sábado, 21 de diciembre de 2013

Blue Jasmine (2013)

Irritante y angustiosa



Blue Jasmine se puede despachar con la misma mirada abatida, cansada y llena de rabia que Cate Blanchett pasea a lo largo y ancho del último estreno en cartelera de Woody Allen. El neoyorkino está agotado de sí mismo, Blue Jasmine es plana y predecible. La sorpresa está en comprobar cómo Allen ha sido capaz de hacer una película tan irritante y angustiosa, en la que poco o nada parece auténtico.


jueves, 21 de noviembre de 2013

La vida de Adèle (2013)

La salsa de tomate


La vida de Adèle ha causado una gran conmoción crítica allá donde se ha estrenado. Ahora se exhibe en las salas de España con muchas etiquetas. Etiquetas que ciñen y que aprietan. Un film francés, de amor lésbico, Palma de Oro en Cannes, polémico y controvertido. Y como si a este fuego le hiciese falta más leña, tiene una escena de sexo, en la que todo se ve, de diez minutos de duración.

Siendo una película que filma muy de cerca a la protagonista, sorprendentemente, en esa escena de sexo tan comentada, el director Abdellatif Kechiche separa la cámara y rueda muchos planos generales. Esa decisión resta intensidad al encuentro, lo hace menos erótico, pero más espectacular, pues no hay por donde hacer trampa. Las chicas trabajaron con unas prótesis que reproducían sus genitales pero la escena en cuestión está tan al límite de la pornografía que el director y las actrices están enfrascados en una pelea pública que amenaza con llegar a los tribunales. Según han afirmado Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, el método de Kechiche fue demasiado autoritario, incluso violento.

En la película, vivimos tan pegados a Adèle (Adèle Exarchopoulos) –a su boca, a su cuello, a sus caderas, a sus piernas– que sufrimos con ella una epopeya vital y amorosa que arranca desde la temprana confusión sexual, y que después da paso a un deseo carnal adolescente hacia una mujer unos años más mayor que ella –Emma (Léa Seydoux)–, con quien descubre el sexo lésbico y el romance obsesivo. En la segunda mitad la cinta aborda los conflictos de la vida en pareja y la separación de un ser al que aún se ama locamente. Anunciar La vida de Adèle como la mejor película que se ha hecho sobre el amor lésbico sería faltarle al respeto. Es una gran película sobre el amor. Punto. Sin apellidos.

Las actrices Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux están absolutamente asombrosas. No hay con qué medir sus actuaciones porque no parecen eso, actuaciones. Ellas hacen de esta película un espectáculo doloroso. El resultado final silencia la polémica. Puede que La vida de Adèle se beneficie de la controversia que ha despertado, pero su éxito es fruto de una combinación de talentos indiscutibles que se han aliado mágicamente para componer una obra muy importante, en la que los diálogos, las situaciones y los personajes surgen naturales, espontáneos, y te absorben dentro de ella.

Desde aquí, una propuesta íntima al espectador de ésta película. Juegue a adivinar qué papel tiene la salsa de tomate en La vida de Adèle. No sé si es la ansiosa manera de comer de Adèle Exarchopoulos o lo obscena que es la cámara acechando su boca manchada, pero puede que en la salsa de tomate esté la respuesta a los misterios y dilemas de esta película.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Solo Dios perdona (2013)

Mira mamá, ¡sin manos!


Si te gustó Drive, olvídate de ella. Esto es otra cosa. Sólo Dios perdona es fascinante, sensual y muy bestia. A su lado, Drive parece un rebaño de cabras cruzando la carretera. En su sencillez –la trama es simple y nada inteligente– encuentra algo abstracto. Un remanso de sosiego, espiritualidad y misticismo. Un ritual de cine misterioso y onírico que por momentos toca con la punta de los dedos a Lynch. La crítica española ha sido muy tiesa con la nueva película de Winding Refn.

Se ha dicho de ella que está vacía de significado y hueca de sentido. Lo que ocurre es que es una obra autoconsciente de saberse maldita, prefabricada. Es decir, es una falsa obra maldita. Lo que no quiere decir que sea mala. Por ese camino ha perdido parte de su encanto, cierto, pero su contundencia se mantiene intacta. Es enfermiza y bellísima, no paga peajes para contentar a ningún espectador, probablemente porque Ryan Gosling ya garantiza un resultado notable en taquilla.

Hace años que me propuse defender y vocear el cine que no entiende de esquemas ni de actos, que no sigue patrones ni reglas, que no lee manuales de realización. Viendo y escuchando Sólo Dios perdona entras en un mundo en el que no puedes apostar qué viene a continuación, un mundo en el que no puedes adivinar por dónde vendrá el final. Refn cultiva la sorpresa y le ha salido una película única y mágica.




Ryan Gosling poniendo cara de Ryan Gosling, música de sintetizadores, luces de neón, decorados kitsch, un trabajo de iluminación maravilloso (Kubrick, ¡principiante!), las calles de Bangkok…, ésta es una gran película. Como la mezcla Cedric Gervais & Lana del Rey en Summertime Sadness. Exótica, bakala y solemne.

martes, 8 de octubre de 2013

Gravity (2013)

Proeza visual


Hay algo emocionante en ver una cosa por primera vez, en descubrirla. Los primeros minutos de esta película (no pocos) están rodados sin un solo corte y con la cámara flotante en constante movimiento de Emmanuel Lubezki. Ya pudimos disfrutar de este efecto en El árbol de la vida, pero aquí adquiere un nuevo sentido al imaginar la cámara en un espacio (ficticio) de gravedad cero.

