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jueves, 10 de junio de 2010

Two Lovers (2008)

Un beso, una azotea, un anillo


Joaquin Phoenix (nunca ha estado mejor) es Leonard, un joven con problemas emocionales, que vuelve al hogar de su infancia para reponerse tras un intento de suicidio. Mientras trata de recuperarse bajo la atenta mirada de sus preocupados padres, dos mujeres entrarán en su vida. Vinessa Shaw (encantadora, una actriz muy a tener en cuenta) es la tierna y sencilla Sandra, hija del nuevo socio de su padre. Gwyneth Paltrow es Michelle, todo un misterio para Leonard, una bella y sensual vecina, con aires de mujer inalcanzable y que parece no encajar en el aburrido barrio al que se acaba de mudar. El amor de Leonard se debatirá entre la complicada relación con Michelle y su compromiso con Sandra.

James Gray ha alcanzado en su cuarta película la depuración de un estilo, el de una cámara en apariencia tímida, pero firme y segura. Aunque más allá de (o precisamente gracias a) la elegante y excelente dirección de James Gray, Two Lovers es una película sorprendentemente concisa sobre la idea de un hombre que conoce a dos mujeres, se enamora de ambas, pero solo puede demostrárselo a una. Una historia poco original digna de cualquier folletín del montón, que cobra en manos del director James Gray (un cruce ansiado entre Francis Ford Coppola y Woody Allen) una carga adicional de complejidad emocional. Un director brillante siempre en la creación de ambientes melancólicos, fatalistas, negros.

En el último acto de Two Lovers, Michelle surge como una sombra a través de un oscuro pasadizo, a la manera en que podría haberse descubierto la Madeleine de Vértigo, y enfrenta a Leonard con su mayor temor. Michelle es la mujer que él desea y, a su vez, un imposible, la mujer con la que no tiene ninguna posibilidad de futuro. Es decir, Leonard se enfrenta a la ausencia de deseo. Un drama romántico intimista ajeno a las preocupaciones de su tiempo. O lo que es lo mismo, atemporal.

Es un film envolvente, resuelto con sobriedad y que va creciendo lentamente bajo una extraña tranquilidad.


jueves, 31 de diciembre de 2009

Burn After Reading (2008)

La ecuación de tercer grado


Osborne Cox (John Malkovich) acaba de ser despedido de su trabajo en la CIA y se dispone a escribir sus memorias.  Su esposa Katie (Tilda Swinton) tiene una aventura sexual con Harry Pfarrer (George Clooney), un agente federal casado. Mientras, un disco de las memorias del analista de la CIA llega accidentalmente a manos de Linda Litzke (Frances McDormand), empleada de GimnasiosCuerposDuros, y su compañero Chad (Brad Pitt). Linda y Chad, convencidos de que se trata de información altamente confidencial, deciden montar un chantaje.

No hay una comedia de los hermanos Coen con mejor edición de imagen y sonido, mejor rodada, ni mejor interpretada que Burn After Reading. La dirección de actores es sensacional, también porque el reparto es de órdago. Clooney borda su desquiciado personaje, John Malkovich, Tilda Swinton y Richard Jenkins están excelentes (como siempre), y el trabajo de dicción y gesticulación de Brad Pitt convierte a su personaje en el panoli más entrañable de la factoría Coen. Todos. Cualquier actor con una sola frase en esta película está magnífico. Solo Frances McDormand parece estar algo sobreactuada.

Habrá quien considere este Quemar después de leer una obra menor dentro de la carrera brillante de los hermanos de Minnesota, por su tono (de un humor descaradamente descacharrante), por su corto metraje (los clásicos 90 minutos) y sobre todo por venir precedida por su trabajo más pretendidamente serio y subyugante (No Country for Old Men). Pero si pensaban que varias estatuillas de los Oscar en la vitrina iban a incomodar a los Coen se equivocaban, de lleno.

Como si las matemáticas hubiesen encontrado la ecuación de tercer grado para alcanzar la comedia perfectamente engrasada, como un póster que imita al Saul Bass de las películas de Hitchcock, Quemar después de leer funciona con la precisión de Con la muerte en los talones y lleva incorporada una bomba de relojería rítmica. Es la actualización del progreso de los hermanos Coen, un nuevo logro dentro de su evolución, es para el que esto escribe su comedia más (com)pensada, mejor que El Gran Lebowski,  y por lo tanto, lejos de lo que puedan pensar, es también una obra mayor.



martes, 2 de junio de 2009

The Happening (2008) - versión 2.0 - Fallo de apreciación

El sosiego del fin de los tiempos




Hace unos meses, aproximadamente un año, cometí un error grave de apreciación al considerar El Incidente (The Happening, el título original y más apropiado) una profunda decepción y una película fallida de su director M. Night Shyamalan, cineasta -vaya por delante- que me entusiasma y a quien tengo en un altar, pero su último film me pareció una enorme estupidez en su momento y así lo reflejé en un artículo del que ahora mismo me avergüenzo: Shyamalan se pierde en la espesura de Hollywood. Todo lo que se podía leer en él era mi descontento con el nuevo rumbo que había tomado el indio y cómo por el camino había perdido sus virtudes. Me equivoqué porque es una película entretenida y sugerente y no puede estar más lejos de lo que hoy se entiende en Hollywood como cine de masas. Lo que más me entristece de mi error es el tiempo que llevaba lamentando la cantidad de gente que había salido decepcionada de las películas de Shyamalan, y yo mismo he caído en idéntica trampa.

