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miércoles, 18 de mayo de 2011

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos (2009)

Yimou cocinando pasta



Un hombre que tiene una tienda de tallarines se entera de que su mujer le engaña con un empleado y contrata a un asesino para que acabe con la vida de ambos y así vengar su traición. Lo que parece ser un crimen sencillo y sin cabos sueltos se enreda hasta convertirse en una maraña imposible de sangre y muerte.

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos ha sido entendido como un remake de Sangre fácil, la primera película que rodaron a mediados de los 80 los hermanos Coen. Sin embargo de Sangre fácil Yimou solo toma prestado el tronco argumental casi de manera esquemática y a brocha gorda.

No es nada habitual encontrar un remake chino de una película norteamericana. Menos común aún es que ese remake venga firmado por uno de los cineastas de mayor prestigio internacional. Para quien no le conozca, Zhang Yimou está entre los dos o tres directores de cine asiáticos más estilosos e importantes y posee una trayectoria admirable.

Su trabajo en Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos solo tiene sentido a la luz del conocimiento de su obra. Parece que Yimou ha hecho una especie de caricatura de sí mismo, especialmente una caricatura de sus últimos filmes, considerados bajo el influjo del cine comercial (cualidad despreciable para muchos críticos).


Yo sin embargo no la considero una obra menor, sino sencillamente una película que difícilmente podemos adscribir a la trayectoria previa del genial cineasta chino. Se aleja en forma y discurso del primer Yimou de Sorgo rojo, y se aleja en tono del Yimou de Hero o La casa de las dagas voladoras. La película de los Coen era un thriller de la América profunda desprovisto de humor, que Yimou ha transformado en una parodia ridícula (gracias a la comicidad de los actores y su vergonzoso vestuario) ambientada en la China medieval.

Pese a la ausencia absoluta de música el sonido es uno de los puntales del film, y Yimou ha prestado especial atención a este aspecto para enriquecer su película. El diseño de sonido final es alucinante. Como también es alucinante la escena en la que los protagonistas se lanzan a cocinar pasta, con una coreografía espectacular. En momentos puntuales como éste, surge el Yimou genial.

Visualmente es una gozada porque el tratamiento estético de cada plano está compuesto como si se tratase de una pintura. Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos conserva intacto el potencial de la trama argumental de los Coen y le añade un ritmo seco, preciso y sin baches. Finalmente, la agilidad con la que filma Yimou se impone al espantoso descalabro del ridículo (por difícil de exportar) humor de su película.




miércoles, 26 de mayo de 2010

Io sono l'amore (2009)

Visconti y Antonioni, alta cocina

Retrato de la destrucción de una rica familia aristocrática italiana que vive en Milán, los Recchi. Io sono l'amore es una película más para degustar que para disfrutar,  gracias a su espléndida dirección de fotografía. Con una de las pocas actrices insustituibles del cine de los últimos años, la siempre magnífica Tilda Swinton. Swinton tiene la elegancia de una gélida esfinge de mármol.

De ritmo pesado y cargante, la película se enajena de vez en cuando, justo cuando parece filmada (como en su desenlace) por un Luchino Visconti obsesionado por el eclipse de Antonioni. Una conjunción, por momentos genial, pero del mismo modo, también difícil de seguir con entusiasmo. Es una película enmarcada en un subgénero que no soporto, el del melodrama italiano, pero sería injusto no reconocer la fascinación con la que el director y guionista Luca Guadagnino se atreve a pulverizar a sus grandes referentes. 

jueves, 20 de mayo de 2010

Fantastic Mr. Fox (2009)

¿Cómo puede ser feliz un zorro sin un pollo entre los dientes?

SINOPSIS: La historia se centra en un astuto zorro llamado Fox (voz original de George Clooney), que parece llevar un vida idílica con la señora Fox (Meryl Streep) y su hijo Ash (Jason Schwartzman). Pero por las noches, el señor Fox roba las gallinas, los patos y los pavos de los granjeros Boggis, Bunce y Bean. Cansados de esta situación, los granjeros deciden poner remedio al asunto y cazar a Mr. Fox para que no les siga robando... Basada en el famoso libro para niños de Roald Dahl. (FILMAFFINITY)

El estreno de Wes Anderson en el cine de animación por stop motion ha levantado una euforia sorprendente entre los seguidores del cineasta y los aficionados a esta técnica que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos por medio de una serie de imágenes fijas sucesivas.

En parte se trata de una euforia razonable pues Anderson ha logrado un dominio absoluto no solo ya de la técnica de animación del stop motion, sino también de la planificación de la puesta en escena con los encuadres y los movimientos de cámara. Abre una escena con un primer plano, lo contiene unos segundos, y después aleja la cámara perpendicularmente para mostrar la escena completa. Anderson resulta ser todo un maestro en una tecnología que es la primera vez que usa. Desde luego, se puede considerar Fantastic Mr. Fox un trabajo memorable, y Wes Anderson se destapa como un Jean Renoir del stop motion.

