martes, 19 de octubre de 2010

La red social (2010)

Punch-Drunk Facebook

Empezamos con una paradoja. La red social con mayor número de usuarios en todo el mundo (la friolera de unos 500 millones) surgió con la única intención de convertirse en un club exclusivo. Si pertenecer a un club exclusivo es cool, formar parte del proceso de selección de tu propia parcela exclusiva de ese club, es aún más cool. Tocar lo imposible. Eso es Facebook.

David Fincher se erige en el mejor y más impactante cronista cinematográfico de un tiempo que resulta ser el nuestro. Fincher coge a un icono de lo (pseudo)cool, como lo es Justin Timberlake, y lo transforma en un payaso embaucador de labia viperina y encantador carisma. ¿Y si La red social fuese el mayor spot publicitario jamás rodado? Bienvenidos a la política del siglo XXI.
 
Mark Zuckerberg, nacido en 1984, estudió en Harvard y fue precisamente allí, dónde se inició en el mundo de la programación pariendo un sistema a base de hackear la red de su universidad. Un programa que le supuso los primeros problemas legales y también le dio la oportunidad de participar posteriormente en un proyecto aún más ambicioso. En 2004 creó Facebook. O eso dice él.

Con el mismo espesor narrativo con el que fuimos a la caza y captura del asesino (de) Zodiac, salimos en busca del origen de la idea emprendedora más importante de nuestro tiempo en La red social. La batalla legal y, por supuesto, dialéctica entre los geniecillos que se pelean por el reconocimiento de haber dado a luz a un fenómeno social de la categoría de Facebook. La solemnidad de una verdad recia desgranada con esmero y apuntalada por el score alucinante de Trent Reznor (fundador de la banda de rock industrial Nine Inch Nails).

Pero es preciso aclarar que ésta no es LA película DE Facebook. De algún modo, La red social describe un proceso. Es un film sobre cómo surgió el germen de Facebook y sobre las consecuencias legales, económicas y morales que este germen arrastra consigo.

En un momento de la película un socio de Zuckerberg pregunta al joven: ¿cuándo estará Facebook acabada? Nunca. ¿Puede la moda pasarse de moda? La moda nunca muere, porque al primer síntoma de agotamiento deja inmediatamente de ser moda. Así funciona Facebook. Solo un proceso en constante regeneración puede sobrevivir a la moda. David Fincher nos entrega su La red social cortada con el mismo juego de cuchillos afilados con el que ya nos apuñaló en El club de la lucha. Un realizador excelente que trasnsforma el guión impresionante de Aaron Sorkin y lo muda a cine imperecedero.


Un ensayo de largo recorrido sobre cómo implantar (desarrollar/ crear/ apropiarse de) el germen de una idea. Lo que debería haber sido el Inception de Christopher Nolan, pero no fue. La red social no solo es el relato de cómo se levantó el imperio de Facebook, es también una lección magistral de economía aplicada, de capitalismo salvaje al servicio de la explotación de vivencias ajenas en el encuentro con una conexión al mundo real.

Tocar lo imposible. En una charla calmada de bar americano, en la intensa secuencia que abre el film, una chica rompe en seco su relación con un brillante alumno de Harvard y experto programador. Y un enigma cae echando el telón a un film prodigioso. ¿Creó Mark Zuckerberg la empresa más relevante del siglo XXI por simple despecho?

 

domingo, 10 de octubre de 2010

Eraserhead (1976)

El bebé de Lynch


Estrenarse en largo, como lo hizo en 1976 el cinestasta norteamericano David Lynch, con un borrón de la categoría de Eraserhead supone un arrojo y un riesgo que bordea casi el suicidio profesional. Lynch utiliza su primer film como el lienzo en el que tienen cabida sus influencias dadaístas y surrealistas. Una especie de comedia romántica costumbrista sobre una pareja que está esperando su primer hijo encerrada entre las paredes formalistas de Un perro andaluz, en clave del Buñuel (o del Kafka) más transgresor.


