miércoles, 3 de agosto de 2011

El artista en el precipicio (2)

David Lynch


M. Night Shyamalan

Roman Polanski




El cine ha esculpido una y otra vez sobre el rostro de la mujer hasta convertirlo en fetiche. Patricia Arquette en Lost Highway de David Lynch. Bryce Dallas Howard en La Joven del Agua de Night Shyamalan. Y Mia Farrow en La Semilla del Diablo de Roman Polanski. Aquí de nuevo tenemos a tres cineastas que han hecho del riesgo una virtud y del precipicio, una seña de identidad.

martes, 26 de julio de 2011

Las Reliquias de la Muerte - Segunda Parte (2011)

 El entierro de la sardina



Vista con una cierta perspectiva la primera parte de Las Reliquias de la Muerte no fue más que un oasis de placer en medio de cientos de minutos de cine desnatado de gran presupuesto dirigido a una audiencia enorme y muy definida.

Al contrario que las dos primeras películas de Chris Columbus (dos películas de aventuras para toda la familia), a medida que Potter y sus colegas de instituto van cumpliendo años, sus películas cada vez están diseñadas con más mala leche para el no iniciado. Entendamos por no iniciado a todo aquel que no se haya empollado los siete tomos de Rowling y no se sepa de carrerilla la alineación entera del equipo de Quidditch como quien recita el once del Racing de Santander.


La franquicia Harry Potter se despide con más ruido que nueces. Esta última entrega despliega su baraja de cartas de la manera más generosa posible, sin reparar en gastos, pero con un abandono ya absoluto de cualquier tipo de humor desmitificador. La historia entra a saco en una épica del Bien contra el Mal (personificada en el esperado enfrentamiento definitivo entre Potter y Voldemort) tan desmesurada, tan lejos de sus posibilidades, que no logra esquivar lo ridículo.

Con todo, lo más inteligente era sacar la artillería fuerte. Era el momento de ceder el protagonismo al Severus Snape de Alan Rickman, el mejor personaje y el mejor actor que ha pisado Hogwarts. Rickman tiene toda la personalidad, el carisma, el misterio, la magia, la intensidad que no ha sabido encontrar Daniel Radcliffe en Potter.

Siguiendo con las comparaciones. David Yates no es Peter Jackson, y la sombra de Tolkien le queda demasiado grande a J. K. Rowling. Ya somos todos muy mayorcitos y un chaval que corre en chándal varita en mano no está para salvar al mundo.

Lo confieso. No he leído las novelas. Ni falta que hace. El buen cine sabe defenderse solito. El film de David Yates tiene pasajes espectaculares, nadie puede negarlo, pero es incapaz de encontrar el tono adecuado.

Para entendernos. El look de tragedia apocalíptica no le sienta bien a una historia que comenzó (no lo olvidemos) en una estación de tren con una lechuza y tres críos estrenando zapatos nuevos. ¿Quién no daría todo por volver al principio?

Para gustos los colores, o cada uno de los cuatro directores que han estado detrás de todas las películas de la saga. Pero después de ocho entregas es inevitable presentarse a la última convocatoria sin ganas de estudiar, exhausto y agotado de tanto Hogwarts.

Este fin de fiesta que es Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 2 no tiene la solemnidad de su antecesora, y la marcha fúnebre que debiera dar muerte a Harry Potter a ratos parece más bien un revival chanante.



viernes, 22 de julio de 2011

Las Reliquias de la Muerte - Primera Parte (2010)

La Santa Misa


La Orden del Fénix y El Príncipe Mestizo (quinta y sexta entrega de Harry Potter) sirvieron al director David Yates para tomar las riendas de su particular franquicia. Y lo cierto es que Yates, pese a su inexperiencia y escasa personalidad, ha demostrado más oficio que el de gran parte de sus guionistas e intérpretes, y eso es preocupante.

En Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 1 por momentos hay instantes de cine enigmático, misterioso y sugerente. El conjuro de Hermione a sus padres. La llegada de Snape a Hogwarts. La reunión de Voldemort con los Mortífagos. Harry y Hermione bailando a solas en una acampada a medianoche. La visita al cementerio en el que están enterrados los padres de Potter.

Ni siquiera la desgana y el hartazgo general por la agotadora imaginación de Multi-Salas de J. K. Rowling consigue hundir los momentos sobresalientes de esta película llena de matices. Entre esos matices se encuentra un punto de fuga alucinante y no hay otro momento ni remotamente tan genial en toda la franquicia, especialmente prodigioso y tratado con muy buen gusto. Me refiero a la fabulosa reconstrucción animada en la que cobra vida el cuento de Las Reliquias de la Muerte.

Es la entrega de la saga en la que vemos al Harry, y sobre todo a la Hermione y al Ron más adultos. Los momentos de acción no son simplemente un pegote de vaivenes, saben encontrar su lugar dentro del film, se muestran reveladores.