Al igual que el protagonista de su última película, Mr. Fox, Wes Anderson no tiene complejo a la hora de admitir que confunde tics con señas de identidad. Su sentido del humor está pensado para llegar solo a unos pocos, y a mí muchas veces me deja tibio.

El cine de Wes Anderson siempre tuvo mucha sustancia, es cartoon en carne y hueso. Y Fantastic Mr. Fox nos descubre algo que ya podíamos intuir: si cambias la forma la sustancia se resiente. Porque en el cine la sustancia también está en la forma. Lo tierno y lo humano de las criaturas de Anderson estaba en las miradas de sus actores, aquí algunos de los animalillos miran y hablan directamente a cámara pero no se enciende ninguna chispa.

Estos zorros animados parecen un capricho de niño rico. Solo nos queda imaginar (suspiro) lo que podría haber sido esta película con imagen real, con gente como George Clooney, Meryl Streep, Willem Dafoe o Bill Murray (que ponen las voces a los protagonistas) poniendo también rostro a estos inspiradísimos monólogos y diálogos, riendo, llorando, discutiendo y declarándose amor.


martes, 30 de marzo de 2010

Lo mejor del 2009

10.- Un tipo serio (Hnos. Coen)


El tebeo de un suburbio del Minneapolis de finales de los 60, con el que los Coen presumiblemente se identifican y que describen con un cinismo recargado. (...) El corte a negro final más seco, fino y devastador del año. La confirmación de que los Coen pueden hacer lo que les venga en gana y se están quedando con nosotros. Porque un tornado va a llevarse por delante a nuestros protagonistas. El dedo de Dios apuntando a la gris cabezota de Larry Gopnik, que solo pretendía ser A Serious Man.

9.- Un profeta (Jacques Audiard)




La puesta en escena transparente de las imágenes de Audiard pasa completamente desapercibida al tiempo que se ajusta a su texto. El corazón de Un profeta lo lleva un debutante y joven actor, Tahar Rahim, soberbio a lo largo de la progresión de su personaje. Él pone la sangre caliente a una película fría e inteligente, pausada. Y con una sola fuga de la narración, la anécdota que da título a la obra.

8.- Señales del futuro (Alex Proyas)



Luego dirán que no me arriesgo. Para los amantes del sci-fi, Señales del futuro no es un producto olvidable, y no lo es porque Alex Proyas rueda con la eficacia y la marca de un Alfonso Cuarón o de un Spielberg. Encajando magníficas set pieces dentro de un total de intriga y misterio en favor del género fantástico. Protagonizada por Nicolas Cage, el actor más torpe, esquivamente torpe, de toda una generación. Es decir, un icono.

7.- Nine (Rob Marshall)




Un espectáculo plenamente disfrutable. Penélope Cruz y Kate Hudson contrarrestan con frescura y espontaneidad. Marion Cotillard está sobresaliente en Nine, una película que pedía a gritos una estrella que diese réplica a la presencia arrolladora e imponente de Daniel Day Lewis. Una sofisticada y lujosa adaptación de la obra de Broadway.

6.- (500) Days of Summer (Marc Webb)



¿Una comedia romántica sobre lo que NO es el amor? (500) Days of Summer es una rareza de esas que de vez en cuando nos regala la industria norteamericana. Imperdible y necesario vuelco al género, con una realización fresca, imaginativa y moderna, en la línea de Sofia Coppola o Spike Jonze. La pareja protagonista (Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel) gasta un feeling sorprendente. Especial atención a la mejor pantalla partida que se ha usado en un tiempo: los títulos de crédito iniciales. Madera de clásico.

5.- Donde viven los monstruos (Spike Jonze)



Un texto fantástico, una obra sobre la infancia, sobre los monstruos del armario, una obra que nos habla de nuestros niños, no de esos mocosos que nos arruinan el parquet, no de los que tenemos o vayamos a tener, sino de los que llevamos por dentro. Y nunca entra en la ñoñería, es inteligente siempre y cruel a veces. (...) El diseño de los monstruos es una gozada de la técnica, sus movimientos y sus facciones se ajustan a la perfección a la sutileza de las voces que esconden. (...) Es una miniatura fabulosa. Una joya rara y conmovedora.

4.- Los abrazos rotos (Pedro Almodóvar) 
 
El director manchego se mueve ya en otra esfera, la de la genialidad domada, y desde ahí arriba (casi) todo parece intocable. (...) La puesta en escena es magistral y nos regala un par secuencias memorables, a elegir, entre la revelación de una infidelidad a través de la lectora de labios, los encuentros apasionados entre Penélope y Homar, o la forzada agitación sexual bajo sábanas blancas que ya quisiera para sí el mejor Rossellini. (...) Oda de amor ciego a su actriz, Penélope.