Alfonso Cuarón, máximo responsable de la película, podía haber convertido Gravity en un ejercicio radical, museístico o circense (táchese lo que peor suene), prolongando esta toma sin cortes hasta los créditos finales. En esa película paralela soñada, viviríamos la experiencia de Ryan Stone, una ingeniera en su primera misión espacial, y Matt Kowalsky, un veterano astronauta, ambos trabajando desde el telescopio espacial Hubble en un día normal y rutinario. Simple.

Sin embargo, volvemos al film de Cuarón, la exigencia comercial exige que la película sea rentable en taquilla (esto es comprensible pues el dinero invertido, 100 millones de dólares, es mucho, y hay que recuperarlo) y lógicamente Gravity debe amoldarse a las reglas que mejor funcionan para la gran mayoría del público que acude a las salas. Esto obliga a Cuarón a cortar la toma y a someter a su protagonista a una yincana de desgracias e infortunios totalmente inverosímil.

Muchas de las tomas de esta película exploran lugares nunca antes visitados en el cine. Gravity tiene todo el derecho del mundo a ser sencillamente un espectáculo visual, el problema viene cuando Cuarón nos lleva con frecuencia a primeros planos prolongados de los actores e incluso a cámaras subjetivas. El cineasta ha emprendido una búsqueda de emociones humanas como el desamparo, la soledad o el miedo, y eso es algo que no encuentro por ninguna parte. Ha fracasado en ese empeño. Quizá porque me cuesta pensar en dos actores que chirríen más que Sandra Bullock y George Clooney en los papeles principales. El resultado es que nada me conecta humanamente a Gravity.


Es una lástima que Cuarón haya atado la emoción de Gravity exclusivamente a su proeza visual. Los que amamos el cine sabemos que éste es un paso fundamental para maravillarnos en futuras noches, sí, pero estábamos impacientes porque Gravity nos desbaratase algo más que las retinas. Queríamos que nos alborotase el cuerpo entero. Y eso, desgraciadamente, no lo ha hecho.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Colesterol bueno

Breaking Bad


Un plato hecho añicos en el suelo. Un hombre encadenado en el sótano. Comienza el descenso a los infiernos de Walter White. Un tipo serio que solo quiere ayudar a su familia. Esta noche nuestra tele está luto. Breaking Bad dice adiós para siempre.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Remember the monsters? (2013)

Escalar montañas


"Escalar montañas". Eso quiere Debra. 96 episodios después, 96 horas frente a una pantalla. En Remember the monsters? hemos visto la mejor hora de Dexter en mucho tiempo. Sin tramas secundarias absurdas, sin apariciones fantasmas de Harry y con menos voz interior de Dexter. Tres decisiones complicadas que en sus últimas temporadas han hecho de Dexter una serie que no encaja en el modelo de pedigrí que tan bien defienden Mad Men o Breaking Bad.

Solo liberándose de esos complejos podemos entender el final de Dexter, Debra Morgan y Hannah McKay, como un acto de sacrificio para cada uno de nuestros protagonistas, que encaja con las expectativas que había generado y que es consecuente con las características habituales de este espectáculo. Una serie entretenidísima que comenzó en el límite de aquello que está siempre a punto de romperse. Y se rompió. Los productores de Showtime fingieron que nada había ocurrido.

No me entiendan mal. Remember the monsters? tiene por supuesto muchas cosas que no me gustan. Primero, me hubiese gustado ver a Hannah McKay jugar un papel más activo en este episodio, Yvonne Strahovsky podría haber demostrado la casta de gran actriz que tiene. Segundo, el giro de guión que acaba con el contratiempo de Debra en el hospital es totalmente innecesario, podían haber llegado a él de una manera más natural, sin engaños.

Y tercero, el último movimiento de cámara (un travelling de acercamiento) acompañado del gesto de C. Hall (mirando a cámara) mastica y entorpece un final muy bello. El rostro de perfil de Dexter, silencioso, condenado en la penumbra de su cabaña. Si estuviésemos viendo un espectáculo sobrio y contenido algunas decisiones hubiesen sido muy diferentes.


Pero hay que celebrar Dexter tal y como fue. Y quedarnos a vivir para siempre en su calurosa ciudad de Miami. O mudarnos con McKay a Argentina, aunque simplemente sea... Argentina.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Pedacito de vida

Dexter


Primera toma de contacto con Dexter Morgan. El ritual es intoxicante. Un analista de sangre que trabaja de día en el Departamento de Policía de Miami y de noche hace horas extra aniquilando criminales. El señor Morgan no es un vengador justiciero y trasnochado, Dexter disfruta como un gorrino quitando la vida a sus víctimas. Su padre adoptivo Harry le enseñó un par de cosas para escapar de la Justicia y un código moral para saldar cuentas con su culpa. Dexter tiene una novia que le abre la puerta con toda la inocencia de Miami, una hermana esquelética y malhablada, y una barbie despiezada en el congelador. 

Ocho años después, el ritual sigue siendo intoxicante.

lunes, 2 de septiembre de 2013

El resplandor (1980)

¿Terror o esquizofrenia?


Se ha extendido entre la crítica y los cinéfilos la idea de Stanley Kubrick como un cineasta que pretende dinamitar los géneros. Cuando Kubrick anunció que su siguiente película sería un film de terror –el único de su trayectoria que puede definirse como tal– en el que adaptaría una novela de Stephen King, la expectación era muy alta. ¿Qué sería capaz de hacer el director neoyorquino con el género de terror?

