domingo, 19 de octubre de 2008

Dos decepciones y dos títulos horrendos

Ya ni de los grandes te puedes fiar. Después de un añito bastante triste de cine, solo se salva de la quema el extraordinario El Caballero Oscuro y la sorprendente Escondidos en Brujas, llega otoño y a estas alturas ya suelen pasearse por la cartelera películas brillantes para hacer más llevadero el frío y tener un lugar donde resguardecernos de la lluvia. Pero en vista de que los nuevos talentos se hacen esperar, pues cogemos con más ganas si cabe los estrenos de los grandes, esos cineastas que no saben lo que es fallar, que nunca decepcionan. Estoy hablando de gente como Woody Allen o los hermanos Coen. Pues resulta que ya ni en los clásicos puede confiar uno.



Vicky Cristina Barcelona -¿pero qué clase de título es este?-


Me apunto en tareas pendientes hacer una entrada con los peores títulos de películas de la historia del celuloide (lista encabezada por el indiscutible El inglés que subió una colina pero bajó una montaña) y la cinta ésta, o postal, o lo que sea que ha hecho Woody Allen en su Vicky Cristina Barcelona tiene por méritos propios que formar parte de esa entrada. Lo mejor: Penélope se merienda al resto del reparto y sus discusiones en español con Bardem son de reírse a carcajadas, pero no por el ingenio sino por la frescura. Lo peor: Es la primera película de Woody Allen desde Annie Hall que no parece de Woody, con todo lo que eso significa. Una película construida a base de tópicos y clichés.



Burn after reading -¿se puede ser tan idiota?-

Durante un par de décadas los hermanos Coen han conseguido algo realmente admirable: que me tome igual de en serio sus dramas que sus comedias. Pero se han confiado demasiado... Los ramalazos cómicos de Barton Fink, Fargo o El Gran Lebowski arrojan tal inteligencia, brillantez y sofisticación que dejan a Burn After Reading (no por traducirlo va a tener más sentido) en pañales. Hasta ahora los personajes de los Coen podían ser torpes, tercos o cabezotas, siempre tiernos, pero nunca subnormales. Hasta ahora los personajes de los Coen eran gente corriente haciendo idioteces, pero en su nuevo film los personajes son idiotas integrales haciendo idioteces -grave error-. Lo mejor: La pareja Malkovich-Tilda Swinton. Lo peor: Los sobreactuados personajes de Clooney, Brad Pitt y Frances McDormand (que suele ser estupenda).



¡Cuidado que no digo que sean malas películas! Es más si se ven con una cierta perspectiva ambas ofrecen un complejo entramado de personajes y personalidades que bien reflejan el amor y la estupidez, respectivamente. Pero digo yo que a señores como los Coen y Allen siempre hay que pedirles algo mejor. Y más cuando estamos sumidos en esta asquerosa mediocridad.

domingo, 12 de octubre de 2008

It´s DEXTER Time (IV)

"Soy uno de ellos (...) en sus sueños mas profundos"



Fíjense que a mi me gusta definir la narración cinematográfica como la suma de ritmo y tensión. Y como no soy ni un académico ni nada por el estilo tomaré prestadas las a su vez definiciones de ambas variables. El ritmo es un flujo de movimiento controlado o medido, sonoro o visual, generalmente producido por una ordenación de elementos diferentes del medio en cuestión. Y la tensión es toda demanda física o psicológica fuera de lo habitual y bajo presión que se le haga al organismo, provocándole un estado ansioso. Quizá influyan otros factores, pero si un guionista (o realizador, o montador, o como le quieran llamar) domina éstos dos su obra tendrá garantizada una cuota de éxito de forma irresistible.