3.- Inglorious Basterds (Quentin Tarantino)


Tanto el personaje del coronel nazi Hans Landa (magnífico Christoph Waltz) como la escena brutal que abarca todo el primer capítulo se encuentran entre lo mejor escrito (e interpretado), planificado (y rodado) de la carrera de Tarantino. Christoph Waltz está memorable en la piel del coronel Hans Landa, va y viene, sube y baja, cambia de tono y cambia de registro. (...) Inglorious Bastards funciona de maravilla en sus momentos de lirismo.
 
2.- El secreto de sus ojos (Juan José Campanella)


La genialidad de El secreto de sus ojos desdobla la personalidad del cineasta, para encontrarse con Wong Kar-Wai o Park Chan-Wook. Los encuadres, la cámara que persigue y atosiga a la acción, el gusto por el detalle. (...) Un guión magnífico no necesita encerrarse en un género. Las líneas de diálogo parecen escupidas con vicio y tango por cada uno de los espléndidos actores. (...) Campanella nos regala el momento de cine más espectacular y memorable del año, un majestuoso plano-secuencia que parte desde la luna de Avellaneda para desembocar en una vibrante y eléctrica persecución en el estadio de fútbol del Racing.

1.- Antichrist (Lars von Trier)

Exorcismo en una sala oscura. Por fin, el genial (y difícil) talento de Von Trier abraza la excelencia técnica. Conserva sus rasgos habituales de puesta en escena pero demuestra una sabia evolución. La intensidad del drama se levanta sobre ese tour de force interpretativo tan contundente como excepcional. Impresionante trabajo de Charlotte Gainsbourg, desgarradora. Obra maestra descomunal.

martes, 23 de marzo de 2010

The Blind Side (2009)

La vista gorda de la Academia


SINOPSIS: Basada en hechos reales, narra la historia de Michael Oher, un joven afroamericano sin hogar que encuentra ayuda y cobijo en una familia blanca, dispuesta a prestarle el apoyo necesario para que pueda desarrollar todo su potencial, tanto para triunfar como jugador de fútbol americano como en la vida. (Filmaffinity)

Mediocre film de sobremesa. Con una Sandra Bullock (actriz que en su momento poseía una gran vis cómica y simpatía) que aquí se siente falsa, insulsa, impostadamente rubia, muy mediocre, como todo en esta película. Correctita, pero pesada y alargada sin necesidad hasta los 130 minutos. Es el típico drama de superación y la típica comedia buenrollista mezclada con los tópicos del deporte y del racismo. Es decir, todo un hallazgo... Y la Academia a su rollo. Oscar para Sandra Bullock, en uno de sus trabajos más flojos, y nominación a mejor película. Tan previsible como The Blind Side.


jueves, 11 de marzo de 2010

El secreto de sus ojos (2009)

El cristal empañado


Las heridas que cicatrizan. Y las cicatrices. Las miradas que no van a ningún sitio. Y las miradas que abrasan. La de Ricardo Darín. Y la mirada de Ricardo Darín que se pierde en Soledad Villamil. Miradas de cine. Miradas que se pierden y sin embargo quedan grabadas en la pantalla.

A lo largo de su carrera, el guionista y director Juan José Campanella ha ido dando muestras de la maestría que atesora, pero la genialidad de El secreto de sus ojos desdobla la personalidad del cineasta, para encontrarse con Wong Kar-Wai o Park Chan-Wook. Los encuadres, la cámara que persigue y atosiga a la acción, el gusto por el detalle. Porque los esquemas del cine que se rompen con otros esquemas, también saben ser magistrales. El cine que calca una plantilla, y El secreto de sus ojos lo hace, también puede traspasar el papel.

El suspense, el drama, la comedia. El presente, el presente continuo, el pasado. Un guión magnífico no necesita encerrarse en un género. Las líneas de diálogo parecen escupidas con vicio y tango por cada uno de los espléndidos actores que se han comprometido con El secreto de sus ojos.

Y por si fuera poco, Campanella se apunta un último tanto, y nos regala el momento de cine más espectacular y memorable del año, un majestuoso plano-secuencia (necesariamente trucado) que parte desde la luna de Avellaneda para desembocar en una vibrante y eléctrica persecución en el estadio de fútbol del Racing. Piel de gallina. Gallina de boca abierta.


sábado, 27 de febrero de 2010

La carretera (2009)

Viggo sobrevive


Padre e hijo vagando por una tierra arrasada por algún misterioso cataclismo. Buscan un lugar al final del camino en el que poder asentarse seguros, lejos del canibalismo al que están abocados (a bocados) los pocos supervivientes de la tragedia. Han dejado atrás a una madre y esposa (los flashbacks con Charlize Theron transportan a los protagonistas a otro mundo).

