jueves, 31 de diciembre de 2009

Burn After Reading (2008)

La ecuación de tercer grado


Osborne Cox (John Malkovich) acaba de ser despedido de su trabajo en la CIA y se dispone a escribir sus memorias.  Su esposa Katie (Tilda Swinton) tiene una aventura sexual con Harry Pfarrer (George Clooney), un agente federal casado. Mientras, un disco de las memorias del analista de la CIA llega accidentalmente a manos de Linda Litzke (Frances McDormand), empleada de GimnasiosCuerposDuros, y su compañero Chad (Brad Pitt). Linda y Chad, convencidos de que se trata de información altamente confidencial, deciden montar un chantaje.

No hay una comedia de los hermanos Coen con mejor edición de imagen y sonido, mejor rodada, ni mejor interpretada que Burn After Reading. La dirección de actores es sensacional, también porque el reparto es de órdago. Clooney borda su desquiciado personaje, John Malkovich, Tilda Swinton y Richard Jenkins están excelentes (como siempre), y el trabajo de dicción y gesticulación de Brad Pitt convierte a su personaje en el panoli más entrañable de la factoría Coen. Todos. Cualquier actor con una sola frase en esta película está magnífico. Solo Frances McDormand parece estar algo sobreactuada.

Habrá quien considere este Quemar después de leer una obra menor dentro de la carrera brillante de los hermanos de Minnesota, por su tono (de un humor descaradamente descacharrante), por su corto metraje (los clásicos 90 minutos) y sobre todo por venir precedida por su trabajo más pretendidamente serio y subyugante (No Country for Old Men). Pero si pensaban que varias estatuillas de los Oscar en la vitrina iban a incomodar a los Coen se equivocaban, de lleno.

Como si las matemáticas hubiesen encontrado la ecuación de tercer grado para alcanzar la comedia perfectamente engrasada, como un póster que imita al Saul Bass de las películas de Hitchcock, Quemar después de leer funciona con la precisión de Con la muerte en los talones y lleva incorporada una bomba de relojería rítmica. Es la actualización del progreso de los hermanos Coen, un nuevo logro dentro de su evolución, es para el que esto escribe su comedia más (com)pensada, mejor que El Gran Lebowski,  y por lo tanto, lejos de lo que puedan pensar, es también una obra mayor.



lunes, 28 de diciembre de 2009

Avatar (2009)

Un edén alucinante o un panfleto hortera


Es muy complicado sacar conclusiones tempranas de una obra de la envergadura de Avatar. El tiempo que ha llevado realizarla y su extenso metraje impiden condensar su esencia en unas simples líneas. Por eso vamos simplemente a acercarnos un poco a ella.

Avatar solo es disfrutable con los ojos. No tiene corazón. Bueno, sí lo tiene. Pero es tan estúpido que ojalá no lo tuviese. Ojalá Avatar fuese exclusivamente un vehículo de transporte, un viaje para descubrir un desconocido paraíso de la técnica. El Avatar de la película es un recipiente para integrar a Sam Worthington (que encabeza un reparto de actores mediocres) en un mundo de fantasía y color, y ése es exactamente el propósito del director de Aliens en su último trabajo. Transportarnos con nuestras enormes gafotas 3D a su nuevo mundo.

Cameron es un director sobresaliente pero un guionista muy pobre. Y aquí lo demuestra. Su épica es más infantil que la de un niño de 9 años. Su romanticismo es más previsible que el de una telenovela venezolana. La historia y los personajes de esta película tienen menos dimensiones que un cartón.

Tratándose de un director sobresaliente, como es Cameron, las escenas de acción están rodadas con brío y tensión, por ejemplo una persecución extraordinariamente espectacular, que acaba en una enorme cascada. Aunque es difícil destacar solo una secuencia memorable en una película de estas dimensiones.

En el apartado técnico su acabado visual hoy en día podría considerarse perfecto. Pero esto es un logro solo a medias. Hay dos aspectos que restan mérito. Considerando que se trata del film con mayor presupuesto de la historia del cine (un siglo y pico, tampoco es tanto), estamos hablando de dinero bien invertido, no más. Y para aquellos que se excitan pensando que ésta es la revolución del cine en 3D, la primera película que presumió de este sistema se estrenó hace más de 50 años, y fue un gran fracaso. Entre tanto, ya ha habido tiempo suficiente para perfeccionar el sistema de animación digital.

Avatar funciona de maravilla en plano general -mención especial merece el recorrido final por Pandora con un travelling fascinante durante los créditos que cierran el film, mientras escuchamos la voz prodigiosa de Leona Lewis-. Sin embargo pierde encanto en los planos medios y los primeros planos. Su exuberancia plástica y sus colores fosforescentes me llevan a vaticinar –a mí, que soy un agorero- que pronto pasará de moda. El barroquismo sobrecargado del edén paradisíaco de Cameron, Pandora, es abrumador. Será un referente de la ética y la estética hortera de esta década que termina. El tiempo dirá.



sábado, 19 de diciembre de 2009

Donde viven los monstruos (2009)

Donde escriben los monstruos


El realizador de cine Spike Jonze se ha buscado un huequito dentro de la corriente alternativa del cine estadounidense. Sus dos primeras obras (Cómo ser John Malkovich y El ladrón de orquídeas) estaban construidas sobre guiones de Charlie Kaufman. Ambas eran excelentes, pero todo el mérito se lo dábamos al guionista de mayor talento e ingenio en activo. Con un par de guiones, Kaufman ya estaba en la cima. Este año 2009 ha significado un punto de ruptura entre ambos. Kaufman ha pasado a dirigir su propio guión (Synecdoche, New York) y Jonze ha pasado a escribir su propia película (Donde viven los monstruos).

