viernes, 15 de mayo de 2009

Lo mejor del 2008

10.- Burn after reading (Hnos. Coen)

El trabajo de dicción y gesticulación de Brad Pitt convierte a su personaje en el panoli más entrañable de la factoría Coen. (...) Si pensaban que varias estatuillas de los Oscar en la vitrina iban a incomodar a los Coen se equivocaban, de lleno. Como si las matemáticas hubiesen encontrado la ecuación de tercer grado para alcanzar la comedia perfectamente engrasada, como un póster que imita al Saul Bass de las películas de Hitchcock, Quemar después de leer funciona con la precisión de Con la muerte en los talones y lleva incorporada una bomba de relojería rítmica.

9.- Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen)


Es la primera película de Woody Allen desde Annie Hall que no parece de Woody, con todo lo que eso significa. El riesgo que arrastra es el de ser tomada como una obra menor (infravalorada), como si tal cosa fuese defecto en lugar de virtud. Rebecca Hall está sorprendentemente elegante, pero Penélope se merienda al resto del reparto y sus discusiones en español con Bardem son de reírse a carcajadas, pero no por el ingenio sino por la frescura.

8.- Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Steven Spielberg)



Spielberg dirige esta cuarta entrega en su mejor momento de forma, bien agarrado a su imprescindible operador de cámara Janusz Kaminski, que da la enésima lección de cine magistral de su carrera. Un film de aventuras agitado, brillante, de ritmo vertiginoso, nostálgico, sarcástico, desenfrenado. Nunca es tarde para desempolvar a Harrison Ford y John Williams.

7.- Escondidos en Brujas (Martin McDonagh)

La sorpresa del año. Brillante comedia negrísima con un suspense vertiginoso, muy disfrutable. Tiene escenas magníficas que permanecen en el recuerdo. Mi reconciliación con Colin Farrell, que cuenta con la complicidad del estupendo Brendan Gleeson.

6.- Camino (Javier Fresser)

Extraordinaria. Lo mejor, el talento de Fesser para combinar las escenas más acarameladas con un cine aterrador, brutal y desgarrador, sin perder por ello la emotividad que merecía la película. Se arriesga en cada decisión y emociona allí donde muere el relato. Nerea es maravillosa.

5.- The Happening (M. Night Shyamalan)

Es cierto que el guión es flojo, y las interpretaciones son, por poner un adjetivo general y que no hiera, malas. Pero el dominio absoluto y sosegado que tiene Shyamalan de su cinematografía permanece intacto. (...) La labor del director está en la superficie pero tiene su repercusión en las profundidades cinematográficas del film, de ahí lo difícil que resulta abstraerla de otras tareas menos meritorias como la trama argumental o el trabajo actoral.

4.- Two Lovers (James Gray)

James Gray ha alcanzado en su cuarta película la depuración de un estilo, el de una cámara en apariencia tímida, pero firme y segura. Aunque más allá de la elegante dirección de James Gray, Two Lovers es una película sorprendentemente concisa sobre la idea de un hombre que conoce a dos mujeres, se enamora de ambas, pero solo puede demostrárselo a una. Joaquin Phoenix le da un soplo de vida trágico y turbador a toda la película. (...) Un drama romántico intimista ajeno a las preocupaciones de su tiempo. Atemporal. 

3.- El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher)


No puedo buscarle los defectos a una película que tanto regala, que no se agota en el intento de ser cada plano mejor que el anterior. En la segunda mitad la película se vuelve conmoción. (...) Imprescindible e inolvidable. Entre todos podemos hacer que Benjamin Button transcienda su tiempo y perdure en la memoria como el clásico que merece ser.

2.- The Dark Knight (Christopher Nolan)


Obra referencial en su subgénero, el thriller de superhéroes. Una película que no te debes perder. (...) Monstruosa creación de Heath Ledger. (...) Éxtasis narrativo, un clímax de dos horas y media que tan pronto sobrecoge como excita, que tensa la cuerda de los blockbuster del cine de palomitas, del cine comercial de Hollywood hacia el estilo que marca Christopher Nolan. Excelente.

