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viernes, 22 de julio de 2011

Las Reliquias de la Muerte - Primera Parte (2010)

La Santa Misa


La Orden del Fénix y El Príncipe Mestizo (quinta y sexta entrega de Harry Potter) sirvieron al director David Yates para tomar las riendas de su particular franquicia. Y lo cierto es que Yates, pese a su inexperiencia y escasa personalidad, ha demostrado más oficio que el de gran parte de sus guionistas e intérpretes, y eso es preocupante.

En Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 1 por momentos hay instantes de cine enigmático, misterioso y sugerente. El conjuro de Hermione a sus padres. La llegada de Snape a Hogwarts. La reunión de Voldemort con los Mortífagos. Harry y Hermione bailando a solas en una acampada a medianoche. La visita al cementerio en el que están enterrados los padres de Potter.

Ni siquiera la desgana y el hartazgo general por la agotadora imaginación de Multi-Salas de J. K. Rowling consigue hundir los momentos sobresalientes de esta película llena de matices. Entre esos matices se encuentra un punto de fuga alucinante y no hay otro momento ni remotamente tan genial en toda la franquicia, especialmente prodigioso y tratado con muy buen gusto. Me refiero a la fabulosa reconstrucción animada en la que cobra vida el cuento de Las Reliquias de la Muerte.

Es la entrega de la saga en la que vemos al Harry, y sobre todo a la Hermione y al Ron más adultos. Los momentos de acción no son simplemente un pegote de vaivenes, saben encontrar su lugar dentro del film, se muestran reveladores.

Es la entrega más calmada y sosegada de cuantas ha dirigido David Yates y suponemos que gran parte de la culpa la tiene el operador de cámara portugués Eduardo Serra. Y el compositor francés Alexandre Desplat firma una partitura preciosa que revive la magia de los parajes singulares sobre los que dispara Serra.

Igualmente el relato –no importa quién esté detrás de la cámara – no se sostiene por ningún lado, y el sentido de la aventura y de la épica queda reducido simplemente a pequeñas ráfagas.

Esta elegante y solemne primera parte de Las Reliquias de la Muerte deja la puerta abierta a una muy esperanzadora segunda parte (y última entrega de Harry Potter) y lanza al aire una incógnita complicada. ¿Serán David Yates y Eduardo Serra capaces de concretar todas las virtudes de este film sobresaliente en un desenlace sugerente y digno para una de las sagas más populares de la industria del cine?


jueves, 24 de febrero de 2011

Cisne negro (2010)

La sangre en la bañera


Luces fuera. Una bailarina cruza de puntillas un escenario en penumbra. Un foco ilumina el centro del escenario. Una presencia extraña salta de la oscuridad a la luz. Y baila con ella. Arranca Cisne negro.

Una brillante bailarina de una compañía de ballet neoyorquina vive obsesionada por lograr el doble papel de reina de los cisnes en la nueva adaptación de la mítica obra de Tchaikovsky. Su técnica es perfecta, de un amaneramiento fríamente calculado, tiene cada movimiento estudiado al detalle y es capaz de convertir la danza en un espectáculo articulado mecánicamente y eso le da de sobra para interpretar al cisne blanco. El problema es meterse con el cisne negro. El problema es levantarse a media noche al baño y cruzar el pasillo a oscuras. El problema es zambullirse en la bañera, desearse a sí mismo y sangrar. Ahí te encuentras con el cisne negro.

Darren Aronofsky recoge la interpretación nítida, inocente y limpia de Natalie Portman y la arrastra por una cama de clavos, barro y ascuas. Y Portman prendida de fuego, rabiosa y colérica, encendida, se saca de encima un tour de force desde el estómago. Cisne negro parte desde el apego a la carne de Natalie Portman del mismo modo que ya hizo su director Aronofsky en The Wrestler con Mickey Rourke, partiendo desde la espalda y con la nuca como punto de referencia. Pero Cisne negro no solo nos trae al Aronofsky de The Wrestler, aquí converge la síntesis de su mejor cine. El camino que marca Pi, Réquiem por un sueño, La fuente de la vida y The Wrestler acaba ineludiblemente aquí. Como la cumbre de un artista al que le venía perdiendo su ambición y entusiasmo.

El mayor acto imaginable de amor propio en el cine sería echar el telón de un film con una ovación cerrada que acaba por inundar los propios títulos de crédito, nombre del director a la cabeza. Y así cierra Aronofsky su Cisne negro. Sin embargo pocos reproches se le pueden hacer al cineasta, que en su quinta película alcanza definitivamente una madurez de la que da muestra su enérgico (y atronador) trabajo de cámara filmando las escenas de danza. Más allá de su maravillosa banda sonora, de su discreto guión y de su reparto sobresaliente, el impacto de Cisne negro, está marcado por la planificación de la puesta en cuadro de Aronofsky, y solo así se logra un verdadero hito cinematográfico.

¿Tramposa? Sí. Y nos encanta. El cine es un juego de trampas. Y ésta escalada de histeria y obsesión en forma de laberinto repleto de trampas acaba por encaramarse a un cine apoteósico en un tercio final descarnado, desenfrenado, auténtico y terriblemente enfermizo.