Pues es cierto que El resplandor se desmarca de algunos lugares comunes del género. Sustos y sobresaltos brillan por su ausencia y es un verdadero gustazo ver cómo Kubrick renuncia a la oscuridad para crear tensión. 

Del trabajo meticuloso de Kubrick con la luz nacen escenas fascinantes. Pero algunas de sus decisiones me parecen muy poco acertadas. Por otro lado, no considero que El resplandor haya revolucionado el cine de terror, porque está lejos de pertenecer a ese grupo de películas.

Dirigir es tomar decisiones. En un momento del film, después de la magnífica secuencia del bate de beisbol, Jack Torrance está fuera de control y su mujer Wendy consigue encerrarlo en el almacén de comida del hotel. Jack intenta engañar a su mujer con buenas palabras para que le deje salir. Aquí viene una decisión complicada. Kubrick apuesta por enseñarnos el rostro de Jack, desvelando el engaño, en lugar de compartir el desasosiego de Wendy, amenazada de muerte por su marido. La decisión está en desechar el efecto de suspense para convertir la película en un retrato de la esquizofrenia del personaje central.

Solo unos meses antes que El resplandor se estrenó Alien de Ridley Scott, una película que demostró que cuanto menos vemos al monstruo más terrorífico crece en nuestra imaginación. Pero aquí la empatía –un caso complejo considerando que Kubrick es un cineasta muy poco empático– es para el monstruo. De hecho la película en muchas situaciones nos obliga a tomar parte como Jack. Participamos en sus ensoñaciones (como el precioso travelling en el que descubrimos una celebración en The Gold Room, con viaje en el tiempo incluido) y entramos con él en la habitación 237. Lo que ocurre en ese cuarto de baño pintado de verde es algo imposible de reducir a palabras. 

El laberinto exterior del hotel tiene cabida dentro del propio hotel, con pasillos que parecen llevar a ninguna parte y con habitaciones en las que el monstruo (una suerte de minotauro al que da vida Jack Nicholson) va conociéndose a sí mismo en una espiral de esquizofrenia. El resplandor continúa siendo una obra enigmática.

sábado, 10 de agosto de 2013

Passion (2012)

Un antifaz y pastillas para dormir


Con Passion, la película que Brian de Palma presentó en el festival de Venecia del 2012, ocurre que ni ha pasado por la cartelera española ni se la espera. En estas circunstancias es sensato intentar conseguirla a través de Internet. Lejos de hacer apología de la piratería lo que realmente quiero es recomendar Passion, a pesar de todas las cosas horribles que tiene, De Palma se quita la vergüenza y filma lo que le da la gana, lo que le apasiona. Es una película fallida (hay que tener mucho morro para decir tal cosa): desde su mismo título (que invoca a una emoción poderosísima y preciosa que brilla por su ausencia), hasta el obvio y cutre homenaje/imitación a Hitchcock (De Palma siempre se ha caracterizado por venerar al cineasta británico) que hace palidecer la película al lado de obras mayores con más de medio siglo de antigüedad.

Por esto y por más cosas es una película que fácilmente puede catalogarse como mala, que tiene una habilidad primorosa para convertir una situación seria en cómica y desenfadada, o un instante frívolo en algo grave y pesado. Protagonizada por dos ejecutivas, Noomi Rapace y Rachel McAdams, que se disputan un mismo puesto en la empresa y que desatan envidias, celos y odios; McAdams está especialmente inspirada. 

La primera mitad sienta las bases de lo que tenemos delante, un trabajo de colores precioso (me encanta lo que ha conseguido el director de fotografía español José Luis Alcaine), y un tratamiento narrativo ridículo. De ahí en adelante todo es disfrute. Hitchcock se empastilla y en la oficina siempre es de noche. La luz azul que penetra por las rendijas ilumina las imágenes de ángulos torcidos, los sueños, los sueños dentro de otros sueños, las melenas rubias, las morenas, las pelirrojas. Una pantalla partida precede al clímax, para seguir gozando. La música se pone herrmanniana y la trama se cierra en bucle para volver a ser imaginada.

–¿Película mala?
–¿Qué es eso?
–La he disfrutado,
–… muchísimo. 

Ah, por cierto. Las pastillas eran de pega.

miércoles, 17 de julio de 2013

After Earth (2013)

El futuro en una fantasía infantil


Podríamos hacer un esfuerzo por no mencionar aquello de que el señor que ha dirigido After Earth un día fue el director de El sexto sentido (Shyamalan, 1999). Night Shyamalan es Night Shyamalan, punto. Sus últimos proyectos, elegidos con más o menos acierto, tampoco vamos a entrar a juzgar eso, le conducen hacia una deriva de blockbuster híbrido entre la ciencia-ficción y la fantasía destinado a un público infantil. Shyamalan nunca ha ocultado que hace películas para sus hijas: La joven del agua (Shyamalan, 2006) era un cuento que le leía a sus tres hijas antes de dormir y The Last Airbender (Shyamalan, 2011) era una serie de animación que le encantaba a las chicas. No es de extrañar entonces que el resultado deje insatisfecho al público adulto. La crítica está masacrando al que un día fue su niño mimado pero los datos de taquilla son buenos y sus películas son rentables en términos económicos.