domingo, 19 de septiembre de 2010

The Last Airbender (2010)

Un cordero con piel de lobo


En 1999 El Sexto Sentido fue reconocida unánimemente con un éxito de crítica y taquilla. Desde entonces todos los trabajos de M. Night Shyamalan han suscitado la controversia entre los que le consideran un genio y los que le consideran un fraude. Hasta el año 2010, año en que el director indio estrena The Last Airbender. 11 años después, la respuesta ante una de sus películas vuelve a ser unánime. Solo que esta vez, es unánimemente negativa. Con la adaptación al cine de la serie de animación de Nickelodeon The Last Airbender, Shyamalan se ha expuesto a una lapidación pública en todos los medios, tanto nacionales como internacionales.

Incluso aquellos que defendieron a Shyamalan a contracorriente (con joyas como La Joven del Agua y The Happening) aquí coinciden en que el realizador se ha borrado de la película. Afirmación que en absoluto comparto. El guión es nefasto y el trabajo actoral es pésimo, todo el reparto recita sus frases. Pero el director de El Bosque ya tiene experiencia camuflando sus perlas, vendiéndonos lo que no es. Dando liebre por gato.

Hace dos años nos regaló una obra maestra (The Happening) encubierta bajo la apariencia de un film de serie B, y ahora convierte un blockbuster infantil en un ejercicio de estilo. Llámenlo hiperinflación estilística o adorno gratuito. Los movimientos de cámara otorgan una fluidez casi hipnótica al ritmo de las secuencias de acción. Pienso en Las Crónicas de Narnia y en La Brújula Dorada como referentes más cercanos, y sin embargo, del más hortera y vulgar de los blockbuster fantásticos veraniegos brotan momentos extrañamente mágicos.


La majestuosa banda sonora dota de una rara espiritualidad a todo el film. El compositor James Newton Howard, en estado de gracia, firma una partitura mágica, que se lleva la matrícula de honor cuando logra callar a los actores y el film se rinde a su música. En concreto, en los minutos finales, la penúltima secuencia, en la que se desarrolla la gran batalla, escuchamos 'Flow like water', el que probablemente sea el mejor tema de Newton Howard. Shyamalan desplaza la acción a un plano menor para que la cámara gire en torno a cómo el protagonista invoca una gigantesca ola de agua, donde reina el travelling circular.

Será complicado encontrar el público idóneo para Airbender, con un libreto demasiado idiota para adultos, y un trabajo de cámara demasiado virtuoso para críos. Es cierto que se trata de una equivocación estúpida en la escritura de guión, una metedura de pata enorme en la elección de casting y un desvío torpe (genérico) en su magnífica trayectoria. 

Pero también es cierto que The Last Airbender es una salida de tono rara y personal sobre la que Shyamalan sella la huella de su maravilloso cine.

martes, 14 de septiembre de 2010

You will meet a tall dark stranger (2010)

Vuelve


Vuelve Woody Allen a Londres y vuelve a sus comedias de personajes corales para su cita anual con el cine en You Will Meet a Tall Dark Stranger. En esta ocasión actorazos de la talla de Anthony Hopkins o Naomi Watts rebajan su caché para trabajar a las órdenes del director de Manhattan. Antonio Banderas es un error de casting, siempre se le ve forzado, fuera de lugar aun cuando pretende ser discreto.

Con la teatralidad que caracteriza a todos sus trabajos, vuelve Allen a hablarnos de sus temas estrella: el miedo a la muerte y el miedo a estar solo, la fidelidad y el compromiso. Sin embargo, trata a sus personajes con una desgana preocupante. Woody Allen está agotado, haciendo una y otra vez la misma película, buscando la inspiración en esa mujer de la ventana de enfrente que siempre viste de rojo.