Es la entrega más calmada y sosegada de cuantas ha dirigido David Yates y suponemos que gran parte de la culpa la tiene el operador de cámara portugués Eduardo Serra. Y el compositor francés Alexandre Desplat firma una partitura preciosa que revive la magia de los parajes singulares sobre los que dispara Serra.

Igualmente el relato –no importa quién esté detrás de la cámara – no se sostiene por ningún lado, y el sentido de la aventura y de la épica queda reducido simplemente a pequeñas ráfagas.

Esta elegante y solemne primera parte de Las Reliquias de la Muerte deja la puerta abierta a una muy esperanzadora segunda parte (y última entrega de Harry Potter) y lanza al aire una incógnita complicada. ¿Serán David Yates y Eduardo Serra capaces de concretar todas las virtudes de este film sobresaliente en un desenlace sugerente y digno para una de las sagas más populares de la industria del cine?


sábado, 25 de junio de 2011

El placer de los Absolutistas

Devuélveme la verdura


Hace unos días el periodista Dan Kois publicó en The New York Times un artículo que arremetía contra ese cine "lento y aburrido" que los críticos se sienten en obligación de defender.

Kois comparaba este tipo de películas con las verduras, en el sentido de que a nadie le gustan y sin embargo los expertos siempre dicen que son buenísimas e imprescindibles. Una comparación simpática pero totalmente idiota, pues en absoluto todo el mundo detesta la verdura, y por otro lado está completamente demostrado que este tipo de alimento es indispensable en una dieta sana, saludable y equilibrada.
"Hasta ahora en lugar de evitar estas películas lentas y aburridas, veía en su aridez algo así como un signo de sofisticación. Parte de ser un observador civilizado de películas consiste en ver películas que se preocupan muy poco por mi falta de atención, películas que pretenden encontrar la manera de excavar por debajo de mi aburrimiento para crear una impresión duradera." (Dan Kois: The New York Times)

Obviamente la descripción de cine lento y aburrido se queda cortísima y Kois da ejemplos concretos de ese tipo de cine que detesta: Andréi Tarkovsky es el nombre que repite hasta la saciedad. Kois representa a un sector siempre enorme de gente que desprecia el trabajo del grueso de la crítica cinematográfica, por la simple razón de que ésta defiende a capa y espada per se trabajos controvertidos, arriesgados, insólitos y a contracorriente.

Quizá Kois también tenga en mente al escribir su artículo las dos últimas películas que han ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Han sido Uncle Boonmee (Weerasethakul, 2010) y The Tree of Life (Malick, 2011). Weerasethakul y Malick no se caracterizan precisamente por hacer un cine de entretenimiento. Ambos han sido abucheados por cada uno de sus trabajos y sin embargo sobreviven al eco de su “lenta y aburrida” obra y son imprescindibles en todas las listas que manejan los críticos de cine con ‘Lo Mejor’ ya sea del año o de la década.

Por aburrimiento entendemos lo opuesto a la diversión. El caso es que siempre ha habido gente incapaz de ni siquiera tolerar el hecho de que cada persona tiene derecho a encontrar placentero un tipo de cine u otro. Se trata de un Absolutismo que funciona en ambas direcciones, de un lado el crítico de cine que se siente tocado por una gracia divina y que no responde más que a sus propias convicciones, y de otro lado el espectador que se siente insultado y amenazado por la supuesta autoridad que él mismo debe conceder a ese crítico.


Por mi parte, personalmente me encuentro entre los que disfrutan con el cine de Weerasethakul, Malick y, por supuesto, Tarkovsky. Aunque, qué duda cabe, tolero a todo aquel que deteste este tipo de cine. El placer de este cine reside en la propia manera de filmar, es un placer estético por encima (aunque dudo que haya alguna manera de separarlos) del placer narrativo.

La única ley que debe prevalecer es aquella que la sensibilidad le dicte a cada uno. Que cada uno decida dónde colocarse y sea consecuente.

viernes, 3 de junio de 2011

lunes, 30 de mayo de 2011

Hijos de los hombres (2006)

Un acto de fe


Ya son cinco los años que lleva el director mexicano Alfonso Cuarón sin dirigir una película. Su última producción se estrenó en 2006 bajo el nombre de Hijos de los hombres. Un film muy interesante que sin embargo no tuvo todo el éxito que mereció, a pesar de venir firmada por un realizador de alto prestigio entre la crítica y a pesar de estar rodada en inglés y con un reparto de actores reconocidos.