No pretendo autoflagelarme por ello pero sí busco aprender alguna lección de este insignificante (por la nula repercusión de mis palabras) fracaso. Esto me hace replantearme mi sistema de apreciación de un film e incluso la manera de verlo. Una película -como cualquier otra obra- debe ser juzgada no en orden a aquello que ya conocemos, sino como proceso de aceptación de la propia naturaleza de la obra y a partir de ahí, lo exitoso de sus expectativas y lo satisfactorio que llegue a ser su modo de alcanzarlas.

¿Qué sentido tiene encontrar la maestría en un territorio - el del cine de terror de serie B- que nunca la buscó, y que se identifica precisamente con su ausencia? El Incidente persigue el género perdido del llamado terror serie B, de presupuestos bajos y resultados ínfimos. Es cierto que el guión es flojo, y las interpretaciones son, por poner un adjetivo general y que no hiera, malas. Pero el dominio absoluto y sosegado que tiene Shyamalan de su cinematografía permanece intacto. Es más, sale reforzado si cabe de tan difícil reto. Porque no es fácil tomarle el pulso a El Incidente. Hay que interpretarla como una particular versión del fin del mundo a pequeña escala.

¿Dónde podemos encontrar al mejor Shyamalan en su última película? La apertura como planteamiento argumental es un más que notable ejercicio de suspense (las dos primeras escenas son incluso sobresalientes) y todo el desarrollo de la trama adquiere una fluidez y una sutilidad casi hipnótica. Además hay dos planos preciosos en los que Shyamalan aleja la cámara del plano corto al general para que no podamos ver los rostros de sus protagonistas. Uno en el que Mark Wahlberg abraza a su sobrina a mitad de película. Otro, que pertenece a la penúltima secuencia, en el que Zooey Deschanel le cuenta a su marido la buena noticia, el niño que está en camino. Ambas contadas en plano general donde no se escucha más que la banda sonora del siempre inspirado James Newton Howard. Es una demostración de qué puede hacer un gran director con actores muy limitados.
"Intuyo que Shyamalan es de esos directores a los que el tiempo dará la razón, a los que las miradas retrospectivas y, por tanto, de conjunto, reivindicarán por encima de las urgencias derivadas de las reseñas exprés (como ésta que firma un servidor). Pero la actualidad tiene estas cosas, y aunque el que esto firma defendió a Shyamalan contra la corriente incluso a colación de El Bosque y La Joven del Agua, no encuentra argumentos sólidos para seguir haciendo lo propio en referencia a El Incidente." (Roberto Piorno: La Guía del Ocio)

Perfectamente hace un año podría yo suscribirme a estas palabras, pero el tiempo y un segundo visionado me han hecho entrar en razón y me he dado cuenta de que El Incidente es bastante mejor de lo que me temía. La labor del director está en la superficie pero tiene su repercusión en las profundidades cinematográficas del film, de ahí lo difícil que resulta abstraerla de otras tareas menos meritorias en relación con el cinematógrafo, como la trama argumental o el trabajo actoral.


viernes, 15 de mayo de 2009

Lo mejor del 2008

10.- Burn after reading (Hnos. Coen)

El trabajo de dicción y gesticulación de Brad Pitt convierte a su personaje en el panoli más entrañable de la factoría Coen. (...) Si pensaban que varias estatuillas de los Oscar en la vitrina iban a incomodar a los Coen se equivocaban, de lleno. Como si las matemáticas hubiesen encontrado la ecuación de tercer grado para alcanzar la comedia perfectamente engrasada, como un póster que imita al Saul Bass de las películas de Hitchcock, Quemar después de leer funciona con la precisión de Con la muerte en los talones y lleva incorporada una bomba de relojería rítmica.

9.- Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen)


Es la primera película de Woody Allen desde Annie Hall que no parece de Woody, con todo lo que eso significa. El riesgo que arrastra es el de ser tomada como una obra menor (infravalorada), como si tal cosa fuese defecto en lugar de virtud. Rebecca Hall está sorprendentemente elegante, pero Penélope se merienda al resto del reparto y sus discusiones en español con Bardem son de reírse a carcajadas, pero no por el ingenio sino por la frescura.

8.- Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Steven Spielberg)



Spielberg dirige esta cuarta entrega en su mejor momento de forma, bien agarrado a su imprescindible operador de cámara Janusz Kaminski, que da la enésima lección de cine magistral de su carrera. Un film de aventuras agitado, brillante, de ritmo vertiginoso, nostálgico, sarcástico, desenfrenado. Nunca es tarde para desempolvar a Harrison Ford y John Williams.

7.- Escondidos en Brujas (Martin McDonagh)

La sorpresa del año. Brillante comedia negrísima con un suspense vertiginoso, muy disfrutable. Tiene escenas magníficas que permanecen en el recuerdo. Mi reconciliación con Colin Farrell, que cuenta con la complicidad del estupendo Brendan Gleeson.

6.- Camino (Javier Fresser)

Extraordinaria. Lo mejor, el talento de Fesser para combinar las escenas más acarameladas con un cine aterrador, brutal y desgarrador, sin perder por ello la emotividad que merecía la película. Se arriesga en cada decisión y emociona allí donde muere el relato. Nerea es maravillosa.

