Woody Allen baja los brazos
SINOPSIS: Un escritor norteamericano algo bohemio (Owen Wilson) llega con su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde va a conocer a personajes que jamás imaginaría iba a conocer... (FILMAFFINITY)
Woody Allen ha convertido Medianoche en París en un sketch que bien parece el colmo del gafapasta. Repleto de referencias culturales a escritores, músicos, pintores, fotógrafos, cineastas, algunas con más gracia que otras, eso sí, porque Adrien Brody está divertidísimo en la piel de Salvador Dalí. Pero ninguno de esos retratos pasa de la simple caricatura.
Woody Allen ha convertido Medianoche en París en un sketch que bien parece el colmo del gafapasta. Repleto de referencias culturales a escritores, músicos, pintores, fotógrafos, cineastas, algunas con más gracia que otras, eso sí, porque Adrien Brody está divertidísimo en la piel de Salvador Dalí. Pero ninguno de esos retratos pasa de la simple caricatura.
Medianoche en París no va más allá de una anécdota estirada hasta el aburrimiento, repetitiva y harta de sí misma. Owen Wilson no tiene ni la quinta parte de gracia y encanto que tendría ver al Woody Allen actor en su papel de un nostálgico escritor enamorado de París, constantemente riñendo con sus suegros y seduciendo a la mujer de sus sueños. Este es el reverso sin talento de La rosa púrpura de El Cairo.
La realización de Woody Allen en Medianoche en París no puede ser más pobre y descuidada, huérfana de cualquier tipo de pequeño aliciente. Hace unos años Allen consideró que estaba mayor para actuar en sus películas. Sintiéndolo mucho, ahora mismo creo que Allen también está mayor para escribir y dirigirlas.


