jueves, 20 de diciembre de 2007

Tirando a dar

Por fin llega la navidad, la única época del año en que todo el mundo es feliz, o al menos todo el mundo dice serlo. Pero no basta con serlo, ni mucho menos, consiste en restregárselo al prójimo, con una tarjetita que felicite fiestas y año nuevo, y ya de paso acordarnos de aquellos a los que tan olvidados tenemos el resto del año. Exactamente como si de una vacuna anti-olvido se tratase, que bien merece un recordatorio cada final de Diciembre.

Los Christmas (¿sabían que la época mas feliz del año es otra americanada?), tarjetas de felicitación, ya están pasados de moda. Ahora lo que se lleva son los insultos navideños. Cogan papel y lápiz y combatan conmigo todos esos deseos empalagosos que tienen hacia sus congéneres, se acerca la batalla del turrón, el cara a cara con el polvorón, las doce uvas de rigor (dicen que no hacerlo trae mala suerte, ¿peor?, quién necesita suerte teniendo talento), y por supuesto sus correspondientes doce propósitos de año nuevo, cada vez menos creíbles, irrisorios e inclusive vomitivos. De acuerdo, tal vez me he sobrado en esto último. Para discursitos estoy yo.

A lo que iba, insultos navideños, que son lo mismo que los insultos a lo largo del año pero con cariño, lo que supone que deben ser insultos trabajados, no vale lo primero que le venga a la boca. Dedíquenle a sus seres más queridos una oda a la falta de respeto, un himno a la intermitente educación. El semáforo está en ámbar, aprovechen para poner a parir al vecino, que seguro será tan feliz estas navidades como nosotros lo seremos el año que viene. Deléitense en los pequeños detalles que es donde se encuentra el resquemor. Y una vez hecho el trabajo, cierren el sobre y decidan ustedes mismos si deben enviarlo, según quieran que se consuman, o no, sus odios ajenos.

Debo reconocer que resulta perverso por mi parte escribir éste cínico panfleto pues como todas las cosas tiene una finalidad, que bien podía ser un propósito de año nuevo, y es convencer a los miembros del jurado de que es éste el artículo vencedor. En el caso contrario me temo que las próximas navidades tendré que dedicarles irremediablemente algún insulto de felicitación. Pero no deberían ofenderse. Todo lo contrario, es un halago.

Quien avisa no es traidor, como mucho, un cobarde.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Trainspotting (1996)



"Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia, elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la sal, colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego, elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos, elige el bricolaje y pregúntate quién coño eres los domingos por la mañana, elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura, elige pudrirte de viejo, cagándote y meándote encima, en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte, elige tu futuro, elige la vida. Pero ¿por qué iba yo a querer hacer algo así?. Yo elegí no elegir la vida, yo elegí otra cosa. ¿Y las razones?, ¡no hay razones!. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"


Un puñetazo sobre la mesa. Éstos cinco jóvenes escoceses te abren los ojos aunque sea a tortas. Danny Boyle presenta cine en vena, Trainspotting es una inyección de testosterona que revitaliza el cine británico de la década de los 90. Ya sea usted drogadicto o cine-adicto, no importa, vaya a verla, porque al contrario que otras películas sobre el tema, no hay puro morbo o restos de viciosidad, en Trainspotting hay una historia (jodidamente realista) sobre unos amigos que eligen un camino distinto para llegar al mismo sitio, un camino al fin y al cabo alternativo. Porque podrán ver a McGregor sumergirse en las profundidades más surrealistas y asquerosas de El Water, así como hundirse en su propia moqueta, desesperado por salir del caótico vacío en el que se ha metido. ¿Razones para verla? ¿Quién necesita razones para ver una de las mejores películas del año?


viernes, 16 de noviembre de 2007

Psycho (1960)


Hitchcock te saca el corazón y lo deja sobre la palma de la mano, para que lo veas palpitar, bombear cada una de las perfectas imágenes de Psycho. Las escenas dentro de la casa anexa al motel constituyen el techo del cine de suspense. Y de ese terror que sigue la máxima de que es mejor sugerir que mostrar. La mirada pertubable de Perkins convierte en poesía la más simple, aburrida, banal conversación ya sea de ornitología o taxidermia, queda impregnada en el estudio introspectivo del psicópata. En el viaje a las entrañas de la profunda y tenue mente humana. Psicosis colectiva.