Echo en falta alguna escena potente de terror de esas que te dejan pegado a la butaca. La interpretación contenida y seca de Viggo Mortensen y el diseño grisáceo de luz del director de fotografía Javier Aguirresarobe golpean fuerte para rescatar una película a la sombra de la excelente adaptación que hicieron los hermanos Coen, hace un par de años, de otra novela de Cormac McCarthy, No Country for Old Men.

Entretenida y resuelta con oficio por el director John Hillcoat, The Road (La carretera) es una buena y fiel adaptación, pero una película fácilmente olvidable, porque tanto el ritmo como el desarrollo del guión son algo monótonos.


domingo, 21 de febrero de 2010

The Hurt Locker (2009)

La brigada estadounidense en tierra hostil


Agradecemos que una obra que aborda directa y radicalmente un tema tan controvertido como lo es el de la guerra de Irak lo haga dejando a un lado los posicionamientos políticos y los discursos moralistas, y se limite a documentar y mostrar el día a día de una brigada estadounidense de desactivación de explosivos desplegada en Irak.

The Hurt Locker estructura su narración en forma de episodios, cuyo punto de conexión entre ellos es el personaje protagonista interpretado por el desconocido Jeremy Renner, un actor con trazas de héroe de acción. Dentro de esa estructura episódica, el primer segmento conlleva tal concisión, precisión, despliegue de medios e intención formal, que convierte a todo lo que viene después en capítulos innecesarios unos, y gratuitos otros. The Hurt Locker es, por tanto, un corto peligrosamente reiterativo y alargado de 131 minutos de duración.

El trabajo de cámara de la directora Katherine Bigelow, que suena con mucha fuerza para llevarse el premio Oscar de la Academia, sigue el mismo rigor mareante que uno de los grandes éxitos de la temporada, District 9 (película que cuenta con una temática más interesante y atractiva que la que nos ocupa), e incluso lleva ese estilo hasta el límite del atropello y de la náusea. Donde la tensión inicial se va transformando en una crispación general.


domingo, 14 de febrero de 2010

Invictus (2009)

Retrato rutinario de Mandela


SINOPSIS: La historia de cómo Nelson Mandela (Morgan Freeman) unió sus esfuerzos con el capitán del equipo de rugby de Sudáfrica, Francois Pienaar (Matt Damon), para ayudar a unir el país. El recién elegido Presidente Mandela es consciente de que su nación sigue estando dividida tanto racialmente como económicamente debido a las secuelas del apartheid. Creyendo que puede unir a su pueblo a través del lenguaje universal del deporte, Mandela apoya al desamparado equipo de rugby de Sudáfrica cuando, con pocas probabilidades, participa en el Campeonato Mundial de 1995.

Invictus, como es costumbre en todos los films de Eastwood de las últimas dos décadas, presume de una factura excelente, no aburre, posee unas sólidas interpretaciones principales (a cargo de Morgan Freeman y Matt Damon), pero responde a la misma rutina a la que todo el equipo de Clint Eastwood ha sometido a sus anteriores trabajos. El prestigio de narrador calculador y preciso del director de Mystic River permanece intachable a base de evitar la transgresión. Un estilo de trabajo que ya alcanzó su techo hace unos años y que no encuentra una progresión de cara a un futuro poco esperanzador y menos inquietante.

No reconocer la maestría del veterano director sería injusto, pero no exigirle nuevos retos cinematográficos a alguien a quien aún hoy considero un grande sería darle por perdido. El buen maestro debería estar siempre al servicio del alumno. Pero, con Invictus, Eastwood aparece exclusivamente para recordarnos que sigue siendo muy bueno y que además puede contratar a los mejores ayudantes de cámara.


martes, 2 de febrero de 2010

Nine (2009)

Take it all


SINOPSIS: Remake modernizado de 8 y medio, de Fellini, sobre las reflexiones vitales, a nivel personal y profesional, de un conocido director de cine, Guido Contini (Day Lewis). Varias mujeres le atormentan, entre ellas su esposa (Cotillard), su amante (Penélope), su madre (Loren), su musa (Kidman), su diseñadora de vestuario y confidente (Judi Dench) y hasta una periodista americana que le persigue (Hudson). Todo ello mientras intenta centrarse en la producción del musical 'Nine'.

Confirmado, el musical con el que Rob Marshall homenajeó a Bob Fossé en 2002, Chicago, me pareció excelente, y ahora Nine me gusta muchísimo. Es una sofisticada y lujosa adaptación de la obra de Broadway. El tan criticado estilo de Marshall convierte Nine en algo parecido a un spot de perfumes y calzado de dos horas, con sus tomas de un segundo de duración y sus planos americanos. El objetivo de esta puesta en escena es doble, esconder por un lado las posibles fallas en las coreografías del reparto, y por otro, dar agilidad a los números musicales. Sin embargo no por ello me parece en absoluto un cineasta pobre o torpe.