Cuando me toca hablar de Dexter no puedo evitar pensar que además de una actuación -la de Michael C. Hall- de sombrerazo, para arrodillarse, besar por donde pise, y santiguarse hasta tres o cuatro veces; además de una elegante dirección -la de Michael Cuesta-; además de una brillante novela -la de Jeff Lindsay- en la que se basa; no puedo evitar pensar que además de todo eso, la primera temporada de Dexter alcanza la máxima calificación en cuanto a ritmo y tensión se refiere. ¿Las consecuencias? Tu culo en el sofá, tus uñas en la boca, tus babas en el babero, tus tripas pidiendo un respiro, y ese alivio que comienza por la cabeza y te sale por los pies convertido en gozo cada vez que una temporada echa el cierre. Éso es a lo que yo llamo una narración vertiginosa, vibrante, feroz y cruelmente entretenida. Y todo lo dicho sobre la primera temporada vale para la segunda que, sorprendentemente es tan buena o más si cabe que la primera.
La serie ha sido censurada en algunos países y directamente prohibida en otros por miedo a que su carismático personaje principal cale hondo en la mente de algún descerebrado y tienda a imitarle cometiendo sus fechorías (no olvidemos que un simpático descuartizador sigue siendo un asesino). Pero yo estoy entre los que prefieren encontrar en su poderoso mensaje una alegoría, varios siglos después, la de un ser supremo -como dios- que es capaz de dar vida y también quitarla, que puede juzgar por encima del Bien y del Mal, así en mayúsculas. Porque ante todo Dexter saca a relucir una moral sofisticada, con capacidad para (auto)cuestionarse absolutamente todo, y para evolucionar con respecto al tiempo en tres fases bien diferenciadas: infancia (se rige por un código preconcebido), adolescencia (invadido por las dudas) y madurez (aceptación de sí mismo). Me hace gracia los que llaman a psicópata a Dexter. A mí me parece el tipo más lúcido que he conocido en mucho, pero mucho, tiempo.

Altamente recomendable. Resumiendo: una sinfonía sutil y diabólica de la sangre. Siempre fresca. Siempre excitante.

lunes, 29 de septiembre de 2008

It´s DEXTER Time (III)


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"Es audaz, diferente y excitante, con un personaje central y una actuación que corta el aliento." (David Hinckley: New York Daily News)
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"Fantástica, fascinante, espeluznante, preciosa y truculenta." (Doug Elfman: Chicago Sun-Times)
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"Atrevida y original (...) y también oscura." (Tim Goodman: San Francisco Chronicle)
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"Diabólicamente excelente." (Matthew Gilbert: Boston Globe)
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"En esta provocativa serie la moral es tan intrigante como la propia trama." (James Poniewozik: Time)
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"Una (macabra) joya." (Matt Roush: TV Guide)
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"Michael C. Hall se está convirtiendo en uno de los mejores actores dramáticos de su generación. La voz, la dureza del rictus y la mirada perdida a medio camino entre la locura y la genialidad (...) es un actor enorme. (...) Un engranaje argumental perfecto, lleno de ritmo, con principio, suspense y un fantástico final cerrado que te deja la boca de una muñeca hinchable." (Hernán Casciari: Diario El País)
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domingo, 14 de septiembre de 2008

American Beauty (1999)

Asombroso cine que agoniza


En una escala de perversión de la inocencia de Frank Capra a la agresividad de Todd Solondz, American Beauty se queda a medio camino, y como muestra un botón: la negativa del personaje principal a consumar con su objeto de pasión, en la escena final, no es una negativa, ni un rechazo, no es más que una concesión al espectador a buen entendedor. Sirva este ejemplo para demostrar que el del equilibrio es el camino más sencillo para alcanzar la excelencia, que en el término medio está la virtud; pero empezar por el final no es el estilo del debutante director (forjado en el teatro) Sam Mendes.

Lester Burnham (Kevin Spacey) es el personaje principal de la función, un cuarentón en crisis que ha conseguido todo lo que reza el sueño americano: un matrimonio, una hija, un trabajo y una casa; pero se encuentra más apático que nunca ante la rutina a la que le somete su esposa Carolyn Burnham (Annette Bening) que esconde su frustración y su ira bajo la apacible apariencia de una mujer satisfecha en el amor y en el trabajo, y su hija Jane (Thora Birch) indecisa adolescente acomplejada por su amiga Angela (Mena Suvari) una lolita en toda regla. Aunque todo cambiará cuando Lester caiga en la tentación rubia -sus fantasías sexuales con los pétalos de rosa son antológicas-, lo que supone la recuperación de la ilusión y provoca su segunda juventud, que tiene como espejo a su joven vecino Ricky (Wes Bentley).

