miércoles, 14 de mayo de 2008

Antes que el diablo sepa que has muerto (2007)

Lumet y la circunstancia, la codicia rompe el saco



Resultaría sencillo citar todas aquellas películas que han influido en la estructura narrativa de la última obra de Sidney Lumet, y no me refiero a Tarantino (poco o nada tiene que ver su Reservoir Dogs con la presente, diferencias que mas tarde aclararé). Podría hablar de las múltiples virtudes de este Antes que el diablo sepa que has muerto, un elaborado ejercicio de montaje cargado de perspectivismo radical y unas potentes interpretaciones masculinas: la naturalidad innatural en Ethan Hawke, o el monstruo escénico que aguarda en Philip Seymour Hoffman... como también podría hablar de la rehabilitación de Lumet en el género. Pero prefiero obviar el regusto a obraza maestra que deja esta película y encontrar las grietas que le impiden serlo.


1.-La circunstancia no hace al hombre

En la fina línea que separa la persona del personaje, el director queda de un lado lanzando piedras al otro. La persona es la suma del personaje y su circunstancia. La circunstancia por sí sola no hace al personaje, lo determina. He aquí la diferencia con Reservoir Dogs, mientras en el film de Tarantino se utilizan los saltos temporales y la perspectiva para narrar unos hechos desconocidos, en el último trabajo del veterano director de Doce hombres sin piedad, se pretende condicionar a los personajes y justificar sus acciones.

2.-Una pieza en el puzzle

El peligro de jugar con puzzles es que se puede perder una pieza que acaba por estropear el resultado final. Cuanto mas grande sea ese puzzle mayor será el peligro, y éste es enorme. Las piezas que faltan son aquéllas referidas al personaje de Albert Finney, algo desaprovechado, y una pieza fundamental, un final acorde con el resto de la película.

3.-Detrás de las cámaras

A sus 83 años Sidney Lumet es un cineasta controvertido, que combina sus trabajos con grandes éxitos y desilusionantes batacazos, además de sumar en su persona, con su último film, un espíritu postmodernista europeo, por un lado, y por otro, el clasicismo del Hollywood dorado. Ya va siendo hora de decidirse.

Pese a todo, y pese a lo que pueda parecer, Antes que el diablo sepa que has muerto merece, y mucho, la pena -si es que se puede llamar así- de acudir ansioso al cine. Disfrútenla porque no hay nada ni remotamente mejor en cartelera.

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