Max es un niño tremendamente imaginativo, está creciendo y su mundo tal y como lo conoce está a punto de desmoronarse. Una noche Max es enviado a la cama sin cenar y crea su propio mundo: un lugar poblado por feroces criaturas que le tienen a él como líder. El crío Max Records, con solo 12 años, se destapa con una interpretación memorable y acapara el peso de la película.

Aunque se hayan basado en un cuento corto de Maurice Sendak, el trabajo de los guionistas Dave Eggers y S. Jonze es magnífico. Ha quedado un texto fantástico, una obra sobre la infancia, sobre los monstruos del armario, una obra que nos habla de nuestros niños, no de esos mocosos que nos arruinan el parquet, no de los que tenemos o vayamos a tener, sino de los que llevamos por dentro. Y nunca entra en la ñoñería, es inteligente siempre y cruel a veces.

El reparto actoral de las voces de los monstruitos es sensacional, en especial las de un par de iconos de la pequeña pantalla. James Gandolfini (The Sopranos) es Carol, incontrolable y agresivo, y Lauren Ambrose (Six Feet Under) es KW, triste y solitaria. Hasta que llega Max.


La cámara en mano está presente toda la película y sirve para formular la cinta como un juego de niños, inocentes e imaginativos, dubitativos y preguntones. El diseño de los monstruos es una gozada de la técnica, sus movimientos y sus facciones se ajustan a la perfección a la sutileza de las voces que esconden. Y la ambientación es acertadísima siendo totalmente creíble.

Es difícil entrar a valorar una película como este tercer trabajo de Spike Jonze. Está en la misma onda que el cine de Sofia Coppola o Wes Anderson. Su tamaño no se corresponde con su talento. Es una miniatura fabulosa. Una joya rara y conmovedora.


sábado, 12 de diciembre de 2009

Paranormal Activity (2009)

Terrorífico plano fijo


Una pareja sospecha que su casa está embrujada o que en ella están ocurriendo fenómenos paranormales por la noche, y deciden grabarse mientras duermen. Esas grabaciones explotan al máximo las posibilidades terroríficas de un plano fijo. Un mismo espacio (una cama de matrimonio, dos mesillas de noche, una puerta entreabierta y el fondo de un pasillo) se va volviendo más y más obsesivo.

Paranormal Activity es un cruce entre pornografía barata del suspense y escapismo hacia las formas futuras del cine (el youtubismo de turno). Apariencia descuidada en un vídeo doméstico que basa toda su efectividad en lo obviamente cercano y palpable que nos es su desarrollo. Y la pareja protagonista está muy bien escogida, ambos están naturales. Por eso es tan entretenida aun en sus momentos más tibios. Pero de cualquier modo es una estupidez y una tomadura de pelo poco estimulante, que no merece el mal trago que se sufre al soportarla.


sábado, 28 de noviembre de 2009

Luna nueva (2009)

Más crepusculitos


Pese al cambio de dirección de esta segunda parte de Crepúsculo, se mantienen intactos tono, estilo y garra. Y aun no sé si eso es una buena o mala noticia.

El tono sigue siendo vomitivo, porque estos guiones son insalvables. No se ha visto en mucho tiempo tal desprecio a la figura (magnífica) del vampiro. El vampiro es el arquetipo que mejor representa al inadaptado, al diferente. En Luna nueva los vampiros (y con ellos Robert Pattinson, el gran atractivo de este tipo de films) desaparecen del mapa. La familia de Pattinson es sustituida aquí por una manada de licántropos recién salidos del Disney de Narnia, entre los que se encuentra Taylor Lautner, un actor bastante limitadito.

Nuestra protagonista Bella estrena en Luna nueva mayoría de edad, completamente ajena al morbo de que le pueda desvirgar un hombre que lleva cien años muerto o un hombre lobo de dos (x2) metros. Es el mismo agujero que tenía la primera parte. Es una película de vampiros, hombres lobo y adolescentes. Y qué poco sórdida es. Crepúsculo va camino de convertirse en la saga más pudorosa o más casta de lo que va de siglo. No tiene garra. Y en las líneas de diálogo ya no entro. Merecen un estudio sociológico aparte.

Pero el estilo de Chris Weitz y su equipo técnico está lejos de ser pobre. Cuida su puesta en escena. La banda sonora de Alexandre Desplat (compositor de El curioso caso de Benjamin Button) es interesantísima. Y el trabajo enorme del director de fotografía Javier Aguirresarobe consigue una luz grisácea y un tratamiento de los colores insólito para una producción de esta talla.

Si lo mismo no es tan difícil y el único problema que tiene Bella con sus pretendientes es el miedo al compromiso. Por favor, déjen de hablar de inmortalidad.



jueves, 12 de noviembre de 2009

Celda 211 (2009)

Una buena calada de cine español


Con una escena muda, que te roba las palabras, construida exclusivamente a base de planos detalle y un mismo primer plano, arranca Celda 211, cuarta película de Daniel Monzón, antes crítico de cine, ahora realizador. Es un comienzo difícil, duro y seco, y pone un listón enorme que el resto del metraje aguanta estoico. El trabajo de Michael Mann está dando sus frutos, Monzón rueda como el realizador de Collateral.