La ópera prima de Mendes contiene la frescura y la ilusión del primerizo, -que no viene lastrada por errores y éxitos del pasado-, pero también el pulso y la madurez de un maestro, algo quizá bastante significativo de que no nos encontramos ante una obra de autor, o la película de un actor destacado; ocurre a veces que todo está en el lugar y en el momento adecuado, o mejor aún, preciso. Éste es un cúmulo de aciertos orquestado no por una multimillonaria productora, ni por un director de relumbrón, sino por la literatura perfecta del señor Alan Ball (permítanme que me arrodille), demiurgo de la fascinantemente maravillosa Six Feet Under; porque me da la impresión de que todo estaba ya (d)escrito en su guión, versión operística de la gran tragedia griega, adaptada a pequeña escala de la sociedad estable americana.

"Es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a ti mismo."

Desde el principio sorprende la narración en off del protagonista recién fallecido en evocación al mejor Wilder de El Crepúsculo de los Dioses. La aceptación del trágico final por parte del protagonista contagia al espectador de una extraña seguridad, en base a la complicidad autor-receptor-obra, vía personaje o personajes principales. Ésa aceptación de la muerte es el tema elemental en la obra de Alan Ball que propone un discurso moralista, argumento de envergadura ética. Con los problemas que ello conlleva, pues es muy fácil caer en las tesis de baratillo, en los razonamientos que hacen uso de la demagogia, o en las frases con pretensiones de convertirse en lemas de adolescentes hormonados -que las tiene, y a montones-. Sin embargo el guionista logra esquivar dichos despropósitos y convierte su ambición en lirismo, que descansa bajo la superficie de una apariencia morbosa.


"Para tener éxito hay que proyectar una imagen de éxito."

Al igual que toda la película, sus personajes se esconden tras el sarcasmo para ocultar lo verdaderamente vulnerables que son. La rosa de American Beauty es una variedad de rosa cultivada artificialmente para tener una apariencia perfecta. En la película se representa la "falsa belleza" belleza que es sólo apariencia. Otro terreno por el que American Beauty se mueve con insospechada precisión es el de las apariencias. Presenta a sus personajes como prototipos (sin ser ésto siempre algo despectivo) en situaciones ciertamente tópicas, para luego romper con los lazos de hipocresía que les unen, en un acto de gran belleza liberadora final, como redención de todo lo que aparentan, de su estabilidad fingida. Cuando Angela sube al cuarto de baño a desmaquillarse, el encuentro definitivo entre Jane y Ricky, el grito desgarrador de Carolyn al ser descubierta siendo infiel a su marido con “el rey del inmueble”, el nuevo coche de Lester (“el coche que siempre he querido y ahora lo tengo... ¡soy cojonudo!”), la discusión en la cena familiar, o la revelación de la sexualidad reprimida del vecino, todas ellas escenas de ejecución perfecta y ejemplos clarividentes de la ruptura mencionada en busca de una felicidad futurible que a pesar de que no llega, sí se siente por lo menos tangible.

"¿Recuerdan esos carteles que decían «Hoy es el primer día del resto de mi vida»? Bien, eso es cierto todos los días, excepto uno, el día en que te mueres.”

La puesta en escena es inmejorable. Un enorme Kevin Spacey, en el mejor momento de su carrera, de espléndida interiorización cómica y magistral contención dramática, salpica a todos y cada uno de los secundarios, que están a la altura. Y lo mejor es que Mendes, Ball y Spacey nos venden su corrosivo y ácido film de una manera formal, corriente y cotidiana, no reinventan el cine, sino que le dan una nueva perspectiva, más fresca, libre de convencionalismos y pretenciosidad alguna. Exquisita la forma y exquisito el contenido. Y casi sin darse cuenta American Beauty se reconstruye como un monumento para posterior gloria del séptimo arte.