Última advertencia (y definitiva) a los espectadores confusos de Cisne negro. Este glorioso espectáculo dejaría temblando al mismísimo Tchaikovsky. Porque Aronofsky no entiende de sutilidades. Dejen la sutilidad en el guardarropa. Aquí hemos venido a sangrar.



viernes, 18 de febrero de 2011

True Grit (2010)

Lo que hay que tener



True Grit es varias cosas a la vez. Así se titula la novela de Charles Portis que arrastra los pies por un Oeste desmitificado y burlón; y a este nombre atiende la película de Henry Hathaway que le valió un Oscar a John Wayne allá en los años 60. Valor de ley es como los traductores al español zanjaron el asunto tiempo atrás. En realidad, es algo más simple, menos rimbombante, True grit es, sencillamente, "lo que hay que tener". Con dos huevos. (Luis Martínez: Diario El Mundo)

Una cría adolescente e inocente se encara a la muerte de su padre a manos de un bandido, y levantará una enorme polvareda con tal de vengarse. La cría contrata para dar caza al asesino a un Sheriff viejete, tuerto y borrachín, y juntos, aunque a regañadientes, partirán a la aventura. Increíble descubrimiento de Hailee Steinfeld, una niña de 14 años que con una poderosa presencia se echa toda la película a su espalda e iguala en pulso al gran Jeff Bridges. Hailee en su debut está sencillamente de Oscar.

Entre tanta moda del western crepuscular –ya llevan unas cuantas décadas matando el género, Eastwood en Sin Perdón (1992), Peckinpah en Grupo Salvaje (1969), Leone en Hasta que llegó su hora (1968), e incluso si se quiere, hasta Ford en Centauros del desierto (1956) – los hermanos Coen recuperan el Western intrascendente filmado con el mismo ensimismamiento con el que en su día se disfrutaba de este género. Dicen que no es remake sino una readaptación de la novela, lo mismo nos da.

Al contrario que en el film original, el Sheriff Cogburn de Jeff Bridges no cumple su promesa de enterrar a los muertos, dice que aquel hombre debió escoger otra mejor época del año, en la cual el suelo no estuviese tan duro para cavar. John Wayne tenía el cine rendido a sus pies en el film de Henry Hathaway, pero era otro tiempo, los mitos eran incuestionables, y se regían por otro tipo de código moral. Los tiempos han cambiado, ahora corren vientos helados para el cine, y no es tiempo de ponerse a cavar. Es buena noche para salir a cazar.


No obstante, el Charles Portis de True Grit no tiene ni la sustancia ni la miga del Cormac McCarthy de No Country for Old Men. El nuevo True Grit está basado en un western mediocre, y eso se acaba traduciendo en ciertos problemas de guión. El acto final queda lejos de lo que cabría esperar, y se aprecia un notorio cambio de tono, cuando la aventura se levanta en vuelo lírico. Galopada y sacrificio. No es buena noche para salir a contemplar el cielo estrellado.

Y sin embargo, la realización de los Coen es tan brillante como de costumbre, y logran de nuevo su más preciada distinción, imponer su propio y particular ritmo a un relato que ya conoce otras pieles, una literaria en 1968 y otra cinematográfica en 1969. Los Coen como un árbol anciano, trabajan su fruto, y éste, con el paso del tiempo, cae bien maduro a tierra firme.


viernes, 11 de febrero de 2011

The Killer Inside Me (2010)

El demonio bajo la piel


The killer inside me es la adaptación de la novela homónima que en 1952 escribió Jim Thompson y la traducción al castellano de ese título es bien elocuente sobre lo que relata la película. Lou Ford (Casey Affleck), el ayudante del sheriff, un hombre afable y sencillo, oculta sus verdaderos impulsos, es un sádico, un psicópata, un asesino.

Esta es una adaptación sosa y por momentos tediosa a la que le cuesta arrancar, con un reparto de casting pobre pese a la enorme cantidad de nombres conocidos. El film está bien lejos de traspirar y provocar los sudores fríos que debería despertar una historia como ésta. La realización del director Michael Winterbottom demuestra un escaso compromiso con su protagonista y la voz interior de Casey Affleck no posee ni por asomo el impacto emocional del Dexter Morgan de Michael C. Hall.

En cierto modo me recuerda al A sangre fría que Richard Brooks dirigió en 1967. Me deja frío. Es una adaptación fallida en cuanto a que no logra traspasar la turbadora sensación de congeniar con un criminal enfermo.


miércoles, 2 de febrero de 2011

127 hours (2010)

El hombre y la roca


James Franco interpreta en 127 hours a Aron Ralston, un intrépido montañero norteamericano que en el año 2003, durante una escalada, en Utah, sufrió una caída y una roca le dejó 127 horas inmovilizado. Una película dirigida por Danny Boyle, basada en hechos reales, en la que Franco está terrible en la piel de Aron Ralston, en una interpretación que relanzará su carrera.

Dos años atrás, en el 2008, Danny Boyle le birló injustamente a David Fincher (The curious case of Benjamin Button) el Oscar a la mejor dirección por Slumdog Millionaire, una película correcta y curiosa, pero victimista y rutinaria, que Boyle filmó sin apenas arriesgar el cuello.

Muchos éramos los que pensábamos que este premio no haría más que acomodar a Danny Boyle en su afán por seguir trabajando con un material previsible y simple. Sin embargo, el estreno de 127 hours revela un peldaño superior de realización en la carrera del director de Trainspotting. ¿Cómo se puede llenar de adrenalina una película cuyo protagonista queda inmovilizado en el primer cuarto de hora del film?