El día en que comienza a trabajar en su nuevo destino (Zamora, ojito) como funcionario de prisiones, Juan se ve atrapado en un motín carcelario. Haciéndose pasar por un preso más, luchará para salvar su vida e intentar dar fin a la revuelta. No deberíamos conocer más de su argumento, quizá hasta ésto ya sea demasiado. Se trata de una insurrección, y como tal, puede interpretarse como un hachazo a la política, pero sus referencias no son en absoluto explícitas, Celda 211 rechaza (o bordea) lo obvio.

No subraya sus ideas. Cuando alguien tiene algo que contar lo cuenta. Y ya está. Sin rodeos. No tiene bajones de ritmo. No hay ningún momento en que se venga abajo y toda la película mantiene una misma intensidad dramática, portentosa, desde su arrollador arranque hasta que Monzón echa el cierre. Por el camino hay más de un clímax, y uno de ellos, el más emotivo de todos, se disfruta con una tensión irrespirable.

Evidentemente ésta es una película que depende de las voces que se pongan en la piel de sus personajes. Aunque el notable Luis Tosar acapare los grandes elogios, todos los intérpretes están magníficos sin excepción. Vamos sumando y el resultado es sobresaliente. Una calada profunda y punzante de buen cine español. O de cine a secas.



domingo, 1 de noviembre de 2009

domingo, 25 de octubre de 2009

La naranja mecánica (1971)

La exprimidora demodé


Con motivo del décimo aniversario de la muerte de Stanley Kubrick, La Naranja Mecánica volverá a pasarse por la cartelera de Madrid a modo de evento exclusivo y por tiempo limitado. Una oportunidad de oro para saciar lo que a día de hoy podría considerarse un antojo harto complicado, ver (y oír) una película de Kubrick en la pantalla grande. Si Kubrick se hubiese dedicado a aquella que realmente sentía que era su vocación, la fotografía, hubiese sido un genio. Tenía el talento y tenía los medios. Por eso sus películas siempre podrán presumir de un diseño de producción y de fotografía prodigioso. Y por eso era un fenómeno encuadrando sus planos.

La historia está dividida en tres actos: en el primero, el joven Alex, un apasionado de la ultraviolencia que escucha a Beethoven, es el líder de una banda callejera en una Gran Bretaña presumiblemente futurista. En la escalada de fechorías, Alex es detenido y encarcelado. El segundo acto narra la estancia en la cárcel y la supuesta rehabilitación de Alex (a través de un sistema novedoso llamado método Ludovico, propuesto por el gobierno liberal/tecnócrata). El tercer acto recoge las malas experiencias que sufre Alex tras su salida de la cárcel. Es en este tercer acto donde la película se vuelve un sainete político.

El problema que sacude La Naranja Mecánica tiene que ver con el tono de la propuesta. Obviamente se trata de una sátira política y una fábula sobre la violencia. Pero la desmesura con la que castiga sus buenas ideas ahoga sus méritos narrativos (que son muchos). Esa desmesura está presente en la detestable(mente) histriónica interpretación que Malcolm McDowell hace del personaje protagonista, en constante tonillo de falsete; del mismo modo que el resto de personajes (familia, tutores, amigos, psiquiatras...), que parecen salidos de una caricatura, no son más que simples monigotes animados.


La transgresión estética que en su día la encumbró a obra de culto, a pieza iconográfica de su tiempo ha quedado desfasada y anticuada, digamos que otras películas del director de 2001 han envejecido mejor. Sin embargo su retrato de la violencia social gratuita sigue plenamente vigente, y eso es algo que la confirma como obra adelantada a su tiempo.

El distanciamiento afectivo que mantenía Kubrick con respecto a todos sus trabajos queda aquí plenamente justificado en la sátira, pero nunca en el drama. La Naranja Mecánica es la mayor demostración de que Kubrick era (es) un hábil creador de imágenes y escenas poderosas, pero incapaz de involucrarse y de involucrarnos en sus películas. Un excelente profesional del cine cuya imponente superioridad le impedía sentirse identificado -moral y emocionalmente- con su obra.


sábado, 17 de octubre de 2009

Los Límites del Control (2009)

La realidad es arbitraria


Rodada íntegramente en España (Madrid, Sevilla y Almería) y con la inestimable colaboración de Christopher Doyle, excelente director de fotografía que se dio a conocer por sus prodigiosos trabajos para Wong Kar-Wai, Jim Jarmusch filma en Los Límites del Control una nueva cumbre de su estilo. Un arriesgado -como no podía ser de otro modo- paso adelante, después de haber estrenado su película más accesible, Flores rotas.

La estructura episódica de la narración (que ocurre en casi todos los trabajos de Jarmusch) ya es algo cansina. Aunque quizá ésto no quede muy lejos de la intención del cineasta, porque Los Límites del Control narra (o mejor dicho, muestra) la estricta rutina de un asesino a sueldo con una misteriosa tarea (Isaach de Bankolé) que basa su concentración en unos ejercicios de relajación.

Donde de veras Jarmusch encuentra la abstracción es en el genial último tercio, rodado en Almería, sobre una paleta de tonos fríos. En su única unidad de acción destacable, el acceso a un castillo blindado hasta los dientes de seguridad (lo que en cualquier otra película hubiese sido la secuencia más memorable), aquí se reduce a una elipsis temporal (in)imaginable, subrayando la presencia de fantasmas en esta película (la más espiritual de todas las del director de Extraños en el paraíso) .
-¿Cómo has llegado aquí?
-Usando la imaginación.