A medida que avanza la narración, se vuelve más atractiva, gana en intensidad, el gesto desenfadado y cómico relega a un segundo plano y la película adquiere un tono dramático que desemboca, allí donde se libera la intriga, el último día de vida de Lester Burnham -clímax de suspense incluido-, en un final colosal, adrenalítico, minimalista, conmovedor. Una película perfecta.

viernes, 12 de septiembre de 2008

It´s DEXTER Time (II)


Dicen que las comparaciones son odiosas, pero ay! cuánto nos gustan. Dexter es como si Dostoievski adaptase al cine una obra teatral de Shakespeare, y como si todo esto estuviese bajo la dirección de la desmesura y el talento de Tarantino, y el humor negro y el ritmo de los hermanos Coen. En cuanto a su protagonista, sensacional Michael C. Hall, es un cóctel con la potente y varonil voz de Daniel Day-Lewis, la locura y desenfreno de Jack Nicholson, el sarcasmo y la ambigüedad de Kevin Spacey, y la juventud y la frescura de James Dean. Brando, ya puedes cruzar los dedos.

It´s DEXTER Time (I)


En un mundo en el que todos dicen tratarse como iguales, rebajándose, igualándose así a la pestilente basura, en un mundo sin valores, sin sanas pautas de conducta, con una evidente falta de respeto hacia todo aquel que más lo merece, Dexter se erige como líder de su generación, Dexter saca a debate la moral como quien baja a pasear al perro, es un revolucionario de su tiempo, va un paso por delante, no porque haya empezado antes a caminar, sino porque da pasos enormes, Dexter da pasos de gigante, y lo hace con tanto estilo que ni siquiera lo aparenta. Dexter va camino de ganar una carrera que muchos ni siquiera saben que ha comenzado.

martes, 26 de agosto de 2008

The Dark Knight (2008)

Amanece en la ciudad de las sombras

Quien todavía a estas alturas piense que el protagonista de El caballero oscuro es Batman o su (alter)ego Bruce Wayne es que o no ha visto la película, o le ha prestado poquita atención. El verdadero protagonista del quinto largometraje de Christopher Nolan es -sin ninguna duda - el caos. Un caos anárquico, incontrolable y en última instancia primitivo, encarnado en la figura del Joker (extraordinario, por terrorífico Heath Ledger).

Entre los numerosos logros (luego repasados uno a uno) es admirable como director y guionista, Nolan y su hermano Jonathan, mano a mano consiguen que ese caos no se traspase a la narración. De ese modo, cualquier intento de resumir el argumento o configurar una sinopsis se convierte en inútil porque cada uno de los 150 minutos que calza el filme se antoja imprescindible en el entramado, a excepción de una ligera sobrecarga de tecnología puntera en las dos escenas protagonizadas por el sónar de los móviles, que no alcanza para ser un inconveniente.

Hablando de escenas, la primera es toda una declaración de intenciones. La película comienza con el asalto a una entidad financiera, una escena de ejecución perfecta, en la que el Joker desvela una de sus mejores cartas con una frase que resume todo en lo que cree el terrorista: "lo que no te mata, simplemente te hace más... extraño".

La gran novedad del film es que se construye en torno al antagonista relegando al héroe y sus aliados a un segundo plano del que se puede llamar reparto coral. La siguiente afirmación puede tener diferentes lectura, pero al menos una es obvia. Resulta que la mejor adaptación al cine del hombre murciélago es aquella en la que Batman pierde el protagonismo y el guión le convierte en una simple pieza (clave) de la narración. Y cuando la película parece tocar techo, Nolan devuelve a la figura de Batman todo el protagonismo en un brillante final, tan enérgico y ambiguo que bien podría ser punto seguido de camino a la trilogía, o un estupendo cierre para bajar el telón.

El caballero oscuro es además de una de las mejores películas de thriller (de ésas en las que sales sudando), también intriga, suspense y el drama de unos personajes asfixiados. Su referente mas cercano es Heat de Michael Mann, pero si uno mira más atrás, y considerándola como una secuela, El caballero oscuro es a Batman Begins tan entretenida y oscura como El Imperio contraataca lo fue a Star Wars; y tan política y reflexiva como El Padrino II lo fue a The Godfather. Si en el año 2005 Nolan resucitó a Batman en la génesis Batman Begins, en esta segunda entrega lo eleva a categoría de mito.