Nine es un trabajo de cine afortunadamente ligero, sin carga de pretensiones trágicas, quizá por eso prescindible, pero un espectáculo plenamente disfrutable de principio a fin. Desde su apertura, con un maravilloso número coreografiado de música sin letra que sirve como emotivo homenaje a todos los profesionales que participan en el film. Hasta su cierre, con el magnífico duelo final entre dos actores impresionantes, los mejores dentro de este carrusel de estrellas, Marion Cotillard y Daniel Day Lewis.

Las actrices restantes se esfuerzan en encontrar su lugar en una obra que siempre está rendida a la figura de la esposa de Guido Contini, Luisa. Nicole Kidman y Sophia Loren están artificiales y acartonadas. Penélope Cruz y Kate Hudson contrarrestan con frescura y espontaneidad. Y aunque por problemas de guión todos los personajes son bastante planitos y lineales, Marion Cotillard concede a su personaje de Luisa Contini una profundidad de la que carecía el libreto. Ríe, llora, canta, baila. Y culmina la jugada con su transformación final en el desgarrado número de Take It All. Cotillard está sobresaliente en Nine, una película que pedía a gritos una estrella que diese réplica a la presencia arrolladora e imponente de Daniel Day Lewis.


sábado, 30 de enero de 2010

La cinta blanca (2009)

Sobrevalorada Palma de Oro


SINOPSIS: Inexplicables acontecimientos perturban la tranquila vida de un pueblo protestante en el norte de Alemania en 1913, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Un granero es prendido fuego, dos niños son secuestrados y torturados... El maestro de escuela observa, investiga y poco a poco descubre la increíble verdad... (FILMAFFINITY)

Poco sugerente y menos provocadora. Una lección pesada y muy poco estimulante de historia, donde (cosa insólita tratándose de Haneke) sus ideas no proyectan ninguna sombra, bajo estos sucesos ocurridos en una aldea de la Alemania de 1913 no descansa ninguno de los pretendidos monstruos que buscaba el cineasta austriaco. Ni el terrorismo. Ni el fascismo. Ni la violencia. Ni siquiera se atisban las raíces del mal.

La historia de amor entre el maestro, que narra el film ya desde una edad muy avanzada, y una joven institutriz, que llega para cuidar de los hijos de la duquesa que reside en la aldea, constituye el único oasis emocional de la película. Por supuesto que el film obsequiado con el mayor galardón en el último Festival de Cannes tiene sus virtudes. El trabajo de sonido es perfecto y todos los intérpretes, desde los adultos hasta los más jóvenes, forman un conjunto actoral soberbio en esta Palma de Oro.

Pero la austeridad formal llevada al extremo se convierte aquí en la versión más errática y estática de Michael Haneke. Y eso que estamos hablando de la que probablemente sea la voz más autorizada del cine europeo reciente, que ha logrado en anteriores películas (Funny Games o Caché) un nivel excelente y magistral. Sin embargo, el lenguaje cinematográfico de Haneke en La cinta blanca está más cerca de lo que nos gustaría de ese estúpido puritanismo por el que se rigen los padres de esta aldea.


sábado, 16 de enero de 2010

A Serious Man (2009)

La cruz judía



La manera de plasmar el judaísmo en el cine es bien distinta en el corto camino que separa a Woody Allen de Ethan y Joel Coen. Allen trata sus películas como si fuesen pequeñas porciones de un teatro mayor, mientras que los Coen planifican sus escenas con el virtuosismo de una secuencia de viñetas de cómic. Un tipo serio es el tebeo de un suburbio del Minneapolis de finales de los 60, con el que presumiblemente se identifican y que sin embargo describen con un cinismo recargado.

Las interpretaciones del desconocido elenco actoral al completo son brillantes, entre las que destaca obviamente el trabajo central que acapara todo el film, Michael Stuhlbarg está sobresaliente. Su Larry Gopnik es un hombre honrado. Ama a su mujer, se entrega a sus hijos. Vive en armonía con una comunidad judía practicante. Se esfuerza en sus labores como profesor, siendo correcto y justo, para ganarse una plaza fija en el trabajo. Pero, un día, todo se derrumba. Su crisis de fe es galopante porque buscando a Dios se encuentra más perdido que nunca. Su vida resulta más difícil de resolver que una de las indeterminaciones matemáticas que él mismo explica, un cero partido por cero que tiende a infinito.