Jarmusch se echa al hombro la cámara rígida en el clímax final. Finiquitado con una idea (los no-límites de la imaginación) y una afirmación, aquello de que la realidad es arbitraria, que deja noqueado. ¿No es el cine, y en concreto el cine de Jarmusch, un lenguaje plenamente arbitrario? Probablemente el excepcional plano que abre Los Límites del Control guarde una respuesta.



martes, 13 de octubre de 2009

Ágora (2009)

Abatimiento astronómico


SINOPSIS: En el siglo IV, Egipto era una provincia del Imperio Romano. Su ciudad más emblemática, Alejandría, se había convertido en el último baluarte de un mundo en crisis, confuso y violento. En el año 391, las revueltas callejeras alcanzaron una de sus instituciones más legendarias: la biblioteca. Atrapada tras sus muros, la brillante astrónoma Hypatia (Rachel Weisz), filósofa y atea, lucha por salvar la sabiduría del mundo antiguo, sin percibir que su joven esclavo, Davo, se debate entre el amor que le profesa en secreto y la libertad que podría alcanzar uniéndose al imparable ascenso del Cristianismo... (FILMAFFINITY)

Vamos a despachar rápido Ágora para no hacer daño. Es un fiasco. No es novedad, todos los años nos encontramos con alguno así. Lo que es noticia es que es el primer fiasco de Alejandro Amenábar. No es mala, simplemente es irrelevante. La dirección es mediocre, y eso no se lo podemos pasar por alto a alguien que rodó tan bien Abre los ojos o Los Otros. Hay dos actores excelentes: la ganadora del Oscar Rachel Weisz (en su Hipatia se apoya descaradamente toda la película) y el veterano actor francés Michael Lonsdale (el padre de Hipatia). Pero ni ellos ni sus desconocidos compañeros están memorables. Les ha tocado defender a unos personajes diluidos y anodinos.

No creo que Amenábar salga satisfecho de la experiencia de rodar Ágora. Está tan lejos del cine-conceptual del Kubrick de 2001, como del cine-épico del Gibson de Apocalypto. Demasiada matemática. A esta película le falta pasión, le falta emoción, le falta garra. Y a Amenábar por primera vez en su trayectoria le ha faltado personalidad.


jueves, 8 de octubre de 2009

[•REC]² (2009)

Un éxito rabioso


[•REC]² nos demuestra que la primera versión pudo durar tres horas. Volvemos otra vez al condenado edificio para darnos un nuevo chute de terror y fantástico. En el argumento se ha indagado más en la naturaleza del virus del contagio, o de la posesión, del exorcismo, [•REC]² se mete en un conflicto religioso. El tono, el entusiasmo, los actores, la iluminación, parten todos de la misma cabeza. Se ha recuperado de manera intacta aquello que nos impactaba en la primera parte.

Esa auto-imposición de rodar siempre con cámaras que pertenecen al propio marco del film es inevitablemente un desafío formal, un reto de puesta en escena. Balagueró y Plaza saldan con éxito (por segunda vez) ese desafío. Y el resultado es una película casi tan buena como la original, siendo la ausencia de esto mismo (lo novedoso de la primera propuesta) lo que diferencia [•REC] de [•REC]². Se compensa con una mayor complejidad narrativa, con dos tramas que se desarrollan en un mismo tiempo (a la manera en que lo haría Gus Van Sant) para acabar encontrándose. Está planteada con inteligencia, aterra, pero también sabe liberar sus momentos de tensión con una buena risotada.



martes, 29 de septiembre de 2009

Malditos Bastardos (2009)

La tiranía de los hombres malos

Iba yo con recelo a ver lo nuevo de Tarantino, con el distanciamiento necesario con el que hay que cargar cuando estás ante un autor que arrastra tantísima expectación, convertido ya en fenómeno cultural masivo. Pero no sólo por eso, también porque dijo Quentin que en esta película había rodado su mejor escena y escrito su mejor personaje. Me sonaba a promoción, a escusa. Y cuando alguien empieza a justificar su trabajo antes de ser atacado, pintan bastos.

Falsa alarma. No sé si se refería al personaje del coronel nazi Hans Landa (magnífico Christoph Waltz) o a la escena brutal que abarca todo el primer capítulo. De ser así, en ambos casos habría que darle la razón al director de Pulp Fiction. Tanto el personaje como la escena se encuentran entre lo mejor escrito (e interpretado), rodado (y planificado) de la carrera de Tarantino. Christoph Waltz está memorable en la piel del corondel Landa, va y viene, sube y baja, cambia de tono y cambia de registro. Y el festival de Cannes se lo supo recompensar.

Malditos Bastardos tiene una vocación de serie que se atisba en los cinco capítulos en los que se divide. El primero de ellos es excelente: el empleo de la música, el duelo de medios planos, primeros planos e inserto de varios planos detalle, ese modo de revelar la información en el momento más oportuno, multiplicando los efectos dramáticos de la escena (un travelling desciende hasta mostrar la familia que se esconde bajo el suelo). Está orquestado como si de un western se tratara y podría venir firmado por Sergio Leone.

Los otros cuatro capítulos merecían más atención, más metraje. Aún así, todos contienen la virtud más preciada de Tarantino, sus ágiles diálogos. Es un guionista terriblemente inspirado, y consciente de ello, sustenta la película en unos largos textos que parten de la carcajada para ir acumulando progresivamente la tensión (a ello contribuye, en parte el conflicto entre idiomas, en parte la habilidad de Christoph Waltz).

