domingo, 6 de septiembre de 2009

Paranoid Park (2007)

Lo poco que queda de Gus Van Sant


Gus Van Sant estrenó en el año 2002 una obra mucho más importante de lo que pueda aparentar. Gerry marca el trazo a seguir a lo largo de un nuevo sendero, una forma distinta de hacer cine y el más extremo punto de inflexión que ha dado un cineasta en lo que va de siglo XXI. Un vuelco de escándalo, una bofetada al mainstream de sus anteriores trabajos. De las que dejan marca. Gerry solo era el borrador de un proyecto más ambicioso que desemboca en Elephant, Palma de Oro en el Festival de Cannes 2003, una obra maestra. Pero Van Sant nunca fue todo lo regular que nos gustaría. Last Days y sobretodo Paranoid Park son muestra de ello. Es como si Van Sant filmase Paranoid Park hastiado de su propio cine. O como si en un acto de hipnotismo hubiesen robado el cuadernillo de planificación del director de Gerry para rodar un guión barato.

El error en la dirección de casting es lamentable. Casi todos los intérpretes que aparecen en pantalla son debutantes, y todos sin excepción están espesos. No hay en ellos ni un atisbo de credibilidad, y su personaje protagonista, que debía ser un adolescente atormentado, pasa a ser uno de los caracteres más anodinos que han poblado el cine del director. Esperaba un brillante acercamiento a la compleja rutina del joven y sin embargo queda completamente desdibujado.

Gus Van Sant no da señales de vida en Paranoid Park. Lo narrativo carece de interés alguno y el trabajo de cámara ya no es novedad por lo que el nivel de atracción queda bajo mínimos, con la excepción de un par de planos que podríamos rescatar: el agua que se escurre a través del pelo de Alex en su ducha, o un plano fijo ralentizado que captura una tras otra las acrobacias de los skaters.


viernes, 28 de agosto de 2009

Antichrist (2009)

Ojos completamente abiertos



No he sentido hasta este momento la necesidad de defender al cineasta danés Lars von Trier calificado como el enfant terrible del cine europeo, principalmente porque sus películas, sin llegar a ser mala ninguna de ellas, siempre me han resultado de lo más cargante y capcioso. Pero me sorprendo al encontrar en Antichrist el trabajo más sincero y feroz de su autor y lo que ocurre es que se escuchan más abucheos que aplausos. Estas son mis 10 razones por las que (re) considerar Antichrist como una película descomunal:

1.- Por la brillante y muy acertada dirección de Lars von Trier, que abandona con todas sus consecuencias el Dogma 95. Se acabó el experimento, no hay rastro alguno de ese voto de castidad, y por fin el genial (y difícil) talento de Von Trier abraza la excelencia técnica. Conserva sus rasgos habituales de puesta en escena pero demuestra una sabia evolución. Incluso se permite un par de lujos: prólogo y epílogo están en las antípodas de la concepción puritana que el director danés tenía de su cine.

2.- Por su guión inteligente e inquietante que indaga en las relaciones de una pareja, en su descenso a los infiernos, en su sentimiento de culpa y en un complejo abanico del dolor. Según va descubriendo sus cartas se vuelve más y más turbio.

3.- Por el siempre notable Willen Dafoe, que se compenetra (literalmente) a la perfección con su partenaire.

4.- Por el impresionante trabajo de Charlotte Gainsbourg, en la transformación femenina más desgarradora que recuerdo. Fue premiada en Cannes pero nos quedamos con la sensación de que no habrá premio que haga justicia a su interpretación.

5.- Por la intensidad del drama que se levanta sobre ese tour de force interpretativo tan contundente como excepcional.

6.- Por la manera en que el director danés consigue lo imposible: -permítanme decir algo que probablemente no compartirán conmigo- dotar de elegancia hasta aquello que bordea lo grotesco u obsceno. Posee tres momentos (especialmente uno de ellos, una mutilación genital en primer plano) realmente duros, todos ellos tienen lugar en el tercer acto del film, por lo que no es un cine apto para cualquier tipo de sensibilidad, o mejor dicho, para cualquier tipo de estómago. Pero hasta ese tercer acto (y para el que esto firma el metraje al completo) estamos ante un cine de una intensidad impecable.

7.- Por el perfecto diseño de sonido, con un efecto lluvia de bellotas asombroso. Y porque von Trier utiliza los ruidos sonoros del mismo modo que lo hace Lynch, para crear presencias que no pueden verse.

8.- Por la atmósfera terrorífica que consigue el director de fotografía y su contraste con un film de género anti-terrorífico. Esa niebla tarkovskiana en el bosque que se cuela por las rendijas de la cabaña.