5.- The Happening (M. Night Shyamalan)

Es cierto que el guión es flojo, y las interpretaciones son, por poner un adjetivo general y que no hiera, malas. Pero el dominio absoluto y sosegado que tiene Shyamalan de su cinematografía permanece intacto. (...) La labor del director está en la superficie pero tiene su repercusión en las profundidades cinematográficas del film, de ahí lo difícil que resulta abstraerla de otras tareas menos meritorias como la trama argumental o el trabajo actoral.

4.- Two Lovers (James Gray)

James Gray ha alcanzado en su cuarta película la depuración de un estilo, el de una cámara en apariencia tímida, pero firme y segura. Aunque más allá de la elegante dirección de James Gray, Two Lovers es una película sorprendentemente concisa sobre la idea de un hombre que conoce a dos mujeres, se enamora de ambas, pero solo puede demostrárselo a una. Joaquin Phoenix le da un soplo de vida trágico y turbador a toda la película. (...) Un drama romántico intimista ajeno a las preocupaciones de su tiempo. Atemporal. 

3.- El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher)


No puedo buscarle los defectos a una película que tanto regala, que no se agota en el intento de ser cada plano mejor que el anterior. En la segunda mitad la película se vuelve conmoción. (...) Imprescindible e inolvidable. Entre todos podemos hacer que Benjamin Button transcienda su tiempo y perdure en la memoria como el clásico que merece ser.

2.- The Dark Knight (Christopher Nolan)


Obra referencial en su subgénero, el thriller de superhéroes. Una película que no te debes perder. (...) Monstruosa creación de Heath Ledger. (...) Éxtasis narrativo, un clímax de dos horas y media que tan pronto sobrecoge como excita, que tensa la cuerda de los blockbuster del cine de palomitas, del cine comercial de Hollywood hacia el estilo que marca Christopher Nolan. Excelente.

1.- Déjame entrar (Tomas Alfredson)

Lo que primordialmente te pega a la butaca, te deja boquiabierto y te paraliza el cuerpo es la forma de dirigir del sueco Tomas Alfredson, que hace gala de una precisión impresionante en cada secuencia. Let the right one in te emociona, te noquea, te enamora y te acojona. Todavía queda tiempo para descubrir atónitos un clímax a mitad de película que va de lo terrorífico a lo romántico con una habilidad absolutamente asombrosa. Sólo la rendición hará justicia a esta preciosa obra maestra.

viernes, 17 de abril de 2009

Let the right one in (2008)

Obra maestra a la sueca


Qué año más raro de cine ha sido el 2008. Ha vuelto la moda de los vampiros por varios motivos, aunque la mayoría de ellos tienen que ver con la literatura: al fenómeno juvenil del Crepúsculo de Stephenie Meyer no le ha faltado su adaptación cinematográfica, una película pasable aunque un poco sosa, mientras que Alan Ball se ha sacado de la chistera una serie de televisión basada en la serie de novelas Southern vampire, de la escritora norteamericana Charlaine Harris. A eso hay que sumarle lo más grave, la película más taquillera del año está protagonizada por un tipo disfrazado de murciélago que salta de tejado en tejado. Pero ahora que ya sabemos qué piensa Hollywood de los vampiros, centramos nuestra mirada en Europa.

Let the right one in de Thomas Alfredson (traducida aquí en España como Déjame entrar) es una película sueca que utiliza al vampiro no como un arquetipo, sino como excusa para hablar de esas cosas que realmente nos atormentan. La soledad, el amor, o el miedo a lo desconocido. Oskar, un niño tímido de 12 años, marginado por sus compañeros, se hace amigo de Eli, una misteriosa vecina, cuya llegada coincide con una serie de misteriosas muertes. A pesar de que el joven piensa que ella es un vampiro, intenta que su amistad esté por encima de su miedo.



Es el guión (buenísimo) del film, y su brillante equipo de actores, lo que te engancha, como el cebo que muerde el pez antes de despedirse de todo lo que conoce. Pero lo que primordialmente te pega a la butaca, te deja boquiabierto y te paraliza el cuerpo es la forma de dirigir de Alfredson, que hace gala -¡en su segunda película!- de una precisión impresionante en cada secuencia.

La tensión que te puedes encontar en cualquier escena de esta modesta obra maestra hace rememorar todos los terroríficos encuentros habidos desde el primero de Hannibal Lecter con Clarice Starling en El silencio de los corderos (1991) hasta la habitación en la que se discutía acaloradamente el aborto de 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007).

Let the right one in te emociona, te noquea, te enamora y te acojona. Todo, música, fotografía, efectos especiales, todo es tan delicado que sólo la rendición hará justicia a este precioso film. Mientras tanto intentas asimilar lo que te dice, que no es poco. Sé tolerante, pero sé también cauteloso. Todavía queda tiempo para descubrir atónitos un clímax a mitad de película que va de lo terrorífico a lo romántico con una habilidad absolutamente asombrosa.


jueves, 16 de abril de 2009

Milk (2008)

Biopic convencional


SINOPSIS: Harvey Milk, a los cuarenta años, cansado de huir de sí mismo, deja un puesto ejecutivo en Wall Street para salir del armario y mudarse al barrio Castro, de San Francisco. Se enfrenta a empresarios, sindicatos y políticos intolerantes. Sus victorias son cada vez mayores. Su valentía – recibe amenazas constantes – inspira a otros a seguir sus pasos. En su vida privada, empieza una destructiva aventura con Jack Lira, un joven que se agarra a él para sobrevivir. La comunidad homosexual, que se siente unida y más fuerte, le elige para un puesto público. (FILMAFFINITY)