No todo son aciertos. No me convence Brad Pitt y su careto de chulo impostado. Y el personaje de la guapísima Diane Kruger queda desaprovechado. Malditos Bastardos funciona de maravilla en sus momentos de lirismo. 

No obstante, nos quedamos con la sensación (qué gustazo) de que Tarantino se divierte como nadie haciendo cine como muy pocos. Para quitarse el sombrero.


martes, 22 de septiembre de 2009

TRUE BLOOD / 1ª Temporada

Lujuria desatada


HBO. 1ª temporada (2008). 12 episodios (50´)

Se puede decir que True Blood es transgresora, pero no del modo en que me gustaría que lo fuera.

Aquellos que seguimos fascinados y con adoración cada uno de los capítulos de aquella maravillosa joya de la televisión que fue Six Feet Under no necesitamos mayor demostración de las excelentes virtudes de su artífice, Alan Ball. Quizá eso dé paso a la que es la verdadera (miento, la única posible) trasgresión de True Blood, la de no tener que adscribirse a unas exigencias de calidad. La excelencia es un precio muy alto del que True Blood está exento de pago.

Porque una cosa tengo clara. Si a True Blood le cambiasemos su par de coordenadas hablaríamos de basura. Me explico:

Los guiones son torpes. Los personajes son deleznables, al igual que los actores que los interpretan (a excepción de una espléndida Lizzy Caplan, la novia bohemia de Jason, que desgraciadamente aparece en pocos episodios, no por casualidad, los mejores). La ambientación es vulgar. La puesta en escena es soez. La trama no convence: no me creo el romance entre la virginal Sookie y el vampiro Bill, y no me intriga adivinar quien es el asesino. Como tenemos Anna Paquin para rato, ya hablaré de ella en la segunda temporada. Porque la amiga es como para echarla de comer aparte.

Pero ay! amigo, cuando la HBO pone el dinero esperamos un producto excelente y sorprendente. Ahora la cadena pierde fuelle y contrata de nuevo a Alan Ball. Este señor nos dejó durante cinco años deambulando por el purgatorio, lugar donde los justos deben purificar sus imperfecciones antes de poder gozar de la gloria eterna. Y ahora nos regala una parcela de su particular cielo. Donde los ángeles, esas deliciosas camareras del Merlotte's, se acaban entregando en cuerpo y alma a todas las criaturas que salen de la misma boca de la sucursal del infierno en el cielo. Fangtasia. Y entonces se desata la lujuria.



Todo lo elegante y sofisticado de Six Feet Under se convierte en True Blood en exuberante y grotesco. El episodio piloto es horrendo, pero la segunda mitad de esta primera temporada, concretamente los episodios que van desde el 1x05 a el 1x11, es notablemente superior y los episodios se devoran. Mejor capítulo: I Don´t Wanna Know (1x10) con ese finalazo, la primera conversión del vampiro Bill, a su vez, el bautizo de sangre de Jessica.

¿Cinco temporadas expiando nuestros pecados para entrar en este sucio barrizal? Oh! Maravilla. Aquí está la sorpresa. El cielo no es como esperábamos. Un deseo sexual desordenado e incontrolable me incita a darle un traguito a mi True Blood. ¿Es sorprendentemente mala? ¿O pese a lo mala que es, es sorprendentemente adictiva y necesaria?

martes, 15 de septiembre de 2009

District 9 (2009)

Costumbrismo interestelar


SINOPSIS: Tras la llegada de una enorme nave espacial extraterrestre a Johannesburgo (Sudáfrica), a los alienígenas recién llegados a la Tierra se les obligó a vivir en condiciones penosas como "refugiados", en una especie de campo de concentración construido en las afueras la ciudad. Todo empezó unos veinte años atrás, cuando los extraterrestres tomaron el primer contacto con nuestro planeta. Los humanos esperaban un ataque hostil, o un gran avance tecnológico de la raza alienígena. Pero nada de ello sucedió. Los propios extraterrestres eran refugiados de su propio mundo. Sin saber bien que hacer, se confinó a los alienígenas en un campo de refugiados, el "Distrito 9", hasta que las naciones del mundo decidieran qué hacer ante la nueva y extraña situación.

Decir que no va a ser fácil acercarse a District 9 ya es mucho decir. Menos fácil será dictar un comentario que haga justicia al film y sirva de orientación para cualquier tipo de espectador. Salvando las distancias, la ópera prima de Neill Blomkamp me provoca sensaciones parecidas a las que me invadieron viendo REC, con la que mantiene no pocos puntos en común. Ese formato de falso documental televisivo, que multiplica la dosis de realismo aunque lo que desfile ante las cámaras sean zombies o alienígenas. Ese poquísimo prometedor comienzo (este estilo requiere tiempo para absorberte por completo). Ese retrato costumbrista trazado con similar sentido del humor, que utiliza a los extraterrestres como alegoría social y política del racismo y los procesos del apartheid. Ese ambiente malsano y sucio, que vaticina el caos. Ese final ambiguo (¿segunda parte?).