Con la excepción del protagonista, el atormentado Larry Gopnik, el resto de personajes no van más allá de la caricatura. Su mujer, el amante de su mujer, sus hijos, su hermano, su vecino, etc., todos forman parte del peculiar zoológico que se han montado los Coen (por enésima vez) en Un tipo serio. No se les puede reprochar que no hayan sido fieles aquí a su peculiar estilo, pero la narración tiene problemas de ritmo y al tratarse de su trabajo más autobiográfico quizás falta ese punto tan necesario de distanciamiento. A nivel personal, es una decepción que se ve interrumpida, eso sí, por el corte a negro final más seco, fino y devastador del año. La confirmación de que los Coen pueden hacer lo que les venga en gana y se están quedando con nosotros.

Porque un tornado va a llevarse por delante a nuestros protagonistas. El dedo de Dios apuntando a la gris cabezota de Larry Gopnik, que solo pretendía ser A Serious Man.


lunes, 28 de diciembre de 2009

Avatar (2009)

Un edén alucinante o un panfleto hortera


Es muy complicado sacar conclusiones tempranas de una obra de la envergadura de Avatar. El tiempo que ha llevado realizarla y su extenso metraje impiden condensar su esencia en unas simples líneas. Por eso vamos simplemente a acercarnos un poco a ella.

Avatar solo es disfrutable con los ojos. No tiene corazón. Bueno, sí lo tiene. Pero es tan estúpido que ojalá no lo tuviese. Ojalá Avatar fuese exclusivamente un vehículo de transporte, un viaje para descubrir un desconocido paraíso de la técnica. El Avatar de la película es un recipiente para integrar a Sam Worthington (que encabeza un reparto de actores mediocres) en un mundo de fantasía y color, y ése es exactamente el propósito del director de Aliens en su último trabajo. Transportarnos con nuestras enormes gafotas 3D a su nuevo mundo.

Cameron es un director sobresaliente pero un guionista muy pobre. Y aquí lo demuestra. Su épica es más infantil que la de un niño de 9 años. Su romanticismo es más previsible que el de una telenovela venezolana. La historia y los personajes de esta película tienen menos dimensiones que un cartón.

Tratándose de un director sobresaliente, como es Cameron, las escenas de acción están rodadas con brío y tensión, por ejemplo una persecución extraordinariamente espectacular, que acaba en una enorme cascada. Aunque es difícil destacar solo una secuencia memorable en una película de estas dimensiones.

En el apartado técnico su acabado visual hoy en día podría considerarse perfecto. Pero esto es un logro solo a medias. Hay dos aspectos que restan mérito. Considerando que se trata del film con mayor presupuesto de la historia del cine (un siglo y pico, tampoco es tanto), estamos hablando de dinero bien invertido, no más. Y para aquellos que se excitan pensando que ésta es la revolución del cine en 3D, la primera película que presumió de este sistema se estrenó hace más de 50 años, y fue un gran fracaso. Entre tanto, ya ha habido tiempo suficiente para perfeccionar el sistema de animación digital.

Avatar funciona de maravilla en plano general -mención especial merece el recorrido final por Pandora con un travelling fascinante durante los créditos que cierran el film, mientras escuchamos la voz prodigiosa de Leona Lewis-. Sin embargo pierde encanto en los planos medios y los primeros planos. Su exuberancia plástica y sus colores fosforescentes me llevan a vaticinar –a mí, que soy un agorero- que pronto pasará de moda. El barroquismo sobrecargado del edén paradisíaco de Cameron, Pandora, es abrumador. Será un referente de la ética y la estética hortera de esta década que termina. El tiempo dirá.



sábado, 19 de diciembre de 2009

Donde viven los monstruos (2009)

Donde escriben los monstruos


El realizador de cine Spike Jonze se ha buscado un huequito dentro de la corriente alternativa del cine estadounidense. Sus dos primeras obras (Cómo ser John Malkovich y El ladrón de orquídeas) estaban construidas sobre guiones de Charlie Kaufman. Ambas eran excelentes, pero todo el mérito se lo dábamos al guionista de mayor talento e ingenio en activo. Con un par de guiones, Kaufman ya estaba en la cima. Este año 2009 ha significado un punto de ruptura entre ambos. Kaufman ha pasado a dirigir su propio guión (Synecdoche, New York) y Jonze ha pasado a escribir su propia película (Donde viven los monstruos).

Max es un niño tremendamente imaginativo, está creciendo y su mundo tal y como lo conoce está a punto de desmoronarse. Una noche Max es enviado a la cama sin cenar y crea su propio mundo: un lugar poblado por feroces criaturas que le tienen a él como líder. El crío Max Records, con solo 12 años, se destapa con una interpretación memorable y acapara el peso de la película.

Aunque se hayan basado en un cuento corto de Maurice Sendak, el trabajo de los guionistas Dave Eggers y S. Jonze es magnífico. Ha quedado un texto fantástico, una obra sobre la infancia, sobre los monstruos del armario, una obra que nos habla de nuestros niños, no de esos mocosos que nos arruinan el parquet, no de los que tenemos o vayamos a tener, sino de los que llevamos por dentro. Y nunca entra en la ñoñería, es inteligente siempre y cruel a veces.