Ya está mayor, y claro está, a veces se le va la cabeza (algunas elipsis rompen el ritmo del relato) pero Woody Allen sigue siendo el abuelo tierno, pillo y cabrón al que toca visitar una vez al año.


lunes, 6 de septiembre de 2010

Los mercenarios (2010)

La testosterona de Stallone


SINOPSIS: Después de años de corrupción y asesinatos de rehenes, además de traiciones y mentiras en su política exterior, Estados Unidos, con la ayuda de otras naciones, arma en secreto un equipo con su personal militar más capacitado para derrocar a un dictador que ha causado estragos en un país de América latina durante más de 20 años. La misión principal del equipo es terminar con la vida del dictador, pero recibiendo poca ayuda de las naciones, que tratan de mantener en secreto la misión... (FILMAFFINITY)

La nostalgia del viejo cine de acción de los ochenta condensada en un film sencillo, conciso y que sabe cómo contentar a su audiencia sin reparar en gastos, explosiones, tracas, golpes y porrazos, damisela en apuros y un desfile inimitable (aunque casi paródico) de estrellas. Lo más interesante es asistir a la confirmación del relevo generacional de Sylvester Stallone en Jason Statham, el ya mítico  repartidor de hostias de Transporter. Stallone copa los títulos de crédito de Los mercenarios, escribe, produce, dirige y protagoniza un tributo al cine que le convirtió en leyenda varias décadas atrás, y lo hace, como no podía ser de otro modo, dejando complejos fuera.


martes, 31 de agosto de 2010

domingo, 22 de agosto de 2010

El artista en el precipicio (1)

Quentin Tarantino



Terrence Malick


Lars Von Trier









Aquel que dijo eso de que lo difícil no es llegar, sino mantenerse, debía saber muy bien que para mantenerse no vale con dejar que las cosas sigan tal cuál están. Cambiar para que todo siga igual. Podemos distinguir dos tipos de cineastas entre los ya consagrados: aquellos que viven de explotar sus maravillosas rentas y aquellos que se asoman al precipicio para volver a disfrutar del riesgo de caer.

En ésta primera entrega de El artista en el precipicio presentamos tres claros ejemplos del segundo tipo de cineastas. Realizadores que sin renegar de su éxitoso pasado buscan y encuentran el progreso en el riesgo de la transgresión. Quentin Tarantino lo hizo en Death Proof, Terrence Malick en El Nuevo Mundo y Lars Von Trier lo logró en Anticristo. No hay estrellitas para coronar a los tres.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Inception (2010)

El martillo pilón

Lo mismo da Eduardo Noriega que Marion Cotillard. Con una idea muy similar a la de Inception, la de construir sobre los sueños de un cliente, y un presupuesto muchísimo más pobre, ya hizo Alejandro Amenábar una película cien veces más inquietante, también con un final que desafiaba a la muerte como el despertar (o no) del sueño/ realidad. Abre los ojos.

Entro en Inception con unas expectativas hiperinfladas. Salgo de Inception con la palabra decepción escrita en la frente. Resulta que Christopher Nolan no es el artista que yo esperaba, sino un artesano. Un artesano que se ha especializado en blockbusters veraniegos. Con su séptima película ha cambiado definitivamente de género, del thriller de intriga/ drama, a la ciencia-ficción/ acción. Una superproducción impresionante con un reparto de actores de lujo, con Leonardo DiCaprio a la cabeza en un papel protagonista gemelo del de Shutter Island, acompañado por la encantadora Ellen Page, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Ken Watanabe, Tom Hardy, Cillian Murphy y el cameo de Michael Caine.

DiCaprio se dedica profesionalmente a construir y trabajar sobre los sueños y el subconsciente de sus clientes y le abre las puertas a una nueva modalidad de espionaje corporativo (¿cómo apropiarse de una idea ajena?). Un trabajo peligroso que le hace arrastrar viejos traumas y fantasmas del pasado, como el de la que fue su mujer, Marion Cotillard. Un dia se le planteará una operación de alto riesgo que supondrá su mayor reto profesional y, a la larga, también personal. Esta vez no se trata de robar una idea, sino todo lo contrario. Inception consiste en implantar una idea en una mente de manera que parezca que ha surgido de manera natural.

