jueves, 18 de diciembre de 2008

Crepúsculo (2008)

Vampiros descafeinados


Lo primero es dejar las cosas claras: ni soy un experto en cine de terror (ni en ningún otro), ni consumo historias de vampiros. No hace falta decir que ni he leído las novelas de Stephenie Meyer, ni tengo pensado leerlas. Todo esto lo digo porque mi intención está lejos de ofender a la legión de seguidores que se han acoplado al carro del éxito de Crepúsculo, un fenómeno literario juvenil que arrasa por donde pasa y pisa, de esos que de cuando en cuando se levantan como tormentas torrenciales.

La historia (originalísima) cuenta cómo una joven mortal llamada Bella (monísima Kristen Stewart) se enamora ¡en clase de biología! de un joven vampiro de nombre Edward (monísimo Robert Pattinson) que no puede estar junto a ella porque siente una extraña atracción por ¡zampársela! Para ser una película de vampiros le falta ese color tan maravilloso que es el rojo, rojo morbo, rojo pasión, rojo sangre.

Crepúsculo se deja ver los 122 minutos que dura, pero también se deja olvidar con facilidad al poner un pie en la calle. Cualquier lucecita de navidad te hará olvidar una película que con cada frase pretende regocijarse en la cursilería. Aunque no todo está perdido en Crepúsculo, me sorprende lo bien que aguanta la protagonista femenina el peso de la película (no es mucho, pero bueno...) y el acertado tratamiento de su personaje. Ella es triste y acepta las cosas que suceden con escepticismo.

Pero lo cierto es que hay que reconocer que para ser un producto de encargo, Crepúsculo tiene un tratamiento de la fotografía muy cuidado y una puesta en escena limpia y en ocasiones hasta elegante. Pero eso mismo se convierte también en problema. Es demasiado higiénica, como de una limpieza esterilizada. Echo de menos un ambiente mucho más turbio.

Qué bien le habría sentado a Crepúsculo que su directora Catherine Hardwicke le hubiese dado a la película el tono de terror de los años setenta que tan de moda está, resucitado por Planet Terror de Robert Rodríguez o True Blood de Alan Ball. Pero no fue así y Hardwicke casi se recochinea de nosotros vendiendonos la película como espéctaculo de consumo familiar. Cine pre-pubescente tan autocomplaciente que sirve para que los más jóvenes y rebeldes de la casa se vean reflejados, se miren el ombligo y asientan con la cabeza.




martes, 16 de diciembre de 2008

Quantum of Solace (2008)

Un petardo curioso


Ya sé que Casino Royale prometía una secuela a su medida, y ya sé que es mucho pedir, pero si cumplen dos claras premisas podrán disfrutar del nuevo Bond. No esperen en Quantum of Solace un guión cuidadísimo, no lo tiene. Tampoco esperen entender la trama a la perfección tal y como fue concebida, pues es casi imposible, se han pasado de listos. A pesar de los numerosos fallos, perceptibles sin esfuerzo, la película de Marc Foster no llega a disgustar, y tiene momentos casi vibrantes. Porque Quantum of Solace no es tan mala como nos quieren hacer creer, tan sólo es ligera y un pelín (bastante) descuidada. Tiene dos historias de amor, y no se esfuerza en prestar detalle a ninguna de ellas (la sombra de la irresistible Eva Green es alargada).



Comete un error considerable al convertir a James Bond en un héroe de acción veraniego, aunque Daniel Craig se confirma como el mejor Bond imaginable. No es que sea un actor formidable, pero Craig tiene lo que hay que tener para vestirse de Bond y llevarse todos los elogios. Dijo una vez Tarantino que una buena película de acción es aquella en la que después de verla el espectador deseara vestir como los protagonistas. Visto así no me sonrojo al decir que si bien su predecesora Casino Royale era excelente, Quantum of Solace al menos no es cine de mala calidad.

lunes, 8 de diciembre de 2008

The Village (2004)

Ensayo sobre la inocencia


Quien se encargó de traducir The Village al español por El bosque tiene poco futuro en su trabajo. Cualquiera con un diccionario a mano entiende por village pueblo o aldea. Pero claro, los responsables aludirán una estrategia de marketing vendiendo su "bosque" como un tenebroso y escalofriante film de terror paranormal en la línea del exitoso El Sexto Sentido. Error grueso en la elección del género que no beneficia en nada la reputación del director Night Shyamalan como director de culto, una campaña de publicidad que además intenta encasillar en el género de terror a uno de los cineastas con más recursos y proyección del cine norteamericano. Sirve así estupendamente la dilogía formada por The Village (la película concebida por el autor en su versión original) y El bosque (la película manipulada que llega a nuestros cines, ensuciada), para representar los dos tipos de reacciones que provoca.

Hay quienes aún se esfuerzan en decir que es una película de terror. Pues es el terror más hermoso y cautivador que he podido ver en la oscuridad de la sala de cine. Muchos hablan de decepción. No me extraña, ya que la engañosa publicidad y un pésimo doblaje impiden disfrutar enteramente de una rara pieza de artesanía, deleitarse con su sonido ambiente, con su bella y enigmática banda sonora, con las voces originales de todos sus excelsos intérpretes (se nota que la mayoría proceden del teatro), cómo ríen, cómo lloran, cómo suspiran. El trío actoral protagonista está insuperable: gracias a la eficacia de Joaquin Phoenix, el rigor interpretativo de Adrien Brody y la portentosa irrupción de Bryce Dallas Horward (es como para contener la respiración).

A nivel visual el prodigio estético es tan notable que la fotografía del señor Roger Deakins enamora desde el primer minuto. Sin embargo, y a pesar de todas las virtudes ya citadas, en The Village lo que lleva al delirio es su maravilloso guión y un conmovedor romanticismo. Vamos ya por tanto a desgranar las claves de ese guión que intentaré no profanar.


Indaga Shyamalan en la naturaleza de dos cosas tan manidas, tan vapuleadas como el miedo y la violencia. Los habitantes de esta manada recurren al miedo para preservar la inocencia de sus crías, inspirar en ellas la bondad y la compasión como pauta de comportamiento, y erradicar el mal y la violencia. Pero el cineasta de origen hindú, que no es tonto, sabe que el mal es inherente al hombre e indisoluble del bien. Es curioso que la película con el lenguaje más educado, puritano, con menos referencias sexuales o agresivas estrenada este año sea, a su vez, la que ofrezca una visión más oscura del hombre.

Shyamalan lo disfraza de locura, pero es el amor lo que lleva a uno de los habitantes de su aldea a cometer un atroz crimen (tres planos para la puñalada mejor filmada) que rompe la calma y desestabiliza los cimientos que tenían esos señores para instalarse en ese pueblo rodeados por un bosque cuyas criaturas no son más peligrosas que ellos mismos. La mentira que cuentan los mayores de la aldea acerca del bosque no es muy distinta de la que nos contaron los padres, o aquellos cuentos (que creíamos infantiles) de los hermanos Grimm o de Hans Christensen Anderson, o incluso las películas de Disney. Historias todas en las que el miedo era el motor del morbo y que nos enseñaban que hay lugares en los que mejor no estar, personas a las que es preferible no conocer, y cosas que no hace falta probar.