La premisa argumental de Hijos de los hombres no puede ser más jugosa. Año 2027. Un Londres futurista y apocalíptico, tenebroso. El film arranca con la noticia del asesinato de la persona más joven del mundo, un joven de 18 años. La especie humana ha perdido su capacidad de procreación y la infertilidad se ha extendido a toda la población. Durante casi dos décadas no ha nacido un solo niño. Las grandes ciudades han sido todas saqueadas y Londres queda como último bastión civilizado. Bueno, civilizado por decir algo.

Este futuro aterrador queda reflejado bajo un diseño de producción y de ambientación alucinante que (y aquí viene una de las claves del discurso del film) nos es terriblemente cercano. Al igual que hacía Blade Runner, Hijos de los hombres utiliza el género de la ciencia ficción para echarnos en cara una triste realidad. ¿De verdad estamos tan lejos de convertir este planeta en un vertedero sin ningún tipo de esperanza para las próximas generaciones?

Se le puede achacar al discurso de esta película un tono victimista o catastrofista, pero ahí es donde entra la decisión acertadísima de Cuarón de filmar Hijos de los hombres siempre bajo el prisma del realismo formal. Secundado por el trabajo de un magnífico director de fotografía como es Emmanuel Lubezki, Cuarón rueda casi toda la película con cámara al hombro. Con enormes y extensos planos secuencia (dos de ellos especialmente memorables) que agilizan el relato. Y sin un solo truco de transiciones: sin fundidos, las tomas van encajadas por corte directo.


Tras la premisa argumental se sacrifica la ciencia ficción para entrar de lleno en un film de acción. El protagonista es Theo (el siempre cínico Clive Owen, aquí ajustado y muy convincente), un hombre que debe acompañar hasta el mismísimo corazón del infierno a una joven refugiada que milagrosamente ha quedado embarazada.

Y convertir una imagen que con suerte nos será cotidiana (como lo es la imagen de una mujer embarazada) en un extraño y emocionante milagro, es un auténtico prodigio.



jueves, 26 de mayo de 2011

Medianoche en París (2011)

Woody Allen baja los brazos

SINOPSIS: Un escritor norteamericano algo bohemio (Owen Wilson) llega con su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde va a conocer a personajes que jamás imaginaría iba a conocer... (FILMAFFINITY)

Woody Allen ha convertido Medianoche en París en un sketch que bien parece el colmo del gafapasta. Repleto de referencias culturales a escritores, músicos, pintores, fotógrafos, cineastas, algunas con más gracia que otras, eso sí, porque Adrien Brody está divertidísimo en la piel de Salvador Dalí. Pero ninguno de esos retratos pasa de la simple caricatura.

Medianoche en París no va más allá de una anécdota estirada hasta el aburrimiento, repetitiva y harta de sí misma. Owen Wilson no tiene ni la quinta parte de gracia y encanto que tendría ver al Woody Allen actor en su papel de un nostálgico escritor enamorado de París, constantemente riñendo con sus suegros y seduciendo a la mujer de sus sueños. Este es el reverso sin talento de La rosa púrpura de El Cairo.

La realización de Woody Allen en Medianoche en París no puede ser más pobre y descuidada, huérfana de cualquier tipo de pequeño aliciente. Hace unos años Allen consideró que estaba mayor para actuar en sus películas. Sintiéndolo mucho, ahora mismo creo que Allen también está mayor para escribir y dirigirlas.


domingo, 22 de mayo de 2011

Palma de Oro para Malick

The Tree of Life


Cuando el Festival de Cannes 2011 anunció (por fin) el estreno de The Tree of Life, la quinta película del genial Terrence Malick, estaba cantadísimo que se convertiría en el gran evento de esta edición. La sola presencia de una película de Malick (no del propio director, pues Malick es absolutamente reacio a cualquier exposición en público) ya serviría para elevar el caché y el prestigio del festival. Sin embargo, y muy probablemente debido a que a la expectación era máxima, el estreno de The Tree of Life decepcionó a la crítica de medio mundo.

Frente a otros muchos años, el jurado de esta edición, encabezado por Robert de Niro, ha querido premiar lo grande, dejando de lado los murmullos agoreros de la platea de críticos y periodistas que sentenciaban que la película protagonizada por Brad Pitt era un decepcionante fracaso y su premio demuestra que nunca hay ambición demasiado grande.

La otra cara de la moneda son los olvidados, por supuesto. De un lado, películas más pequeñas que han llamado poderosamente la atención como The artist de Michel Hazanavicius, un film francés que homenajea el cine mudo. De otro lado, los autores consagrados que injustamente continúan sin su Palma de Oro, como es el caso de Pedro Almodóvar que presentó este año La piel que habito.