Christian Bale es el Bruce Wayne más convincente, Michael Caine parece haber nacido para interpretar al entrañable mayordomo Alfred, y sorprende el Harvey Dent de Aaron Eckhart. Gary Oldman está mejor que en la primera. Hasta ahí lo comprensible. Pero qué se puede decir de Heath Ledger con su monstruosa creación del Joker, tan realista que el mismo acabó creyéndola, por todos conocido su trágico final.

En su último trabajo en el cine Ledger convierte una buenísima película en excelente e insuperable. A ello también contribuye la banda sonora de dos maestros James Newton Howard y Hans Zimmer, evocadora y obsesiva, que llena cada rinconcito del film de una negrura sustancial.

No es la mejor película de la historia, tal y como algunos se aventuran a presagiar, pero sí es una obra referencial en su subgénero, el thriller de superhéroes. En definitiva una película que no te debes perder, para ver en pantalla gigante, cuánto más grande mejor. Éxtasis narrativo, un clímax de dos horas y media que tan pronto sobrecoge como excita, que tensa la cuerda de los blockbusters del cine de palomitas, del cine comercial de Hollywood hacia el estilo que marca Christopher Nolan. Un estilo que bien se asemeja al grado máximo de eficacia.


jueves, 7 de agosto de 2008

WALL•E (2008)

La fascinación o nada


Yo soy de los que creen que a día de hoy Pixar es de las pocas cosas seguras que podemos ver en una sala de cine. La seguridad de que acompañar a los mas pequeños al cine se convertirá en todo un placer. Pero entonces es extraño que después de ver una película tan buena como WALL•E invada en el espectador un sentimiento de pesadumbre y una decepción gratuita.

WALL•E vuelve a tener un diseño técnicamente perfecto -ya no es sorpresa-, pero viene inflada por los intelectuales que la elevan a obra mejor que maestra, a obra generacional, que sienta las bases de la animación futura desde el cine mudo de Buster Keaton o el mismo Kubrick (ambos citados por el propio equipo de Disney Pixar) porque esto en manos de un inocente deseoso de cine innovador es una mala arma. Además porque Andrew Stanton (también director de Buscando a Nemo) falla donde no suele fallar Pixar, en el guión.

Uno espera una aventura irresistible y uno encuentra dos encantadores y tiernos robots -sin ninguna duda lo mejor de la película, WALL•E es el personaje más entrañable de la década- que sin mediar palabra llegan a transmitir mejor que cualquier actor de carne, palabra y hueso. Eso es la primera mitad del film, buenísima e innovadora, y fascinante. Pero llegan los gordinflones humanos en la segunda mitad para hacer de WALL•E una cinta floja, repetitiva, impropia de alguien que una década atrás se encargó de Toy Story.

Y según pasan los días crece en la memoria la intensidad del recuerdo de el clásico que Pixar regaló el año pasado, Ratatouille, que basa su encanto en rechazar la innovación a través del nacimiento de un nuevo cine que WALL•E ofrece. Ratatouille nace del gozo del cine bien entendido, del vanguardismo a partir del retorno al clasicismo de Disney de los años 40 y 50.

Para el recuerdo quedan algunas escenas mas devastadoras acerca del futuro próximo del hombre de lo que puedan ser muchas películas adultas, como por ejemplo la hazaña del comandante que da sus primeros pasos; o la primera y definitiva imagen de una ciudad que presume de unos rascacielos que no son mas que enormes montones de basura.


domingo, 3 de agosto de 2008

El Perfume (2006)

El fulgor, la sangre y el Perfume



Adaptación del famoso best-seller de Patrick Süskind, que relata la historia de un joven del siglo XVIII con un extraordinario sentido del olfato, una persona obsesionada y dominada por los olores y la sensación que éstos le producen... Jean Baptiste Grenouille nació en mitad del hedor de los restos de pescado de un mercado, y fue abandonado por su madre en la basura. La autoridad se hizo cargo del bebé, que fue de hospicio en hospicio y sentenció a su madre a la horca. El chico creció en un ambiente hostil; nadie le quería, e incluso sus compañeros intentaron asesinarle, y todo porque había algo que lo hacía diferente: no tenía olor. A cambio, Jean Baptiste poseía un olfato excepcional. A los 20 años, después de trabajar en una curtiduría, consigue trabajar para el perfumero Bandini, que le enseña a destilar esencias. Pero él quería atrapar otros olores: el olor del cristal, del cobre... y, sobre todo, el olor de ciertas mujeres.