La interpretación de una obra saca a relucir el intelectual que todos llevamos dentro (algunos mal alimentado) pero cuando una película adquiere diferentes lecturas con cada visionado, hace sonrojar hasta al más lúcido de los espectadores para dibujarle esa estúpida sonrisa de presenciar algo único, algo vivo. Hasta ahora las películas del señor Shyamalan presumían de una calidad excelente, pero su The Village está tan viva como nosotros, y por eso mismo, porque acaba de nacer, despierta tanta polémica como admiración, que es encanto en definitiva. Y a medida que crezca como obra, a medida que pase el tiempo sobre ella será reconocida como lo que es. Una indiscutible, aunque extraña, absoluta obra maestra.


martes, 25 de noviembre de 2008

My Blueberry Nights (2007)

El nuevo (y elegante) punto de partida de Wong Kar-Wai


Gracias a madre-internet (bendita) y sus famosas descargas ilegales podemos disfrutar de la última película de Wong Kar-Wai, porque un error mayúsculo de distribución o de programación o de quien sea, nos ha privado de ver un film con un reparto muy atractivo y dirigido por un señor que ya se ha convertido en piedra de culto del cine oriental. Pero ahí no acaba la cosa, My Blueberry Nights aún no tiene fecha determinada de estreno, lo que significa que -suponiendo que pase por cartelera- llegará a las salas españolas dos años después de su estreno en EEUU, como si se tratase de un país tercermundista. Pero por supuesto el coste de la entrada se mantendrá inamovible. Una vergüenza.

Pues la última película de Wong Kar-Wai, nostálgica y melancólica, es también su primera incursión en el cine americano. El director chino es un referente por su estilo visual marca de la casa con techo en la espléndida dilogía -no sé si se dice así- formada por In the mood for love y 2046. Aunque My Blueberry Nights queda lejos de la maestría de las ya citadas, es ésta una incursión elegante, como no podía ser de otro modo en el cine de Kar-Wai, en un nuevo abanico de posibilidades, el panorama de Hollywood acoge con los brazos abiertos las cadencias exóticas, los ritmos melódicos con los que lleva deleitándonos más de una década.

Aquí el director de Happy Together utiliza un particular póker de actores, cuatro caras reconocibles, y pone a debutar a una sorprendente Norah Jones sólo superada por dos de esos rostros que no se olvidan fácilmente: Rachel Weisz y Natalie Portman. La primera (futura chica Amenábar) es cuestión de gustos, aunque su duelo de miradas y su historia de des-amor con David Strathairn sea lo mejor de la película. La segunda (confirmada su presencia en la próxima de Jim Sheridan) es inapelable, indiscutible. Portman es toda una diva generacional.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Gomorra (2008)

La ley del más débil


Dicen los entendidos (yo ni lo soy, ni me gustaría serlo) en este mundillo de la corrupción y de las mafias que no hay en ellas ni rastro del glamour y la elegancia que nos mostraban las magistrales películas de Coppola y Scorsese, y sí mucha de la sucia y maleante realidad-estercolero que ofrece Roberto Saviano en su novela Gomorra, aquí adaptada al cine. No es un film espéctaculo, en Gomorra hay que entrar con paciencia, con la predisposición de dejarse acongojar por las imágenes cercanas al neorrealismo italiano de Rossellini o Luchino Visconti.

Los tres estamentos de la mafia: sangre, dinero y poder, quedan emparentados en los relatos que se cruzan (no de manera forzada), hacen que sea inútil intentar condensarlos en una sinopsis. No hay historia en Gomorra, todo lo que tenemos son las devastadoras imágenes de la cruel ley callejera, lejos de los despachos. Con el estilo inconfundible del cine de Meirelles a medio camino entre Ciudad de Dios y El jardinero fiel, más cercano al didactismo del documental que al entretenimiento del thriller, con una impactante ejecución de escenas, pero sin embargo nunca cine hipnótico en el que poder sumergirse.

Puede que todo lo que nos narra el director Matteo Garrone sea cierto, puede que nos muestre un fiel reflejo de aquello que ocurre en el "sistema" de la Camorra, pero uno sale del cine con una pregunta que deja un sabor bastante agrio: ¿realmente me interesa lo que me están contando? Pues entonces poco importa la verdad. Aunque sea así de triste.


lunes, 10 de noviembre de 2008

Caperucito Obama

Caperucito Obama, la loba Palin, la abuelita y el cazador McCain


A pocos días de presenciar un acontecimiento de relevancia histórica, el alzamiento de Barack Obama como presidente de los EEUU, o lo que es lo mismo, un hombre negro al frente de la mayor potencia mundial, quedará en el tiempo del mismo modo que el último de los evangelistas, el primero de los faraones, el marinero que no creyó que la Tierra fuera plana, o el hombre que puso un pie en la Luna.

América, que en los últimos años no ha hecho sino reforzar la imagen que tiene de sí misma como la tierra de las oportunidades –ya lo decía Rocky– no ha dudado en ofrecer a una mujer, Hillary Clinton, la posibilidad de ser la candidata demócrata para las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos del 2008. De hecho, la esposa del ex-presidente Clinton era favorita hasta la caída en tromba de B. Obama, que dividió al partido demócrata, y aquello se transformó en una carrera de fondo entre una mujer blanca y un hombre negro por convertirse en el ¿hombre? más poderoso del mundo y mudarse a La Casa ¿Blanca?(hay veces que el lenguaje nos juega una mala pasada). Todo suena paradójico... y cruel. El caso es que en esa carrera a fondo, Obama acabó sacándole dos cuerpos de ventaja a Hillary y el resto es historia.


¿Los motivos? No cuestiono la capacidad de Obama como buen político y orador, pero es indudable que los motivos de su repentino éxito se deben a algo más que a lo estrictamente ideológico. Es su frescura, es su imagen –en parte también idealizada–, la imagen del cambio, the change que él mismo pronuncia y que se ha convertido en uno de sus lemas de campaña. O ese otro Yes, We Can que nos recuerda que Obama tiene mucho de predicador cristiano y tiene un éxito enorme en su parroquia. Porque Obama se confiesa creyente en Dios. No creo que los estadounidenses tengan problema alguno en optar por un presidente negro para su país, Morgan Freeman (y Denzel Washington, y Sydney Poitier..., y demás precedentes cinematográficos) tiene mucho que decir al respecto.

Y si esta historia ya tenía tintes de película de Hollywood, y de cuento de hadas con Obama disfrazado de Caperucita con la cesta bien cargada de una participación que podría ser histórica y que jamás llegará a manos de su abuela fallecida una semana antes; llega Sarah Palin como el aguerrido lobo que sopla para defender la casita de McCain. Para colmo alguien dice aquello de que hace unos cuantos años, cuando Barack Obama todavía era un niño que iba a la escuela primaria, le preguntaron qué le gustaría ser de mayor. Presidente de los Estados Unidos contestó el pequeño Barack. El resto es Historia. Así, en mayúsculas.

lunes, 20 de octubre de 2008

True Blood, Piloto

Se puede decir que True Blood es transgresora...


...pero no del modo en que me gustaría que lo fuera.

domingo, 19 de octubre de 2008

Dos decepciones y dos títulos horrendos

Ya ni de los grandes te puedes fiar. Después de un añito bastante triste de cine, solo se salva de la quema el extraordinario El Caballero Oscuro y la sorprendente Escondidos en Brujas, llega otoño y a estas alturas ya suelen pasearse por la cartelera películas brillantes para hacer más llevadero el frío y tener un lugar donde resguardecernos de la lluvia. Pero en vista de que los nuevos talentos se hacen esperar, pues cogemos con más ganas si cabe los estrenos de los grandes, esos cineastas que no saben lo que es fallar, que nunca decepcionan. Estoy hablando de gente como Woody Allen o los hermanos Coen. Pues resulta que ya ni en los clásicos puede confiar uno.