El planteamiento argumental de District 9 es curioso y llamativo, da por sentado ciertas cosas y nos trata como seres inteligentes. Y precisamente por eso, porque somos inteligentes entendemos esta película como cine de evasión. Solo de ese modo podremos perdonar: 1) lo estúpidos que son todos sus personajes (ojo, que no me refiero a personalidad, que tengo en alto afecto al imbécil), pero es que no han sido capaces de dotar de carácter ni tan siquiera a su protagonista, o 2) un final que entra sin sonrojo en materia de acción. District 9 nos sacude con sus rapidísimos (a menudo torpes) movimientos de cámara, en su combinación de tele-realidad del reportaje y traca explosiva de videojuego.


domingo, 6 de septiembre de 2009

Paranoid Park (2007)

Lo poco que queda de Gus Van Sant


Gus Van Sant estrenó en el año 2002 una obra mucho más importante de lo que pueda aparentar. Gerry marca el trazo a seguir a lo largo de un nuevo sendero, una forma distinta de hacer cine y el más extremo punto de inflexión que ha dado un cineasta en lo que va de siglo XXI. Un vuelco de escándalo, una bofetada al mainstream de sus anteriores trabajos. De las que dejan marca. Gerry solo era el borrador de un proyecto más ambicioso que desemboca en Elephant, Palma de Oro en el Festival de Cannes 2003, una obra maestra. Pero Van Sant nunca fue todo lo regular que nos gustaría. Last Days y sobretodo Paranoid Park son muestra de ello. Es como si Van Sant filmase Paranoid Park hastiado de su propio cine. O como si en un acto de hipnotismo hubiesen robado el cuadernillo de planificación del director de Gerry para rodar un guión barato.

El error en la dirección de casting es lamentable. Casi todos los intérpretes que aparecen en pantalla son debutantes, y todos sin excepción están espesos. No hay en ellos ni un atisbo de credibilidad, y su personaje protagonista, que debía ser un adolescente atormentado, pasa a ser uno de los caracteres más anodinos que han poblado el cine del director. Esperaba un brillante acercamiento a la compleja rutina del joven y sin embargo queda completamente desdibujado.

Gus Van Sant no da señales de vida en Paranoid Park. Lo narrativo carece de interés alguno y el trabajo de cámara ya no es novedad por lo que el nivel de atracción queda bajo mínimos, con la excepción de un par de planos que podríamos rescatar: el agua que se escurre a través del pelo de Alex en su ducha, o un plano fijo ralentizado que captura una tras otra las acrobacias de los skaters.


viernes, 28 de agosto de 2009

Antichrist (2009)

Ojos completamente abiertos



No he sentido hasta este momento la necesidad de defender al cineasta danés Lars von Trier calificado como el enfant terrible del cine europeo, principalmente porque sus películas, sin llegar a ser mala ninguna de ellas, siempre me han resultado de lo más cargante y capcioso. Pero me sorprendo al encontrar en Antichrist el trabajo más sincero y feroz de su autor y lo que ocurre es que se escuchan más abucheos que aplausos. Estas son mis 10 razones por las que (re) considerar Antichrist como una película descomunal:

1.- Por la brillante y muy acertada dirección de Lars von Trier, que abandona con todas sus consecuencias el Dogma 95. Se acabó el experimento, no hay rastro alguno de ese voto de castidad, y por fin el genial (y difícil) talento de Von Trier abraza la excelencia técnica. Conserva sus rasgos habituales de puesta en escena pero demuestra una sabia evolución. Incluso se permite un par de lujos: prólogo y epílogo están en las antípodas de la concepción puritana que el director danés tenía de su cine.

2.- Por su guión inteligente e inquietante que indaga en las relaciones de una pareja, en su descenso a los infiernos, en su sentimiento de culpa y en un complejo abanico del dolor. Según va descubriendo sus cartas se vuelve más y más turbio.

3.- Por el siempre notable Willen Dafoe, que se compenetra (literalmente) a la perfección con su partenaire.

4.- Por el impresionante trabajo de Charlotte Gainsbourg, en la transformación femenina más desgarradora que recuerdo. Fue premiada en Cannes pero nos quedamos con la sensación de que no habrá premio que haga justicia a su interpretación.

5.- Por la intensidad del drama que se levanta sobre ese tour de force interpretativo tan contundente como excepcional.

6.- Por la manera en que el director danés consigue lo imposible: -permítanme decir algo que probablemente no compartirán conmigo- dotar de elegancia hasta aquello que bordea lo grotesco u obsceno. Posee tres momentos (especialmente uno de ellos, una mutilación genital en primer plano) realmente duros, todos ellos tienen lugar en el tercer acto del film, por lo que no es un cine apto para cualquier tipo de sensibilidad, o mejor dicho, para cualquier tipo de estómago. Pero hasta ese tercer acto (y para el que esto firma el metraje al completo) estamos ante un cine de una intensidad impecable.

7.- Por el perfecto diseño de sonido, con un efecto lluvia de bellotas asombroso. Y porque von Trier utiliza los ruidos sonoros del mismo modo que lo hace Lynch, para crear presencias que no pueden verse.

8.- Por la atmósfera terrorífica que consigue el director de fotografía y su contraste con un film de género anti-terrorífico. Esa niebla tarkovskiana en el bosque que se cuela por las rendijas de la cabaña.

9.- Por contradecir a todos aquellos que la consideran una película de mente perversa y enfermiza, cuando es uno de sus personajes (y no su autor) el trastornado; o a aquellos que dicen mentiras tan estúpidas como que es una cinta pornográfica o gore.

10.- Por ser una experiencia inolvidable, no desagradable, sino plenamente gratificante. Y porque para bien o para mal es una experiencia que acaba invadida por el delirio.


