domingo, 29 de septiembre de 2013

Colesterol bueno

Breaking Bad


Un plato hecho añicos en el suelo. Un hombre encadenado en el sótano. Comienza el descenso a los infiernos de Walter White. Un tipo serio que solo quiere ayudar a su familia. Esta noche nuestra tele está luto. Breaking Bad dice adiós para siempre.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Remember the monsters? (2013)

Escalar montañas


"Escalar montañas". Eso quiere Debra. 96 episodios después, 96 horas frente a una pantalla. En Remember the monsters? hemos visto la mejor hora de Dexter en mucho tiempo. Sin tramas secundarias absurdas, sin apariciones fantasmas de Harry y con menos voz interior de Dexter. Tres decisiones complicadas que en sus últimas temporadas han hecho de Dexter una serie que no encaja en el modelo de pedigrí que tan bien defienden Mad Men o Breaking Bad.

Solo liberándose de esos complejos podemos entender el final de Dexter, Debra Morgan y Hannah McKay, como un acto de sacrificio para cada uno de nuestros protagonistas, que encaja con las expectativas que había generado y que es consecuente con las características habituales de este espectáculo. Una serie entretenidísima que comenzó en el límite de aquello que está siempre a punto de romperse. Y se rompió. Los productores de Showtime fingieron que nada había ocurrido.

No me entiendan mal. Remember the monsters? tiene por supuesto muchas cosas que no me gustan. Primero, me hubiese gustado ver a Hannah McKay jugar un papel más activo en este episodio, Yvonne Strahovsky podría haber demostrado la casta de gran actriz que tiene. Segundo, el giro de guión que acaba con el contratiempo de Debra en el hospital es totalmente innecesario, podían haber llegado a él de una manera más natural, sin engaños.

Y tercero, el último movimiento de cámara (un travelling de acercamiento) acompañado del gesto de C. Hall (mirando a cámara) mastica y entorpece un final muy bello. El rostro de perfil de Dexter, silencioso, condenado en la penumbra de su cabaña. Si estuviésemos viendo un espectáculo sobrio y contenido algunas decisiones hubiesen sido muy diferentes.


Pero hay que celebrar Dexter tal y como fue. Y quedarnos a vivir para siempre en su calurosa ciudad de Miami. O mudarnos con McKay a Argentina, aunque simplemente sea... Argentina.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Pedacito de vida

Dexter


Primera toma de contacto con Dexter Morgan. El ritual es intoxicante. Un analista de sangre que trabaja de día en el Departamento de Policía de Miami y de noche hace horas extra aniquilando criminales. El señor Morgan no es un vengador justiciero y trasnochado, Dexter disfruta como un gorrino quitando la vida a sus víctimas. Su padre adoptivo Harry le enseñó un par de cosas para escapar de la Justicia y un código moral para saldar cuentas con su culpa. Dexter tiene una novia que le abre la puerta con toda la inocencia de Miami, una hermana esquelética y malhablada, y una barbie despiezada en el congelador. 

Ocho años después, el ritual sigue siendo intoxicante.

lunes, 2 de septiembre de 2013

El resplandor (1980)

¿Terror o esquizofrenia?


Se ha extendido entre la crítica y los cinéfilos la idea de Stanley Kubrick como un cineasta que pretende dinamitar los géneros. Cuando Kubrick anunció que su siguiente película sería un film de terror –el único de su trayectoria que puede definirse como tal– en el que adaptaría una novela de Stephen King, la expectación era muy alta. ¿Qué sería capaz de hacer el director neoyorquino con el género de terror?

Pues es cierto que El resplandor se desmarca de algunos lugares comunes del género. Sustos y sobresaltos brillan por su ausencia y es un verdadero gustazo ver cómo Kubrick renuncia a la oscuridad para crear tensión. 

Del trabajo meticuloso de Kubrick con la luz nacen escenas fascinantes. Pero algunas de sus decisiones me parecen muy poco acertadas. Por otro lado, no considero que El resplandor haya revolucionado el cine de terror, porque está lejos de pertenecer a ese grupo de películas.

Dirigir es tomar decisiones. En un momento del film, después de la magnífica secuencia del bate de beisbol, Jack Torrance está fuera de control y su mujer Wendy consigue encerrarlo en el almacén de comida del hotel. Jack intenta engañar a su mujer con buenas palabras para que le deje salir. Aquí viene una decisión complicada. Kubrick apuesta por enseñarnos el rostro de Jack, desvelando el engaño, en lugar de compartir el desasosiego de Wendy, amenazada de muerte por su marido. La decisión está en desechar el efecto de suspense para convertir la película en un retrato de la esquizofrenia del personaje central.

Solo unos meses antes que El resplandor se estrenó Alien de Ridley Scott, una película que demostró que cuanto menos vemos al monstruo más terrorífico crece en nuestra imaginación. Pero aquí la empatía –un caso complejo considerando que Kubrick es un cineasta muy poco empático– es para el monstruo. De hecho la película en muchas situaciones nos obliga a tomar parte como Jack. Participamos en sus ensoñaciones (como el precioso travelling en el que descubrimos una celebración en The Gold Room, con viaje en el tiempo incluido) y entramos con él en la habitación 237. Lo que ocurre en ese cuarto de baño pintado de verde es algo imposible de reducir a palabras. 

El laberinto exterior del hotel tiene cabida dentro del propio hotel, con pasillos que parecen llevar a ninguna parte y con habitaciones en las que el monstruo (una suerte de minotauro al que da vida Jack Nicholson) va conociéndose a sí mismo en una espiral de esquizofrenia. El resplandor continúa siendo una obra enigmática.