Biografía de Harvey Milk, el primer político abiertamente homosexual en Estados Unidos, dirigido con mano maestra por Gus Van Sant, pero que no aporta nada nuevo o sorprendente al género, salvo la interpretación de Sean Penn, que resuelve un rol complicado con la solvencia que le acostumbra. ¿No es extraño que un film tan progresista en sus planteamientos políticos sea tan ultraconservador en su forma estilística? Algo falla. Aunque, eso sí, el trabajo de ambientación setentero está tan logrado que ni el excesivo amaneramiento de todo el colectivo gay del film consigue echarlo a perder.


viernes, 6 de marzo de 2009

Gran Torino (2008)

Gran Eastwood, un reserva en su género


Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un veterano de la Guerra de Corea, trabajador jubilado del sector del automóvil, racista y resentido, que vive encerrado en su mundo desde que enviudó. Su máxima pasión es cuidar de su más preciado tesoro: un coche Gran Torino de 1972. Sus vecinos de siempre han muerto o se han mudado, siendo sustituidos por inmigrantes latinos, afroamericanos y asiáticos. Las pandillas callejeras presionan a Thao, un joven de origen oriental, para que robe el Gran Torino de Walt, pero el viejo lo impide. En agradecimiento, la madre de Thao manda a su hijo a trabajar para Kowalski y juntos intentarán arreglar el barrio.

Las últimas películas de Clint Eastwood nos han hablado de forma cándida y reflexiva sobre la muerte. Tal vez el director de Million Dollar Baby se haya puesto a buscar un fin de fiesta, un cierre comprometido, una despedida a lo grande al cine que él tanto ama.

Walt Kowalski, gruñe en su casa, sólo le aguanta su perrilla, tiene siempre un rifle a mano, pero no va a vengarse de nadie, asume que su tiempo ya pasó y en una escena magnífica (una de las más determinantes de todo el cine del director), se lanza furioso e impotente a un sillón en la penumbra de su salón. Desconozco cuánto mérito de sus películas (todas, más que buenas) es atribuible al Eastwood director, pero sí sé que delante de la cámara funciona como auténtico imán y su sello perdurable me impide reconocer si se trata de un buen actor o simplemente tiene la atracción de icono mítico que merece. Simplemente cuando Eastwood no está, la película pierde gas.


Gran Torino sólo nos trae buenas noticias. Tiene el aroma de una última y definitiva lección magistral, pero a la vez nos descubre a su director en plena forma y con ganas de más, de hecho ya tiene algún que otro proyecto entre manos. Por lo que pueda pasar, Eastwood ya nos ha dejado su legado, y éste responde con la misma solvencia a las inquietudes del veterano actor que a las de una sociedad en constante proceso de regeneración.


viernes, 27 de febrero de 2009

The Wrestler (2008)

Cicatrices del tiempo


"¿Qué ocurre cuando se apagan las luces del escenario, cuando los fans dejan de aclamar a sus ídolos, cuando todo el mundo vuelve a sus casas y la magia del espectáculo enmudece? Entonces volvemos a la realidad, abandonamos la catarsis que nos evade de nuestras vidas cotidianas y las estrellas se despojan de sus disfraces y ornamentos, convirtiéndose en personas de carne y hueso, con sus alegrías y sus penas, como cualquiera de nosotros. Y muchos son los astros apagados, sepultados bajo el peso de la edad o las consecuencias físicas y psicológicas de décadas de entrega a una jauría humana que siempre pide más." (José Arce: La Butaca)

Evidentemente este fragmento no es mío, pertenece a la crítica The Wrestler: La tragedia del Ave Fénix que realiza José Arce en LaButaca.net, y lo he escogido porque no hay mejor manera de describir el argumento de la cuarta película de Darren Aronofsky, y de muchas otras -lo que la hace tan convencional- que retratan el descenso y/o resurrección de idolatrados mitos escénicos. Aronofsky (patinó en Réquiem por un sueño, se lució en La fuente de la vida) rinde aquí su difícil carácter al del luchador hastiado Randy Robinson, arrancando desde su espalda en la travesía por el dolor y la soledad de un tierno Mickey Rourke de rostro desfigurado por las peleas del tiempo.

Un engranaje argumental convencional que ya hemos visto muchas veces (sin ir más lejos, el primer Rocky) esconde un tratamiento rudo y resignado del héroe. El final no es lacrimógeno, no hay resurrección, ni redención posible. Es un salto para abrazar el dolor físico como el único posible. Aunque no sea éste el que más duele.


lunes, 16 de febrero de 2009

Slumdog Millionaire (2008)

Grata y colorida aproximación a Bollywood

A sus 18 años, Jamal se ha convertido en uno de los concursantes más jóvenes de la versión india de "¿Quién quiere ser millonario?". El chico, un huérfano de los suburbios de Bombay, va contestando correctamente a las preguntas para sorpresa de todos, incluido el presentador, que está seguro de que hace trampas. Cuando está a punto de ganar los 20 millones de rupias, Jamal es detenido e interrogado. La policía quiere descubrir por qué sabe tanto, pero para ello hay que oír su curiosa historia.