En After Earth, Shyamalan se basa en una historia ideada por el actor Will Smith, planeada para lucimiento familiar, pues Smith exige a su hijo en el papel protagonista. Will y Jaden Smith mantienen un pulso en pantalla desafortunado, con más entusiasmo que talento. Sin la magia de sus actores –la tenían Haley Joel Osment en El sexto sentido,  Bruce Willis en El protegido, Mel Gibson en Señales, Bryce Dallas Howard en El bosque y Paul Giamatti en La joven del agua–, Shyamalan está más expuesto al fuego de sus imágenes y sonidos.

Hace unos meses circularon por Twitter unas declaraciones del propio cineasta comparando su nueva criatura con un cruce entre El árbol de la vida y Jurassic Park. Parecía un reto casi imposible combinar a Malick y a Spielberg. Visualmente la película cumple con las expectativas, el trabajo de cámara y las soluciones visuales siempre han sido el punto fuerte de Shyamalan, pero After Earth falla en todo lo demás. Huele a encargo con poco interés y nada de pasión y desprende un mosqueante tufo espiritual. ¿Los Smith? Bueno, supongo que son una buena baza de promoción.  

Dejando de lado las estadísticas de Metacritic, las acusaciones de panfleto religioso cienciólogo y los datos de recaudación en taquilla, Shyamalan sobrevivirá a esta película. No lo dudo. Su talento, su genio y su vocación son tan grandes que volveremos sobre After Earth para descubrir el jugo de su fino y elegante cine.


jueves, 20 de junio de 2013

El hombre de acero (2013)

Un salto de fe


En una escena de El hombre de acero Clark Kent confiesa sus dudas a un sacerdote cristiano. “Antes de confiar primero debes hacer un salto de fe”, le dice el sacerdote. El público va a tener problemas para conectar con esta nueva versión de Superman porque presta más atención al Clark Kent kryptoniano que al terrestre. Esta es una película sobre Krypton, el lugar donde nació Kent, sobre la guerra que asola el planeta, sobre su destrucción, y sobre las ansias de un grupo de kryptonianos para recrear su planeta en la Tierra. Y la batalla final entre Superman y Zod, tiene el mismo interés que aquel enfrentamiento de Alien versus Predator. Son dos personajes que no comprendemos, que se escapan a nuestro conocimiento, dos extraños, dos extraterrestres.

Christopher Nolan, que en esta ocasión se limita a labores de producción, ha mutilado la vertiente lúdica de la historia original con su habitual tono afectado –aunque buena parte de culpa tendrá el guionista David S. Goyer, guionista también de las nuevas películas de Batman–. Y el sello del director Zack Snyder está en su estilo visual tan lejos de la sobriedad. Comienza la lista de referencias. Aquí conviven la desmesura y la falta de cordura de anteriores películas de Snyder como 300 o Watchmen, con los colores y los efectos especiales del John Carter que dirigió Andrew Stanton. Y parece filmada por alguien que ama por igual Él árbol de la vida de Terrence Malick y Transformers de Michael Bay. La combinación es poco excitante.

El empeño por hacer de El hombre de acero una producción seria y adulta es evidente. El equipo de actores –con Russell Crowe, Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Kevin Costner, Diane Lane y Laurence Fishburne– (uau!) hace un esfuerzo por dar gravedad y credibilidad a sus líneas de diálogo, y aún así el vacío y el aburrimiento terminan por arrasar esta película. En el momento más emocionante de El hombre de acero, Superman escoge, de entre todas las ocupaciones imaginables, pasar el resto de su vida camuflado bajo el uniforme de un periodista. Eso sí es un salto de fe, y lo demás son tonterías.


sábado, 15 de junio de 2013

Antes del anochecer (2013)

Algo desnudo

En un momento de Antes del anochecer Jesse bromea en varias ocasiones con tener una máquina del tiempo con la que ha viajado desde el futuro hasta el presente. Si pudiésemos hacer el viaje inverso conoceríamos de primera mano la repercusión y el impacto de esta obra en el espectador del futuro. Resulta que la alusión a ese viaje por el tiempo va más allá de la simple broma, encaja dentro del análisis de esta película como máquina de medir el paso inexorable del tiempo y sus consecuencias penosas. Porque el tema primero de la película es por supuesto la relación humana entre Jesse y Céline, el amor y el sexo. Pero tras esto se esconde el terrible doble enfrentamiento de: primero, el hombre contra el tiempo que se le escapa, y segundo, el hombre contra el tiempo que le oprime.

Jesse y Céline no son unos desconocidos para nosotros. Son esa pareja de personajes, ¿ficticios?, que se conocieron hace casi tres décadas en un viaje  en tren hacia Viena en Antes del amanecer (Linklater, 1995). En aquella película los dos jóvenes – Jesse, un chico americano, y Céline, una chica francesa– deciden pasar un día juntos descubriendo Viena antes de tener que separarse al amanecer para volver a sus respectivos hogares. Nueve años después, Jesse y Céline vuelven a encontrarse en Antes del atardecer (Linklater, 2004) y dan un paseo por París antes de que Jesse tenga que tomar el vuelo que le devuelva a América. Y nueves años después, el cine les reúne de nuevo en Antes del anochecer (Linklater, 2013).  Jesse y Céline disfrutan, en esta ocasión ya como pareja estable, de un tiempo de vacaciones junto a sus dos hijas en el Peloponeso griego. El tiempo ha dejado huella en sus rostros y en sus cuerpos, pero también ha consumido parte de sus ilusiones, de sus sueños de juventud, ha arrasado parte de sus vidas.