9.- Por contradecir a todos aquellos que la consideran una película de mente perversa y enfermiza, cuando es uno de sus personajes (y no su autor) el trastornado; o a aquellos que dicen mentiras tan estúpidas como que es una cinta pornográfica o gore.

10.- Por ser una experiencia inolvidable, no desagradable, sino plenamente gratificante. Y porque para bien o para mal es una experiencia que acaba invadida por el delirio.


Por todo eso, en una sola palabra, y teniendo en cuenta la naturalidad con la que esquiva la mediocridad, el resultado es descomunal. Algo que no es de extrañar viniendo del cineasta que creía que Bambi ya estaba muerto cuando salió del vientre de su madre.


miércoles, 19 de agosto de 2009

Enemigos Públicos (2009)

Últimos cartuchos de John Dillinger


Enemigos Públicos se puede considerar en cierta medida fallida, pero eso es porque Michael Mann se arriesga en cada plano. Su arriesgado trabajo de puesta en escena no siempre funciona, porque el uso de la cámara es excesivamente acelerado y no deja reposar las buenas ideas (que seguro las tendrá). Hay escenas que podrían estar diez veces mejor rodadas, como aquella con Marion Cotillard dándose un baño. Y por contra tiene planos memorables: el magistral Miller´s Crossing de los Coen reflejado en la pintura metalizada de un coche, Dillinger llorando, o Dillinger sangrando, por poner unos ejemplos.

Mann siente debilidad por anteponer la traca al disparo, la acción al suspense. Parece que Mann quiere sorprender al cinéfilo purista pero olvida que el cine es, y debe seguir siendo, espectáculo. Y el único espectáculo del film es el John Dillinger de Johnny Depp. El actor da todo lo que se espera de alguien con su talento, está serio, elegante y chulesco cuando hace falta.


Pero la película tiene otros problemas. El guión está descuidado. La historia de amor está mal planteada y peor desarrollada (una gran película debería poseer una buena dosis de melodrama), todo parece hecho con prisas. Salvo el de Dillinger los personajes están mal definidos y poco pueden hacer con ellos los correctos Christian Bale y Marion Cotillard.

La música y las canciones de la banda sonora no están bien utilizadas, no refuerzan ninguna escena. Al final esto acaba por desconcertar. Desgraciadamente la suma de todo lo anterior resta intensidad y potencia narrativa al conjunto, pero marca el camino a seguir de Michael Mann y demás cineastas que se acerquen al género.

Si casi todo lo que valoro de la última película del director de Heat es negativo, ¿por qué sigo pensando que, sin embargo, es una película interesantísima? Porque el riesgo y la valentía (esto de rodar en digital...) se premian, porque -a pesar de tratarse de un revival del cine noir- el lenguaje cinematográfico de Mann se encuentra más actualizado que nunca, porque contiene imágenes poderosas, y porque Johnny Depp adquiere aquí una presencia que inunda la pantalla, Enemigos Públicos se coloca en una posición respetable para figurar entre los títulos más importantes del año.


miércoles, 12 de agosto de 2009

Encuentros en la tercera fase (1977)

La penúltima abducción


Encuentros en la tercera fase es un film construido sobre tres pilares: 1.- los primeros encuentros (antológicas las dos escenas del niño, abducción incluida); 2.- los tiempos muertos (terriblemente anodinos que invitan al espectador a desconectar); 3.- la secuencia final, el encuentro definitivo, el clímax ansiado que culmine la película.

Hay un tremendo desequilibrio entre esos tres pilares sobre los que Steven Spielberg articula su película. Por un lado tenemos los primeros encuentros, donde descubrimos que detrás de la cámara se sitúa un virtuoso de la planificación. Son solo unas pocas escenas (se pueden contar con los dedos de una mano) pero ya han quedado grabadas en la memoria del género de ciencia ficción.
Sin embargo, no tardamos en ver el cartón. Los tiempos muertos son aburridos y están inútilmente alargados. Y la segunda mitad de la cinta (por no decir casi toda ella) sufre del mal del cine-embudo (término que podría haber patentado Jorge Valdano de no ser porque se me acaba de ocurrir a mí, chúpate esa Jorge). Cine-embudo: dícese de aquella narración construida en base a proyectar o condensar toda la atención y el interés en su acto final decisivo y definitorio.
Pero el definitivo encuentro en la tercera fase resulta ser abyecto y difícil de tragar. ¿Hemos llegado hasta aquí para ésto? Si no hemos disfrutado del viaje, ¿qué te hace pensar que disfrutaríamos del destino? Desearía que Spielberg hubiera hecho uso de la elipsis en más de tres cuartas partes de la película, y eso es mucho decir



sábado, 1 de agosto de 2009

Up! (2009)

Previsiblemente emotiva


Cada uno tiene la propia, pero en mi definición de crítico aparece como una de las tareas fundamentales la de cuestionar. El crítico de cine es uno de los profesionales -le daremos el beneficio de la duda- que utiliza un mayor número de clichés, de imposturas y de afirmaciones que se dan por ciertas. Pero es a la vez el profesional que más se cuestiona a sí mismo. O así es como entiendo yo que debería ser un crítico.