La respuesta no es ni mucho menos sencilla, pero sorprendentemente Boyle asume el mayor reto cinematográfico de su carrera con una dirección imaginativa, estimulante, ágil y con nervio, bien influenciada por grandes cineastas del siglo XXI, desde David Fincher a Michel Gondry. Con cinco minutos finales liberadores, en un crescendo musical por cortesía de la banda islandesa Sigur Rós. Y así firma su película más arriesgada e impactante.


domingo, 23 de enero de 2011

También la lluvia (2010)

El peso de la denuncia social


La película que representará a España en la próxima edición de los Oscar será (este año sí, milagro) la mejor película nacional estrenada en los últimos 12 meses. También la lluvia lleva la firma en la dirección de Icíar Bollaín, y está basada en un libreto de Paul Laverty, habitual guionista de Ken Loach, (referente del cine social europeo).

También la lluvia narra en paralelo dos realidades diegéticas, el rodaje en Bolivia de una película sobre la llegada de Cristóbal Colón a América y la explotación de los indígenas, y la propia película, en una eficaz construcción de cine dentro del cine. Esta doble realidad revela ecos de una injusticia latente, y acaba por colisionar (como no podía ser de otro modo) con el conflicto social que sirve de fondo al film, la Guerra del Agua. La Guerra del Agua es el nombre popular de una serie de protestas con motivo de la privatización del abastecimiento del agua municipal en la ciudad boliviana de Cochabamba.

La denuncia social funciona en tanto que no es un pegote demagógico o tramposo y sí una construcción dramática de envergadura, y dignifican el film una serie de profesionales entregados al proyecto. Entre ellos destaca la banda sonora del compositor Alberto Iglesias y un grupo de intérpretes sobresalientes. Un sorprendente Karra Elejalde en la piel de Colón. Un fundamental Gael García Bernal. Y un Luis Tosar en plena cresta de la ola, con un impulso dramático que apabulla.

Mucha suerte para Icíar Bollaín y su equipo en la carrera de los Oscar.


martes, 4 de enero de 2011

Bruc (2010)

Un héroe televisivo



Cuando el ejército de Napoleón descubre que su primera derrota se debe a un chico montañés, a un carbonero que, con su redoble de tambor, sembró el pánico entre sus tropas, envía a seis mercenarios curtidos en mil batallas con una sola misión: darle caza en las montañas de Montserrat y cortar su cabeza para clavarla en la plaza del pueblo. Tras asesinar a sus seres queridos y atemorizar a todo el pueblo con sus amenazas, se lanzan en su búsqueda por las montañas de Montserrat.

Bruc tiene las virtudes y los defectos de una producción televisiva nacional. Un grupo de actores solvente y atractivo para el público, con Juan José Ballesta a la cabeza. Un guión simple y sencillo que no esconde sus cartas y que es siempre conciso con su trama argumental. Un diseño de producción corrientucho y no especialmente cuidado. Un entretenimiento notable para un film con pequeñas muescas de ingenio visual por parte de su director Daniel Benmayor, pero perfectamente olvidable.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Balada triste de trompeta (2010)

Exorcismo en el Valle de los Caídos

La prostituta que se escapó de la fiesta. El payaso que tenía miedo a los niños. Un payaso con un machete. La España de la transición en viñetas hipertróficas, de un extraño y ridículo surrealismo. España es ese lugar en el que nada sucede como cabría esperar. Un país en el que se envidia la felicidad de los demás.

Esperaba grandes cosas de Balada triste de trompeta, y Álex de la Iglesia me ha castigado por ello. Con un ritmo repulsivo a trompicones, a cañonazos sin engrasar. Con transiciones feas y torpes, con cortes a destiempo en la sala de edición. Es una película absolutamente antiacadémica, estando dirigida por el Director de la Academia. Algo así como matar dos pájaros de un tiro que sale por la culata. Si bien De la Iglesia viene de dirigir un thriller modélico y academicista fuera de España (Los crímenes de Oxford), aquí vuelca y da varias vueltas de campana en su película más brusca, agresiva, tosca e impaciente.

Precisamente esa impaciencia (como rasgo esencial que perseguía De la Iglesia) se convierte también en el gran defecto del film. La película sufre severos problemas de edición y montaje, algo que podría solucionarse con mayor metraje y atendiendo con más cuidado la pausa en la transición de escenas. Aunque del mismo modo, esa edición brusca y tosca se identifica con el periodo histórico que relata. Los acontecimientos se precipitan sin solución de continuidad, y con escasa probabilidad de éxito.


Las Dos Españas (encarnadas en una pareja de payasos irreconciliables) peleando a muerte por un disparate (una trapecista sin reparos), dispuestos a desfigurarse la cara para transformarse en aquello que más temen. Carlos Areces y Antonio de la Torre son el payaso triste y el payaso tonto de un circo de la España de la transición. Areces y De la Torre están descomunales, como si un santo hubiese bajado expresamente para inspirar sus trabajos.