Hay una cosa que hace diferente a Slumdog Millionaire de la media de películas que se estrenaron este año, esa cosa que hace de lo lejano -el exotismo de la India- algo cercano, gracias al concurso televisivo que nos es de una cotidianeidad inusitada. Es el montaje. Y su frescura no se agota hasta el final del metraje. Que sus imágenes se colarán entre las mejores del año no cabe duda, pero a esta grata sorpresa se le quedarían grandes los Oscar (sería una injusticia ver a Danny Boyle arrebatándole la estatuilla a David Fincher).

También hay escondida una historia de amor en la que no profundiza porque Slumdog Millionaire no es un romance propiamente dicho, sino un cruel drama. Esta es una película que nos cuenta lo que ocurre cuando la suerte se cruza con el destino, y todas esas pequeñas cosas que arrastramos para alcanzar ese momento. Me viene a la cabeza ahora mismo una pregunta que cuanto menos inquieta. ¿Hasta qué punto podemos confundir la suerte con el destino?

Lo mejor: una brillante y vibrante primera hora. Lo peor: El bailecito bochornoso made in Bollywood con el que nos despide. La última película del director de Trainspotting es una cinta vistosa, original (pero ésto me temo que es mérito del libro en el que está basada), que se ve con agrado, pero es moda pasajera. Hay que ver Slumdog Millionaire aunque sólo sea para presenciar como una película rara y modesta fulmina sus aspiraciones y se convierte en la revelación del año.

martes, 10 de febrero de 2009

El curioso caso de Benjamin Button (2008)

Esplendor y ocaso



Y cayó. La tercera obra perfecta (por esquivar aquello de maestra) de David Fincher es la menos contundente de las tres, aunque la más autoconsciente de serlo. Brad Pitt y Cate Blanchett son algo más que caras bonitas, ponen rostro a una espléndida fábula (mismo calificativo merece el libreto de Eric Roth) sobre el paso del tiempo. Nada perturba en Benjamin Button.

Durante su primera mitad todo es alarde de técnica y perfecto acabado visual. Pero es en la segunda mitad donde, ya asumido el lujurioso diseño de producción y coincidiendo con el esplendor de los cuerpos, la película verdaderamente se vuelve conmoción. De ahí en adelante el relato es una constante batalla a contrarreloj que acaba donde suelen empezar todas los demás relatos.

Qué importa entonces si el complejo entramado de narraciones superpuestas o Fincher creyéndose Jean-Pierre Jeunet con un preciosista anhelo por el detalle funcionan como lastre. No puedo buscarle los defectos a una película que tanto regala, que no se agota en el intento de ser cada plano mejor que el anterior. 

Muchas son las secuencias memorables y las imágenes para el recuerdo. Benjamin conoce a Daisy, él es viejo, ella, una niña. Benjamin sabe que es especial pero no comprende si es virtud o defecto. Una madrugada en un hotel. Un atardecer. Una bailarina que se desliza bajo la luz de la luna. Alguien atropella a otro alguien. Benjamin aguarda impaciente y asustado, mientras Daisy da a luz entre gritos. Benjamin se disculpa por todas las cosas que le hubiese gustado hacer con su hija, y no pudo. Daisy recuerda que hay cosas que sí permanecen en el tiempo, que son para siempre. Ya sólo queda poner el lazo. Pero eso ya lo descubrirán ustedes.

Partiendo de la base de que Benjamin Button tiene sus limitaciones como cine comercial -al igual que cualquier película las tiene- y sin embargo dentro de sus propias limitaciones se exprime al máximo y el resultado es extraordinario.


No es el mejor film del -llamémosle así- excelente David Fincher, aunque sí es su obra más popular y asequible, una éxitosa (y redonda) incursión en el mainstream, transformando la fantasía en épica crepuscular -con repertorio de atardeceres incluido-, su visionado es imprescindible e inolvidable.

La película se mueve entre dudas y nos abandona con una certeza. Entre todos podemos hacer que Benjamin Button transcienda su tiempo y perdure en la memoria como el clásico que merece ser.


domingo, 1 de febrero de 2009

Revolutionary Road (2008)

Entre esas cuatro paredes



En los años cincuenta, Frank (Leonardo DiCaprio) y April (Kate Winslet) son una joven pareja que vive en los suburbios de Connecticut. Su vida, aparentemente feliz para muchos otros, tras casarse y tener dos hijos, se encuentran ante la disyuntiva de luchar por sus verdaderos deseos o conformarse con su estado actual, una vida donde ambos se sienten mediocres, del montón, precisamente ellos que siempre se vieron a sí mismos como especiales, diferentes, preparados para alcanzar los sueños y lograr altos ideales.

Se ha convertido en costumbre. Una película ninguneada por los Oscar tiene un porcentaje alto de ser valiente, arriesgada e incluso sensacional. Desde que se repartieron las nominaciones a los famosísimos premios de la Academia americana supe que Revolutionary Road no era el vehículo hacia el formalismo que nos vendían algunos críticos estadounidenses. Por supuesto que no es la mejor de Mendes (cualquier película comparada con American Beauty sale perdiendo) y le falta perversión para llegar a la cima, le falta agresividad para ser excelente. Pero confirma a Mendes como uno de los mejores en su oficio con un encomiable trabajo de puesta en escena. La ardua tarea de adaptar una obra teatral en cine exige lo mejor de Mendes y de sus actores, y la entrega de éstos es la que hace posible Revolutionary Road.