Vicky Cristina Barcelona -¿pero qué clase de título es este?-


Me apunto en tareas pendientes hacer una entrada con los peores títulos de películas de la historia del celuloide (lista encabezada por el indiscutible El inglés que subió una colina pero bajó una montaña) y la cinta ésta, o postal, o lo que sea que ha hecho Woody Allen en su Vicky Cristina Barcelona tiene por méritos propios que formar parte de esa entrada. Lo mejor: Penélope se merienda al resto del reparto y sus discusiones en español con Bardem son de reírse a carcajadas, pero no por el ingenio sino por la frescura. Lo peor: Es la primera película de Woody Allen desde Annie Hall que no parece de Woody, con todo lo que eso significa. Una película construida a base de tópicos y clichés.



Burn after reading -¿se puede ser tan idiota?-

Durante un par de décadas los hermanos Coen han conseguido algo realmente admirable: que me tome igual de en serio sus dramas que sus comedias. Pero se han confiado demasiado... Los ramalazos cómicos de Barton Fink, Fargo o El Gran Lebowski arrojan tal inteligencia, brillantez y sofisticación que dejan a Burn After Reading (no por traducirlo va a tener más sentido) en pañales. Hasta ahora los personajes de los Coen podían ser torpes, tercos o cabezotas, siempre tiernos, pero nunca subnormales. Hasta ahora los personajes de los Coen eran gente corriente haciendo idioteces, pero en su nuevo film los personajes son idiotas integrales haciendo idioteces -grave error-. Lo mejor: La pareja Malkovich-Tilda Swinton. Lo peor: Los sobreactuados personajes de Clooney, Brad Pitt y Frances McDormand (que suele ser estupenda).



¡Cuidado que no digo que sean malas películas! Es más si se ven con una cierta perspectiva ambas ofrecen un complejo entramado de personajes y personalidades que bien reflejan el amor y la estupidez, respectivamente. Pero digo yo que a señores como los Coen y Allen siempre hay que pedirles algo mejor. Y más cuando estamos sumidos en esta asquerosa mediocridad.

domingo, 12 de octubre de 2008

It´s DEXTER Time (IV)

"Soy uno de ellos (...) en sus sueños mas profundos"



Fíjense que a mi me gusta definir la narración cinematográfica como la suma de ritmo y tensión. Y como no soy ni un académico ni nada por el estilo tomaré prestadas las a su vez definiciones de ambas variables. El ritmo es un flujo de movimiento controlado o medido, sonoro o visual, generalmente producido por una ordenación de elementos diferentes del medio en cuestión. Y la tensión es toda demanda física o psicológica fuera de lo habitual y bajo presión que se le haga al organismo, provocándole un estado ansioso. Quizá influyan otros factores, pero si un guionista (o realizador, o montador, o como le quieran llamar) domina éstos dos su obra tendrá garantizada una cuota de éxito de forma irresistible.

Cuando me toca hablar de Dexter no puedo evitar pensar que además de una actuación -la de Michael C. Hall- de sombrerazo, para arrodillarse, besar por donde pise, y santiguarse hasta tres o cuatro veces; además de una elegante dirección -la de Michael Cuesta-; además de una brillante novela -la de Jeff Lindsay- en la que se basa; no puedo evitar pensar que además de todo eso, la primera temporada de Dexter alcanza la máxima calificación en cuanto a ritmo y tensión se refiere. ¿Las consecuencias? Tu culo en el sofá, tus uñas en la boca, tus babas en el babero, tus tripas pidiendo un respiro, y ese alivio que comienza por la cabeza y te sale por los pies convertido en gozo cada vez que una temporada echa el cierre. Éso es a lo que yo llamo una narración vertiginosa, vibrante, feroz y cruelmente entretenida. Y todo lo dicho sobre la primera temporada vale para la segunda que, sorprendentemente es tan buena o más si cabe que la primera.
La serie ha sido censurada en algunos países y directamente prohibida en otros por miedo a que su carismático personaje principal cale hondo en la mente de algún descerebrado y tienda a imitarle cometiendo sus fechorías (no olvidemos que un simpático descuartizador sigue siendo un asesino). Pero yo estoy entre los que prefieren encontrar en su poderoso mensaje una alegoría, varios siglos después, la de un ser supremo -como dios- que es capaz de dar vida y también quitarla, que puede juzgar por encima del Bien y del Mal, así en mayúsculas. Porque ante todo Dexter saca a relucir una moral sofisticada, con capacidad para (auto)cuestionarse absolutamente todo, y para evolucionar con respecto al tiempo en tres fases bien diferenciadas: infancia (se rige por un código preconcebido), adolescencia (invadido por las dudas) y madurez (aceptación de sí mismo). Me hace gracia los que llaman a psicópata a Dexter. A mí me parece el tipo más lúcido que he conocido en mucho, pero mucho, tiempo.

Altamente recomendable. Resumiendo: una sinfonía sutil y diabólica de la sangre. Siempre fresca. Siempre excitante.

lunes, 29 de septiembre de 2008

It´s DEXTER Time (III)


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"Es audaz, diferente y excitante, con un personaje central y una actuación que corta el aliento." (David Hinckley: New York Daily News)
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"Fantástica, fascinante, espeluznante, preciosa y truculenta." (Doug Elfman: Chicago Sun-Times)
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"Atrevida y original (...) y también oscura." (Tim Goodman: San Francisco Chronicle)
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"Diabólicamente excelente." (Matthew Gilbert: Boston Globe)
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"En esta provocativa serie la moral es tan intrigante como la propia trama." (James Poniewozik: Time)
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"Una (macabra) joya." (Matt Roush: TV Guide)
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"Michael C. Hall se está convirtiendo en uno de los mejores actores dramáticos de su generación. La voz, la dureza del rictus y la mirada perdida a medio camino entre la locura y la genialidad (...) es un actor enorme. (...) Un engranaje argumental perfecto, lleno de ritmo, con principio, suspense y un fantástico final cerrado que te deja la boca de una muñeca hinchable." (Hernán Casciari: Diario El País)
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domingo, 14 de septiembre de 2008

American Beauty (1999)

Asombroso cine que agoniza


En una escala de perversión de la inocencia de Frank Capra a la agresividad de Todd Solondz, American Beauty se queda a medio camino, y como muestra un botón: la negativa del personaje principal a consumar con su objeto de pasión, en la escena final, no es una negativa, ni un rechazo, no es más que una concesión al espectador a buen entendedor. Sirva este ejemplo para demostrar que el del equilibrio es el camino más sencillo para alcanzar la excelencia, que en el término medio está la virtud; pero empezar por el final no es el estilo del debutante director (forjado en el teatro) Sam Mendes.

Lester Burnham (Kevin Spacey) es el personaje principal de la función, un cuarentón en crisis que ha conseguido todo lo que reza el sueño americano: un matrimonio, una hija, un trabajo y una casa; pero se encuentra más apático que nunca ante la rutina a la que le somete su esposa Carolyn Burnham (Annette Bening) que esconde su frustración y su ira bajo la apacible apariencia de una mujer satisfecha en el amor y en el trabajo, y su hija Jane (Thora Birch) indecisa adolescente acomplejada por su amiga Angela (Mena Suvari) una lolita en toda regla. Aunque todo cambiará cuando Lester caiga en la tentación rubia -sus fantasías sexuales con los pétalos de rosa son antológicas-, lo que supone la recuperación de la ilusión y provoca su segunda juventud, que tiene como espejo a su joven vecino Ricky (Wes Bentley).