Un cruce fallido entre Matrix y Shutter Island, una película exclusivamente de acción que el director de Memento quiere convertir en otro de sus dramas de personajes atormentados con una subtrama estúpida que implica a la mujer y a los hijos del protagonista. El guión es incapaz de extraer todo el suspense que podría ofrecer el film. Inception es un laberinto enorme en el que es imposible perderse porque está plagado de carteles que te indican el famoso "Usted está aquí".

Nolan (brillante escritor y director de Memento o The Dark Knight, entre otras) está atado de pies y manos (y lo que es peor, también de cabeza) a las leyes de la razón. No se trata de buscar lógica donde no tendría por qué haberla, pero es la propia película la que se esfuerza y da mil vueltas persiguiendo una explicación racional para todo este glamuroso tinglado.

La banda sonora machacona de Hans Zimmer convierte Inception en un tráiler de 148 min. con forma de circo de tres pistas, destartalado, sin interés, que trabaja sobre tres planos oníricos al mismo tiempo dejando suspendido el plano real. Persigue tanto el clímax final que éste acaba abarcando tres cuartos de película.




"Si algunos mostramos ciertas reservas es porque quizás creíamos que estaba destinado a proyectar el genio de Christopher Nolan hacia el infinito y, en lugar de eso, puede que haya terminado mostrándonos sus límites." (Gerard Casau: Contrapicado)
Christopher Nolan nos descubre aquí por qué convirtió a su espléndida saga de Batman en un drama, y a su protagonista, Bruce Wayne, en un hombre atormentado. La verdad duele. Y la verdad es que Nolan nunca ha brillado especialmente en las escenas de acción. En concreto, en Inception presume de una planificación algo torpe en ese tipo de secuencias: tiroteos, persecuciones, etc.

Cada uno de los personajes utiliza lo que ellos llaman un tótem, un objeto pequeño a modo de amuleto del que solo su portador debe conocer su tamaño y peso exacto, para no poder ser manipulado por los compañeros, y así distinguir la realidad del sueño. Christopher Nolan también lleva su propio amuleto. Está más preocupado de diferenciar la realidad de la ficción, de cobrar su (por otro lado, merecidísimo) sueldo, que de sumergirse sin concesiones en el farragoso mundo de los sueños.


viernes, 6 de agosto de 2010

Toy Story 3 (2010)

Living in a fantasy

1995, una película de animación protagonizada por unos juguetes que cobran vida revienta la cartelera y marca un hito del género conquistando los corazones de padres e hijos. Una historia adulta envasada para críos. 1999, cuatro años después, se estrena la secuela, que pese al entusiasmo con el que la recibe toda la crítica profesional, no deja de ser una elaborada prolongación de la primera cinta.

2010, quince años después (¡se dice pronto!) llega a las carteleras la tercera entrega de Toy Story. Lleva el sello de la más importante y mejor productora de animación (Disney Pixar) y lleva la firma de uno de sus directores emblema, Lee Unkrich, responsable de Buscando a Nemo y la maravillosa Monstruos S.A.

Toy Story 3 ha sido concebida como una película con toda la autonomía que no tenía la segunda parte. Y ahí se nota el cambio de realizador, pues las anteriores fueron dirigidas ambas por el fundador de Pixar John Lasseter (que aquí se limita a tareas de producción). Toy Story 3 supera en todos los aspectos técnicos a las dos anteriores, está repleta de aciertos visuales, y de guiños cinéfilos, y (c-a-s-i) iguala en encanto al original. Y digo c-a-s-i porque desgraciadamente ya no somos tan niños, ni tan inocentes, ni nos dejamos sorprender con asombro. Pero siendo consecuentes, Toy Story 3 será recordada como la entrega más prestigiosa de la trilogía.