1.- Déjame entrar (Tomas Alfredson)

Lo que primordialmente te pega a la butaca, te deja boquiabierto y te paraliza el cuerpo es la forma de dirigir del sueco Tomas Alfredson, que hace gala de una precisión impresionante en cada secuencia. Let the right one in te emociona, te noquea, te enamora y te acojona. Todavía queda tiempo para descubrir atónitos un clímax a mitad de película que va de lo terrorífico a lo romántico con una habilidad absolutamente asombrosa. Sólo la rendición hará justicia a esta preciosa obra maestra.

lunes, 11 de mayo de 2009

Cate Blanchett

Inauguramos una sección, la de intérpretes extraordinarios, que se centrará en recoger las virtudes de los mejores actores y actrices de los que aún podemos disfrutar ya que todos continúan en activo, trabajando. Ellos son un acierto seguro porque poseen un talento desmesurado. Las entradas irán acompañadas de una guía con las películas más importantes que han protagonizado y los influyentes directores bajo los que han trabajado. Cate Blanchett es la primera en desfilar.
Fría y demoledora


Tiene aspecto de mujer fría y calcuradora, con un rostro que podríamos llamar "raro". De mirada gélida, con su voz puede conseguir derretir todo papel que se le ponga por delante. Muy poquitas actrices lograrían el milagro de transformarse en Bob Dylan en I´m not there, pero sólo una brillaría además al ponerse en la piel de Katherine Hepburn, en una interpretación tan perfecta -captura todos los amaneramientos de la impulsiva Hepburn- que le valió el Oscar por El aviador. Sus papeles más memorables son los de personajes históricos (se dio a conocer con Elisabeth) o iconos de su tiempo, pero cuando toca componer un personaje propio lo maneja con tal naturalidad y frescura que podríamos olvidar que detrás lleva un guión escrito. Como muestra su complejo personaje en Diario de un escándalo, que resuelve con brillantez y con una precisión fuera de lo común. Tiene experiencia en todo tipo de cine, desde el de autor (The Life Aquatic, de Wes Anderson o Babel, de González Iñárritu) a el más comercial (El Señor de los Anillos o Indiana Jones). Pese a que no es precisamente lo que Hollywood llama una cara bonita, su extraña belleza y su innegable talento abren las puertas a proyectos ambiciosos: acaba de estrenar El curioso caso de Benjamin Button con David Fincher, ya trabaja en el rodaje de una nueva versión de Robin Hood junto a Russell Crowe, y suena con fuerza para futuros proyectos de Martin Scorsese. Es una gema australiana que ya viene pulida. Es Cate Blanchett.


Sus imprescindibles..

El curioso caso de Benjamin Button (2008)
I´m not there (2007)
Babel (2006)
Diario de un escándalo (2006)
The Aviator (2004)
Atando cabos (2001)
Elisabeth (1998)

Ha trabajado con..

Martin Scorsese
Steven Spielberg
David Fincher
Ridley Scott
Steven Soderberg
Peter Jackson
Jim Jarmusch

viernes, 17 de abril de 2009

Let the right one in (2008)

Obra maestra a la sueca


Qué año más raro de cine ha sido el 2008. Ha vuelto la moda de los vampiros por varios motivos, aunque la mayoría de ellos tienen que ver con la literatura: al fenómeno juvenil del Crepúsculo de Stephenie Meyer no le ha faltado su adaptación cinematográfica, una película pasable aunque un poco sosa, mientras que Alan Ball se ha sacado de la chistera una serie de televisión basada en la serie de novelas Southern vampire, de la escritora norteamericana Charlaine Harris. A eso hay que sumarle lo más grave, la película más taquillera del año está protagonizada por un tipo disfrazado de murciélago que salta de tejado en tejado. Pero ahora que ya sabemos qué piensa Hollywood de los vampiros, centramos nuestra mirada en Europa.