La película más pseudogrotesca (en estética y planificación) del cine español en muchos años, es también la película que mejor desafía los complejos de nuestro cine en particular y de cualquier cine en general. Balada triste de trompeta podría haber sido la película más apasionada de la historia del cine. Y se ha quedado en la película más desquiciada del mundo. Y de Bilbao. Ahí es nada.


lunes, 13 de diciembre de 2010

Biutiful (2010)

La carne y las moscas de la carne



Biutiful es un film tremendista que explota la miseria ajena. Alejandro González Iñárritu ha hecho una película que se mimetiza muy bien con su personaje protagonista, una película fea, pobre y enferma, con algún momento extrañamente enigmático, pero de un ritmo moribundo.

El protagonista tiene que vivir (malvive) en el Raval de Barcelona, en un piso que se cae a cachos pagado a base de trapicheos, teniendo que alimentar (malalimenta) a dos hijos hambrientos y conflictivos. Uxbal (así se llama, sí) ve muertos, mea sangre cada mañana y tiene que soportar a una ex-mujer drogadicta con trastorno bipolar, mujer de la que encima sigue enamorado. Por si esto fuera poco, el tipo es del Espanyol. Uau!

Aquellos que apedrearon a Woody Allen por hacer de Vicky Cristina Barcelona una postal turística de la ciudad condal, deberían colgar a Iñárritu por su exhibición manipuladora (y a mi gusto también malintencionada) de la cara más fea de Barcelona. Gracias al talento intermitente de Iñárritu y su director de fotografía, Rodrigo Prieto, Biutiful tiene momentos de una intensidad notable.

Pero Iñárritu estaba concentrado en otra cosa. En afear a su casting, en retratar la situación más penosa de la inmigración, en demacrar las calles de Barcelona, en dibujar un calvario a base de amontonar estereotipos y disgustos. En definitiva, Iñárritu ha venido a nuestro país a (de)mostrarnos que la vida es una mierda, y quiere salir de ella forrado de dinero y ovacionado.

Pero mis palabras, igual que el sufridor acercamiento al horror humano de Biutiful, no son, ni serán más que eso, palabrería. Lo que quedará para siempre será la carne que pone Javier Bardem en su transformación mi la gro. Bardem está animal. Un animal que lleva las vísceras por fuera.


domingo, 5 de diciembre de 2010

Uncle Boonmee (2010)

El búfalo, la princesa y la reencarnación del cine



Un búfalo en una selva tropical pretende zafarse de las riendas que lo atan a la civilización moderna. Una vez lo consigue, el búfalo vaga y merodea por la selva hasta toparse con un antiguo guerrero maya.

Una princesa india queda ensimismada en un manantial, y enamorada de su propio reflejo se sumerge en el agua y entrega su cuerpo al manantial. Peces entre los muslos, en la escena de sexo no explícito más impresionante que podemos recordar.

Un hombre-mono allá en la maleza, criatura de ojos rojo-penetrante, se detiene y mira perplejo desde la oscuridad de una noche cerrada.

Boonmee, aquejado de un grave problema de insuficiencia renal, decide trasladarse a su finca en el campo para vivir sus últimos días en el lugar dónde nació. Junto a su hermana y su sobrino, Boonmee hace balance y recuerda no solo su vida sino también sus anteriores reencarnaciones. En la cima de una colina, Boonmee descubre una misteriosa cueva, el lugar del nacimiento de su primera vida. El búfalo. La princesa. El hombre-mono. La selva de Vietnam.

La última, y merecidísima, Palma de Oro en el Festival de Cannes se la llevó a casa el cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul. Uncle Boonmee es una propuesta cálida y húmeda, irregular, a ratos irrelevante o insípida, y sin embargo por momentos deslumbrante e hipnótica.

AW suprime del guión original los fragmentos que especifican toda alusión a las vidas pasadas de Uncle Boonmee, de manera que queda a la imaginación del espectador la interpretación de ciertos pasajes como vidas pasadas de la reencarnación del protagonista.



Para entrar al juego del director tailandés hay que dejarse cautivar por las imágenes y los sonidos exóticos de la selva vietnamita, selva en la que conviven los fantasmas de Apocalypse Now. Es un cine más contemplativo que espectacular.

Ni rastro de la magistralidad que implica ese calificativo de Obra Maestra tan común al crítico de cine de a pie. El cine de AW está por encima (o por debajo, qué mas da) de lo magistral, es un cine abocado a lo sensacional, y por lo tanto premia la conquista de las sensaciones y deja a un lado el rigor de la planificación y la puesta en escena.

Este mismo año habrá otras muchas películas más sólidas, concisas, mejor escritas, interpretadas o dirigidas, pero ninguna tan estimulante, arriesgada, libre o sugerente como Uncle Boonmee.


lunes, 29 de noviembre de 2010

Cómo entrenar a tu dragón (2010)

El lado oscuro de John Lasseter



En una época en la que todos los elogios del cine de animación van para John Lasseter, fundador y director de los estudios Disney Pixar, acuñado nuevo Walt Disney, descubrimos que también el señor Lasseter tiene una mancha negra en su historial. Chris Sanders y Dean DeBlois pertenecían a la nómina de directores de Disney (fueron los responsables de Lilo & Stich) cuando Lasseter los despidió con su amable sonrisa, y ambos llegaron rebotados a la competencia de Disney Pixar, la productora DreamWorks.

Pocos años después, Sanders y DeBlois han logrado un éxito terrible con su segunda película, una producción de 165 mill. de dólares de presupuesto que ha triplicado sus beneficios recaudando unos 500 mill.