Durante la rueda de prensa del estreno de la película en Berlín, un periodista preguntó al director y guionista del film, Richard Linklater, por qué razón se había decantado por un final feliz. Sin embargo no creo que éste pueda considerarse feliz. Desde luego no es un final triste, pero tiene un tipo de ambigüedad que juega con nuestras expectativas. De manera que nosotros somos quienes debemos dar cobijo en nuestra imaginación al futuro de esta pareja. Algo que no nos va a ser muy molesto porque después de presenciar esta maravillosa película, y gracias al trabajo de actuación que realizan Ethan Hawke y Julie Delpy con Jesse y Céline, se hace fácil sentirlos muy nuestros.

Antes del anochecer no es un artificio, y no tengo nada en contra de los artificios. Los hay maravillosos y los hay detestables, de hecho, precisamente ahora, coinciden en cartelera El gran Gatsby de Baz Luhrmann y The Lords of Salem de Rob Zombie, dos notorios artificios que cada uno puede valorar según le venga en gana. Pero Antes del anochecer no es un artificio diseñado para el entretenimiento o el alucine. Es otra cosa. Y esta cosa es algo extraño de definir y de dar nombre. Llamémosle película, cine, obra maestra, o sencillamente un ensamble de imágenes y sonidos dentro de una lata. Sea lo que sea, esto rasga algo doloroso y honesto, algo verdaderamente auténtico y desnudo.


jueves, 6 de junio de 2013

El mensajero (2013)

Héroe de familia


El mensajero parte de una idea discutible y difícil de concretar con buen gusto. Introducir una trama ridícula de heroicidad y sacrificio familiar (un hombre que busca desesperadamente salvar a su hijo) dentro de un pequeño núcleo dramático (una familia desestructurada), y que, a su vez, sirva como denuncia de una parte del sistema judicial norteamericano (algunas de las leyes antidroga).

Lo cierto es que El mensajero tiene una actuación por parte de Dwayne Johnson mucho más sutil de lo que cabría esperar de un hombre apodado 'The Rock' y que solo se deja ver en películas de acción. Aunque también ocurre que El mensajero es más intimista de lo que viene siendo habitual en este tipo de películas. El director Ric Roman Waugh y el operador Dana Gonzales utilizan muchos planos cerrados de sus actores y puedes contar con los dedos de una sola mano las escenas de acción.

Esta versión descafeinada de un capítulo de la serie de televisión Breaking Bad dura más de lo conveniente. En un momento del film hay un giro de guión que complica la trama y alarga el metraje hasta convertir El mensajero en un rollo pesado y predecible que podría haberse resuelto con 20 minutos menos.

martes, 21 de mayo de 2013

El gran Gatsby (2013)

Quizá en otro mundo


Quizá en otro mundo, o en este mismo si todos volviéramos a nacer, un hombre como Baz Luhrmann sería venerado y admirado como un artista valiente que no teme ni a los grandes proyectos ni a las ideas grandiosas. Luhrmann dirige El gran Gatsby con su particular estilo recargado, kitsch, y anacrónico, arriesgando su otra mejilla a solo un palmo del ridículo. De ahí que esta película sea tan emocionante.

Hagamos un ejercicio de des-memoria. Pongamos que no existe ninguna otra película sobre Gatsby, o que no la hemos visto u oído, que no hemos leído el relato de Scott Fitzgerald, o que no sabíamos de su existencia. Porque eso es lo que parece pretender Luhrmann. Lo antiguo y lo moderno, lo viejo y lo nuevo, qué importa. Profanar a Winehouse e inmortalizar a Lana del Rey.

“La música genial es atemporal”, dice el realizador australiano. También lo es el cine. Y Gatsby, un héroe romántico hecho a sí mismo. Ésta es la trágica historia de un hombre movido por el amor magnético que siente hacia una mujer que, no merece tanta atención y que probablemente esté algo idealizada, pues los encantos de esa mujer palidecen en comparación con la entrega excesiva y hermosa de Gatsby hacia ella.


Leonardo DiCaprio, que ya hace tiempo dejó de ser un crío, ha escalado como actor, y ahora su carisma y personalidad (claves para dar vida al misterioso personaje principal) rinden a la misma altura que su atractivo para la taquilla. El gran Gatsby, con un millón de defectos para el que los busque y un millón de virtudes para el que las encuentre, es una película gloriosa sobre la megalomanía y Gatsby se emocionaría con ella.


viernes, 17 de mayo de 2013

The Lords of Salem (2012)

Un aquelarre ridículo y pretencioso


Me cuesta imaginar a alguien disfrutando con The Lords of Salem, una propuesta extrema pero que en el fondo se queda en una película desagradable, ruidosa y aburrida. La historia arranca con un grupo de mujeres celebrando un aquelarre en torno a un fuego en el Salem (Massachusetts) del siglo XVII. La siguiente escena nos presenta a Heidi Hawthorne (Sheri Moon Zombie), una joven mujer que vive en el Salem de la actualidad. Heidi trabaja como pinchadiscos en un programa radiofónico nocturno y un día recibe de forma anónima un vinilo que al reproducirse emite una melodía misteriosa que parece afectar a todas las mujeres del lugar.

The Lords of Salem no deja nada a la imaginación. Es inevitable tomarse a broma este exorcismo frenético, pero no podemos obviar que Rob Zombie, en su tremenda ambición (santuario a la Luna de Méliès, incluido) ha apuntado a algunos nombres potentes y sagrados. Temáticamente, la película está próxima a La semilla del diablo de Polanski, mientras que sonora y visualmente aspira a parecerse por momentos al Kubrick de 2001 o Eyes Wide Shut. Y es en esa pretensión donde Zombie, aderezado por el genio de Mozart, ha hecho un ridículo espantoso.

