martes, 23 de abril de 2013

En pañales y gateando

Por qué me gustan las películas de Terrence Malick


Mientras escuchamos en boca de los agoreros aquello de la muerte del cine, las películas de Terrence Malick, con todos sus defectos, que los tienen, y El árbol de la vida y To the wonder dan cuenta de ello, ponen de nuevo el cine en pañales y lo dejan gateando. Nadie antes había planeado proyectos de esta talla y tampoco nadie había filmado antes con esta gracia tan particular.

Malick cada año le tiene menos miedo a los productores o a los datos de taquilla, y cada año es más experimental, tanto que no es difícil encontrar un texto que enmarque To the wonder fuera de los límites de la narrativa. Esa es una muestra de lo mucho que desafía esta película, quizá fallida (quién sabe), las convenciones y los lugares comunes de gran parte del cine que se estrena estos años. 

To the wonder es pretenciosa, empalagosa, reiterativa, pesada y ridícula, pero Malick es un narrador,  y como narrador arriesga, experimenta, a veces fracasa, ama su profesión y se ama a sí mismo. Su cine es narrativo porque cuenta y transmite emociones y desentraña algunos de los misterios más recónditos de nuestra existencia. Y todo lo hace desde su estilo desafiante, provocador, ambicioso, raro y loco.

martes, 16 de abril de 2013

To the wonder (2012)

Escrito en el agua


Solo un año después de El árbol de la vida el cineasta Terrence Malick estrena su sexta película, To the wonder. Malick es un caso aparte en la industria del cine norteamericano. Tiene la fama y la reputación de un artista renacentista, es un intelectual y un estudioso de la música, la danza, la pintura y la literatura. Su cine cubre en cierta medida la necesidad de la industria de dar cobijo a un artista cuya preocupación primera, muy por encima del dinero, sea la belleza.

Esta película está protagonizada por varios personajes: la joven pareja de enamorados Neil (Ben Affleck) y Marina (Olga Kurylenko), y el padre Quintana (Javier Bardem), el párroco que les da consejo. De entre ellos, el personaje al que da vida la actriz ucraniana Olga Kurylenko es el más atractivo del film, en todos los sentidos. Marina es una mujer francesa, joven y bella (Kurylenko parece una bailarina, constantemente en movimiento), que se enamora de un americano y se marcha a vivir con él a su hogar en Oklahoma. Allí encuentra muchas cosas que le fascinan pero al mismo tiempo añora su vida en París.

Las primeras palabras del film (“recién nacido, abro los ojos”) nos invitan a descubrir con una mirada fresca y nueva aquello que el maravilloso operador de cámara Emmanuel Lubezki ha filmado en To the wonder. Y la película demuestra la fascinación que Malick siente hacia todas las cosas, aunque muy especialmente hacia las cosas naturales o la naturaleza. Malick todavía dedica mucho más tiempo a jugar con el agua en una playa de Normandía que a viajar en el Metro de París.


Es verdad que, agotado el factor sorpresa, To the wonder tiene momentos redundantes y repetitivos. Algunas tomas, demasiadas, parecen simples ecos de El árbol de la vida. Pero también es cierto que el film sabe cómo encontrar esos momentos deslumbrantes que Malick y su equipo moldean como si le ganasen una batalla al tiempo o escribiesen en el agua.