La estructura dramática está construida de una manera cíclica, de modo que los primeros diez minutos, es decir todo aquello que va antes del rótulo con el propio título de la obra, funcionan como la condensación de todo lo que sucederá en el resto del film. La cámara busca a los protagonistas entre una multitud de gente, y cuando los tiene fijados, se va acercando a ellos. En ese momento se conocen Frank y April, son los años cincuenta, y ella dice querer ser actriz. Elipsis temporal. Se baja el telón. Ella se refleja en un espejo. Llega la discusión en el coche. Están representando un papel en lugar de vivir sus vidas. Esas vidas que llevan no son más que el reflejo de lo que habían imaginado. Estalla la primera decepción. Ahora sí, vemos blanco sobre negro el nombre de una calle de un suburbio residencial de Connecticut. Y todo lo que después viene es el recorrido de la espiral que ya se ha abierto.



Venga, vale, al toro. Cuanto antes mejor. A poco que me conozcan ya sabrán que esto me duele a mí más que a nadie. Me vais a obligar a admitirlo. Lo voy a decir. Leonardo DiCaprio es lo mejor de la película. Ya lo he soltado. Y Kate Winslet hace lo que puede (que es mucho) para seguirle. DiCaprio en el mejor momento de su carrera, con un par de escenas de emoción contenida y aguantando el tipo en el resto. Está estupendo. Esas dos escenas de las que les hablo justifican la película entera. La primera, después de la infidelidad de Frank, llegar a casa y descubrir que allí esperan su mujer y sus hijos (que se evaporan durante el resto de la película) es el comienzo de su suplicio, ahí se da cuenta de que todo está perdido y tiene que empezar de nuevo. La otra, la más discutida, es el punto de no retroceso, no es posible empezar de cero y Frank y April lo saben, aún así se regalan un fabuloso, amable y tierno desayuno. Despedida.

Hace no mucho leí sobre cuánto le gustan al director Sam Mendes las ventanas. Pues su último trabajo es una de esas películas en las que (parece) nada pasa, nada sucede, la narración no avanza, donde las escenas se encadenan, se superponen unas sobre otras. Y sin embargo no nos importaría quedarnos a vivir entre esas cuatro paredes, y ver las cosas -que sí nos suceden- a través de la ventana de Mendes. Lúcida y transparente. ¿No es eso el cine?



jueves, 22 de enero de 2009

El Intercambio (2008)

El arte de ser correcto

Los Angeles, año 1928. Christine Collins (Angelina Jolie) es una madre que recupera a su hijo, al que habían secuestrado meses antes. Pero en la locura del muy fotografiado reencuentro, comienza a sospechar que el niño que le han entregado no es su hijo. A pesar de unas fuerzas del orden corruptas y de una opinión pública más que escéptica, intenta dilucidar el misterio cueste lo que cueste. Tachada de loca e incapacitada, por fin encuentra un aliado en el reverendo Briegleb (John Malkovich), que la ayudará en su búsqueda...

Antes de comenzar, El Intercambio jura en blanco sobre negro que todo lo que vamos a ver a continuación está basado en hechos reales. Sin ese tipo de explicación no comprenderíamos como Clint Eastwood, probablemente el director con la carrera más envidiable de los que aún se encuentran en activo, ha escogido este argumento -ideal para un telefilm de sobremesa- y le ha dedicado tanta atención, y lo ha mimado con tanto cariño. En manos de cualquier otro cineasta con menos recursos (por supuesto no sólo hablo de talento) El Intercambio sería un estrepitoso coñazo.

A este drama -o thriller, o lo que sea- le falta el aliento de la cotidianeidad, porque es eso lo que en el fondo aviva una película y hace creíbles y cercanos sus personajes. Eastwood, consciente de haber entrado en el círculo de los grandes maestros intocables de Hollywood, no se arriesga en su última película. El director de títulos míticos como Sin Perdón no se moja ni una gota y deja que su afamado clasicismo nutra el film y que una interpretación notable de Angelina Jolie lleve el rumbo de la película. Pero Angelina no hace milagros y en cada secuencia parece recordarnos que lo suyo es una actuación (buena, sí) pero siempre actuación.

Conclusión, una película bien interpretada y mejor dirigida, que de tan correcta se hace tediosa.


martes, 6 de enero de 2009

Camino (2008)

En el nombre del padre... y de la hija


Desconozco si saber cómo acaba una historia reduce la emoción que produce alcanzar el fin del relato (por falta de sorpresa), o si por el contrario la multiplica (no por esperado es menos atronador un desenlace ya digerido). Lo que tengo claro es que conocer como muere el relato sí modifica al menos el modo de contar una historia. En Camino conocemos el trágico final porque, además la polémica levantada, la primera escena es toda una declaración de las implicaciones del film y de su director.

Hasta ayer Javier Fesser era un director casi anecdótico con películas como El Milagro de P. Tinto o Mortadelo y Filemón, y hoy es todo un protagonista. Camino es un salto arriesgado y valiente en la carrera de Fesser, un nuevo rumbo voluminoso que se mueve entre varios géneros, con matices de comedia, de terror, de cine surrealista, pero con fondo de drama, con alma de tragedia.