A Zombie le gustaría morir con la etiqueta de cineasta maldito e incomprendido pero no tiene ningún reparo en usar los trucos más viejos y sobados para asustar al público de la sala oscura, y en definitiva tampoco siente ningún pudor en aburrirnos soberanamente. Si de verdad quieres invocar esta noche a Satán búscate una grabación en VHS de Leticia Sabater en Con mucha marcha y olvídate de The Lords of Salem.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Objetivo: La Casa Blanca (2013)

Un 007 americano y algo tosco


Objetivo: La Casa Blanca nos cuenta la historia de Mike Banning (Gerard Butler, empeñado en parecerse a Russel Crowe), un agente del Servicio Secreto estadounidense responsable de la seguridad del Presidente Asher (Aaron Eckhart, en la línea de su Harvey Dent para El caballero oscuro), que después de presenciar un terrible accidente de coche en el que muere la Primera Dama, decide abandonar el puesto. Varios meses después, un ataque terrorista norcoreano toma La Casa Blanca y secuestra a la cúpula del Gobierno. Banning se ve obligado a volver a la carga para rescatar a su amigo Asher y, ya de paso, a toda la nación.

En Objetivo: La Casa Blanca Butler se presenta como un 007 americano algo tosco (de hecho, el actor que interpreta aquí al líder de los terroristas, Rick Yune, fue el villano de Bond en Muere otro día). La película, aunque lejos de perdurar en la memoria, ofrece una buena dosis de espectáculo y entretenimiento, y también nos regala alguna de esas bochornosas escenas de cámara lenta y música bombástica para aplatanar a los monos.

Todo lo que puede suceder dentro de la película es completamente previsible, y aun así un buen casting y la luz triste y nostálgica del operador de cámara Conrad W. Hall (que ha heredado el buen gusto para iluminar de su padre, el mítico director de fotografía Conrad L. Hall) consiguen aportar un empaque de seriedad y credibilidad para esta nueva versión (si se piensa, casi paródica) del héroe patriota americano que busca encontrarse a sí mismo y acaba salvando al mundo. 

martes, 23 de abril de 2013

En pañales y gateando

Por qué me gustan las películas de Terrence Malick


Mientras escuchamos en boca de los agoreros aquello de la muerte del cine, las películas de Terrence Malick, con todos sus defectos, que los tienen, y El árbol de la vida y To the wonder dan cuenta de ello, ponen de nuevo el cine en pañales y lo dejan gateando. Nadie antes había planeado proyectos de esta talla y tampoco nadie había filmado antes con esta gracia tan particular.

Malick cada año le tiene menos miedo a los productores o a los datos de taquilla, y cada año es más experimental, tanto que no es difícil encontrar un texto que enmarque To the wonder fuera de los límites de la narrativa. Esa es una muestra de lo mucho que desafía esta película, quizá fallida (quién sabe), las convenciones y los lugares comunes de gran parte del cine que se estrena estos años. 

To the wonder es pretenciosa, empalagosa, reiterativa, pesada y ridícula, pero Malick es un narrador,  y como narrador arriesga, experimenta, a veces fracasa, ama su profesión y se ama a sí mismo. Su cine es narrativo porque cuenta y transmite emociones y desentraña algunos de los misterios más recónditos de nuestra existencia. Y todo lo hace desde su estilo desafiante, provocador, ambicioso, raro y loco.

martes, 16 de abril de 2013

To the wonder (2012)

Escrito en el agua


Solo un año después de El árbol de la vida el cineasta Terrence Malick estrena su sexta película, To the wonder. Malick es un caso aparte en la industria del cine norteamericano. Tiene la fama y la reputación de un artista renacentista, es un intelectual y un estudioso de la música, la danza, la pintura y la literatura. Su cine cubre en cierta medida la necesidad de la industria de dar cobijo a un artista cuya preocupación primera, muy por encima del dinero, sea la belleza.

Esta película está protagonizada por varios personajes: la joven pareja de enamorados Neil (Ben Affleck) y Marina (Olga Kurylenko), y el padre Quintana (Javier Bardem), el párroco que les da consejo. De entre ellos, el personaje al que da vida la actriz ucraniana Olga Kurylenko es el más atractivo del film, en todos los sentidos. Marina es una mujer francesa, joven y bella (Kurylenko parece una bailarina, constantemente en movimiento), que se enamora de un americano y se marcha a vivir con él a su hogar en Oklahoma. Allí encuentra muchas cosas que le fascinan pero al mismo tiempo añora su vida en París.

Las primeras palabras del film (“recién nacido, abro los ojos”) nos invitan a descubrir con una mirada fresca y nueva aquello que el maravilloso operador de cámara Emmanuel Lubezki ha filmado en To the wonder. Y la película demuestra la fascinación que Malick siente hacia todas las cosas, aunque muy especialmente hacia las cosas naturales o la naturaleza. Malick todavía dedica mucho más tiempo a jugar con el agua en una playa de Normandía que a viajar en el Metro de París.


Es verdad que, agotado el factor sorpresa, To the wonder tiene momentos redundantes y repetitivos. Algunas tomas, demasiadas, parecen simples ecos de El árbol de la vida. Pero también es cierto que el film sabe cómo encontrar esos momentos deslumbrantes que Malick y su equipo moldean como si le ganasen una batalla al tiempo o escribiesen en el agua.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Los últimos días (2013)

La tormenta que viene


Ante una película sutil y misteriosa, como lo es Los últimos días, lo mejor que se puede hacer es mantener vivo ese misterio y jamás reventarlo. Nada se debe contar del argumento de este thriller que tiene un tratamiento muy próximo a la ciencia ficción.

