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martes, 15 de enero de 2013

Amor (2012)

La cámara de Haneke


En su texto sobre la película Amor (Haneke, 2012) el genial Jordi Costa escribe en su columna habitual de El País lo siguiente: 
"La posición de la cámara de Haneke logra no solo hacer inteligible la arquitectura del confortable piso donde vive el matrimonio protagonista —dos ancianos profesores de música—, sino también extraer todo el potencial dinámico y narrativo del movimiento de sus personajes sobre ese espacio."
Sinceramente creo que el bueno de Costa no puede estar más equivocado en este aspecto. Michael Haneke demuestra de nuevo, en Amor, su fórmula de prestigio. Una historia sobre lo triste, lo desgraciado, lo perverso y lo penoso de la vida encarnado en un matrimonio de ancianos que sufren los síntomas más terribles de la vejez. 

Pero en esa fórmula desgarradora -en clave cargante- falta transformar un buen escenario, un notable trabajo de luz y una pareja de intérpretes sensacionales en un soberbio ejercicio de cine. Y ahí es dónde creo que Haneke fracasa. El austriaco es un cineasta que apenas saca rendimiento de la cámara en Amor, filma la película como si se tratara de una obra teatral, en la que parece que el único cometido de la cámara es no molestar a sus actores. No encuentro señales de vida en esta Palma de Oro.


sábado, 30 de enero de 2010

La cinta blanca (2009)

Sobrevalorada Palma de Oro


SINOPSIS: Inexplicables acontecimientos perturban la tranquila vida de un pueblo protestante en el norte de Alemania en 1913, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Un granero es prendido fuego, dos niños son secuestrados y torturados... El maestro de escuela observa, investiga y poco a poco descubre la increíble verdad... (FILMAFFINITY)

Poco sugerente y menos provocadora. Una lección pesada y muy poco estimulante de historia, donde (cosa insólita tratándose de Haneke) sus ideas no proyectan ninguna sombra, bajo estos sucesos ocurridos en una aldea de la Alemania de 1913 no descansa ninguno de los pretendidos monstruos que buscaba el cineasta austriaco. Ni el terrorismo. Ni el fascismo. Ni la violencia. Ni siquiera se atisban las raíces del mal.

La historia de amor entre el maestro, que narra el film ya desde una edad muy avanzada, y una joven institutriz, que llega para cuidar de los hijos de la duquesa que reside en la aldea, constituye el único oasis emocional de la película. Por supuesto que el film obsequiado con el mayor galardón en el último Festival de Cannes tiene sus virtudes. El trabajo de sonido es perfecto y todos los intérpretes, desde los adultos hasta los más jóvenes, forman un conjunto actoral soberbio en esta Palma de Oro.

Pero la austeridad formal llevada al extremo se convierte aquí en la versión más errática y estática de Michael Haneke. Y eso que estamos hablando de la que probablemente sea la voz más autorizada del cine europeo reciente, que ha logrado en anteriores películas (Funny Games o Caché) un nivel excelente y magistral. Sin embargo, el lenguaje cinematográfico de Haneke en La cinta blanca está más cerca de lo que nos gustaría de ese estúpido puritanismo por el que se rigen los padres de esta aldea.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...