El transbordador de Pixar lleva (o arrastra) algo en el cargamento de equipaje que pesa mucho, muchísimo: la tradición de Disney. No voy a quitarle méritos a Up. El acabado visual es espectacular, con una gama de colores que explota en tus mismas narices. A los críos, Pixar se los tiene ganados con un repertorio de siempre brillantes personajes protagonistas y secundarios. Pero si hay una productora a día de hoy empeñada en hacer valer aquello de "Para todos los públicos", esa es Pixar. Lasseter y los suyos pretenden alcanzar la abstracción que rompa la barrera generacional del cine de animación infantil. Y lo intenta recubriendo sus dos últimas películas (WALL-E y Up, precisamente las más aplaudidas por la crítica) de varias capas de nostalgia. Mirar hacia atrás y dejar escapar un suspiro pensando en el pasado siempre fue síntoma de lucidez. Pero tampoco conviene desfallecer de melancolía.


Impresionan, sí, pero es tal la artificialidad de sus sentimientos que no llegan a emocionar. Y lo dice alguien a quien Ratatouille le pareció sensacional. Pero me es difícil recordar alguna situación sorprendentemente genuina en esta última supuesta obra maestra, me queda la impresión de que todo es forzosamente emotivo, o peor aún, previsiblemente emotivo. Por supuesto que Up tiene algún momento mágico: A sus 78 años, Carl Fredricksen ata miles de globos a su casa para salir volando hacia su destino viajar a América del Sur tal y como le hubiera gustado a su difunta esposa (una narración excepcional en un par de minutos). Un estallido de color que quedará grabado en la retina.

El 3D es utilizado para potenciar la profundidad de campo y poco más, con el tiempo se extraerán mayores logros de esta tecnología.

¿Qué no es Up? Up ni es magistral, ni es sublime, ni es maravillosa. ¿Qué es entonces Up? Up es original, es entretenida y es divertida, una de las producciones más interesantes de la temporada. Sencillamente. Nada menos, nada más.


jueves, 23 de julio de 2009

Pagafantas (2009)

El pringado que llevamos dentro


Siii!! Los actores, adecuados. Los chistes, frescos. El tiempo, justo. Oh yeahhh. No voy a comentar nada sobre la primera película de Borja Cobeaga porque no creo que haga falta. Es muy simpática. Para reírse, a carcajadas. Guiño para cinéfilos: un par de escenas en un pasillo que nos transportan al mismísimo Lynch. Desde aquí lo único que puedo hacer es publicidad.


sábado, 18 de julio de 2009

Minority Report (2002)

Recuerdos del futuro




Minority Report es cine negro del futuro. Como en su momento lo fue Blade Runner. Pero podemos remontarnos más atrás. Encuentro muchas similitudes entre la carrera de Steven Spielberg y la de Alfred Hitchcock. Ambos son (o fueron) los realizadores más populares de su tiempo. Un sector de la crítica no recibe (o recibía) con especial entusiasmo sus trabajos, mientras que el público ha acudido en masa a ellos. El tiempo pone a cada uno en su sitio, o eso es lo que dicen. Es cierto que ambos alternan en su filmografía películas sobresalientes con otras mediocres. Pero también los dos han tenido acceso a la máquina del tiempo.

Cuando aparece una obra adelantada a su tiempo hay que aplaudir hasta que se te caigan las manos. Vértigo lo fue en su momento y Spielberg lo rozó en Inteligencia Artificial. Un año después vuelve a dar en el clavo. Spielberg está aquí en su mejor estado de gracia y no es casualidad que haya perdido taquilla por el camino. En un alarde de cinefilia Minority Report es como ver a Hitchcock dirigiendo una adaptación (libre) de Blade Runner dentro de 20 años. Es inútil perder el tiempo discutiendo si Spielberg merece el rango de maestro. Es un debate estúpido. El mérito está en haber capturado la textura del cine del futuro.

