Retrato rutinario de Mandela
Invictus, como es costumbre en todos los films de Eastwood de las últimas dos décadas, presume de una factura excelente, no aburre, posee unas sólidas interpretaciones principales (a cargo de Morgan Freeman y Matt Damon), pero responde a la misma rutina a la que todo el equipo de Clint Eastwood ha sometido a sus anteriores trabajos. El prestigio de narrador calculador y preciso del director de Mystic River permanece intachable a base de evitar la transgresión. Un estilo de trabajo que ya alcanzó su techo hace unos años y que no encuentra una progresión de cara a un futuro poco esperanzador y menos inquietante.
No reconocer la maestría del veterano director sería injusto, pero no exigirle nuevos retos cinematográficos a alguien a quien aún hoy considero un grande sería darle por perdido. El buen maestro debería estar siempre al servicio del alumno. Pero, con Invictus, Eastwood aparece exclusivamente para recordarnos que sigue siendo muy bueno y que además puede contratar a los mejores ayudantes de cámara.