Puntuación: ##### (sobre 5)
Nota: 9.5 de 10

viernes, 19 de octubre de 2007

El Club de la Lucha (1999)


"Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar. Felicidades, estás a punto de tocar fondo".


Fight Club; la cinta más insólita, compleja y brutal del mejor realizador de su generación, la del pop-promo-and-TV-commercial. Cantos de sirena alrededor del guión de Chuck Palahniuk, que de pura lucidez entona un mensaje nihilista, sin rodeos, radical. Lo tiene todo para convertirse en la película de culto del siglo que está en camino. 

Fincher da forma, y de qué modo, con su particular y efectivo estilo de coreografía del videoclip. La perfecta traducción en imágenes de un texto de inimaginable apaptación. La primera media hora, es decir, lo que va desde el comienzo hasta la aparición de Brad Pitt, es la narración más genial que este cronista ha visto en muchos años. A ello contribuye un Norton es estado de gracia, rodeado de unos personajes tan irreales como perfectos prototipos de nada, Tyler Durden y Marla Singer.

"Y entonces ocurrió algo. Me solté. Me sumí en el olvido, oscuro, silencioso y completo. Al perder la esperanza hallé la libertad".

"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos y eso hace que estemos, muy, muy cabreados".



El Club de la Lucha es a los 90 como Taxi Driver o La Naranja Mecánica fue a los 70. Sus detractores la acusaran de violenta. Todo lo contrario. Es una crítica a la violenta sociedad occidental, y ya de paso a todos aquellos que encuentran peligroso su mensaje sin acercarse a entenderlo. Y lo que es peor sin ni tan siquiera escucharlo. En medio de nuestra ajetreada vida, Fight Club pide a gritos un cambio, agita los valores que creemos correctos y los convierte en jabón. Dinamita.

"Soy la completa falta de sorpresa de Jack".
"Soy la sonrisa burlona y vengativa de Jack".
"Soy la venganza autosatisfecha de Jack".
"Soy el sudor frío de Jack".
"Soy el sentimiento de rechazo de Jack".

viernes, 5 de octubre de 2007

Muerte entre las flores (1990)

¿Sueñan los androides con Miller's Crossing?



"—Una vez tuve un sueño. Caminaba por el bosque, no sé porqué, se levantó viento y mi sombrero voló. —Y lo perseguiste ¿no?, corrías y corrías y finalmente lo alcanzabas. Lo recogiste, pero ya no era un sombrero se había convertido en otra cosa, en algo maravilloso. —No, seguía siendo un sombrero y no lo perseguí. No hay nada más ridículo que un hombre corriendo tras su sombrero."

La mejor película de gángsters desde El Padrino II. Muerte entre las flores (precioso título, mucho mejor que el original Miller's Crossing), la obra maestra de los Coen, seria, alejada del típico cachondeo que abunda en el cine de éstos hermanos y sus habituales actores. Todos estupendos. Gabriel Byrne no tiene nada que envidiar a los clásicos, de Finney no hay nada más que decir, aunque el mejor es el excéntrico e histérico John Turturro, el actor más carismático de la cuadrilla de los Coen.