Hay una persecución de western y una fuga de una cárcel. Hay un romance con fanfarrón y doncella de armas tomar. Hay un villano traidor y manipulador que parece tierno y achuchable, y hay una cría tímida y encantadora que heredará todos estos juguetes que ya son leyenda viva.

Hay algo mágico en la mirada de este vaquero de rodeo llamado Woody, que atraviesa todo ese tiempo que nos separa de nuestra infancia. En especial la última mirada que le dedica Andy, su dueño (porque sí, los juguetes tienen dueño, y bien orgullosos están de tenerlo), en el emocionantísimo epílogo que Toy Story se marca para redimir a sus dos tercios restantes y para acabar empapando las (por cierto, terriblemente pesadas y oscuras) gafas 3D. El cine como memoria impagable de recuerdos.


domingo, 1 de agosto de 2010

Gerry (2002)

 Partiendo de nada



Siempre y cuando no juguemos a conjugar el verbo, la palabra nada es una contradicción en sí misma. Gus Van Sant filma Gerry en largos planos travelling y con la abstracción de una página en blanco como bandera. Decir que éste supone un nuevo comienzo para partir desde la nada, sería una incongruencia, pero todos deberíamos entender que la nada es una vuelta a la base, a la raíz.

Dos protagonistas (Casey Affleck y Matt Damon improvisan los escasísimos diálogos) deambulando en un paraíso sin escapatoria, en un comienzo pretenden alcanzar el lugar al que llaman la cima, hasta que deciden desviarse del camino marcado y toman un camino por trazar, que no entiende de sentidos o direcciones. Para cuando se den cuenta de que ese nuevo camino no conduce a la cima ya será tarde. No hay manera de volver. Con ese escenario Van Sant plantea muy vagamente la idea del desdoblamiento de personalidad y de encontrarse a sí mismo en una situación al límite.

Traducir el lenguaje hipnótico de Béla Tarr o Andréi Tarkovsky al cine norteamericano comercial de comienzos del siglo XXI se convierte en Gerry en la empresa más arriesgada en la que se puede embarcar un realizador a estas alturas de la película. Y a su vez da una nueva dimensión al remake de Psicosis que Van Sant filmó (calcado plano a plano) cuatro años antes.

Nadie va a engañar a nadie, son 103 min. de un ejercicio sin mayor pretensión narrativa o de entretenimiento que el propio espectáculo de la experimentación con los elementos básicos que forman esa cosa tan fuera de moda que llamamos cine. Ya desde el mismo arranque, Gerry se despierta con una necesidad contemplativa, con una cámara hipnótica que persigue a un viejo coche. Lo que viene después serán sombras perfiladas sobre un desierto blanco y el sonido de los protagonistas jadeando.


domingo, 4 de julio de 2010

Kick Ass (2010)

Supersalidos hiperactivos


Dave Lizewski (Aaron Johnson) es un joven estudiante invisible para las chicas de su instituto, que despierta un día con la idea de convertirse en un superhéroe, aunque no tenga superpoderes, no haya seguido un duro entrenamiento, ni tenga siquiera una buena razón para ello. Pero la vida de Dave cambiará para siempre cuando se cruce con un par de vengadores callejeros, la terremoto de 11 años Hit Girl y su padre, Big Daddy, y forje amistad con otro joven desquiciado que lucha contra el crimen, Red Mist. El jefe de la mafia local, Frank D'Amico, pondrá a prueba sus habilidades.

El encuentro entre Watchmen, Alta Fidelidad y Supersalidos es un divertimento en todo momento consciente de saberse fashion, cool y demás adjetivos de moda. Es demasiado guay, de una excitación casi agotadora. Pasan demasiadas cosas en Kick-Ass y no es tarea fácil asimilarlas todas a su tiempo.

Exultante acabado visual, impresionantes efectos especiales, ultraviolencia a ritmo de Mika.  Para la historia queda la imagen de Nicolas Cage 1/ enfundado en la elástica de Batman, o 2/ derribando a su hija (impresionante Chloe Moretz como Hit Girl, el descubrimiento del año) a base de balazos.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...