Una película interesante, a pesar de que el grueso de la historia es absolutamente convencional, que alberga varias lecturas e interpretaciones algo bizarras. El rechazo padre-hijo. El padre es el líder de un poblado de vikingos que tiene que lidiar con una plaga de dragones. Y el hijo es el inadaptado de la manada, un crío al que la sola idea de enfrentarse a un dragón ya le aterroriza.

La presencia femenina queda en un segundo plano, con una joven que cumple el papel del héroe, y que es una excusa para encubrir la verdadera sexualidad (llámenlo sexualidad, llámenlo pasión) del protagonista. Un joven incomprendido que se cruza en el camino de una criatura legendaria, imponente y temible, para acabar intimando con ella. Una bestia de la naturaleza incontrolable que le inspira una ternura encomiable. Las escenas en las que se conocen el joven y el dragón son de lejos lo mejor de la película. La épica envuelve al romanticismo.

El empleo del 3D está justificado en cualquiera de los espectaculares viajes a lomos del dragón. Las voces originales de los protagonistas son muy acertadas y divertidísimas. La canción de los créditos finales es una de mis favoritas para los Oscars de este año. Y todo el film comparte un ritmo sin baches de un nivel notable. Muy entretenida.


domingo, 14 de noviembre de 2010

Copie conforme (2010)

Antes del anochecer


Copie Conforme es la última película estrenada por el director iraní Abbas Kiarostami, quien desde que en 1997 ganara con El sabor de las cerezas la Palma de Oro francesa se ha convertido en un cineasta de culto y un fijo del festival de Cannes. La cámara espejo de Kiarostami recoge el paseo de un hombre (William Shimell) que ha escrito un ensayo sobre la identidad de la copia frente al original (en el arte) y una mujer (Juliette Binoche) que admira el trabajo del escritor.

El film está sutilmente dividido en dos mitades de modo que casi es imposible delimitar el punto de corte que separa ambas. Ese tranquilo paseo por las calles de un pueblo italiano en el cuál dos desconocidos comparten sus inquietudes y sus preocupaciones acaba convirtiéndose (ya sea de manera fingida o simulada, debate abierto) en el retrato del desamor y la muerte de la pasión de un matrimonio, en el que idénticos protagonistas llevan 15 años casados. No hay ruptura. No hay brecha. El tiempo del film simula el tiempo real.

Un relato que desdobla, sin por ello romper la naturalidad de su narración, la identidad de la pareja protagonista. Un film ensayo, cercano a lo que el cine europeo entiende por obra maestra, que rinde copia a su referente Roberto Rossellini y que cuenta con el imán magnético de otro encuentro romántico a tiempo real, Antes del atardecer (2004). Copie Conforme es cine sobresaliente que esculpe una realidad desoladora.


martes, 19 de octubre de 2010

La red social (2010)

Punch-Drunk Facebook

Empezamos con una paradoja. La red social con mayor número de usuarios en todo el mundo (la friolera de unos 500 millones) surgió con la única intención de convertirse en un club exclusivo. Si pertenecer a un club exclusivo es cool, formar parte del proceso de selección de tu propia parcela exclusiva de ese club, es aún más cool. Tocar lo imposible. Eso es Facebook.

David Fincher se erige en el mejor y más impactante cronista cinematográfico de un tiempo que resulta ser el nuestro. Fincher coge a un icono de lo (pseudo)cool, como lo es Justin Timberlake, y lo transforma en un payaso embaucador de labia viperina y encantador carisma. ¿Y si La red social fuese el mayor spot publicitario jamás rodado? Bienvenidos a la política del siglo XXI.
 
Mark Zuckerberg, nacido en 1984, estudió en Harvard y fue precisamente allí, dónde se inició en el mundo de la programación pariendo un sistema a base de hackear la red de su universidad. Un programa que le supuso los primeros problemas legales y también le dio la oportunidad de participar posteriormente en un proyecto aún más ambicioso. En 2004 creó Facebook. O eso dice él.

Con el mismo espesor narrativo con el que fuimos a la caza y captura del asesino (de) Zodiac, salimos en busca del origen de la idea emprendedora más importante de nuestro tiempo en La red social. La batalla legal y, por supuesto, dialéctica entre los geniecillos que se pelean por el reconocimiento de haber dado a luz a un fenómeno social de la categoría de Facebook. La solemnidad de una verdad recia desgranada con esmero y apuntalada por el score alucinante de Trent Reznor (fundador de la banda de rock industrial Nine Inch Nails).

Pero es preciso aclarar que ésta no es LA película DE Facebook. De algún modo, La red social describe un proceso. Es un film sobre cómo surgió el germen de Facebook y sobre las consecuencias legales, económicas y morales que este germen arrastra consigo.

En un momento de la película un socio de Zuckerberg pregunta al joven: ¿cuándo estará Facebook acabada? Nunca. ¿Puede la moda pasarse de moda? La moda nunca muere, porque al primer síntoma de agotamiento deja inmediatamente de ser moda. Así funciona Facebook. Solo un proceso en constante regeneración puede sobrevivir a la moda. David Fincher nos entrega su La red social cortada con el mismo juego de cuchillos afilados con el que ya nos apuñaló en El club de la lucha. Un realizador excelente que trasnsforma el guión impresionante de Aaron Sorkin y lo muda a cine imperecedero.