Let the right one in de Thomas Alfredson (traducida aquí en España como Déjame entrar) es una película sueca que utiliza al vampiro no como un arquetipo, sino como excusa para hablar de esas cosas que realmente nos atormentan. La soledad, el amor, o el miedo a lo desconocido. Oskar, un niño tímido de 12 años, marginado por sus compañeros, se hace amigo de Eli, una misteriosa vecina, cuya llegada coincide con una serie de misteriosas muertes. A pesar de que el joven piensa que ella es un vampiro, intenta que su amistad esté por encima de su miedo.



Es el guión (buenísimo) del film, y su brillante equipo de actores, lo que te engancha, como el cebo que muerde el pez antes de despedirse de todo lo que conoce. Pero lo que primordialmente te pega a la butaca, te deja boquiabierto y te paraliza el cuerpo es la forma de dirigir de Alfredson, que hace gala -¡en su segunda película!- de una precisión impresionante en cada secuencia.

La tensión que te puedes encontar en cualquier escena de esta modesta obra maestra hace rememorar todos los terroríficos encuentros habidos desde el primero de Hannibal Lecter con Clarice Starling en El silencio de los corderos (1991) hasta la habitación en la que se discutía acaloradamente el aborto de 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007).

Let the right one in te emociona, te noquea, te enamora y te acojona. Todo, música, fotografía, efectos especiales, todo es tan delicado que sólo la rendición hará justicia a este precioso film. Mientras tanto intentas asimilar lo que te dice, que no es poco. Sé tolerante, pero sé también cauteloso. Todavía queda tiempo para descubrir atónitos un clímax a mitad de película que va de lo terrorífico a lo romántico con una habilidad absolutamente asombrosa.


jueves, 16 de abril de 2009

Milk (2008)

Biopic convencional


SINOPSIS: Harvey Milk, a los cuarenta años, cansado de huir de sí mismo, deja un puesto ejecutivo en Wall Street para salir del armario y mudarse al barrio Castro, de San Francisco. Se enfrenta a empresarios, sindicatos y políticos intolerantes. Sus victorias son cada vez mayores. Su valentía – recibe amenazas constantes – inspira a otros a seguir sus pasos. En su vida privada, empieza una destructiva aventura con Jack Lira, un joven que se agarra a él para sobrevivir. La comunidad homosexual, que se siente unida y más fuerte, le elige para un puesto público. (FILMAFFINITY)

Biografía de Harvey Milk, el primer político abiertamente homosexual en Estados Unidos, dirigido con mano maestra por Gus Van Sant, pero que no aporta nada nuevo o sorprendente al género, salvo la interpretación de Sean Penn, que resuelve un rol complicado con la solvencia que le acostumbra. ¿No es extraño que un film tan progresista en sus planteamientos políticos sea tan ultraconservador en su forma estilística? Algo falla. Aunque, eso sí, el trabajo de ambientación setentero está tan logrado que ni el excesivo amaneramiento de todo el colectivo gay del film consigue echarlo a perder.


lunes, 13 de abril de 2009

Gladiator (2000)

Luces y sombras


 
Si ya de por sí no es sencillo entrar a valorar cualquier película con frialdad y obviando toda clase de sentimentalismo, menos aún es hacerlo con una película como la que nos ocupa que dejó una huella impresionante en una generación completa, que no es otra que la mía. La sensación que me provoca el film es de un completo aturdimiento*. Aturdimiento: 1. Perturbación física de los sentidos por efecto de un agente externo como un golpe o un ruido; 2. Perturbación emocional momentánea; 3. Falta de serenidad y reflexión. De ahí que considere el esquemático método de pros y contras (ventajas y desventajas, claros y oscuros...) como la mejor forma, al menos la más eficaz, de evitar la redacción fluida en la que seguro me perdería.
 
 
Luces

1.- Revitalización de un género, el peplum / Sublimación de sus cánones y códigos genéricos. El peplum es un concepto al que dio nombre la crítica francesa para referirse al cine de aventuras ambientado en la Grecia y la Roma clásicas. El peplum tiene fama de no ser muy riguroso con sus referencias históricas. En ellos se magnifica la valentía y fortaleza del protagonista. La ambientación buscaba la espectacularidad. La película dirigida por Ridley Scott insufló vida al género, y su influencia en el cine reciente es indudable: Troya (2004), la insufrible Alejandro Magno (2004), 300 (2007) o la serie de televisión Roma (2005).