El arranque agitado y vertiginoso del film abre paso a un desarrollo de ritmo irregular, pero siempre entretenidísimo (el sello del Rey Midas). El final es un giro brillante al cine negro que sabrá a gloria a los amantes del género clásico. Tom Cruise está correcto y eso es lo máximo que podemos exigirle.

El sistema Pre-crimen es desde ya una nueva forma de cine. El cine como reflejo del futuro, un futuro que asumimos con certeza pero que no podemos obviar que está ahí para ser evitado. ¿Hablamos de destino? De ese modo, Minority Report apunta hacia sus espectadores no por lo que son, sino por lo que potencialmente llegarán a ser. Suena peligroso pero al éxito cinematográfico se llega a través del riesgo.

Lo mejor: la excelente textura no sólo de cine de ambientación futurista, sino también de cine diseñado en el futuro. Lo peor: Los bajones de ritmo y los baches que atraviesa su narración (aunque menos escandalosos que los de A.I.). Se podría haber recortado algo de metraje reduciendo su duración.

Por lo tanto Minority Report es un complemento imprescindible para esa película tan llena de genio que es A.I., compartiendo sus virtudes y limando sus puntos débiles. Visión de conjunto: como la imagen de John Anderton intentando abrazar a un espectro, el de su mujer en forma de holograma, Spielberg ha firmado un nuevo hito del género de ciencia ficción. Un género fascinante que nos invita a pensar que nada es imposible porque todo está por ocurrir.


lunes, 29 de junio de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres (2009)

Un thriller eficaz en una adaptación digna


SINOPSIS: Hace 40 años, durante una reunión familiar en una isla, la joven Harriet Vanger desapareció sin dejar rastro. Aunque no se ha encontrado su cuerpo, su tío está convencido de que fue asesinada por alguien de su propia familia, así que decide contratar a dos personas para que investiguen el caso. Los elegidos son un desencantado periodista, Mikael Blomkvist, y una siniestra hacker informática llamada Lisbeth Salander. Ambos descubrirán que el secreto del clan Vanger es más oscuro de lo que parece.

Probablemente la mayoría de los méritos de la película son culpa de Larsson, el autor del libro. Se atisba desde el film una intriga argumental densa y oscura que se multiplicará a medida que avance la trilogía, pero la película tiende a esquematizar y reducir a la simplificación esas tramas principales. No tanto los personajes, en especial el de Lisbeth Salander, enigmática joven que arrastra un pasado que sólo podemos intuir. Thriller que aumenta su tensión en la segunda parte con un crescendo muy eficaz para todo aquel espectador ajeno a la novela original.


sábado, 27 de junio de 2009

Presencias extrañas (2009)

Terroríficamente detestable


SINOPSIS: Anna Rydell (Emily Browning) regresa a casa junto a su hermana -y mejor amiga- Alex (Arielle Kebbel), tras su estancia en un hospital mental. Pero su recuperación se pondrá en peligro por culpa de su cruel madrastra, de su padre ausente y de la presencia de un fantasma que habita en la casa...

¿De verdad pueden lucrarse los señores que produjeron Presencias extrañas con un remake tan idiota? No hay tensión ninguna porque toda la película está construída a base de clichés de multicine de sobremesa. No diré que la película no cumple con su cometido, porque asustar asusta. Yo de hecho metí varios brincos en la butaca y salí a-co-jo-na-do. Lástima que lo único que me provocaba miedo era la idea de haberme quedado sordo en alguno de esos efectos de sonido que utiliza el film para dar sustos. Qué tramposillos son los hermanos Guard, los encargados de dirigir esta adaptación americana de la película surcoreana Janghwa, hongryeon (se llama así en serio, no me estoy riendo de nadie, y al contrario que ésta, el original tiene algunos momentos salvables).

A los cinco minutos ya sentía unas ganas terribles de abandonar la sala, y si no lo hice era por temor a que una de aquellas baterías sonoras terroríficas me pillase bajando y mi cuerpo cayese rodando por las escaleras. Toménselo como una recomendación de las autoridades sanitarias. No se expongan al Sol en las horas de máximas temperaturas, hidraten a mayores y pequeños, y bajo ningún concepto paguen por ver Presencias extrañas.


jueves, 25 de junio de 2009

Zack and Miri Make a Porno (2008)

Hacemos el gamberro, sí, pero con dulzura


SINOPSIS: Zack y Miri son dos amigos que se conocieron en el instituto y a los que les cuesta afrontar la edad adulta pues, a sus veintimuchos años, se ven inmersos en deudas. Para hacer dinero rápido deciden montar una empresa para grabar porno amateur con sus amigos. Mientras rueden las películas, descubrirán que sentían algo más el uno hacia el otro que la platónica amistad que les había unido hasta ahora.