Un ensayo de largo recorrido sobre cómo implantar (desarrollar/ crear/ apropiarse de) el germen de una idea. Lo que debería haber sido el Inception de Christopher Nolan, pero no fue. La red social no solo es el relato de cómo se levantó el imperio de Facebook, es también una lección magistral de economía aplicada, de capitalismo salvaje al servicio de la explotación de vivencias ajenas en el encuentro con una conexión al mundo real.

Tocar lo imposible. En una charla calmada de bar americano, en la intensa secuencia que abre el film, una chica rompe en seco su relación con un brillante alumno de Harvard y experto programador. Y un enigma cae echando el telón a un film prodigioso. ¿Creó Mark Zuckerberg la empresa más relevante del siglo XXI por simple despecho?

 

domingo, 19 de septiembre de 2010

The Last Airbender (2010)

Un cordero con piel de lobo


En 1999 El Sexto Sentido fue reconocida unánimemente con un éxito de crítica y taquilla. Desde entonces todos los trabajos de M. Night Shyamalan han suscitado la controversia entre los que le consideran un genio y los que le consideran un fraude. Hasta el año 2010, año en que el director indio estrena The Last Airbender. 11 años después, la respuesta ante una de sus películas vuelve a ser unánime. Solo que esta vez, es unánimemente negativa. Con la adaptación al cine de la serie de animación de Nickelodeon The Last Airbender, Shyamalan se ha expuesto a una lapidación pública en todos los medios, tanto nacionales como internacionales.

Incluso aquellos que defendieron a Shyamalan a contracorriente (con joyas como La Joven del Agua y The Happening) aquí coinciden en que el realizador se ha borrado de la película. Afirmación que en absoluto comparto. El guión es nefasto y el trabajo actoral es pésimo, todo el reparto recita sus frases. Pero el director de El Bosque ya tiene experiencia camuflando sus perlas, vendiéndonos lo que no es. Dando liebre por gato.

Hace dos años nos regaló una obra maestra (The Happening) encubierta bajo la apariencia de un film de serie B, y ahora convierte un blockbuster infantil en un ejercicio de estilo. Llámenlo hiperinflación estilística o adorno gratuito. Los movimientos de cámara otorgan una fluidez casi hipnótica al ritmo de las secuencias de acción. Pienso en Las Crónicas de Narnia y en La Brújula Dorada como referentes más cercanos, y sin embargo, del más hortera y vulgar de los blockbuster fantásticos veraniegos brotan momentos extrañamente mágicos.


La majestuosa banda sonora dota de una rara espiritualidad a todo el film. El compositor James Newton Howard, en estado de gracia, firma una partitura mágica, que se lleva la matrícula de honor cuando logra callar a los actores y el film se rinde a su música. En concreto, en los minutos finales, la penúltima secuencia, en la que se desarrolla la gran batalla, escuchamos 'Flow like water', el que probablemente sea el mejor tema de Newton Howard. Shyamalan desplaza la acción a un plano menor para que la cámara gire en torno a cómo el protagonista invoca una gigantesca ola de agua, donde reina el travelling circular.

Será complicado encontrar el público idóneo para Airbender, con un libreto demasiado idiota para adultos, y un trabajo de cámara demasiado virtuoso para críos. Es cierto que se trata de una equivocación estúpida en la escritura de guión, una metedura de pata enorme en la elección de casting y un desvío torpe (genérico) en su magnífica trayectoria. 

Pero también es cierto que The Last Airbender es una salida de tono rara y personal sobre la que Shyamalan sella la huella de su maravilloso cine.

martes, 14 de septiembre de 2010

You will meet a tall dark stranger (2010)

Vuelve


Vuelve Woody Allen a Londres y vuelve a sus comedias de personajes corales para su cita anual con el cine en You Will Meet a Tall Dark Stranger. En esta ocasión actorazos de la talla de Anthony Hopkins o Naomi Watts rebajan su caché para trabajar a las órdenes del director de Manhattan. Antonio Banderas es un error de casting, siempre se le ve forzado, fuera de lugar aun cuando pretende ser discreto.

Con la teatralidad que caracteriza a todos sus trabajos, vuelve Allen a hablarnos de sus temas estrella: el miedo a la muerte y el miedo a estar solo, la fidelidad y el compromiso. Sin embargo, trata a sus personajes con una desgana preocupante. Woody Allen está agotado, haciendo una y otra vez la misma película, buscando la inspiración en esa mujer de la ventana de enfrente que siempre viste de rojo.

Ya está mayor, y claro está, a veces se le va la cabeza (algunas elipsis rompen el ritmo del relato) pero Woody Allen sigue siendo el abuelo tierno, pillo y cabrón al que toca visitar una vez al año.


lunes, 6 de septiembre de 2010

Los mercenarios (2010)

La testosterona de Stallone


SINOPSIS: Después de años de corrupción y asesinatos de rehenes, además de traiciones y mentiras en su política exterior, Estados Unidos, con la ayuda de otras naciones, arma en secreto un equipo con su personal militar más capacitado para derrocar a un dictador que ha causado estragos en un país de América latina durante más de 20 años. La misión principal del equipo es terminar con la vida del dictador, pero recibiendo poca ayuda de las naciones, que tratan de mantener en secreto la misión... (FILMAFFINITY)