2.- Interpretaciones convincentes, resultonas. Acudimos al nacimiento de una estrella mayúscula, Russell Crowe que tras el rudo policía de L.A. Confidential y el científico de El Dilema, irrumpe portentoso en el panorama estelar de Hollywood, Oscar incluido. En frente, Joaquin Phoenix, cuyo rostro es la viva imagen del odio.

3.- Magnífica banda sonora del compositor Hans Zimmer, que aturde* y emociona.




Sombras

4.- No transgresión / No adaptación a su tiempo cinematográfico. Donde más cojea la película de Ridley Scott es en lo modélico de sus planteamientos, todo está tan trillado que no hay lugar para la transgresión del tratamiento, ni estético, ni plástico (años después lo conseguiría 300) , ni mucho menos discursivo.

5. Caricaturización de personajes. Los personajes principales están estereotipados, como castas idealizaciones del bien y el mal.

6.- Grandilocuencia / Super-elefante blanco. La pomposidad de su argumento: "El general que se convirtió en esclavo, el esclavo que se convirtió en gladiador, el gladiador que desafió a un imperio", rezaban los titulares promocionales de la película más popular de los últimos tiempos. La suntuosidad de sus frases.
 
El resultado final no es tan impecable como algunos pensaron (entre los que me incluyo) en el momento de su estreno, pero está lejos de ser todo lo bochornoso que nos venden los pseudo-intelectuales que se creen puristas del cine. Sopesadas luces y sombras, me reafirmo en que Gladiator es impresionante, o al menos causa impresión, que para el caso debería tener el mismo efecto. Pd. El reparto de estrellas permanece (injustamente) invariable para no herir mi antiguo orgullo de inocente fanático del film.


lunes, 23 de marzo de 2009

Los abrazos rotos (2009)

Carta abierta al retrotributo

Qué importante es para un autor haber alcanzado el pleno dominio de cualquier lenguaje expresivo, más aún si es el específico de su materia, para que cada nueva obra que estrena sea considerada un paso adelante, aunque la misma se encuentre estancada en vicios del pasado.

Es el caso de Pedro Almodóvar, cuyo cine tiene techo en Todo sobre mi madre (con continuidad en Hable con ella y en Volver) y así supera la categoría de cine de autor para merecer el apodo de maestro. Por eso, ver La mala educación en pleno éxtasis huracanado era fascinantemente provocador. Con Los abrazos rotos Almodóvar baja de nuevo al escalón de La mala educación y su complejo entramado de personajes en el tiempo.

Que todo responda a lo auto-referencial explica el tono dramático (en ocasiones trascendental) del que uno hace gala cuando se trata de hablar de sí mismo. Y es ésto último lo que podría hacer de Los abrazos rotos un producto cargante y cansino, de no ser porque el director manchego se mueve ya en otra esfera, la de la genialidad domada, y desde ahí arriba (casi) todo parece intocable.

Intocable en su labor como director de actores, al menos en el caso de los cuatro protagonistas. Lluís Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez y Penélope Cruz, convertida en actriz fetiche del director, su Sofía, su Claudia, su Marilyn, su Audrey.

El protagonista de Los abrazos rotos es precisamente un director de cine que se prepara para reestrenar su particular Mujeres al borde de un ataque de nervios, una comedia en el peor momento de su carrera. Ha perdido todo cuanto amaba. Su vista. Su amante. Su actriz. Cuando las tres probablemente eran una misma persona.

Como acostumbra, la puesta en escena es magistral y nos regala un par secuencias memorables, a elegir, entre la revelación de una infidelidad a través de la lectora de labios, los encuentros apasionados entre Penélope y Homar, o la forzada agitación sexual bajo sábanas blancas que ya quisiera para sí el mejor Rossellini.



