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domingo, 1 de agosto de 2010

Gerry (2002)

 Partiendo de nada



Siempre y cuando no juguemos a conjugar el verbo, la palabra nada es una contradicción en sí misma. Gus Van Sant filma Gerry en largos planos travelling y con la abstracción de una página en blanco como bandera. Decir que éste supone un nuevo comienzo para partir desde la nada, sería una incongruencia, pero todos deberíamos entender que la nada es una vuelta a la base, a la raíz.

Dos protagonistas (Casey Affleck y Matt Damon improvisan los escasísimos diálogos) deambulando en un paraíso sin escapatoria, en un comienzo pretenden alcanzar el lugar al que llaman la cima, hasta que deciden desviarse del camino marcado y toman un camino por trazar, que no entiende de sentidos o direcciones. Para cuando se den cuenta de que ese nuevo camino no conduce a la cima ya será tarde. No hay manera de volver. Con ese escenario Van Sant plantea muy vagamente la idea del desdoblamiento de personalidad y de encontrarse a sí mismo en una situación al límite.

Traducir el lenguaje hipnótico de Béla Tarr o Andréi Tarkovsky al cine norteamericano comercial de comienzos del siglo XXI se convierte en Gerry en la empresa más arriesgada en la que se puede embarcar un realizador a estas alturas de la película. Y a su vez da una nueva dimensión al remake de Psicosis que Van Sant filmó (calcado plano a plano) cuatro años antes.

Nadie va a engañar a nadie, son 103 min. de un ejercicio sin mayor pretensión narrativa o de entretenimiento que el propio espectáculo de la experimentación con los elementos básicos que forman esa cosa tan fuera de moda que llamamos cine. Ya desde el mismo arranque, Gerry se despierta con una necesidad contemplativa, con una cámara hipnótica que persigue a un viejo coche. Lo que viene después serán sombras perfiladas sobre un desierto blanco y el sonido de los protagonistas jadeando.


sábado, 18 de julio de 2009

Minority Report (2002)

Recuerdos del futuro




Minority Report es cine negro del futuro. Como en su momento lo fue Blade Runner. Pero podemos remontarnos más atrás. Encuentro muchas similitudes entre la carrera de Steven Spielberg y la de Alfred Hitchcock. Ambos son (o fueron) los realizadores más populares de su tiempo. Un sector de la crítica no recibe (o recibía) con especial entusiasmo sus trabajos, mientras que el público ha acudido en masa a ellos. El tiempo pone a cada uno en su sitio, o eso es lo que dicen. Es cierto que ambos alternan en su filmografía películas sobresalientes con otras mediocres. Pero también los dos han tenido acceso a la máquina del tiempo.

Cuando aparece una obra adelantada a su tiempo hay que aplaudir hasta que se te caigan las manos. Vértigo lo fue en su momento y Spielberg lo rozó en Inteligencia Artificial. Un año después vuelve a dar en el clavo. Spielberg está aquí en su mejor estado de gracia y no es casualidad que haya perdido taquilla por el camino. En un alarde de cinefilia Minority Report es como ver a Hitchcock dirigiendo una adaptación (libre) de Blade Runner dentro de 20 años. Es inútil perder el tiempo discutiendo si Spielberg merece el rango de maestro. Es un debate estúpido. El mérito está en haber capturado la textura del cine del futuro.

El arranque agitado y vertiginoso del film abre paso a un desarrollo de ritmo irregular, pero siempre entretenidísimo (el sello del Rey Midas). El final es un giro brillante al cine negro que sabrá a gloria a los amantes del género clásico. Tom Cruise está correcto y eso es lo máximo que podemos exigirle.

El sistema Pre-crimen es desde ya una nueva forma de cine. El cine como reflejo del futuro, un futuro que asumimos con certeza pero que no podemos obviar que está ahí para ser evitado. ¿Hablamos de destino? De ese modo, Minority Report apunta hacia sus espectadores no por lo que son, sino por lo que potencialmente llegarán a ser. Suena peligroso pero al éxito cinematográfico se llega a través del riesgo.

Lo mejor: la excelente textura no sólo de cine de ambientación futurista, sino también de cine diseñado en el futuro. Lo peor: Los bajones de ritmo y los baches que atraviesa su narración (aunque menos escandalosos que los de A.I.). Se podría haber recortado algo de metraje reduciendo su duración.

Por lo tanto Minority Report es un complemento imprescindible para esa película tan llena de genio que es A.I., compartiendo sus virtudes y limando sus puntos débiles. Visión de conjunto: como la imagen de John Anderton intentando abrazar a un espectro, el de su mujer en forma de holograma, Spielberg ha firmado un nuevo hito del género de ciencia ficción. Un género fascinante que nos invita a pensar que nada es imposible porque todo está por ocurrir.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...