La nostalgia del viejo cine de acción de los ochenta condensada en un film sencillo, conciso y que sabe cómo contentar a su audiencia sin reparar en gastos, explosiones, tracas, golpes y porrazos, damisela en apuros y un desfile inimitable (aunque casi paródico) de estrellas. Lo más interesante es asistir a la confirmación del relevo generacional de Sylvester Stallone en Jason Statham, el ya mítico  repartidor de hostias de Transporter. Stallone copa los títulos de crédito de Los mercenarios, escribe, produce, dirige y protagoniza un tributo al cine que le convirtió en leyenda varias décadas atrás, y lo hace, como no podía ser de otro modo, dejando complejos fuera.


miércoles, 11 de agosto de 2010

Inception (2010)

El martillo pilón

Lo mismo da Eduardo Noriega que Marion Cotillard. Con una idea muy similar a la de Inception, la de construir sobre los sueños de un cliente, y un presupuesto muchísimo más pobre, ya hizo Alejandro Amenábar una película cien veces más inquietante, también con un final que desafiaba a la muerte como el despertar (o no) del sueño/ realidad. Abre los ojos.

Entro en Inception con unas expectativas hiperinfladas. Salgo de Inception con la palabra decepción escrita en la frente. Resulta que Christopher Nolan no es el artista que yo esperaba, sino un artesano. Un artesano que se ha especializado en blockbusters veraniegos. Con su séptima película ha cambiado definitivamente de género, del thriller de intriga/ drama, a la ciencia-ficción/ acción. Una superproducción impresionante con un reparto de actores de lujo, con Leonardo DiCaprio a la cabeza en un papel protagonista gemelo del de Shutter Island, acompañado por la encantadora Ellen Page, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Ken Watanabe, Tom Hardy, Cillian Murphy y el cameo de Michael Caine.

DiCaprio se dedica profesionalmente a construir y trabajar sobre los sueños y el subconsciente de sus clientes y le abre las puertas a una nueva modalidad de espionaje corporativo (¿cómo apropiarse de una idea ajena?). Un trabajo peligroso que le hace arrastrar viejos traumas y fantasmas del pasado, como el de la que fue su mujer, Marion Cotillard. Un dia se le planteará una operación de alto riesgo que supondrá su mayor reto profesional y, a la larga, también personal. Esta vez no se trata de robar una idea, sino todo lo contrario. Inception consiste en implantar una idea en una mente de manera que parezca que ha surgido de manera natural.

Un cruce fallido entre Matrix y Shutter Island, una película exclusivamente de acción que el director de Memento quiere convertir en otro de sus dramas de personajes atormentados con una subtrama estúpida que implica a la mujer y a los hijos del protagonista. El guión es incapaz de extraer todo el suspense que podría ofrecer el film. Inception es un laberinto enorme en el que es imposible perderse porque está plagado de carteles que te indican el famoso "Usted está aquí".

Nolan (brillante escritor y director de Memento o The Dark Knight, entre otras) está atado de pies y manos (y lo que es peor, también de cabeza) a las leyes de la razón. No se trata de buscar lógica donde no tendría por qué haberla, pero es la propia película la que se esfuerza y da mil vueltas persiguiendo una explicación racional para todo este glamuroso tinglado.

La banda sonora machacona de Hans Zimmer convierte Inception en un tráiler de 148 min. con forma de circo de tres pistas, destartalado, sin interés, que trabaja sobre tres planos oníricos al mismo tiempo dejando suspendido el plano real. Persigue tanto el clímax final que éste acaba abarcando tres cuartos de película.




"Si algunos mostramos ciertas reservas es porque quizás creíamos que estaba destinado a proyectar el genio de Christopher Nolan hacia el infinito y, en lugar de eso, puede que haya terminado mostrándonos sus límites." (Gerard Casau: Contrapicado)
Christopher Nolan nos descubre aquí por qué convirtió a su espléndida saga de Batman en un drama, y a su protagonista, Bruce Wayne, en un hombre atormentado. La verdad duele. Y la verdad es que Nolan nunca ha brillado especialmente en las escenas de acción. En concreto, en Inception presume de una planificación algo torpe en ese tipo de secuencias: tiroteos, persecuciones, etc.

Cada uno de los personajes utiliza lo que ellos llaman un tótem, un objeto pequeño a modo de amuleto del que solo su portador debe conocer su tamaño y peso exacto, para no poder ser manipulado por los compañeros, y así distinguir la realidad del sueño. Christopher Nolan también lleva su propio amuleto. Está más preocupado de diferenciar la realidad de la ficción, de cobrar su (por otro lado, merecidísimo) sueldo, que de sumergirse sin concesiones en el farragoso mundo de los sueños.


viernes, 6 de agosto de 2010

Toy Story 3 (2010)

Living in a fantasy

1995, una película de animación protagonizada por unos juguetes que cobran vida revienta la cartelera y marca un hito del género conquistando los corazones de padres e hijos. Una historia adulta envasada para críos. 1999, cuatro años después, se estrena la secuela, que pese al entusiasmo con el que la recibe toda la crítica profesional, no deja de ser una elaborada prolongación de la primera cinta.

2010, quince años después (¡se dice pronto!) llega a las carteleras la tercera entrega de Toy Story. Lleva el sello de la más importante y mejor productora de animación (Disney Pixar) y lleva la firma de uno de sus directores emblema, Lee Unkrich, responsable de Buscando a Nemo y la maravillosa Monstruos S.A.