Dice Almodóvar que su décimoséptima película es la más compleja de todas y un homenaje a su amor por el cine. Aunque probablemente ésta sea su oda al amor ciego a una actriz, Penélope, con la que se identifica, y con la que está encantado de identificarse.

Lo peor: La resolución del conflicto argumental, invadido por un flojo melodrama, y los chirriantes personajes (y actores) más jóvenes.

Lo mejor: Todos los apartados técnicos, música del compositor Alberto Iglesias incluida. Y el pulso de Almodóvar en la presentación y exposición de espacios, tiempos, personajes y géneros.



viernes, 6 de marzo de 2009

Gran Torino (2008)

Gran Eastwood, un reserva en su género


Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un veterano de la Guerra de Corea, trabajador jubilado del sector del automóvil, racista y resentido, que vive encerrado en su mundo desde que enviudó. Su máxima pasión es cuidar de su más preciado tesoro: un coche Gran Torino de 1972. Sus vecinos de siempre han muerto o se han mudado, siendo sustituidos por inmigrantes latinos, afroamericanos y asiáticos. Las pandillas callejeras presionan a Thao, un joven de origen oriental, para que robe el Gran Torino de Walt, pero el viejo lo impide. En agradecimiento, la madre de Thao manda a su hijo a trabajar para Kowalski y juntos intentarán arreglar el barrio.

Las últimas películas de Clint Eastwood nos han hablado de forma cándida y reflexiva sobre la muerte. Tal vez el director de Million Dollar Baby se haya puesto a buscar un fin de fiesta, un cierre comprometido, una despedida a lo grande al cine que él tanto ama.

Walt Kowalski, gruñe en su casa, sólo le aguanta su perrilla, tiene siempre un rifle a mano, pero no va a vengarse de nadie, asume que su tiempo ya pasó y en una escena magnífica (una de las más determinantes de todo el cine del director), se lanza furioso e impotente a un sillón en la penumbra de su salón. Desconozco cuánto mérito de sus películas (todas, más que buenas) es atribuible al Eastwood director, pero sí sé que delante de la cámara funciona como auténtico imán y su sello perdurable me impide reconocer si se trata de un buen actor o simplemente tiene la atracción de icono mítico que merece. Simplemente cuando Eastwood no está, la película pierde gas.


Gran Torino sólo nos trae buenas noticias. Tiene el aroma de una última y definitiva lección magistral, pero a la vez nos descubre a su director en plena forma y con ganas de más, de hecho ya tiene algún que otro proyecto entre manos. Por lo que pueda pasar, Eastwood ya nos ha dejado su legado, y éste responde con la misma solvencia a las inquietudes del veterano actor que a las de una sociedad en constante proceso de regeneración.


viernes, 27 de febrero de 2009

The Wrestler (2008)

Cicatrices del tiempo


"¿Qué ocurre cuando se apagan las luces del escenario, cuando los fans dejan de aclamar a sus ídolos, cuando todo el mundo vuelve a sus casas y la magia del espectáculo enmudece? Entonces volvemos a la realidad, abandonamos la catarsis que nos evade de nuestras vidas cotidianas y las estrellas se despojan de sus disfraces y ornamentos, convirtiéndose en personas de carne y hueso, con sus alegrías y sus penas, como cualquiera de nosotros. Y muchos son los astros apagados, sepultados bajo el peso de la edad o las consecuencias físicas y psicológicas de décadas de entrega a una jauría humana que siempre pide más." (José Arce: La Butaca)

Evidentemente este fragmento no es mío, pertenece a la crítica The Wrestler: La tragedia del Ave Fénix que realiza José Arce en LaButaca.net, y lo he escogido porque no hay mejor manera de describir el argumento de la cuarta película de Darren Aronofsky, y de muchas otras -lo que la hace tan convencional- que retratan el descenso y/o resurrección de idolatrados mitos escénicos. Aronofsky (patinó en Réquiem por un sueño, se lució en La fuente de la vida) rinde aquí su difícil carácter al del luchador hastiado Randy Robinson, arrancando desde su espalda en la travesía por el dolor y la soledad de un tierno Mickey Rourke de rostro desfigurado por las peleas del tiempo.