Ya la novela desprendía una cierta dosis de sugestividad, que bien se traspasa del papel a la pantalla y es por eso que no se puede considerar fallida El perfume, de Tom Tykwer. Sin entrar en comparaciones con la novela, la película indaga en un campo -el de los olores- que no es común al cine, por lo que no tarda en intrigar al espectador al mismo tiempo que lo atrae con un esencial trabajo de ambientación. La magia dura la primera hora, con una narración, si bien no original (porque ya la hemos visto anteriormente en el cine francés), por lo menos admirable. Como todos sus actores, en especial Ben Whishaw, que debuta con un papel protagonista apoyado en Dustin Hoffman durante esa primera hora.

Pasado el ecuador del film, el misterio se desvanece, lo que era un extraño esperimento de artesanía, gustoso en fotografía y para nada convencional deviene en una película que mantiene un interés desigual y se entrega a las reglas del género. Y llega el final, y cuando esperas la tortura del protagonista, la tortura cambia de manos y cambia de ojos. El espectador es torturado y ve como la que iba a ser una referencia del cine europeo postmoderno se convierte en un juguete inacabado, y lo que es peor, un hermoso juguete maltratado. Un final que aquellos a los que no convence el argumento utilizarán como propósito sobre el que escusarse. Un final que para quien disfrutase la historia es un acto de fe y amor ciego.



lunes, 28 de julio de 2008

Estrenos fresquitos

Como cada año con el calor del verano llegan a los cines las películas más comerciales para disfrute de la familia entera. He aquí algunas recomendaciones para no malgastar el dinero -que seguro no sobra-. Son películas que a pesar de ser estrenadas en una fecha no muy oportuna han llamado la atención de la crítica.


WALL•E - 6 agosto 2008


"Encantadora y visualmente asombrosa historia de animación por ordenador. (...) ingeniosa, conmovedora y divertida (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Claudia Puig: USA Today)
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"Una joya de película en su concepción, ejecución y mensaje." (John Anderson: Washington Post)

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"Los aproximadamente primeros 40 minutos de Wall-E (en los que apenas hay diálogos, y casi no aparecen humanos) es un poema cinematográfico de tanto ingenio y belleza que sus oscuras implicaciones puede que tarden en conseguir penetrar." (A.O. Scott: The New York Times)

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"Es al mismo tiempo una apasionante película de animación, una maravilla visual y una decente historia de ciencia-ficción. (...) El que funcione tan bien sin diálogos hablados es todavía más asombroso (...) Puntuación: ***1/2 (sobre 4)." (Roger Ebert: Chicago Sun-Times)

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"Obra Maestra. Eso es todo, en una sola palabra. Wall·e es una obra maestra. Narra su historia con la economía, con poco diálogo, pero no hay duda de lo que está sucediendo. Es como si fuera un film mudo de Buster Keaton mezclado con la maravilla 'Star Wars' y la moral de las mejores fábulas, excepto esta moral que es un imperativa, y uno a los que debemos prestar atención. Es emocional, pero no excesivamente." (Nordling)

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"Esta película es fantástica. Ver las escenas en el trailer no es lo mismo que experimentarlo lo bello que es, en el cine. He llegado a llorar hasta tres veces durante la película. Dos veces se debe a la historia, pero la tercera fue sólo por darme cuenta lo increíblemente hermosa que es la película, sorprendente." (The Abstruse One)

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"Lo que tenemos en Wall-E son 45 minutos de una obra maestra y 50 minutos de titubeo (...) En su momento es intermitentemente trascendente, conmovedora y preciosa... y repetitiva y aburrida. Pero en la memoria las partes flojas se olvidan, y los momentos de pura brillantez, que son únicos, ganan importancia." (Mick LaSalle: San Francisco Chronicle)

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"Sales de WALL-E con una sensación de lo más inusual: la de que acabas de disfrutar de un encuentro con un clásico imperecedero. (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Peter Travers: Rolling Stone)

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"Gracias Pixar, no tengo palabras sin límite hipérbole en relación con su nueva película, la animación de ciencia ficción, cuento de aventura de amor titulado Wall·e. La mejor película que Pixar haya hecho nunca." (John Gholson)