Por todo eso, en una sola palabra, y teniendo en cuenta la naturalidad con la que esquiva la mediocridad, el resultado es descomunal. Algo que no es de extrañar viniendo del cineasta que creía que Bambi ya estaba muerto cuando salió del vientre de su madre.


miércoles, 19 de agosto de 2009

Enemigos Públicos (2009)

Últimos cartuchos de John Dillinger


Enemigos Públicos se puede considerar en cierta medida fallida, pero eso es porque Michael Mann se arriesga en cada plano. Su arriesgado trabajo de puesta en escena no siempre funciona, porque el uso de la cámara es excesivamente acelerado y no deja reposar las buenas ideas (que seguro las tendrá). Hay escenas que podrían estar diez veces mejor rodadas, como aquella con Marion Cotillard dándose un baño. Y por contra tiene planos memorables: el magistral Miller´s Crossing de los Coen reflejado en la pintura metalizada de un coche, Dillinger llorando, o Dillinger sangrando, por poner unos ejemplos.

Mann siente debilidad por anteponer la traca al disparo, la acción al suspense. Parece que Mann quiere sorprender al cinéfilo purista pero olvida que el cine es, y debe seguir siendo, espectáculo. Y el único espectáculo del film es el John Dillinger de Johnny Depp. El actor da todo lo que se espera de alguien con su talento, está serio, elegante y chulesco cuando hace falta.


Pero la película tiene otros problemas. El guión está descuidado. La historia de amor está mal planteada y peor desarrollada (una gran película debería poseer una buena dosis de melodrama), todo parece hecho con prisas. Salvo el de Dillinger los personajes están mal definidos y poco pueden hacer con ellos los correctos Christian Bale y Marion Cotillard.

La música y las canciones de la banda sonora no están bien utilizadas, no refuerzan ninguna escena. Al final esto acaba por desconcertar. Desgraciadamente la suma de todo lo anterior resta intensidad y potencia narrativa al conjunto, pero marca el camino a seguir de Michael Mann y demás cineastas que se acerquen al género.

Si casi todo lo que valoro de la última película del director de Heat es negativo, ¿por qué sigo pensando que, sin embargo, es una película interesantísima? Porque el riesgo y la valentía (esto de rodar en digital...) se premian, porque -a pesar de tratarse de un revival del cine noir- el lenguaje cinematográfico de Mann se encuentra más actualizado que nunca, porque contiene imágenes poderosas, y porque Johnny Depp adquiere aquí una presencia que inunda la pantalla, Enemigos Públicos se coloca en una posición respetable para figurar entre los títulos más importantes del año.


miércoles, 12 de agosto de 2009

Encuentros en la tercera fase (1977)

La penúltima abducción


Encuentros en la tercera fase es un film construido sobre tres pilares: 1.- los primeros encuentros (antológicas las dos escenas del niño, abducción incluida); 2.- los tiempos muertos (terriblemente anodinos que invitan al espectador a desconectar); 3.- la secuencia final, el encuentro definitivo, el clímax ansiado que culmine la película.

Hay un tremendo desequilibrio entre esos tres pilares sobre los que Steven Spielberg articula su película. Por un lado tenemos los primeros encuentros, donde descubrimos que detrás de la cámara se sitúa un virtuoso de la planificación. Son solo unas pocas escenas (se pueden contar con los dedos de una mano) pero ya han quedado grabadas en la memoria del género de ciencia ficción.
Sin embargo, no tardamos en ver el cartón. Los tiempos muertos son aburridos y están inútilmente alargados. Y la segunda mitad de la cinta (por no decir casi toda ella) sufre del mal del cine-embudo (término que podría haber patentado Jorge Valdano de no ser porque se me acaba de ocurrir a mí, chúpate esa Jorge). Cine-embudo: dícese de aquella narración construida en base a proyectar o condensar toda la atención y el interés en su acto final decisivo y definitorio.
Pero el definitivo encuentro en la tercera fase resulta ser abyecto y difícil de tragar. ¿Hemos llegado hasta aquí para ésto? Si no hemos disfrutado del viaje, ¿qué te hace pensar que disfrutaríamos del destino? Desearía que Spielberg hubiera hecho uso de la elipsis en más de tres cuartas partes de la película, y eso es mucho decir



sábado, 1 de agosto de 2009

Up! (2009)

Previsiblemente emotiva


Cada uno tiene la propia, pero en mi definición de crítico aparece como una de las tareas fundamentales la de cuestionar. El crítico de cine es uno de los profesionales -le daremos el beneficio de la duda- que utiliza un mayor número de clichés, de imposturas y de afirmaciones que se dan por ciertas. Pero es a la vez el profesional que más se cuestiona a sí mismo. O así es como entiendo yo que debería ser un crítico.

El transbordador de Pixar lleva (o arrastra) algo en el cargamento de equipaje que pesa mucho, muchísimo: la tradición de Disney. No voy a quitarle méritos a Up. El acabado visual es espectacular, con una gama de colores que explota en tus mismas narices. A los críos, Pixar se los tiene ganados con un repertorio de siempre brillantes personajes protagonistas y secundarios. Pero si hay una productora a día de hoy empeñada en hacer valer aquello de "Para todos los públicos", esa es Pixar. Lasseter y los suyos pretenden alcanzar la abstracción que rompa la barrera generacional del cine de animación infantil. Y lo intenta recubriendo sus dos últimas películas (WALL-E y Up, precisamente las más aplaudidas por la crítica) de varias capas de nostalgia. Mirar hacia atrás y dejar escapar un suspiro pensando en el pasado siempre fue síntoma de lucidez. Pero tampoco conviene desfallecer de melancolía.