Comedia ligera donde lo gamberro deja paso a lo entrañable. No es gran cosa pero parece un oasis en medio de la espantosa cartelera veraniega que llevamos de momento. Seth Rogen y Elizabeth Banks están muy acertados como pareja protagonista. Para pasar un buen rato y divertirse con los amigos. Plato de digestión rápida donde sigue presente el ingenio de Kevin Smith, aunque almibarado o (lo que es peor) pasado por agua.


martes, 2 de junio de 2009

The Happening (2008) - versión 2.0 - Fallo de apreciación

El sosiego del fin de los tiempos




Hace unos meses, aproximadamente un año, cometí un error grave de apreciación al considerar El Incidente (The Happening, el título original y más apropiado) una profunda decepción y una película fallida de su director M. Night Shyamalan, cineasta -vaya por delante- que me entusiasma y a quien tengo en un altar, pero su último film me pareció una enorme estupidez en su momento y así lo reflejé en un artículo del que ahora mismo me avergüenzo: Shyamalan se pierde en la espesura de Hollywood. Todo lo que se podía leer en él era mi descontento con el nuevo rumbo que había tomado el indio y cómo por el camino había perdido sus virtudes. Me equivoqué porque es una película entretenida y sugerente y no puede estar más lejos de lo que hoy se entiende en Hollywood como cine de masas. Lo que más me entristece de mi error es el tiempo que llevaba lamentando la cantidad de gente que había salido decepcionada de las películas de Shyamalan, y yo mismo he caído en idéntica trampa.

No pretendo autoflagelarme por ello pero sí busco aprender alguna lección de este insignificante (por la nula repercusión de mis palabras) fracaso. Esto me hace replantearme mi sistema de apreciación de un film e incluso la manera de verlo. Una película -como cualquier otra obra- debe ser juzgada no en orden a aquello que ya conocemos, sino como proceso de aceptación de la propia naturaleza de la obra y a partir de ahí, lo exitoso de sus expectativas y lo satisfactorio que llegue a ser su modo de alcanzarlas.

¿Qué sentido tiene encontrar la maestría en un territorio - el del cine de terror de serie B- que nunca la buscó, y que se identifica precisamente con su ausencia? El Incidente persigue el género perdido del llamado terror serie B, de presupuestos bajos y resultados ínfimos. Es cierto que el guión es flojo, y las interpretaciones son, por poner un adjetivo general y que no hiera, malas. Pero el dominio absoluto y sosegado que tiene Shyamalan de su cinematografía permanece intacto. Es más, sale reforzado si cabe de tan difícil reto. Porque no es fácil tomarle el pulso a El Incidente. Hay que interpretarla como una particular versión del fin del mundo a pequeña escala.

¿Dónde podemos encontrar al mejor Shyamalan en su última película? La apertura como planteamiento argumental es un más que notable ejercicio de suspense (las dos primeras escenas son incluso sobresalientes) y todo el desarrollo de la trama adquiere una fluidez y una sutilidad casi hipnótica. Además hay dos planos preciosos en los que Shyamalan aleja la cámara del plano corto al general para que no podamos ver los rostros de sus protagonistas. Uno en el que Mark Wahlberg abraza a su sobrina a mitad de película. Otro, que pertenece a la penúltima secuencia, en el que Zooey Deschanel le cuenta a su marido la buena noticia, el niño que está en camino. Ambas contadas en plano general donde no se escucha más que la banda sonora del siempre inspirado James Newton Howard. Es una demostración de qué puede hacer un gran director con actores muy limitados.
"Intuyo que Shyamalan es de esos directores a los que el tiempo dará la razón, a los que las miradas retrospectivas y, por tanto, de conjunto, reivindicarán por encima de las urgencias derivadas de las reseñas exprés (como ésta que firma un servidor). Pero la actualidad tiene estas cosas, y aunque el que esto firma defendió a Shyamalan contra la corriente incluso a colación de El Bosque y La Joven del Agua, no encuentra argumentos sólidos para seguir haciendo lo propio en referencia a El Incidente." (Roberto Piorno: La Guía del Ocio)

Perfectamente hace un año podría yo suscribirme a estas palabras, pero el tiempo y un segundo visionado me han hecho entrar en razón y me he dado cuenta de que El Incidente es bastante mejor de lo que me temía. La labor del director está en la superficie pero tiene su repercusión en las profundidades cinematográficas del film, de ahí lo difícil que resulta abstraerla de otras tareas menos meritorias en relación con el cinematógrafo, como la trama argumental o el trabajo actoral.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...