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The Dark Knight - 13 agosto 2008



"Batman ya no es simplemente un cómic. 'The Dark Knight', de Christopher Nolan, es una inquietante película que trasciende sus orígenes, convirtiéndose en una absorbente tragedia. (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Roger Ebert: Chicago Sun-Times)

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"En la línea divisoria entre arte e industria, poesía y entretenimiento, 'The Dark Knight' llega más oscuro y más profundo que cualquier otra película de Hollywood sobre adaptaciones de cómic." (Manohla Dargis: The New York Times)

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"Cautivadora segunda entrega de esta atrevida (...) reinvención de la mítica franquicia. Un ambicioso e intenso film épico que satisface ampliamente, y de gran complejidad moral; este es un entretenimiento seriamente profundo" (Justin Chang: Variety)

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"Más allá de la oscuridad. Es tan negra -y tan profusa y tóxica- como la mente de Joker. 'Batman Begins', la película de Nolan del 2005, era un mero juego de manos. Esta es un sinfonía completa." (Richard Corliss: Time)

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"La interpretación de Ledger es monumental, pero 'The Dark Knight' está a su altura. Nolan cimenta su posición como el gran realizador de blockbusters inteligentes... y la batmoto es guay, además. (...) Puntuación: ***** (sobre 5)." (Mark Dinning: Empire)

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"Vela en la pantalla más grande que puedas (IMAX, a poder ser), y experimenta la magia de la mejor dirección, y el placer de ver un joven actor, fallecido demasiado pronto, realizar una interpretación inolvidable." (Moira MacDonald: Seattle Times)

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"The Dark Knight es apenas rutina. (...) te devuelve a la calle con un desorden de estrés post-película. (...) La narración no está formada coherentemente para sacar contrastes hacia un clímax satisfactorio. Es un clímax constante, siempre frenética" (David Denby: The New Yorker)

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"¿Cuándo fue la última vez que viste una película de gran éxito de taquilla que estuviera impecablemente realizada, y que fuera provocadora, audaz e inquietante, al tiempo que fuera todo el rato amena y entretenida?" (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Claudia Puig: USA Today)

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"Absolutamente asombrosa (...) Simplemente maravíllate del modo en que Nolan acerca el entretenimiento pop al arte imperecedero. (...) Puntuación: ***1/2 (sobre 4)." (Peter Travers: Rolling Stone)

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"La interpretación de Heath Ledger del Joker es para guardar en los libros. Un hombre sin remordimiento ni moral que, simplemente, quiere ver cómo arde todo a su alrededor (...) Siempre he sentido que Christopher Nolan maneja el ritmo como nadie hoy en día. Llena cada plano con tanto detalle que te das cuenta cuánto está disfrutando la oportunidad de disponer de unos medios tan importantes para contar la historia." (Tim Bisley: Ain´t it cool)

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Vicky Cristina Barcelona - 19 septiembre 2008

“El tándem Javier Bárdem y Penélope Cruz se comen a bocados la pantalla (…) La primera aparición de Bardem y la propuesta que les hace a las apetitosas Vicky y Cristina es demo…(¿ledora?)… No: demo rirse de risa. Un artistazo, un pintor, eso es lo que interpreta Bardem en la película, y sus malas artes son, digamos, el motor de la trama. La relación entre su personaje con cada una de ellas tiene no sólo gracia, sino también chispa, y especialmente con la caída en tromba de Penélope Cruz, a la que aplaudió la sala en pleno en varios momentos de su interpretación, tan extrema (...) «VCB» es, desde luego, ligera, pero con esa ligereza de lo importante, que es tan difícil de conseguir.” (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)