La ópera prima de Mendes contiene la frescura y la ilusión del primerizo, -que no viene lastrada por errores y éxitos del pasado-, pero también el pulso y la madurez de un maestro, algo quizá bastante significativo de que no nos encontramos ante una obra de autor, o la película de un actor destacado; ocurre a veces que todo está en el lugar y en el momento adecuado, o mejor aún, preciso. Éste es un cúmulo de aciertos orquestado no por una multimillonaria productora, ni por un director de relumbrón, sino por la literatura perfecta del señor Alan Ball (permítanme que me arrodille), demiurgo de la fascinantemente maravillosa Six Feet Under; porque me da la impresión de que todo estaba ya (d)escrito en su guión, versión operística de la gran tragedia griega, adaptada a pequeña escala de la sociedad estable americana.

"Es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a ti mismo."

Desde el principio sorprende la narración en off del protagonista recién fallecido en evocación al mejor Wilder de El Crepúsculo de los Dioses. La aceptación del trágico final por parte del protagonista contagia al espectador de una extraña seguridad, en base a la complicidad autor-receptor-obra, vía personaje o personajes principales. Ésa aceptación de la muerte es el tema elemental en la obra de Alan Ball que propone un discurso moralista, argumento de envergadura ética. Con los problemas que ello conlleva, pues es muy fácil caer en las tesis de baratillo, en los razonamientos que hacen uso de la demagogia, o en las frases con pretensiones de convertirse en lemas de adolescentes hormonados -que las tiene, y a montones-. Sin embargo el guionista logra esquivar dichos despropósitos y convierte su ambición en lirismo, que descansa bajo la superficie de una apariencia morbosa.


"Para tener éxito hay que proyectar una imagen de éxito."

Al igual que toda la película, sus personajes se esconden tras el sarcasmo para ocultar lo verdaderamente vulnerables que son. La rosa de American Beauty es una variedad de rosa cultivada artificialmente para tener una apariencia perfecta. En la película se representa la "falsa belleza" belleza que es sólo apariencia. Otro terreno por el que American Beauty se mueve con insospechada precisión es el de las apariencias. Presenta a sus personajes como prototipos (sin ser ésto siempre algo despectivo) en situaciones ciertamente tópicas, para luego romper con los lazos de hipocresía que les unen, en un acto de gran belleza liberadora final, como redención de todo lo que aparentan, de su estabilidad fingida. Cuando Angela sube al cuarto de baño a desmaquillarse, el encuentro definitivo entre Jane y Ricky, el grito desgarrador de Carolyn al ser descubierta siendo infiel a su marido con “el rey del inmueble”, el nuevo coche de Lester (“el coche que siempre he querido y ahora lo tengo... ¡soy cojonudo!”), la discusión en la cena familiar, o la revelación de la sexualidad reprimida del vecino, todas ellas escenas de ejecución perfecta y ejemplos clarividentes de la ruptura mencionada en busca de una felicidad futurible que a pesar de que no llega, sí se siente por lo menos tangible.

"¿Recuerdan esos carteles que decían «Hoy es el primer día del resto de mi vida»? Bien, eso es cierto todos los días, excepto uno, el día en que te mueres.”

La puesta en escena es inmejorable. Un enorme Kevin Spacey, en el mejor momento de su carrera, de espléndida interiorización cómica y magistral contención dramática, salpica a todos y cada uno de los secundarios, que están a la altura. Y lo mejor es que Mendes, Ball y Spacey nos venden su corrosivo y ácido film de una manera formal, corriente y cotidiana, no reinventan el cine, sino que le dan una nueva perspectiva, más fresca, libre de convencionalismos y pretenciosidad alguna. Exquisita la forma y exquisito el contenido. Y casi sin darse cuenta American Beauty se reconstruye como un monumento para posterior gloria del séptimo arte.

A medida que avanza la narración, se vuelve más atractiva, gana en intensidad, el gesto desenfadado y cómico relega a un segundo plano y la película adquiere un tono dramático que desemboca, allí donde se libera la intriga, el último día de vida de Lester Burnham -clímax de suspense incluido-, en un final colosal, adrenalítico, minimalista, conmovedor. Una película perfecta.

viernes, 12 de septiembre de 2008

It´s DEXTER Time (II)


Dicen que las comparaciones son odiosas, pero ay! cuánto nos gustan. Dexter es como si Dostoievski adaptase al cine una obra teatral de Shakespeare, y como si todo esto estuviese bajo la dirección de la desmesura y el talento de Tarantino, y el humor negro y el ritmo de los hermanos Coen. En cuanto a su protagonista, sensacional Michael C. Hall, es un cóctel con la potente y varonil voz de Daniel Day-Lewis, la locura y desenfreno de Jack Nicholson, el sarcasmo y la ambigüedad de Kevin Spacey, y la juventud y la frescura de James Dean. Brando, ya puedes cruzar los dedos.

It´s DEXTER Time (I)


En un mundo en el que todos dicen tratarse como iguales, rebajándose, igualándose así a la pestilente basura, en un mundo sin valores, sin sanas pautas de conducta, con una evidente falta de respeto hacia todo aquel que más lo merece, Dexter se erige como líder de su generación, Dexter saca a debate la moral como quien baja a pasear al perro, es un revolucionario de su tiempo, va un paso por delante, no porque haya empezado antes a caminar, sino porque da pasos enormes, Dexter da pasos de gigante, y lo hace con tanto estilo que ni siquiera lo aparenta. Dexter va camino de ganar una carrera que muchos ni siquiera saben que ha comenzado.

martes, 26 de agosto de 2008

The Dark Knight (2008)

Amanece en la ciudad de las sombras

Quien todavía a estas alturas piense que el protagonista de El caballero oscuro es Batman o su (alter)ego Bruce Wayne es que o no ha visto la película, o le ha prestado poquita atención. El verdadero protagonista del quinto largometraje de Christopher Nolan es -sin ninguna duda - el caos. Un caos anárquico, incontrolable y en última instancia primitivo, encarnado en la figura del Joker (extraordinario, por terrorífico Heath Ledger).

Entre los numerosos logros (luego repasados uno a uno) es admirable como director y guionista, Nolan y su hermano Jonathan, mano a mano consiguen que ese caos no se traspase a la narración. De ese modo, cualquier intento de resumir el argumento o configurar una sinopsis se convierte en inútil porque cada uno de los 150 minutos que calza el filme se antoja imprescindible en el entramado, a excepción de una ligera sobrecarga de tecnología puntera en las dos escenas protagonizadas por el sónar de los móviles, que no alcanza para ser un inconveniente.

Hablando de escenas, la primera es toda una declaración de intenciones. La película comienza con el asalto a una entidad financiera, una escena de ejecución perfecta, en la que el Joker desvela una de sus mejores cartas con una frase que resume todo en lo que cree el terrorista: "lo que no te mata, simplemente te hace más... extraño".

La gran novedad del film es que se construye en torno al antagonista relegando al héroe y sus aliados a un segundo plano del que se puede llamar reparto coral. La siguiente afirmación puede tener diferentes lectura, pero al menos una es obvia. Resulta que la mejor adaptación al cine del hombre murciélago es aquella en la que Batman pierde el protagonismo y el guión le convierte en una simple pieza (clave) de la narración. Y cuando la película parece tocar techo, Nolan devuelve a la figura de Batman todo el protagonismo en un brillante final, tan enérgico y ambiguo que bien podría ser punto seguido de camino a la trilogía, o un estupendo cierre para bajar el telón.