El misterio de la película, muy fino en la dosificación de la información, se va desvelando a base de idas y venidas en el tiempo y con la misma naturalidad con la que avanza la aventura del protagonista. Los diálogos están cuidados para que nadie hable de más (¡qué gusto!) y los actores están convencidos de que el proyecto merece entrega y oficio. Títulos como Soy leyenda o La carretera no son ni la mitad de apasionantes que Los últimos días, a su lado el cine de espectáculo norteamericano de esta década no parece una quimera inalcanzable para la producción española. 

El clímax final de Los últimos días parece clonado de aquel de The Happening (2008), aunque lo que en el film de Shyamalan era lírico y corajudo en Los últimos días se traduce a una escena más convencional, y menos valiente. Pero ni eso, ni ese epílogo verde y buen-rollista con el que los hermanos Pastor cierran el film puede agotar el encanto de esta película que te agarra y te obliga a vivir dentro de ella.


viernes, 22 de marzo de 2013

Anna Karenina (2012)

¡Al diablo la historia!


Con Anna Karenina el director Joe Wright da un paso al frente que provocará amores y odios. Amores en sus momentos ensimismados de gusto sublime y odios en sus momentos ridículos, que también los tiene, y a patadas. El referente más loco de Wright para realizar esta loca película podría ser el Moulin Rouge de Baz Luhrmann.

Hay varias razones por las que la narración no conecta con el público y que convierten el romance entre Karenina y Vronski en algo poco creíble, entre ellas, el error enorme de casting de Aaron Johnson en el papel del ardiente militar que enamora a Karenina, el abuso de unas elipsis brutales, y la difícil decisión de escenificar la historia en un escenario teatral subrayando el artificio de ésta. 

Muy probablemente será castigada por las productoras y la taquilla por no ajustarse a lo esperado, por no entrar en el molde, pero yo agradezco y aplaudo el talento de esta película. Es cierto que naufraga en su intento de narrar la historia de Tolstói, pero a nivel visual es una pirueta mortal con un trabajo precioso de vestuario, decorado y luz. Orquestado por un cineasta fino, delicado y también algo suicida, esta versión poco ortodoxa de Anna Karenina quedará como algo maldito y digno de recordar.


lunes, 18 de marzo de 2013

Votaciones 2012

Gracias a todos los que os pasáis un rato por el blog a discutir sobre las películas que nos gustan. Mis mejores expertos de cine han votado y estas son sus películas favoritas del 2012. Está claro que nosotros sí vemos cine español, y que además nos gusta.



Trecce 
http://eldardodelapalabra.blogspot.com/

En la casa
La vida de Pi
Los niños salvajes
Madrid, 1987
Drive

Holy Motors
Amor
Grupo 7
Django Desencadenado
El lado bueno de las cosas

Blancanieves
Grupo 7
Looper
Ted
Prometheus

Carlos Megía

Grupo 7
Blancanieves
Warrior
Looper
Moonrise Kingdom

Moonrise Kingdom
Ruby Sparks
En la casa
La parte de los ángeles
Blancanieves

Néstor Rubio

Argo
Blancanieves
Prometheus
Looper
Ted

Maria Pascual

Intocable
Looper
Lo imposible
Blancanieves
Prometheus

Carlos Curiel

Los Vengadores
Django Desencadenado
Grupo 7
The Dark Knight Rises
Prometheus

Fernando Llamazares

Amor
Django Desencadenado
Argo
Blancanieves
El lado bueno de las cosas

Ángela Rodríguez-Madridejos

Moonrise Kingdom
Django Desencadenado
Blancanieves
Lo imposible
El lado bueno de las cosas

Jon Nieve

Django Desencadenado
Argo
The Dark Knight Rises
Intocable
Ted


LAS GANADORAS

1. BLANCANIEVES (Pablo Berger) – 7 votos



2.- DJANGO DESENCADENADO (Quentin Tarantino) - 5 votos



3.- GRUPO 7 (Alberto Rodríguez)- 4 votos



4.- PROMETHEUS (Ridley Scott)- 4 votos



5.- LOOPER (Rian Johnson) - 4 votos


martes, 12 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros (2013)

Ábreme pista



El inigualable (gracias a Dios) Carlos Areces, actor sin par, destinado a esculpir su pavidez chanante en la historia del cine español, da con el registro ideal para abanderar Los amantes pasajeros. Una comedia luminosa y colorida, llena de tics nerviosos e impulsos irrefrenables de libido, que fuerza los límites de lo grotesco.

Pese a que parece llevar la palabra fracaso tatuada en la frente, Los amantes pasajeros tiene lo que le faltaba a La piel que habito. La pasión. Esta película es un acto de amor de un hombre a sí mismo. Y como acto de amor, Los amantes pasajeros es algo bellísimo. Almodóvar parece no tener miedo a desprenderse del prestigio crítico internacional que le ha acompañado en sus tragedias de las últimas dos décadas. Como dice la canción emblema del film (desenvuelta en una coreografía hilarante), estamos a punto de perder el control y creemos que nos gusta.