De escenas sombrías y una oscura fotografía que rememoran el ambiente del mejor cine negro. Un lujo. La mejor película del año. Un momento memorable, Turturro suplicando compasión en Miller's Crossing. Los hermanos Coen no solo son unos maestros de la paranoia y la subversión, también su cine arrastra un profundo compromiso con la tradición del género negro clásico, y obras maestras como Muerte entre las flores están ahí para demostrarlo.



martes, 11 de septiembre de 2007

Mystic River (2003)

Cuando Jimmy Markum (Sean Penn), Dave Boyle (Tim Robbins) y Sean Devine (Kevin Bacon) eran unos niños que crecían juntos en un peligroso distrito de Boston, los tres pasaban los días jugando al béisbol en la calle, al igual que lo hacían muchos otros niños en el barrio obrero de East Buckingham donde vivían. No sucedía nada importante en su barrio. Hasta que Dave se vio obligado a tomar un rumbo que cambiaría las vidas de todos ellos para siempre. Veinticinco años más tarde, los tres se vuelven a encontrar por otro acontecimiento de gran trascendencia - el asesinato de Katie (Emmy Rossum), la hija de 19 años de Jimmy. A Sean, que se ha hecho policía, le asignan el caso y junto a su compañero (Laurence Fishburne) recibe el encargo de desenredar este crimen aparentemente sin sentido. También tienen que estar muy pendientes de Jimmy, furioso por encontrar al asesino de su hija.

Viaje sin retorno a través de la amistad de quienes no pueden escapar de sus frustraciones y quedan atrapados por el cruel destino. Lo mejor es que el director no va a lo fácil, que hubiese sido hacer un thriller en condiciones, Clint lo enfoca desde el drama de sus personajes dejando en segundo plano sus acciones. Cargada de un lirismo propio de los clásicos, memorables interpretaciones y dirigida por el maestro Eastwood. Soberbia.

"Enterramos nuestros pecados, lavamos nuestras conciencias."


Puntuación: ##### (sobre 5)

Nota: 9.5 de 10

miércoles, 22 de agosto de 2007

Ratatouille (2007)

A la vanguardia del clasicismo


Remy es una simpática rata que sueña con convertirse en un gran chef francés a pesar de la oposición de su familia y del problema evidente que supone ser una rata en una profesión que detesta a los roedores. El destino lleva entonces a Remy a las alcantarillas de París, pero su situación no podría ser mejor, ya que se encuentra justo debajo de un restaurante que se ha hecho famoso gracias a Auguste Gusteau, una estrella de la cuisine. A pesar del peligro que representa ser un visitante poco común (y desde luego nada deseado) en los fogones de un exquisito restaurante francés, la pasión de Remy por la cocina pone patas arriba el mundo culinario parisino en una trepidante y emocionante aventura.

No me digan que no les recuerda a algo esos sueños de una pequeña y desgraciada rata. Y es que hasta el más insignificante ser es capaz de cambiar el rumbo, o al menos eso es lo que pretenden decirnos los señores de Pixar. Podemos creérnoslo o no. Pero lo que está claro es que todos tenemos un don personal que es creernos en posesión de talento, y aunque no suele ser cierto, no podemos vivir sin soñar. Original, divertida, técnicamente impecable. Pensarán, si bueno otro producto más del moderno cine de animación; pero no, Ratatouille tiene encanto, y eso es algo de lo que no todas pueden presumir.

El personaje más destacable de la función es la aparición de el refinado crítico Anton Ego (soberbio O´Toole en la voz). Muy buenos toques de humor ("no seas modesta, eres una rata"), estremecedor desenlace (no se alarmen, no deja de ser Disney). La película es en su concepto un conjunto de genialidades que te hacen sentir como pocas veces consiguen otros largometrajes animados. Me llama la atención que esté dirigida a un público infantil que no estoy seguro de si apreciarán la calidad de esta película; aunque quien sabe...

Ratatouille basa su encanto en rechazar la innovación a través del nacimiento de un falso nuevo cine. Ratatouille nace del gozo del cine bien entendido, del vanguardismo a partir del retorno al clasicismo de Disney de los años 40 y 50.