El caballero oscuro es además de una de las mejores películas de thriller (de ésas en las que sales sudando), también intriga, suspense y el drama de unos personajes asfixiados. Su referente mas cercano es Heat de Michael Mann, pero si uno mira más atrás, y considerándola como una secuela, El caballero oscuro es a Batman Begins tan entretenida y oscura como El Imperio contraataca lo fue a Star Wars; y tan política y reflexiva como El Padrino II lo fue a The Godfather. Si en el año 2005 Nolan resucitó a Batman en la génesis Batman Begins, en esta segunda entrega lo eleva a categoría de mito.

Christian Bale es el Bruce Wayne más convincente, Michael Caine parece haber nacido para interpretar al entrañable mayordomo Alfred, y sorprende el Harvey Dent de Aaron Eckhart. Gary Oldman está mejor que en la primera. Hasta ahí lo comprensible. Pero qué se puede decir de Heath Ledger con su monstruosa creación del Joker, tan realista que el mismo acabó creyéndola, por todos conocido su trágico final.

En su último trabajo en el cine Ledger convierte una buenísima película en excelente e insuperable. A ello también contribuye la banda sonora de dos maestros James Newton Howard y Hans Zimmer, evocadora y obsesiva, que llena cada rinconcito del film de una negrura sustancial.

No es la mejor película de la historia, tal y como algunos se aventuran a presagiar, pero sí es una obra referencial en su subgénero, el thriller de superhéroes. En definitiva una película que no te debes perder, para ver en pantalla gigante, cuánto más grande mejor. Éxtasis narrativo, un clímax de dos horas y media que tan pronto sobrecoge como excita, que tensa la cuerda de los blockbusters del cine de palomitas, del cine comercial de Hollywood hacia el estilo que marca Christopher Nolan. Un estilo que bien se asemeja al grado máximo de eficacia.


jueves, 7 de agosto de 2008

WALL•E (2008)

La fascinación o nada


Yo soy de los que creen que a día de hoy Pixar es de las pocas cosas seguras que podemos ver en una sala de cine. La seguridad de que acompañar a los mas pequeños al cine se convertirá en todo un placer. Pero entonces es extraño que después de ver una película tan buena como WALL•E invada en el espectador un sentimiento de pesadumbre y una decepción gratuita.

WALL•E vuelve a tener un diseño técnicamente perfecto -ya no es sorpresa-, pero viene inflada por los intelectuales que la elevan a obra mejor que maestra, a obra generacional, que sienta las bases de la animación futura desde el cine mudo de Buster Keaton o el mismo Kubrick (ambos citados por el propio equipo de Disney Pixar) porque esto en manos de un inocente deseoso de cine innovador es una mala arma. Además porque Andrew Stanton (también director de Buscando a Nemo) falla donde no suele fallar Pixar, en el guión.

Uno espera una aventura irresistible y uno encuentra dos encantadores y tiernos robots -sin ninguna duda lo mejor de la película, WALL•E es el personaje más entrañable de la década- que sin mediar palabra llegan a transmitir mejor que cualquier actor de carne, palabra y hueso. Eso es la primera mitad del film, buenísima e innovadora, y fascinante. Pero llegan los gordinflones humanos en la segunda mitad para hacer de WALL•E una cinta floja, repetitiva, impropia de alguien que una década atrás se encargó de Toy Story.

Y según pasan los días crece en la memoria la intensidad del recuerdo de el clásico que Pixar regaló el año pasado, Ratatouille, que basa su encanto en rechazar la innovación a través del nacimiento de un nuevo cine que WALL•E ofrece. Ratatouille nace del gozo del cine bien entendido, del vanguardismo a partir del retorno al clasicismo de Disney de los años 40 y 50.

Para el recuerdo quedan algunas escenas mas devastadoras acerca del futuro próximo del hombre de lo que puedan ser muchas películas adultas, como por ejemplo la hazaña del comandante que da sus primeros pasos; o la primera y definitiva imagen de una ciudad que presume de unos rascacielos que no son mas que enormes montones de basura.


domingo, 3 de agosto de 2008

El Perfume (2006)

El fulgor, la sangre y el Perfume



Adaptación del famoso best-seller de Patrick Süskind, que relata la historia de un joven del siglo XVIII con un extraordinario sentido del olfato, una persona obsesionada y dominada por los olores y la sensación que éstos le producen... Jean Baptiste Grenouille nació en mitad del hedor de los restos de pescado de un mercado, y fue abandonado por su madre en la basura. La autoridad se hizo cargo del bebé, que fue de hospicio en hospicio y sentenció a su madre a la horca. El chico creció en un ambiente hostil; nadie le quería, e incluso sus compañeros intentaron asesinarle, y todo porque había algo que lo hacía diferente: no tenía olor. A cambio, Jean Baptiste poseía un olfato excepcional. A los 20 años, después de trabajar en una curtiduría, consigue trabajar para el perfumero Bandini, que le enseña a destilar esencias. Pero él quería atrapar otros olores: el olor del cristal, del cobre... y, sobre todo, el olor de ciertas mujeres.

Ya la novela desprendía una cierta dosis de sugestividad, que bien se traspasa del papel a la pantalla y es por eso que no se puede considerar fallida El perfume, de Tom Tykwer. Sin entrar en comparaciones con la novela, la película indaga en un campo -el de los olores- que no es común al cine, por lo que no tarda en intrigar al espectador al mismo tiempo que lo atrae con un esencial trabajo de ambientación. La magia dura la primera hora, con una narración, si bien no original (porque ya la hemos visto anteriormente en el cine francés), por lo menos admirable. Como todos sus actores, en especial Ben Whishaw, que debuta con un papel protagonista apoyado en Dustin Hoffman durante esa primera hora.

Pasado el ecuador del film, el misterio se desvanece, lo que era un extraño esperimento de artesanía, gustoso en fotografía y para nada convencional deviene en una película que mantiene un interés desigual y se entrega a las reglas del género. Y llega el final, y cuando esperas la tortura del protagonista, la tortura cambia de manos y cambia de ojos. El espectador es torturado y ve como la que iba a ser una referencia del cine europeo postmoderno se convierte en un juguete inacabado, y lo que es peor, un hermoso juguete maltratado. Un final que aquellos a los que no convence el argumento utilizarán como propósito sobre el que escusarse. Un final que para quien disfrutase la historia es un acto de fe y amor ciego.



lunes, 28 de julio de 2008

Estrenos fresquitos

Como cada año con el calor del verano llegan a los cines las películas más comerciales para disfrute de la familia entera. He aquí algunas recomendaciones para no malgastar el dinero -que seguro no sobra-. Son películas que a pesar de ser estrenadas en una fecha no muy oportuna han llamado la atención de la crítica.