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"Tan divertida como inteligente, tan conscientemente ligera como maliciosa, un catálogo muy sabio de las cosas que pueden ocurrir en el amor y en el deseo, en los juegos de seducción entre hombres y mujeres, en la batalla entre las apetencias y las conveniencias (…) el auténtico subidón cómico se produce cuando aparece la antigua mujer del chulazo tierno, señora racial y disparatada hasta extremos hilarantes. A partir de ese momento se te olvida lo morbosa que es Scarlett Johansson y la elegante hermosura de Rebecca Hall y sólo tienes ojos y oídos para el sabroso papel que le ha regalado Woody Allen a la aquí espléndida Penélope Cruz. Los combates dialécticos, réplicas y contrarréplicas, el volcánico ni contigo ni sin ti, tienen capacidad para hacer reír al espectador más glaciar. (…) Vicky Cristina Barcelona no es una obra maestra, pero sí una comedia tan vitalista como agradecible.”. " (Carlos Boyero: Diario El Mundo)

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"Woody Allen divierte con su ácida comedia sobre el mundo de la pareja. Inteligente y corrosiva" (Lluís Bonet Mojica: Diario La Vanguardia)

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jueves, 12 de junio de 2008

Zodiac (2007)

"Hasta las mejores pistas llevan solo a otras pistas"


Es el caso sin resolver por antonomasia. El comportamiento violento y destructivo de un loco que nunca ha sido atrapado; el escurridizo asesino de los mensajes cifrados que aterrorizó a la nación, el Jack el Destripador norteamericano. Se responsabilizó públicamente de 13 víctimas, luego de más, dos docenas más. La policía le atribuyó siete, cinco muertos. Puede que nunca se sepa el auténtico número de muertos. Una cosa es cierta: ese número incluye a los vivos.Basado en la historia real de un asesino en serie que aterrorizó al área de la Bahía de San Francisco y se burló de las autoridades en cuatro jurisdicciones con sus claves y sus cartas durante décadas. Dar caza al cazador se convertiría en una obsesión para cuatro hombres, una obsesión que los convertiría en fantasmas de lo que eran antes, sus vidas construidas y destruidas por el innumerable rastro de pistas del asesino.

Desde que en 1995 David Fincher estrenara, la que aun hoy sigue siendo su mejor aportación al cine, Se7en, no hay estreno en el que su nombre figure que no provoque expectación, como mínimo entre los los aficionados a la gran pantalla. Por eso hablar de Zodiac como una de las películas mas esperadas del año no es aparentemente exagerado. Aparentemente. Desde la óptica del crítico mas sesudo Zodiac da mucho, muchísimo juego, porque es la película menos adornada del fascinante creador, reconocido por él mismo: “Es la película menos adornada que he realizado. Es sólo gente hablando, y es duro hacer comprender a la audiencia que deben prestar atención. […]"

Se han escrito páginas y páginas de las virtudes varias del cineasta aplicadas a su último trabajo. Fincher no da lugar a la improvisación con su milimétrica planificación al detalle, tan minucioso en la exposición cronológica de los hechos y las fechas como respetuoso con el material que se trae entre manos, mérito de James Vanderbilt. Mérito porque ha adaptado un texto complicadísimo que no permite la mas mínima implicación personal en la obra, y encuentra además entre la negruzca ciudad de San Francisco de los años 70 un recoveco de humor, es minimalista pero vital y sirve para que el espectador tenga donde aferrarse y no caer en el mas absoluto desaliento.


Tras las casi tres horas que impone Zodiac (incluida la lectura blanco sobre negro final, mientras suena de fondo el Hurdy Gurdy Man de Donovan) no hay un solo momento para la conmoción, no hay momento para el aplauso. La primera impresión es decepcionante. Es un thriller, sí, pero en las antípodas de Se7en. En los 90 utilizó a dos estrellas del momento, Morgan Freeman y Brad Pitt, aquí sin embargo se ha decantado por un cuarteto de actores de segunda línea, que lejos de pasar desadvertidos forman un reparto coral de muy buen nivel, Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo, Anthony Edwards y un soberbio Downey Jr. La segunda impresión es ya de sorpresa, no se puede negar la valentía de Fincher para enfrentarse a los detractores que lo acusaban de ultramoderno y efecticista.

La mejor victoria del director no es el fiel retrato de la obsesión del protagonista, sino cómo tras un segundo visionado (imprescindible) consigue traspasar esa sensación regresiva, torturadora, obsesiva de -durante los 150 minutos largos que dura el metraje-, compartir la raíz del sufrimiento y de la pasión que ponen cada uno de los personajes que en el fondo son solo partes constituyentes en favor de un todo. El espectador.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...