Impresionan, sí, pero es tal la artificialidad de sus sentimientos que no llegan a emocionar. Y lo dice alguien a quien Ratatouille le pareció sensacional. Pero me es difícil recordar alguna situación sorprendentemente genuina en esta última supuesta obra maestra, me queda la impresión de que todo es forzosamente emotivo, o peor aún, previsiblemente emotivo. Por supuesto que Up tiene algún momento mágico: A sus 78 años, Carl Fredricksen ata miles de globos a su casa para salir volando hacia su destino viajar a América del Sur tal y como le hubiera gustado a su difunta esposa (una narración excepcional en un par de minutos). Un estallido de color que quedará grabado en la retina.

El 3D es utilizado para potenciar la profundidad de campo y poco más, con el tiempo se extraerán mayores logros de esta tecnología.

¿Qué no es Up? Up ni es magistral, ni es sublime, ni es maravillosa. ¿Qué es entonces Up? Up es original, es entretenida y es divertida, una de las producciones más interesantes de la temporada. Sencillamente. Nada menos, nada más.


jueves, 23 de julio de 2009

Pagafantas (2009)

El pringado que llevamos dentro


Siii!! Los actores, adecuados. Los chistes, frescos. El tiempo, justo. Oh yeahhh. No voy a comentar nada sobre la primera película de Borja Cobeaga porque no creo que haga falta. Es muy simpática. Para reírse, a carcajadas. Guiño para cinéfilos: un par de escenas en un pasillo que nos transportan al mismísimo Lynch. Desde aquí lo único que puedo hacer es publicidad.


sábado, 18 de julio de 2009

Minority Report (2002)

Recuerdos del futuro




Minority Report es cine negro del futuro. Como en su momento lo fue Blade Runner. Pero podemos remontarnos más atrás. Encuentro muchas similitudes entre la carrera de Steven Spielberg y la de Alfred Hitchcock. Ambos son (o fueron) los realizadores más populares de su tiempo. Un sector de la crítica no recibe (o recibía) con especial entusiasmo sus trabajos, mientras que el público ha acudido en masa a ellos. El tiempo pone a cada uno en su sitio, o eso es lo que dicen. Es cierto que ambos alternan en su filmografía películas sobresalientes con otras mediocres. Pero también los dos han tenido acceso a la máquina del tiempo.

Cuando aparece una obra adelantada a su tiempo hay que aplaudir hasta que se te caigan las manos. Vértigo lo fue en su momento y Spielberg lo rozó en Inteligencia Artificial. Un año después vuelve a dar en el clavo. Spielberg está aquí en su mejor estado de gracia y no es casualidad que haya perdido taquilla por el camino. En un alarde de cinefilia Minority Report es como ver a Hitchcock dirigiendo una adaptación (libre) de Blade Runner dentro de 20 años. Es inútil perder el tiempo discutiendo si Spielberg merece el rango de maestro. Es un debate estúpido. El mérito está en haber capturado la textura del cine del futuro.

El arranque agitado y vertiginoso del film abre paso a un desarrollo de ritmo irregular, pero siempre entretenidísimo (el sello del Rey Midas). El final es un giro brillante al cine negro que sabrá a gloria a los amantes del género clásico. Tom Cruise está correcto y eso es lo máximo que podemos exigirle.

El sistema Pre-crimen es desde ya una nueva forma de cine. El cine como reflejo del futuro, un futuro que asumimos con certeza pero que no podemos obviar que está ahí para ser evitado. ¿Hablamos de destino? De ese modo, Minority Report apunta hacia sus espectadores no por lo que son, sino por lo que potencialmente llegarán a ser. Suena peligroso pero al éxito cinematográfico se llega a través del riesgo.

Lo mejor: la excelente textura no sólo de cine de ambientación futurista, sino también de cine diseñado en el futuro. Lo peor: Los bajones de ritmo y los baches que atraviesa su narración (aunque menos escandalosos que los de A.I.). Se podría haber recortado algo de metraje reduciendo su duración.

Por lo tanto Minority Report es un complemento imprescindible para esa película tan llena de genio que es A.I., compartiendo sus virtudes y limando sus puntos débiles. Visión de conjunto: como la imagen de John Anderton intentando abrazar a un espectro, el de su mujer en forma de holograma, Spielberg ha firmado un nuevo hito del género de ciencia ficción. Un género fascinante que nos invita a pensar que nada es imposible porque todo está por ocurrir.


lunes, 29 de junio de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres (2009)

Un thriller eficaz en una adaptación digna


SINOPSIS: Hace 40 años, durante una reunión familiar en una isla, la joven Harriet Vanger desapareció sin dejar rastro. Aunque no se ha encontrado su cuerpo, su tío está convencido de que fue asesinada por alguien de su propia familia, así que decide contratar a dos personas para que investiguen el caso. Los elegidos son un desencantado periodista, Mikael Blomkvist, y una siniestra hacker informática llamada Lisbeth Salander. Ambos descubrirán que el secreto del clan Vanger es más oscuro de lo que parece.

Probablemente la mayoría de los méritos de la película son culpa de Larsson, el autor del libro. Se atisba desde el film una intriga argumental densa y oscura que se multiplicará a medida que avance la trilogía, pero la película tiende a esquematizar y reducir a la simplificación esas tramas principales. No tanto los personajes, en especial el de Lisbeth Salander, enigmática joven que arrastra un pasado que sólo podemos intuir. Thriller que aumenta su tensión en la segunda parte con un crescendo muy eficaz para todo aquel espectador ajeno a la novela original.