WALL•E - 6 agosto 2008


"Encantadora y visualmente asombrosa historia de animación por ordenador. (...) ingeniosa, conmovedora y divertida (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Claudia Puig: USA Today)
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"Una joya de película en su concepción, ejecución y mensaje." (John Anderson: Washington Post)

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"Los aproximadamente primeros 40 minutos de Wall-E (en los que apenas hay diálogos, y casi no aparecen humanos) es un poema cinematográfico de tanto ingenio y belleza que sus oscuras implicaciones puede que tarden en conseguir penetrar." (A.O. Scott: The New York Times)

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"Es al mismo tiempo una apasionante película de animación, una maravilla visual y una decente historia de ciencia-ficción. (...) El que funcione tan bien sin diálogos hablados es todavía más asombroso (...) Puntuación: ***1/2 (sobre 4)." (Roger Ebert: Chicago Sun-Times)

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"Obra Maestra. Eso es todo, en una sola palabra. Wall·e es una obra maestra. Narra su historia con la economía, con poco diálogo, pero no hay duda de lo que está sucediendo. Es como si fuera un film mudo de Buster Keaton mezclado con la maravilla 'Star Wars' y la moral de las mejores fábulas, excepto esta moral que es un imperativa, y uno a los que debemos prestar atención. Es emocional, pero no excesivamente." (Nordling)

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"Esta película es fantástica. Ver las escenas en el trailer no es lo mismo que experimentarlo lo bello que es, en el cine. He llegado a llorar hasta tres veces durante la película. Dos veces se debe a la historia, pero la tercera fue sólo por darme cuenta lo increíblemente hermosa que es la película, sorprendente." (The Abstruse One)

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"Lo que tenemos en Wall-E son 45 minutos de una obra maestra y 50 minutos de titubeo (...) En su momento es intermitentemente trascendente, conmovedora y preciosa... y repetitiva y aburrida. Pero en la memoria las partes flojas se olvidan, y los momentos de pura brillantez, que son únicos, ganan importancia." (Mick LaSalle: San Francisco Chronicle)

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"Sales de WALL-E con una sensación de lo más inusual: la de que acabas de disfrutar de un encuentro con un clásico imperecedero. (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Peter Travers: Rolling Stone)

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"Gracias Pixar, no tengo palabras sin límite hipérbole en relación con su nueva película, la animación de ciencia ficción, cuento de aventura de amor titulado Wall·e. La mejor película que Pixar haya hecho nunca." (John Gholson)

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The Dark Knight - 13 agosto 2008



"Batman ya no es simplemente un cómic. 'The Dark Knight', de Christopher Nolan, es una inquietante película que trasciende sus orígenes, convirtiéndose en una absorbente tragedia. (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Roger Ebert: Chicago Sun-Times)

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"En la línea divisoria entre arte e industria, poesía y entretenimiento, 'The Dark Knight' llega más oscuro y más profundo que cualquier otra película de Hollywood sobre adaptaciones de cómic." (Manohla Dargis: The New York Times)

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"Cautivadora segunda entrega de esta atrevida (...) reinvención de la mítica franquicia. Un ambicioso e intenso film épico que satisface ampliamente, y de gran complejidad moral; este es un entretenimiento seriamente profundo" (Justin Chang: Variety)

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"Más allá de la oscuridad. Es tan negra -y tan profusa y tóxica- como la mente de Joker. 'Batman Begins', la película de Nolan del 2005, era un mero juego de manos. Esta es un sinfonía completa." (Richard Corliss: Time)

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"La interpretación de Ledger es monumental, pero 'The Dark Knight' está a su altura. Nolan cimenta su posición como el gran realizador de blockbusters inteligentes... y la batmoto es guay, además. (...) Puntuación: ***** (sobre 5)." (Mark Dinning: Empire)

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"Vela en la pantalla más grande que puedas (IMAX, a poder ser), y experimenta la magia de la mejor dirección, y el placer de ver un joven actor, fallecido demasiado pronto, realizar una interpretación inolvidable." (Moira MacDonald: Seattle Times)

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"The Dark Knight es apenas rutina. (...) te devuelve a la calle con un desorden de estrés post-película. (...) La narración no está formada coherentemente para sacar contrastes hacia un clímax satisfactorio. Es un clímax constante, siempre frenética" (David Denby: The New Yorker)

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"¿Cuándo fue la última vez que viste una película de gran éxito de taquilla que estuviera impecablemente realizada, y que fuera provocadora, audaz e inquietante, al tiempo que fuera todo el rato amena y entretenida?" (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Claudia Puig: USA Today)

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"Absolutamente asombrosa (...) Simplemente maravíllate del modo en que Nolan acerca el entretenimiento pop al arte imperecedero. (...) Puntuación: ***1/2 (sobre 4)." (Peter Travers: Rolling Stone)

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"La interpretación de Heath Ledger del Joker es para guardar en los libros. Un hombre sin remordimiento ni moral que, simplemente, quiere ver cómo arde todo a su alrededor (...) Siempre he sentido que Christopher Nolan maneja el ritmo como nadie hoy en día. Llena cada plano con tanto detalle que te das cuenta cuánto está disfrutando la oportunidad de disponer de unos medios tan importantes para contar la historia." (Tim Bisley: Ain´t it cool)

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Vicky Cristina Barcelona - 19 septiembre 2008

“El tándem Javier Bárdem y Penélope Cruz se comen a bocados la pantalla (…) La primera aparición de Bardem y la propuesta que les hace a las apetitosas Vicky y Cristina es demo…(¿ledora?)… No: demo rirse de risa. Un artistazo, un pintor, eso es lo que interpreta Bardem en la película, y sus malas artes son, digamos, el motor de la trama. La relación entre su personaje con cada una de ellas tiene no sólo gracia, sino también chispa, y especialmente con la caída en tromba de Penélope Cruz, a la que aplaudió la sala en pleno en varios momentos de su interpretación, tan extrema (...) «VCB» es, desde luego, ligera, pero con esa ligereza de lo importante, que es tan difícil de conseguir.” (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)

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"Tan divertida como inteligente, tan conscientemente ligera como maliciosa, un catálogo muy sabio de las cosas que pueden ocurrir en el amor y en el deseo, en los juegos de seducción entre hombres y mujeres, en la batalla entre las apetencias y las conveniencias (…) el auténtico subidón cómico se produce cuando aparece la antigua mujer del chulazo tierno, señora racial y disparatada hasta extremos hilarantes. A partir de ese momento se te olvida lo morbosa que es Scarlett Johansson y la elegante hermosura de Rebecca Hall y sólo tienes ojos y oídos para el sabroso papel que le ha regalado Woody Allen a la aquí espléndida Penélope Cruz. Los combates dialécticos, réplicas y contrarréplicas, el volcánico ni contigo ni sin ti, tienen capacidad para hacer reír al espectador más glaciar. (…) Vicky Cristina Barcelona no es una obra maestra, pero sí una comedia tan vitalista como agradecible.”. " (Carlos Boyero: Diario El Mundo)

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"Woody Allen divierte con su ácida comedia sobre el mundo de la pareja. Inteligente y corrosiva" (Lluís Bonet Mojica: Diario La Vanguardia)

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jueves, 12 de junio de 2008

Zodiac (2007)

"Hasta las mejores pistas llevan solo a otras pistas"


Es el caso sin resolver por antonomasia. El comportamiento violento y destructivo de un loco que nunca ha sido atrapado; el escurridizo asesino de los mensajes cifrados que aterrorizó a la nación, el Jack el Destripador norteamericano. Se responsabilizó públicamente de 13 víctimas, luego de más, dos docenas más. La policía le atribuyó siete, cinco muertos. Puede que nunca se sepa el auténtico número de muertos. Una cosa es cierta: ese número incluye a los vivos.Basado en la historia real de un asesino en serie que aterrorizó al área de la Bahía de San Francisco y se burló de las autoridades en cuatro jurisdicciones con sus claves y sus cartas durante décadas. Dar caza al cazador se convertiría en una obsesión para cuatro hombres, una obsesión que los convertiría en fantasmas de lo que eran antes, sus vidas construidas y destruidas por el innumerable rastro de pistas del asesino.