El cineasta manchego encuentra una espiral hitchcockiana en una turbina del avión. Este no es el mismo hombre que escribió y dirigió Mujeres al borde de un ataque de nervios, lo que entonces le salía natural ahora le sale impostado. Los amantes pasajeros reúne todo lo que los detractores de Almodóvar odian de su cine. Una provocación de un provocador escandaloso. A lo mejor es la manera que tiene el director de La piel que habito de tomar el pulso a su audiencia. ¿Seguimos despiertos? Y sí. Lo estamos. Y con ganas de más.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Lo mejor del 2012

10.- Holy Motors (Leos Carax) 



Holy Motors podría venir a definirse como una estupenda francesada estrenada en Cannes. Léos Carax, máximo responsable de esta obra, trabaja con un material de alto riesgo en el que valentía y libertad son algo más que simples sustantivos. La confianza en sí mismo, su seguridad y su orgullo le permiten componer un trabajo de escapismo críptico y loco.

9.- El Hobbit (Peter Jackson) 




La vuelta de Peter Jackson a la Tierra Media se erige en un monumento a la manera de contar viejas historias de héroes y mitos. (...) Jackson ha depurado su tiempo narrativo, moldeando una película sin baches ni altibajos rítmicos. Todo forma parte de un mismo regocijo frenético y que parece sin fin. La aventura queda suspendida en nuestra imaginación para vivir en ella el suspiro del alto en el camino. 

8.- Ted (Seth MacFarlane)



El trabajo de Mila Kunis en sus películas es siempre tan natural y sincero que hace que sus compañeros se sientan cómodos dándole réplica. (...) La primera película de Seth MacFarlane es una comedia romántica que maneja un ritmo muy regular de carcajadas y hace verosímil a un personaje increíble, un oso de peluche que cobra vida y anima el cotarro. El humor corrosivo de MacFarlane, cimentado por encima de todo en una agresividad divertidísima hacia la cultura pop, no destiñe ni pierde fuerza en ningún momento de la película.

7.- Argo (Ben Affleck)


Los yanquis tienen la industria más poderosa de cine del mundo. Eso es indiscutible. Y sí, puede que la usen con fines patrióticos y políticos, pero  también es indiscutible que películas como Argo funcionan con una precisión impecable. Alcanza una recreación de los años 70 preciosa (a cargo del operador Rodrigo Prieto) y lleva el impacto de su humor y su tensión al máximo.

6.- Rec 3 (Paco Plaza) 



Una película pequeña de ambición, corta de duración y modesta de presupuesto, REC 3 explota una alegría incontenible, al tiempo que dilapida y bate todo lo que se pone por delante. (...) Es una película para ir al cine a disfrutar, para meter la cabeza dentro del cubo de palomitas y seguir gritando. Y seguir cantando. Gavilán o paloma. Eloise. Un vestido de novia y una motosierra. Horror cañí que nos regala durante 80 minutos una tregua de sincera felicidad.

5.- Prometheus (Ridley Scott) 



El esperado regreso de Scott a la ciencia ficción, nos devuelve al realizador británico en su trabajo más inspirado y espectacular en años. Una propuesta muy interesante en la que el eco de 2001 se hace evidente cuando un tibio Michael Fassbender da vida a una proyección androide gemela de Hal 9000. (...) Elegante trabajo de música, cámara y edición. Invadida por presencias inquietantes, el terror y la emoción de un misterio que no alcanzaremos a comprender.

– Looper (Rian Johnson) 


La máquina del tiempo como solución última para vivir la pasión irreconciliable de volver a descubrirse. Disparando cartuchos de sal se conocen Joe y Sara. Y aunque aún no lo sabe, Joe sería capaz de (re)inventar la máquina del tiempo para volver a reunirse con Ella. Para esconderse en su cobertizo. Para salvarla de sí mismo. (...) Looper es un auténtico éxito para una época necesitada de fenómenos de culto.

– Moonrise Kingdom (Wes Anderson) 


Un niño scout se fuga de su campamento para enamorarse de una Lana del Rey de doce años. (...) Anderson vuelve a la imagen real. Aunque lo hace más cartoon que nunca, desde los planos que sueñan con ser viñetas hasta los personajes retratados en caricaturas que dan brincos solo posibles en un mundo dibujado. (...) Moonrise Kingdom es una oda brillante a una personalísima manera de filmar, a la vez que se presenta como una oportunidad única para llevar a Wes Anderson al lugar que se merece, a  una cima mágica y deliciosa del cine.

– Django desencadenado (Quentin Tarantino)


Como un caballo desbocado llegando a meta, Quentin Tarantino estrena su Django desencadenado, una nueva aventura épica donde se dan cita amor, venganza, revisionismo histórico y, por encima de todo, entusiasmo. Tarantino repite apoyándose en el glorioso actor austriaco Christoph Waltz para vertebrar su película, pero quien desborda por la banda en esta ocasión es Leonardo DiCaprio, en la interpretación más genial que le hayamos visto. DiCaprio es el grimoso dueño de la plantación Candyland en Missisipi, y el dragón que custodia a la princesa en su castillo. El trabajo de luz de Robert Richardson, el guión del propio Tarantino y el repertorio musical son alicientes muy estimulantes para un western extraordinario.
 


– The Master (Paul Thomas Anderson)


En un momento del film, Phoenix se somete a una extraña sesión de hipnosis en la que viaja a través del tiempo y se desmorona una y otra vez delante de la cámara, como un animal que no entiende que esto es sólo una película. (...) Como todas las grandes películas, y ésta sin duda lo es, The Master nos habla sobre lo terrible que es estar solo. Es una película capaz de hacernos creer de nuevo que la Tierra es plana y que comunicarnos, tocarnos y estar juntos será el socorro último para nuestros miedos.