Con todo, esta discutida Palma de Oro a The Tree of Life, me recuerda a cuando, en su momento, Cannes dio su premio mayor a Apocalypse Now, una película que por entonces despertó muchas dudas, y sin embargo una película que hoy es indiscutiblemente grande. Muy grande. El tiempo volverá a decidir.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos (2009)

Yimou cocinando pasta



Un hombre que tiene una tienda de tallarines se entera de que su mujer le engaña con un empleado y contrata a un asesino para que acabe con la vida de ambos y así vengar su traición. Lo que parece ser un crimen sencillo y sin cabos sueltos se enreda hasta convertirse en una maraña imposible de sangre y muerte.

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos ha sido entendido como un remake de Sangre fácil, la primera película que rodaron a mediados de los 80 los hermanos Coen. Sin embargo de Sangre fácil Yimou solo toma prestado el tronco argumental casi de manera esquemática y a brocha gorda.

No es nada habitual encontrar un remake chino de una película norteamericana. Menos común aún es que ese remake venga firmado por uno de los cineastas de mayor prestigio internacional. Para quien no le conozca, Zhang Yimou está entre los dos o tres directores de cine asiáticos más estilosos e importantes y posee una trayectoria admirable.

Su trabajo en Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos solo tiene sentido a la luz del conocimiento de su obra. Parece que Yimou ha hecho una especie de caricatura de sí mismo, especialmente una caricatura de sus últimos filmes, considerados bajo el influjo del cine comercial (cualidad despreciable para muchos críticos).


Yo sin embargo no la considero una obra menor, sino sencillamente una película que difícilmente podemos adscribir a la trayectoria previa del genial cineasta chino. Se aleja en forma y discurso del primer Yimou de Sorgo rojo, y se aleja en tono del Yimou de Hero o La casa de las dagas voladoras. La película de los Coen era un thriller de la América profunda desprovisto de humor, que Yimou ha transformado en una parodia ridícula (gracias a la comicidad de los actores y su vergonzoso vestuario) ambientada en la China medieval.

Pese a la ausencia absoluta de música el sonido es uno de los puntales del film, y Yimou ha prestado especial atención a este aspecto para enriquecer su película. El diseño de sonido final es alucinante. Como también es alucinante la escena en la que los protagonistas se lanzan a cocinar pasta, con una coreografía espectacular. En momentos puntuales como éste, surge el Yimou genial.

Visualmente es una gozada porque el tratamiento estético de cada plano está compuesto como si se tratase de una pintura. Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos conserva intacto el potencial de la trama argumental de los Coen y le añade un ritmo seco, preciso y sin baches. Finalmente, la agilidad con la que filma Yimou se impone al espantoso descalabro del ridículo (por difícil de exportar) humor de su película.




jueves, 21 de abril de 2011

Código Fuente (2011)

Atrapado en la escena del crimen


Hace un par de años Duncan Jones, hijo del artista británico David Bowie, estrenó su primer largometraje como director de cine con Moon. Deduje por entonces que gracias a las influencias de su padre a Jones no le habría resultado especialmente costoso meter la cabeza en la industria del cine. Debutó en 2009 con Moon, un film de ciencia-ficción muy atractivo que con solo 5 millones de dólares de presupuesto logró una ambientación muy creíble y resucitó a Sam Rockwell que interpreta a un astronauta que vive aislado en una estación espacial en la Luna.

Este debut cosechó críticas entusiastas a pesar de que personalmente considero que (además de tener los pequeños defectos propios de un primerizo) Jones escribe y dirige Moon también con una cierta desgana que produce un ritmo cargante a la película. Y por lo tanto veo Moon como una película algo sobrevalorada y desganada.

Ahora en el año 2011 Duncan Jones pone el segundo peldaño de su filmografía con Código Fuente. De nuevo en el terreno de la ciencia-ficción, aunque esta vez con un presupuesto mucho mayor (32 millones de dólares) y con una estrella encabezando su reparto, Jake Gyllenhaal. Y Código Fuente es un paso adelante en la carrera de Jones.


Es una película muy entretenida y potente, en la que un hombre será insertado una y otra vez en una escena del crimen hasta que logre descifrar quién es el asesino. En un juego de referencias cinematográficas Código Fuente sería la suma entre Memento y Atrapado en el tiempo. A nivel de guion, narrativamente Código Fuente abre un portal de posibilidades ilimitadas y sin embargo acaba finalmente explotando muy pocas de ellas.

El film toca un tema muy poco frecuente en el cine, el juego con los intrincados mecanismos que rigen el cerebro humano. Puede que quizá Código Fuente tenga peores cartas que el Inception de Christopher Nolan. Pero Duncan Jones despliega con mejor habilidad su baraja, apostando por el espectáculo y la tensión de lo simple frente al castillo de naipes engreído de Nolan. Y eso se nota.

Código Fuente es un placer palomitero, de acción y suspense, y nadie debe pedirle explicaciones, no las da. Ni falta que hace. Te atrapa. Titubea con un par de finales quizá prescindibles. Y te deja ir.




El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...