Desde que en 1995 David Fincher estrenara, la que aun hoy sigue siendo su mejor aportación al cine, Se7en, no hay estreno en el que su nombre figure que no provoque expectación, como mínimo entre los los aficionados a la gran pantalla. Por eso hablar de Zodiac como una de las películas mas esperadas del año no es aparentemente exagerado. Aparentemente. Desde la óptica del crítico mas sesudo Zodiac da mucho, muchísimo juego, porque es la película menos adornada del fascinante creador, reconocido por él mismo: “Es la película menos adornada que he realizado. Es sólo gente hablando, y es duro hacer comprender a la audiencia que deben prestar atención. […]"

Se han escrito páginas y páginas de las virtudes varias del cineasta aplicadas a su último trabajo. Fincher no da lugar a la improvisación con su milimétrica planificación al detalle, tan minucioso en la exposición cronológica de los hechos y las fechas como respetuoso con el material que se trae entre manos, mérito de James Vanderbilt. Mérito porque ha adaptado un texto complicadísimo que no permite la mas mínima implicación personal en la obra, y encuentra además entre la negruzca ciudad de San Francisco de los años 70 un recoveco de humor, es minimalista pero vital y sirve para que el espectador tenga donde aferrarse y no caer en el mas absoluto desaliento.


Tras las casi tres horas que impone Zodiac (incluida la lectura blanco sobre negro final, mientras suena de fondo el Hurdy Gurdy Man de Donovan) no hay un solo momento para la conmoción, no hay momento para el aplauso. La primera impresión es decepcionante. Es un thriller, sí, pero en las antípodas de Se7en. En los 90 utilizó a dos estrellas del momento, Morgan Freeman y Brad Pitt, aquí sin embargo se ha decantado por un cuarteto de actores de segunda línea, que lejos de pasar desadvertidos forman un reparto coral de muy buen nivel, Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo, Anthony Edwards y un soberbio Downey Jr. La segunda impresión es ya de sorpresa, no se puede negar la valentía de Fincher para enfrentarse a los detractores que lo acusaban de ultramoderno y efecticista.

La mejor victoria del director no es el fiel retrato de la obsesión del protagonista, sino cómo tras un segundo visionado (imprescindible) consigue traspasar esa sensación regresiva, torturadora, obsesiva de -durante los 150 minutos largos que dura el metraje-, compartir la raíz del sufrimiento y de la pasión que ponen cada uno de los personajes que en el fondo son solo partes constituyentes en favor de un todo. El espectador.


jueves, 29 de mayo de 2008

La niebla, de Stephen King (2007)

Lo que la niebla no deja ver



En un pequeño pueblo de Maine, estalla de repente una violenta tormenta que termina tan bruscamente como comenzó. Entonces aparece una espesa niebla que va entrando y atrapando a la gente en sus hogares, supermercados... y va matando a todo aquel que se adentra en su oscuridad.


Como adaptación es mejorable, y más teniendo en cuenta que el adaptado es Stephen King y el adaptador es Frank Darabont (autor de la maravillosamente clásica Cadena Perpetua). Quien haya leído la novela de King -rey del terror- sentirá una decepción no sin justificar. Pero para un desconocedor de la obra del superventas estadounidense, La Niebla es un terror fascinante, por momentos contenido. Tan cercano al cine de serie B y aun conserva la intriga sobrenatural que imprime Night Shyamalan en cada una de sus cintas. Darabont se rodea de un reparto sin estrellas reconocibles, salvo con alguna cara conocida como la de Marcia Gay Harden. Claro que los personajes son predecibles, pero esa debía ser la intención, imitar la tipificación de los estereotipos que se ven en las ya citadas series B. También salen a la luz defectos del director, la impaciencia le impide retener el misterio, y muy pronto muestra lo que la niebla oculta. La plaga de criaturas que descienden a la gran pantalla son de lo más sonrojante.


La sorpresa es cómo una película de ciencia-ficción cercana al terror es capaz de aventurarse en terrenos tan pantanosos del calibre de la naturaleza primitiva del hombre. Y es que lo más peligroso de esa niebla no es lo que oculta sino el efecto cegador que tiene sobre los protagonistas que encerrados en un supermercado -versión actualizada del propio mito de la caverna- se preguntan como niños qué es exactamente el miedo, y qué conocen de él. El final es algo frustrante porque mezcla una sensación esperanzadora con el más caótico desaliento. Se coja por donde se coja, es La niebla un alegato contra la ciencia... y la religión.



miércoles, 14 de mayo de 2008

Antes que el diablo sepa que has muerto (2007)

Lumet y la circunstancia, la codicia rompe el saco



Resultaría sencillo citar todas aquellas películas que han influido en la estructura narrativa de la última obra de Sidney Lumet, y no me refiero a Tarantino (poco o nada tiene que ver su Reservoir Dogs con la presente, diferencias que mas tarde aclararé). Podría hablar de las múltiples virtudes de este Antes que el diablo sepa que has muerto, un elaborado ejercicio de montaje cargado de perspectivismo radical y unas potentes interpretaciones masculinas: la naturalidad innatural en Ethan Hawke, o el monstruo escénico que aguarda en Philip Seymour Hoffman... como también podría hablar de la rehabilitación de Lumet en el género. Pero prefiero obviar el regusto a obraza maestra que deja esta película y encontrar las grietas que le impiden serlo.


1.-La circunstancia no hace al hombre

En la fina línea que separa la persona del personaje, el director queda de un lado lanzando piedras al otro. La persona es la suma del personaje y su circunstancia. La circunstancia por sí sola no hace al personaje, lo determina. He aquí la diferencia con Reservoir Dogs, mientras en el film de Tarantino se utilizan los saltos temporales y la perspectiva para narrar unos hechos desconocidos, en el último trabajo del veterano director de Doce hombres sin piedad, se pretende condicionar a los personajes y justificar sus acciones.

2.-Una pieza en el puzzle

El peligro de jugar con puzzles es que se puede perder una pieza que acaba por estropear el resultado final. Cuanto mas grande sea ese puzzle mayor será el peligro, y éste es enorme. Las piezas que faltan son aquéllas referidas al personaje de Albert Finney, algo desaprovechado, y una pieza fundamental, un final acorde con el resto de la película.

3.-Detrás de las cámaras

A sus 83 años Sidney Lumet es un cineasta controvertido, que combina sus trabajos con grandes éxitos y desilusionantes batacazos, además de sumar en su persona, con su último film, un espíritu postmodernista europeo, por un lado, y por otro, el clasicismo del Hollywood dorado. Ya va siendo hora de decidirse.

Pese a todo, y pese a lo que pueda parecer, Antes que el diablo sepa que has muerto merece, y mucho, la pena -si es que se puede llamar así- de acudir ansioso al cine. Disfrútenla porque no hay nada ni remotamente mejor en cartelera.

jueves, 1 de mayo de 2008

Un año de cine

Primera edición de los premios "Pinguinos de hielo"

Tras la gala de los Oscar como sentencia definitiva de todos los premios a una temporada de cine, surge siempre el mismo debate, ¿se hizo justicia? Pero de que sirve la justicia teniendo dinero. Eso son los Oscar, la última película del año en Hollywood, y para celebrarlo como se merece cada uno viste sus mejores galas y escucha como fascinado cada una de las tonterías que se suceden en el escenario cada vez más dorado. Sorprendentemente se cumplen los pronósticos, con la pronosticada sorpresa también. Y por una noche todos son intérpretes, no importa raza, condición (si es rica mejor), ni profesión. Directores, guionistas, maquilladores, productores... y por supuesto actores, todos dan su mejor versión de puesta en escena, aplauden con desmedido entusiasmo al vejestorio (o niñato) que le roba su sueño húmedo, su ansiada estatuilla. Y en la nueva faceta redentora de estos premios (el año pasado venció el eterno aspirante Scorsese) en esta edición arrasaron los Coen, que ya lo merecían años atrás. Como para gustos están los colores, y a mí me gusta más hacer listas que a un tonto un lápiz, he aquí mi propia relación de títulos y personajes imprescindibles de este año que se acaba, grande 2007. (Lo que no saben los premiados es que sus pingüinos de hielo tardan en derretirse lo mismo que duran sus películas en la memoria.)