Un engranaje argumental convencional que ya hemos visto muchas veces (sin ir más lejos, el primer Rocky) esconde un tratamiento rudo y resignado del héroe. El final no es lacrimógeno, no hay resurrección, ni redención posible. Es un salto para abrazar el dolor físico como el único posible. Aunque no sea éste el que más duele.


lunes, 16 de febrero de 2009

Slumdog Millionaire (2008)

Grata y colorida aproximación a Bollywood

A sus 18 años, Jamal se ha convertido en uno de los concursantes más jóvenes de la versión india de "¿Quién quiere ser millonario?". El chico, un huérfano de los suburbios de Bombay, va contestando correctamente a las preguntas para sorpresa de todos, incluido el presentador, que está seguro de que hace trampas. Cuando está a punto de ganar los 20 millones de rupias, Jamal es detenido e interrogado. La policía quiere descubrir por qué sabe tanto, pero para ello hay que oír su curiosa historia.

Hay una cosa que hace diferente a Slumdog Millionaire de la media de películas que se estrenaron este año, esa cosa que hace de lo lejano -el exotismo de la India- algo cercano, gracias al concurso televisivo que nos es de una cotidianeidad inusitada. Es el montaje. Y su frescura no se agota hasta el final del metraje. Que sus imágenes se colarán entre las mejores del año no cabe duda, pero a esta grata sorpresa se le quedarían grandes los Oscar (sería una injusticia ver a Danny Boyle arrebatándole la estatuilla a David Fincher).

También hay escondida una historia de amor en la que no profundiza porque Slumdog Millionaire no es un romance propiamente dicho, sino un cruel drama. Esta es una película que nos cuenta lo que ocurre cuando la suerte se cruza con el destino, y todas esas pequeñas cosas que arrastramos para alcanzar ese momento. Me viene a la cabeza ahora mismo una pregunta que cuanto menos inquieta. ¿Hasta qué punto podemos confundir la suerte con el destino?

Lo mejor: una brillante y vibrante primera hora. Lo peor: El bailecito bochornoso made in Bollywood con el que nos despide. La última película del director de Trainspotting es una cinta vistosa, original (pero ésto me temo que es mérito del libro en el que está basada), que se ve con agrado, pero es moda pasajera. Hay que ver Slumdog Millionaire aunque sólo sea para presenciar como una película rara y modesta fulmina sus aspiraciones y se convierte en la revelación del año.

martes, 10 de febrero de 2009

El curioso caso de Benjamin Button (2008)

Esplendor y ocaso



Y cayó. La tercera obra perfecta (por esquivar aquello de maestra) de David Fincher es la menos contundente de las tres, aunque la más autoconsciente de serlo. Brad Pitt y Cate Blanchett son algo más que caras bonitas, ponen rostro a una espléndida fábula (mismo calificativo merece el libreto de Eric Roth) sobre el paso del tiempo. Nada perturba en Benjamin Button.

Durante su primera mitad todo es alarde de técnica y perfecto acabado visual. Pero es en la segunda mitad donde, ya asumido el lujurioso diseño de producción y coincidiendo con el esplendor de los cuerpos, la película verdaderamente se vuelve conmoción. De ahí en adelante el relato es una constante batalla a contrarreloj que acaba donde suelen empezar todas los demás relatos.

Qué importa entonces si el complejo entramado de narraciones superpuestas o Fincher creyéndose Jean-Pierre Jeunet con un preciosista anhelo por el detalle funcionan como lastre. No puedo buscarle los defectos a una película que tanto regala, que no se agota en el intento de ser cada plano mejor que el anterior. 