La polvareda que levanta Camino por donde va, se debe a la etiqueta que le han puesto de film polémico que arremete –no es para tanto- contra el Opus Dei. La crítica es la ridiculización del fanatismo religioso, no así para una organización de por sí fanática y sectaria en sus métodos.



Es admirable la pericia del director para el desglose de la narración de forma que el ritmo no decaiga en ningún momento de su extenso metraje. No es sensiblera, no hay crescendo final, ni escena donde caer rendido. Camino no busca la lágrima fácil, pero la encuentra. Si el guión flojea en alguna parte, lo hace en la caricaturización de algunos personajes, me vienen a la cabeza los curas y sobretodo la madre, que no se baja de la burra más que en una escena, el reencuentro con su marido.


Y ahí es donde el vuelo de la película se levanta más hermoso y emotivo que nunca, en la relación entre Camino y el padre de la criatura. Dos actores te acongojan, dos actores se llevan los aplausos. Mariano Venancio está grandísimo en cada gesto, en cada mirada, en cada frase. Luego está la cría. Nerea es maravillosa.

Lo peor: Cierto infantilismo (con matices) en algunos tramos, especialmente en las secuencias de sueños y pesadillas.

Lo mejor: El talento de Fesser para combinar las escenas más acarameladas con un cine aterrador, brutal y desgarrador, sin perder por ello la emotividad que merecía la película.

Cuando una película de la que ya conocemos el final sorprende en cada escena, se arriesga en cada decisión y emociona allí donde muere el relato, creo yo que bien merece el calificativo de extraordinaria.


jueves, 18 de diciembre de 2008

Crepúsculo (2008)

Vampiros descafeinados


Lo primero es dejar las cosas claras: ni soy un experto en cine de terror (ni en ningún otro), ni consumo historias de vampiros. No hace falta decir que ni he leído las novelas de Stephenie Meyer, ni tengo pensado leerlas. Todo esto lo digo porque mi intención está lejos de ofender a la legión de seguidores que se han acoplado al carro del éxito de Crepúsculo, un fenómeno literario juvenil que arrasa por donde pasa y pisa, de esos que de cuando en cuando se levantan como tormentas torrenciales.

La historia (originalísima) cuenta cómo una joven mortal llamada Bella (monísima Kristen Stewart) se enamora ¡en clase de biología! de un joven vampiro de nombre Edward (monísimo Robert Pattinson) que no puede estar junto a ella porque siente una extraña atracción por ¡zampársela! Para ser una película de vampiros le falta ese color tan maravilloso que es el rojo, rojo morbo, rojo pasión, rojo sangre.

Crepúsculo se deja ver los 122 minutos que dura, pero también se deja olvidar con facilidad al poner un pie en la calle. Cualquier lucecita de navidad te hará olvidar una película que con cada frase pretende regocijarse en la cursilería. Aunque no todo está perdido en Crepúsculo, me sorprende lo bien que aguanta la protagonista femenina el peso de la película (no es mucho, pero bueno...) y el acertado tratamiento de su personaje. Ella es triste y acepta las cosas que suceden con escepticismo.

Pero lo cierto es que hay que reconocer que para ser un producto de encargo, Crepúsculo tiene un tratamiento de la fotografía muy cuidado y una puesta en escena limpia y en ocasiones hasta elegante. Pero eso mismo se convierte también en problema. Es demasiado higiénica, como de una limpieza esterilizada. Echo de menos un ambiente mucho más turbio.

Qué bien le habría sentado a Crepúsculo que su directora Catherine Hardwicke le hubiese dado a la película el tono de terror de los años setenta que tan de moda está, resucitado por Planet Terror de Robert Rodríguez o True Blood de Alan Ball. Pero no fue así y Hardwicke casi se recochinea de nosotros vendiendonos la película como espéctaculo de consumo familiar. Cine pre-pubescente tan autocomplaciente que sirve para que los más jóvenes y rebeldes de la casa se vean reflejados, se miren el ombligo y asientan con la cabeza.




martes, 16 de diciembre de 2008

Quantum of Solace (2008)

Un petardo curioso


Ya sé que Casino Royale prometía una secuela a su medida, y ya sé que es mucho pedir, pero si cumplen dos claras premisas podrán disfrutar del nuevo Bond. No esperen en Quantum of Solace un guión cuidadísimo, no lo tiene. Tampoco esperen entender la trama a la perfección tal y como fue concebida, pues es casi imposible, se han pasado de listos. A pesar de los numerosos fallos, perceptibles sin esfuerzo, la película de Marc Foster no llega a disgustar, y tiene momentos casi vibrantes. Porque Quantum of Solace no es tan mala como nos quieren hacer creer, tan sólo es ligera y un pelín (bastante) descuidada. Tiene dos historias de amor, y no se esfuerza en prestar detalle a ninguna de ellas (la sombra de la irresistible Eva Green es alargada).



Comete un error considerable al convertir a James Bond en un héroe de acción veraniego, aunque Daniel Craig se confirma como el mejor Bond imaginable. No es que sea un actor formidable, pero Craig tiene lo que hay que tener para vestirse de Bond y llevarse todos los elogios. Dijo una vez Tarantino que una buena película de acción es aquella en la que después de verla el espectador deseara vestir como los protagonistas. Visto así no me sonrojo al decir que si bien su predecesora Casino Royale era excelente, Quantum of Solace al menos no es cine de mala calidad.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Gomorra (2008)

La ley del más débil


Dicen los entendidos (yo ni lo soy, ni me gustaría serlo) en este mundillo de la corrupción y de las mafias que no hay en ellas ni rastro del glamour y la elegancia que nos mostraban las magistrales películas de Coppola y Scorsese, y sí mucha de la sucia y maleante realidad-estercolero que ofrece Roberto Saviano en su novela Gomorra, aquí adaptada al cine. No es un film espéctaculo, en Gomorra hay que entrar con paciencia, con la predisposición de dejarse acongojar por las imágenes cercanas al neorrealismo italiano de Rossellini o Luchino Visconti.