Mejor película
Sweeney Todd
THERE WILL BE BLOOD
Expiación
No country for old men
Ratatouille


Mejor director
Joe Wright (Expiación)
David Fincher (Zodiac)
PAUL THOMAS ANDERSON (There will be blood)
David Cronenberg (Promesas del Este)
Wes Anderson (Viaje a Darjeeling)


Mejor actor protagonista
Denzel Washington (American Gangster)
DANIEL DAY-LEWIS (There will be blood)
James McAvoy (Expiación)
Viggo Mortensen (Promesas del Este)
Philip Seymour Hoffman (Before the Devil knows you are dead)


Mejor actriz
Keira Knightley (Expiación)
Belén Rueda (El Orfanato)
ELLEN PAGE(Juno)
Julie Christie (Lejos de ella)
Laura Linney (La familia Savages)


Mejor actor secundario
Paul Dano (There will be blood)
ROBERT DOWNEY Jr. (Zodiac)
Javier Bardem (No country for old men)
Josh Brolin (No country for old men)
Tom Wilkinson (Michael Clayton)


Mejor actriz secundaria
Saoirse Ronan (Expiación)
Natalie Portman (My Blueberry Nights)
Tilda Swinton (Michael Clayton)
HELENA BONHAM CARTER (Sweeney Todd)
Kelly Macdonald (No country for old men)


Mejor guión original
Jaume Balagueró, Paco Plaza, Luiso Berdejo ([REC])
BRAD BIRD (Ratatouille)
Wes Anderson, Roman Coppola, Jason Schwartzman (Viaje a Darjeeling)
Tony Gilroy (Michael Clayton)
Steven Knight (Promesas del Este)


Mejor guión adaptado
Paul Thomas Anderson (There will be blood)
Christopher Hampton (Expiación)
John Logan (Sweeney Todd)
ETHAN COEN, JOEL COEN (No country for old men)
James Vanderbilt (Zodiac)

martes, 11 de marzo de 2008

Promesas del Este (2007)

Una oscura historia de semi-violencia



El misterioso y carismático Nikolai, nacido en Rusia, es el chófer de una de las familias más importantes del crimen organizado de Europa Oriental. Encabezada por Semyon, el encantador dueño de un caro restaurante ruso que esconde una naturaleza brutal y fría detrás de su sonrisa, la suerte de la familia se tambalea por culpa de Kirill, su alocado hijo, que hace más caso a Nikolai que a su propio padre. Pero la cautelosa vida de Nikolai cambia de golpe cuando conoce a Anna, una comadrona que trabaja en un hospital de Londres. Anna está muy afectada por la situación en la que se encontraba una adolescente que muere dando a luz, y decide buscar a la familia de la chica basándose en el diario que dejó escrito en ruso. Al escarbar en el diario, Anna desencadena involuntariamente la ira de los mafiosos...


Una pregunta está en el aire, casi una afirmación. ¿La violencia engendra violencia? Y Cronenberg responde con más violencia. El director canadiense David Cronenberg es uno de los principales originarios del denominado horror corporal que explora los miedos humanos ante la transformación corporal y la infección. Pero lejos de esa transformación física Cronenberg y Mortensen mano a mano se han propuesto reinventar el thriller moderno, en 2005 con Una Historia de Violencia y dos años más tarde con Promesas del Este. Durante tres décadas cada cita con el autor de Inseparables, Crash, eXistenZ, o el remake de La Mosca, era una experiencia metacorporal, sin embargo ahora se ha modelizado, pero éso no quiere decir que haya empeorado. Todo lo contrario. A sus 64 años Cronenberg va a más. Y para muestra un botón. La escena en los baños termales es la más extrema batalla cuerpo a cuerpo que recuerdo en la gran pantalla.





Y hay un actor al que le sienta muy bien el traje, y que por fin deja atrás al héroe de El Señor de los Anillos, yo quiero tener sus gafas, quiero tener sus músculos, quiero tener sus tatuajes, quiero moverme como él, mascar como él, quiero ser Viggo Mortensen en Promesas del Este.Y un adverbio que nunca fue mejor utilizado, "enough". ¿Suficiente?


Lo mejor: Viggo Mortensen, y la secuencia de los baños termales. O las dos cosas juntas. Y lo peor: el pseudo-ruso, y la impresión de que con algo más de metraje se podría conseguir una obra mayor.



domingo, 9 de marzo de 2008

No Country for Old Men (2007)

Ética del Western


Lo bueno de estrenarse en este mundillo del cine con una obra casi maestra, magnética, y un marcado ejercicio de estilo, como en su día fue Blood Simple, ópera prima de los Coen (esos hermanos que se mimetizan en las áridas tierras de la América profunda), es que en posteriores entregas de su filmografía basta con adaptarse a las reglas que se marcaron a mediados de los 80.

A saber:

1) Sus historias arrancan con un planteamiento original y sencillo, pero devienen en situaciones impredecibles. La mezcla del thriller con el western, de la banda sonora repleta de temas de música country, con paisajes fronterizos, sudores fríos en cuartos de baño cálidos, y sobre todo sangre, mucha sangre.

2)También impredecibles son sus personajes, cínicos, con el humor teñido de negro que tanto gusta a estos cineastas; además de oscuros son pasivos, abandonados en las formas, pero valientes cuando se enfrentan a un destino que les da las espalda, y ante el que nada pueden hacer. Fuck you. Está escrito. Ellos escriben, dirigen y producen.

3)Un estilo, los cineastas de la brecha. El dedo en la llaga de los géneros clásicos americanos. La subversión más respetuosa de las tradiciones fílmicas.

Y así, con las cosas tan claras da gusto, ya pueden dedicarse a escribir sus propios guiones o adaptar una novela del sensacional Cormac McCarthy, como este No Country for Old Men, que siempre van a aplicar sus depuradas señas de identidad. No se trata de una adaptación, sino más bien es una re-escritura de la obra original y el secreto de su éxito reside en puntualizar (en lugar de subrayar) el estilo de McCarthy. Un film visceral y seco, con un trabajo perfecto por parte de todos sus apartados técnicos (sonido e imagen).


En cuanto a Bardem, impone muchísimo respeto y miedo, y está tan bien como todos sus compañeros. El quinteto actoral está de muerte, algo que no tiene mucho mérito pues bajo la dirección de los hermanos de Minnesota jamás hubo un actor mediocre. Tommy Lee Jones, Josh Brolin, Javier Bardem, Woody Harrelson, y por fin una mujer, Kelly MacDonald, a la que entregan toda la valentía y dignidad de la que carecen el resto.

Toda la película funciona como manual de ética del Western, con sus reflexiones (nunca discursivas) sobre la moralidad de los hombres buenos, ambiciosos, de los hombres cuerdos, y los hombres viejos. El problema llega a la hora de interconectar tres historias paralelas, o perpendiculares, y en su defecto es donde pierde fuerza el conjunto. Y cuando los Coen olvidan el concepto de música y nos dejan a solas con las ásperas imágenes de su último film.

Horas después de su visionado resuenan los ecos de una película perfecta, aunque No Country for Old Men no lo sea.