sábado, 15 de junio de 2013

Antes del anochecer (2013)

Algo desnudo

En un momento de Antes del anochecer Jesse bromea en varias ocasiones con tener una máquina del tiempo con la que ha viajado desde el futuro hasta el presente. Si pudiésemos hacer el viaje inverso conoceríamos de primera mano la repercusión y el impacto de esta obra en el espectador del futuro. Resulta que la alusión a ese viaje por el tiempo va más allá de la simple broma, encaja dentro del análisis de esta película como máquina de medir el paso inexorable del tiempo y sus consecuencias penosas. Porque el tema primero de la película es por supuesto la relación humana entre Jesse y Céline, el amor y el sexo. Pero tras esto se esconde el terrible doble enfrentamiento de: primero, el hombre contra el tiempo que se le escapa, y segundo, el hombre contra el tiempo que le oprime.

Jesse y Céline no son unos desconocidos para nosotros. Son esa pareja de personajes, ¿ficticios?, que se conocieron hace casi tres décadas en un viaje  en tren hacia Viena en Antes del amanecer (Linklater, 1995). En aquella película los dos jóvenes – Jesse, un chico americano, y Céline, una chica francesa– deciden pasar un día juntos descubriendo Viena antes de tener que separarse al amanecer para volver a sus respectivos hogares. Nueve años después, Jesse y Céline vuelven a encontrarse en Antes del atardecer (Linklater, 2004) y dan un paseo por París antes de que Jesse tenga que tomar el vuelo que le devuelva a América. Y nueves años después, el cine les reúne de nuevo en Antes del anochecer (Linklater, 2013).  Jesse y Céline disfrutan, en esta ocasión ya como pareja estable, de un tiempo de vacaciones junto a sus dos hijas en el Peloponeso griego. El tiempo ha dejado huella en sus rostros y en sus cuerpos, pero también ha consumido parte de sus ilusiones, de sus sueños de juventud, ha arrasado parte de sus vidas.

Durante la rueda de prensa del estreno de la película en Berlín, un periodista preguntó al director y guionista del film, Richard Linklater, por qué razón se había decantado por un final feliz. Sin embargo no creo que éste pueda considerarse feliz. Desde luego no es un final triste, pero tiene un tipo de ambigüedad que juega con nuestras expectativas. De manera que nosotros somos quienes debemos dar cobijo en nuestra imaginación al futuro de esta pareja. Algo que no nos va a ser muy molesto porque después de presenciar esta maravillosa película, y gracias al trabajo de actuación que realizan Ethan Hawke y Julie Delpy con Jesse y Céline, se hace fácil sentirlos muy nuestros.

Antes del anochecer no es un artificio, y no tengo nada en contra de los artificios. Los hay maravillosos y los hay detestables, de hecho, precisamente ahora, coinciden en cartelera El gran Gatsby de Baz Luhrmann y The Lords of Salem de Rob Zombie, dos notorios artificios que cada uno puede valorar según le venga en gana. Pero Antes del anochecer no es un artificio diseñado para el entretenimiento o el alucine. Es otra cosa. Y esta cosa es algo extraño de definir y de dar nombre. Llamémosle película, cine, obra maestra, o sencillamente un ensamble de imágenes y sonidos dentro de una lata. Sea lo que sea, esto rasga algo doloroso y honesto, algo verdaderamente auténtico y desnudo.


1 comentario:

Marañón dijo...

Gran película y excelente reseña