El reparto actoral de las voces de los monstruitos es sensacional, en especial las de un par de iconos de la pequeña pantalla. James Gandolfini (The Sopranos) es Carol, incontrolable y agresivo, y Lauren Ambrose (Six Feet Under) es KW, triste y solitaria. Hasta que llega Max.


La cámara en mano está presente toda la película y sirve para formular la cinta como un juego de niños, inocentes e imaginativos, dubitativos y preguntones. El diseño de los monstruos es una gozada de la técnica, sus movimientos y sus facciones se ajustan a la perfección a la sutileza de las voces que esconden. Y la ambientación es acertadísima siendo totalmente creíble.

Es difícil entrar a valorar una película como este tercer trabajo de Spike Jonze. Está en la misma onda que el cine de Sofia Coppola o Wes Anderson. Su tamaño no se corresponde con su talento. Es una miniatura fabulosa. Una joya rara y conmovedora.


sábado, 12 de diciembre de 2009

Paranormal Activity (2009)

Terrorífico plano fijo


Una pareja sospecha que su casa está embrujada o que en ella están ocurriendo fenómenos paranormales por la noche, y deciden grabarse mientras duermen. Esas grabaciones explotan al máximo las posibilidades terroríficas de un plano fijo. Un mismo espacio (una cama de matrimonio, dos mesillas de noche, una puerta entreabierta y el fondo de un pasillo) se va volviendo más y más obsesivo.

Paranormal Activity es un cruce entre pornografía barata del suspense y escapismo hacia las formas futuras del cine (el youtubismo de turno). Apariencia descuidada en un vídeo doméstico que basa toda su efectividad en lo obviamente cercano y palpable que nos es su desarrollo. Y la pareja protagonista está muy bien escogida, ambos están naturales. Por eso es tan entretenida aun en sus momentos más tibios. Pero de cualquier modo es una estupidez y una tomadura de pelo poco estimulante, que no merece el mal trago que se sufre al soportarla.


sábado, 28 de noviembre de 2009

Luna nueva (2009)

Más crepusculitos


Pese al cambio de dirección de esta segunda parte de Crepúsculo, se mantienen intactos tono, estilo y garra. Y aun no sé si eso es una buena o mala noticia.

El tono sigue siendo vomitivo, porque estos guiones son insalvables. No se ha visto en mucho tiempo tal desprecio a la figura (magnífica) del vampiro. El vampiro es el arquetipo que mejor representa al inadaptado, al diferente. En Luna nueva los vampiros (y con ellos Robert Pattinson, el gran atractivo de este tipo de films) desaparecen del mapa. La familia de Pattinson es sustituida aquí por una manada de licántropos recién salidos del Disney de Narnia, entre los que se encuentra Taylor Lautner, un actor bastante limitadito.

Nuestra protagonista Bella estrena en Luna nueva mayoría de edad, completamente ajena al morbo de que le pueda desvirgar un hombre que lleva cien años muerto o un hombre lobo de dos (x2) metros. Es el mismo agujero que tenía la primera parte. Es una película de vampiros, hombres lobo y adolescentes. Y qué poco sórdida es. Crepúsculo va camino de convertirse en la saga más pudorosa o más casta de lo que va de siglo. No tiene garra. Y en las líneas de diálogo ya no entro. Merecen un estudio sociológico aparte.

Pero el estilo de Chris Weitz y su equipo técnico está lejos de ser pobre. Cuida su puesta en escena. La banda sonora de Alexandre Desplat (compositor de El curioso caso de Benjamin Button) es interesantísima. Y el trabajo enorme del director de fotografía Javier Aguirresarobe consigue una luz grisácea y un tratamiento de los colores insólito para una producción de esta talla.

Si lo mismo no es tan difícil y el único problema que tiene Bella con sus pretendientes es el miedo al compromiso. Por favor, déjen de hablar de inmortalidad.



jueves, 12 de noviembre de 2009

Celda 211 (2009)

Una buena calada de cine español


Con una escena muda, que te roba las palabras, construida exclusivamente a base de planos detalle y un mismo primer plano, arranca Celda 211, cuarta película de Daniel Monzón, antes crítico de cine, ahora realizador. Es un comienzo difícil, duro y seco, y pone un listón enorme que el resto del metraje aguanta estoico. El trabajo de Michael Mann está dando sus frutos, Monzón rueda como el realizador de Collateral.