Toy Story 3 ha sido concebida como una película con toda la autonomía que no tenía la segunda parte. Y ahí se nota el cambio de realizador, pues las anteriores fueron dirigidas ambas por el fundador de Pixar John Lasseter (que aquí se limita a tareas de producción). Toy Story 3 supera en todos los aspectos técnicos a las dos anteriores, está repleta de aciertos visuales, y de guiños cinéfilos, y (c-a-s-i) iguala en encanto al original. Y digo c-a-s-i porque desgraciadamente ya no somos tan niños, ni tan inocentes, ni nos dejamos sorprender con asombro. Pero siendo consecuentes, Toy Story 3 será recordada como la entrega más prestigiosa de la trilogía.

Hay una persecución de western y una fuga de una cárcel. Hay un romance con fanfarrón y doncella de armas tomar. Hay un villano traidor y manipulador que parece tierno y achuchable, y hay una cría tímida y encantadora que heredará todos estos juguetes que ya son leyenda viva.

Hay algo mágico en la mirada de este vaquero de rodeo llamado Woody, que atraviesa todo ese tiempo que nos separa de nuestra infancia. En especial la última mirada que le dedica Andy, su dueño (porque sí, los juguetes tienen dueño, y bien orgullosos están de tenerlo), en el emocionantísimo epílogo que Toy Story se marca para redimir a sus dos tercios restantes y para acabar empapando las (por cierto, terriblemente pesadas y oscuras) gafas 3D. El cine como memoria impagable de recuerdos.


domingo, 4 de julio de 2010

Kick Ass (2010)

Supersalidos hiperactivos


Dave Lizewski (Aaron Johnson) es un joven estudiante invisible para las chicas de su instituto, que despierta un día con la idea de convertirse en un superhéroe, aunque no tenga superpoderes, no haya seguido un duro entrenamiento, ni tenga siquiera una buena razón para ello. Pero la vida de Dave cambiará para siempre cuando se cruce con un par de vengadores callejeros, la terremoto de 11 años Hit Girl y su padre, Big Daddy, y forje amistad con otro joven desquiciado que lucha contra el crimen, Red Mist. El jefe de la mafia local, Frank D'Amico, pondrá a prueba sus habilidades.

El encuentro entre Watchmen, Alta Fidelidad y Supersalidos es un divertimento en todo momento consciente de saberse fashion, cool y demás adjetivos de moda. Es demasiado guay, de una excitación casi agotadora. Pasan demasiadas cosas en Kick-Ass y no es tarea fácil asimilarlas todas a su tiempo.

Exultante acabado visual, impresionantes efectos especiales, ultraviolencia a ritmo de Mika.  Para la historia queda la imagen de Nicolas Cage 1/ enfundado en la elástica de Batman, o 2/ derribando a su hija (impresionante Chloe Moretz como Hit Girl, el descubrimiento del año) a base de balazos.


martes, 11 de mayo de 2010

Room in Rome (2010)

Loving strangers




Vamos a bajar a cada uno a su sitio. Medem no es ningún pervertido sexual. Julio Medem es un niño de trece años que acaba de descubrir el sexo y que maneja la cámara como un señor hecho y derecho. Eso trae muchos problemas, de tan inocentón que es el bueno de Julio, sus películas bordean (¡qué coño van a bordear, pisotean!) con demasiada frecuencia la pedantería y lo pomposo. Así es cómo nos encontramos momentos de verguenza ajena en sus films. Pero resulta que esos momentos ridículos los compensa (gracias, principalmente, a su buen manejo de la cámara) con otros momentos realmente enigmáticos, misteriosos y sensuales.

Room in Rome parte de la idea más sencilla de todas las que ha abordado el director vasco. Dos mujeres desconocidas, una habitación de hotel en Roma, una noche para desatar su pasión, y toda una vida para guardar ese recuerdo. Pero si se lo propone, Medem puede ser el tipo más hortera de la cartelera, por poner varios ejemplos: la decoración de la habitación, las referencias culturetas a la Historia metidas con calzador, el personaje del botones cantarín, el título del film sobreimpreso en un rótulo rojo-porno. Más allá de lo comentado, en Room in Rome está el Medem más contenido en años, el menos sensiblero y el Medem menos bocachanclas.

La primera mitad es muy reiterativa y esa habitación se convierte en un espacio claustrofóbico del que estás deseando salir. De ahí vienen los problemas. Es demasiado larga para lo que nos quiere contar y por eso mismo el guión se mete en alguna incongruencia de la que le cuesta salir. El peso de la película cae sobre las dos actrices protagonistas, que lucen aquello que más saben lucir, sus cuerpos desnudos.

Nos ha pillado de buenas y vamos a aplaudir su metáfora/alegoría con la flecha de Cupido atravesando el pecho de Alba, y también la sangre en la bañera. Medem sabe muy bien cómo abandonar a las mujeres al final de sus películas para regalarnos escenas inolvidables, como el último acto de Caótica Ana, o como aquí, el chapoteo final en la bañera. Sí, debe ser muy difícil rodar el momento más feliz de la vida de dos personas. Y yo aquí me lo creo.

Pero aviso: no soy objetivo. Medem debería hacer un monumento a Russian Red. Por cada ocasión que suena Loving strangers, yo me derrito, y Room in Rome es diez veces mejor.


El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...