Los tres estamentos de la mafia: sangre, dinero y poder, quedan emparentados en los relatos que se cruzan (no de manera forzada), hacen que sea inútil intentar condensarlos en una sinopsis. No hay historia en Gomorra, todo lo que tenemos son las devastadoras imágenes de la cruel ley callejera, lejos de los despachos. Con el estilo inconfundible del cine de Meirelles a medio camino entre Ciudad de Dios y El jardinero fiel, más cercano al didactismo del documental que al entretenimiento del thriller, con una impactante ejecución de escenas, pero sin embargo nunca cine hipnótico en el que poder sumergirse.

Puede que todo lo que nos narra el director Matteo Garrone sea cierto, puede que nos muestre un fiel reflejo de aquello que ocurre en el "sistema" de la Camorra, pero uno sale del cine con una pregunta que deja un sabor bastante agrio: ¿realmente me interesa lo que me están contando? Pues entonces poco importa la verdad. Aunque sea así de triste.


martes, 26 de agosto de 2008

The Dark Knight (2008)

Amanece en la ciudad de las sombras

Quien todavía a estas alturas piense que el protagonista de El caballero oscuro es Batman o su (alter)ego Bruce Wayne es que o no ha visto la película, o le ha prestado poquita atención. El verdadero protagonista del quinto largometraje de Christopher Nolan es -sin ninguna duda - el caos. Un caos anárquico, incontrolable y en última instancia primitivo, encarnado en la figura del Joker (extraordinario, por terrorífico Heath Ledger).

Entre los numerosos logros (luego repasados uno a uno) es admirable como director y guionista, Nolan y su hermano Jonathan, mano a mano consiguen que ese caos no se traspase a la narración. De ese modo, cualquier intento de resumir el argumento o configurar una sinopsis se convierte en inútil porque cada uno de los 150 minutos que calza el filme se antoja imprescindible en el entramado, a excepción de una ligera sobrecarga de tecnología puntera en las dos escenas protagonizadas por el sónar de los móviles, que no alcanza para ser un inconveniente.

Hablando de escenas, la primera es toda una declaración de intenciones. La película comienza con el asalto a una entidad financiera, una escena de ejecución perfecta, en la que el Joker desvela una de sus mejores cartas con una frase que resume todo en lo que cree el terrorista: "lo que no te mata, simplemente te hace más... extraño".

La gran novedad del film es que se construye en torno al antagonista relegando al héroe y sus aliados a un segundo plano del que se puede llamar reparto coral. La siguiente afirmación puede tener diferentes lectura, pero al menos una es obvia. Resulta que la mejor adaptación al cine del hombre murciélago es aquella en la que Batman pierde el protagonismo y el guión le convierte en una simple pieza (clave) de la narración. Y cuando la película parece tocar techo, Nolan devuelve a la figura de Batman todo el protagonismo en un brillante final, tan enérgico y ambiguo que bien podría ser punto seguido de camino a la trilogía, o un estupendo cierre para bajar el telón.

El caballero oscuro es además de una de las mejores películas de thriller (de ésas en las que sales sudando), también intriga, suspense y el drama de unos personajes asfixiados. Su referente mas cercano es Heat de Michael Mann, pero si uno mira más atrás, y considerándola como una secuela, El caballero oscuro es a Batman Begins tan entretenida y oscura como El Imperio contraataca lo fue a Star Wars; y tan política y reflexiva como El Padrino II lo fue a The Godfather. Si en el año 2005 Nolan resucitó a Batman en la génesis Batman Begins, en esta segunda entrega lo eleva a categoría de mito.

Christian Bale es el Bruce Wayne más convincente, Michael Caine parece haber nacido para interpretar al entrañable mayordomo Alfred, y sorprende el Harvey Dent de Aaron Eckhart. Gary Oldman está mejor que en la primera. Hasta ahí lo comprensible. Pero qué se puede decir de Heath Ledger con su monstruosa creación del Joker, tan realista que el mismo acabó creyéndola, por todos conocido su trágico final.

En su último trabajo en el cine Ledger convierte una buenísima película en excelente e insuperable. A ello también contribuye la banda sonora de dos maestros James Newton Howard y Hans Zimmer, evocadora y obsesiva, que llena cada rinconcito del film de una negrura sustancial.

No es la mejor película de la historia, tal y como algunos se aventuran a presagiar, pero sí es una obra referencial en su subgénero, el thriller de superhéroes. En definitiva una película que no te debes perder, para ver en pantalla gigante, cuánto más grande mejor. Éxtasis narrativo, un clímax de dos horas y media que tan pronto sobrecoge como excita, que tensa la cuerda de los blockbusters del cine de palomitas, del cine comercial de Hollywood hacia el estilo que marca Christopher Nolan. Un estilo que bien se asemeja al grado máximo de eficacia.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...