El día en que comienza a trabajar en su nuevo destino (Zamora, ojito) como funcionario de prisiones, Juan se ve atrapado en un motín carcelario. Haciéndose pasar por un preso más, luchará para salvar su vida e intentar dar fin a la revuelta. No deberíamos conocer más de su argumento, quizá hasta ésto ya sea demasiado. Se trata de una insurrección, y como tal, puede interpretarse como un hachazo a la política, pero sus referencias no son en absoluto explícitas, Celda 211 rechaza (o bordea) lo obvio.

No subraya sus ideas. Cuando alguien tiene algo que contar lo cuenta. Y ya está. Sin rodeos. No tiene bajones de ritmo. No hay ningún momento en que se venga abajo y toda la película mantiene una misma intensidad dramática, portentosa, desde su arrollador arranque hasta que Monzón echa el cierre. Por el camino hay más de un clímax, y uno de ellos, el más emotivo de todos, se disfruta con una tensión irrespirable.

Evidentemente ésta es una película que depende de las voces que se pongan en la piel de sus personajes. Aunque el notable Luis Tosar acapare los grandes elogios, todos los intérpretes están magníficos sin excepción. Vamos sumando y el resultado es sobresaliente. Una calada profunda y punzante de buen cine español. O de cine a secas.



sábado, 17 de octubre de 2009

Los Límites del Control (2009)

La realidad es arbitraria


Rodada íntegramente en España (Madrid, Sevilla y Almería) y con la inestimable colaboración de Christopher Doyle, excelente director de fotografía que se dio a conocer por sus prodigiosos trabajos para Wong Kar-Wai, Jim Jarmusch filma en Los Límites del Control una nueva cumbre de su estilo. Un arriesgado -como no podía ser de otro modo- paso adelante, después de haber estrenado su película más accesible, Flores rotas.

La estructura episódica de la narración (que ocurre en casi todos los trabajos de Jarmusch) ya es algo cansina. Aunque quizá ésto no quede muy lejos de la intención del cineasta, porque Los Límites del Control narra (o mejor dicho, muestra) la estricta rutina de un asesino a sueldo con una misteriosa tarea (Isaach de Bankolé) que basa su concentración en unos ejercicios de relajación.

Donde de veras Jarmusch encuentra la abstracción es en el genial último tercio, rodado en Almería, sobre una paleta de tonos fríos. En su única unidad de acción destacable, el acceso a un castillo blindado hasta los dientes de seguridad (lo que en cualquier otra película hubiese sido la secuencia más memorable), aquí se reduce a una elipsis temporal (in)imaginable, subrayando la presencia de fantasmas en esta película (la más espiritual de todas las del director de Extraños en el paraíso) .
-¿Cómo has llegado aquí?
-Usando la imaginación.


Jarmusch se echa al hombro la cámara rígida en el clímax final. Finiquitado con una idea (los no-límites de la imaginación) y una afirmación, aquello de que la realidad es arbitraria, que deja noqueado. ¿No es el cine, y en concreto el cine de Jarmusch, un lenguaje plenamente arbitrario? Probablemente el excepcional plano que abre Los Límites del Control guarde una respuesta.



martes, 13 de octubre de 2009

Ágora (2009)

Abatimiento astronómico


SINOPSIS: En el siglo IV, Egipto era una provincia del Imperio Romano. Su ciudad más emblemática, Alejandría, se había convertido en el último baluarte de un mundo en crisis, confuso y violento. En el año 391, las revueltas callejeras alcanzaron una de sus instituciones más legendarias: la biblioteca. Atrapada tras sus muros, la brillante astrónoma Hypatia (Rachel Weisz), filósofa y atea, lucha por salvar la sabiduría del mundo antiguo, sin percibir que su joven esclavo, Davo, se debate entre el amor que le profesa en secreto y la libertad que podría alcanzar uniéndose al imparable ascenso del Cristianismo... (FILMAFFINITY)

Vamos a despachar rápido Ágora para no hacer daño. Es un fiasco. No es novedad, todos los años nos encontramos con alguno así. Lo que es noticia es que es el primer fiasco de Alejandro Amenábar. No es mala, simplemente es irrelevante. La dirección es mediocre, y eso no se lo podemos pasar por alto a alguien que rodó tan bien Abre los ojos o Los Otros. Hay dos actores excelentes: la ganadora del Oscar Rachel Weisz (en su Hipatia se apoya descaradamente toda la película) y el veterano actor francés Michael Lonsdale (el padre de Hipatia). Pero ni ellos ni sus desconocidos compañeros están memorables. Les ha tocado defender a unos personajes diluidos y anodinos.

No creo que Amenábar salga satisfecho de la experiencia de rodar Ágora. Está tan lejos del cine-conceptual del Kubrick de 2001, como del cine-épico del Gibson de Apocalypto. Demasiada matemática. A esta película le falta pasión, le falta emoción, le falta garra. Y a Amenábar por primera vez en su trayectoria le ha faltado personalidad.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...