Muchas son las secuencias memorables y las imágenes para el recuerdo. Benjamin conoce a Daisy, él es viejo, ella, una niña. Benjamin sabe que es especial pero no comprende si es virtud o defecto. Una madrugada en un hotel. Un atardecer. Una bailarina que se desliza bajo la luz de la luna. Alguien atropella a otro alguien. Benjamin aguarda impaciente y asustado, mientras Daisy da a luz entre gritos. Benjamin se disculpa por todas las cosas que le hubiese gustado hacer con su hija, y no pudo. Daisy recuerda que hay cosas que sí permanecen en el tiempo, que son para siempre. Ya sólo queda poner el lazo. Pero eso ya lo descubrirán ustedes.

Partiendo de la base de que Benjamin Button tiene sus limitaciones como cine comercial -al igual que cualquier película las tiene- y sin embargo dentro de sus propias limitaciones se exprime al máximo y el resultado es extraordinario.


No es el mejor film del -llamémosle así- excelente David Fincher, aunque sí es su obra más popular y asequible, una éxitosa (y redonda) incursión en el mainstream, transformando la fantasía en épica crepuscular -con repertorio de atardeceres incluido-, su visionado es imprescindible e inolvidable.

La película se mueve entre dudas y nos abandona con una certeza. Entre todos podemos hacer que Benjamin Button transcienda su tiempo y perdure en la memoria como el clásico que merece ser.


domingo, 8 de febrero de 2009

Lo mejor del 2007

10.- Los Cronocrímenes (Nacho Vigalondo)

Tarde o temprano la momia rosa, Vigalondo y su máquina del tiempo pasarán a la Historia del Cine Español.

9.- Michael Clayton (Tony Gilroy)



Toda una sorpresa, un thriller oscuro, complejo y difícil de digerir, nunca convencional. Michael Clayton merece cada una de las nominaciones a los Oscar que se ha llevado, por su terriblemente creíble atmósfera, que te absorve, en parte gracias a la labor de sus espléndidos actores, todos en el mejor momento de su carrera.

9.- Juno (Jason Reitman)

Cronenberg va a más. Lo mejor: Viggo Mortensen, y la secuencia de los baños termales. O las dos cosas juntas.

8.- REC (Jaume Balagueró)

Elaborado ejercicio de montaje cargado de perspectivas radicales y unas potentes interpretaciones masculinas. (...) Un monstruo escénico aguarda dentro de Philip Seymour Hoffman.

7.- Zodiac (David Fincher)


Fincher no da lugar a la improvisación con su milimétrica planificación al detalle, tan minucioso en la exposición cronológica de los hechos y las fechas como respetuoso con el material que se trae entre manos. (...) No se puede negar la valentía de Fincher para enfrentarse a los detractores que lo acusaban de ultramoderno y efecticista.

 
6.- Death Proof (Quentin Tarantino)



5.- Viaje a Darjeeling (Wes Anderson)



El cuidado de las formas, la búsqueda de pequeños placeres y la renuncia a los ideales (...) cuando las imágenes se funden en una prodigiosa banda sonora, en Darjeeling, allá donde la congoja se transforma en gozo.

4.- Expiación (Joe Wright)

Con una primera hora sobresaliente, la segunda no pierde en ningún momento el entusiasmo y mantiene vivo el interés. Si el rostro de Keira es poesía, el de McAvoy es todo un poema. Ambos son dignos de expiación.

3.- No Country for Old Men (Joel Coen, Ethan Coen)

Toda la película funciona como manual de ética del Western, con sus reflexiones (nunca discursivas) sobre la moralidad de los hombres buenos, ambiciosos, de los hombres cuerdos, y los hombres viejos. (...) Horas después de su visionado resuenan los ecos de una película perfecta.

2.- Ratatouille (Brad Bird)

Original, divertida, impecable. Ratatouille nace del gozo del cine bien entendido, del vanguardismo a partir del retorno al clasicismo del Disney de los años 40 y 50.

1.- There Will Be Blood (Paul Thomas Anderson)


Su grandiosidad formal, la impecable puesta en escena y su narración como alegoría de las inquietudes del hombre (y de la propia historia de América), la convierten en una película destinada a estudiarse en las academias de cine dentro de 10, 20 o quizás 50 años. (...) Inconmensurable Daniel Day-Lewis.

El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...