamos a ver) o el descubrimiento no casual del valle de Rivendel. Jackson ha depurado su tiempo narrativo, moldeando una película sin baches ni altibajos rítmicos. Todo forma parte de un mismo regocijo frenético y que parece sin fin.

Jackson está dispuesto a repetir la hazaña colosal de El Señor de los Anillos en una nueva trilogía épica probablemente hinchada con motivos comerciales. Pero y eso, ¿qué importa ahora? El ‘Continuará…’ como elemento final redondea aún más si cabe la obra. Nos hace creer que lo mejor está por llegar. Y eso ya es una satisfación en sí misma.

La aventura queda suspendida en nuestra imaginación para vivir en ella el suspiro del alto en el camino.