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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Brave (2012)

Domable



En los últimos años Pixar nos ha acostumbrado a medir su éxito no por la redondez de sus obras sino por la altura de las cimas inesperadas e imprevisibles que contienen dentro. Y de acuerdo a esto, Brave es una película menor. El talento de Disney Pixar para la animación sigue intacto tras el trabajo de Brave pero en ella no hay lugar para la sorpresa. El genio de Pixar ha sido domado por la producción anual reciente de Disney. En esta ocasión, la versión española doblada nos trae el mejor aliciente de la película, escuchar la preciosa voz de Russian Red cantando (por fin) en español.
 

viernes, 6 de agosto de 2010

Toy Story 3 (2010)

Living in a fantasy

1995, una película de animación protagonizada por unos juguetes que cobran vida revienta la cartelera y marca un hito del género conquistando los corazones de padres e hijos. Una historia adulta envasada para críos. 1999, cuatro años después, se estrena la secuela, que pese al entusiasmo con el que la recibe toda la crítica profesional, no deja de ser una elaborada prolongación de la primera cinta.

2010, quince años después (¡se dice pronto!) llega a las carteleras la tercera entrega de Toy Story. Lleva el sello de la más importante y mejor productora de animación (Disney Pixar) y lleva la firma de uno de sus directores emblema, Lee Unkrich, responsable de Buscando a Nemo y la maravillosa Monstruos S.A.

Toy Story 3 ha sido concebida como una película con toda la autonomía que no tenía la segunda parte. Y ahí se nota el cambio de realizador, pues las anteriores fueron dirigidas ambas por el fundador de Pixar John Lasseter (que aquí se limita a tareas de producción). Toy Story 3 supera en todos los aspectos técnicos a las dos anteriores, está repleta de aciertos visuales, y de guiños cinéfilos, y (c-a-s-i) iguala en encanto al original. Y digo c-a-s-i porque desgraciadamente ya no somos tan niños, ni tan inocentes, ni nos dejamos sorprender con asombro. Pero siendo consecuentes, Toy Story 3 será recordada como la entrega más prestigiosa de la trilogía.

Hay una persecución de western y una fuga de una cárcel. Hay un romance con fanfarrón y doncella de armas tomar. Hay un villano traidor y manipulador que parece tierno y achuchable, y hay una cría tímida y encantadora que heredará todos estos juguetes que ya son leyenda viva.

Hay algo mágico en la mirada de este vaquero de rodeo llamado Woody, que atraviesa todo ese tiempo que nos separa de nuestra infancia. En especial la última mirada que le dedica Andy, su dueño (porque sí, los juguetes tienen dueño, y bien orgullosos están de tenerlo), en el emocionantísimo epílogo que Toy Story se marca para redimir a sus dos tercios restantes y para acabar empapando las (por cierto, terriblemente pesadas y oscuras) gafas 3D. El cine como memoria impagable de recuerdos.


sábado, 1 de agosto de 2009

Up! (2009)

Previsiblemente emotiva


Cada uno tiene la propia, pero en mi definición de crítico aparece como una de las tareas fundamentales la de cuestionar. El crítico de cine es uno de los profesionales -le daremos el beneficio de la duda- que utiliza un mayor número de clichés, de imposturas y de afirmaciones que se dan por ciertas. Pero es a la vez el profesional que más se cuestiona a sí mismo. O así es como entiendo yo que debería ser un crítico.

El transbordador de Pixar lleva (o arrastra) algo en el cargamento de equipaje que pesa mucho, muchísimo: la tradición de Disney. No voy a quitarle méritos a Up. El acabado visual es espectacular, con una gama de colores que explota en tus mismas narices. A los críos, Pixar se los tiene ganados con un repertorio de siempre brillantes personajes protagonistas y secundarios. Pero si hay una productora a día de hoy empeñada en hacer valer aquello de "Para todos los públicos", esa es Pixar. Lasseter y los suyos pretenden alcanzar la abstracción que rompa la barrera generacional del cine de animación infantil. Y lo intenta recubriendo sus dos últimas películas (WALL-E y Up, precisamente las más aplaudidas por la crítica) de varias capas de nostalgia. Mirar hacia atrás y dejar escapar un suspiro pensando en el pasado siempre fue síntoma de lucidez. Pero tampoco conviene desfallecer de melancolía.


Impresionan, sí, pero es tal la artificialidad de sus sentimientos que no llegan a emocionar. Y lo dice alguien a quien Ratatouille le pareció sensacional. Pero me es difícil recordar alguna situación sorprendentemente genuina en esta última supuesta obra maestra, me queda la impresión de que todo es forzosamente emotivo, o peor aún, previsiblemente emotivo. Por supuesto que Up tiene algún momento mágico: A sus 78 años, Carl Fredricksen ata miles de globos a su casa para salir volando hacia su destino viajar a América del Sur tal y como le hubiera gustado a su difunta esposa (una narración excepcional en un par de minutos). Un estallido de color que quedará grabado en la retina.

El 3D es utilizado para potenciar la profundidad de campo y poco más, con el tiempo se extraerán mayores logros de esta tecnología.

¿Qué no es Up? Up ni es magistral, ni es sublime, ni es maravillosa. ¿Qué es entonces Up? Up es original, es entretenida y es divertida, una de las producciones más interesantes de la temporada. Sencillamente. Nada menos, nada más.


jueves, 7 de agosto de 2008

WALL•E (2008)

La fascinación o nada


Yo soy de los que creen que a día de hoy Pixar es de las pocas cosas seguras que podemos ver en una sala de cine. La seguridad de que acompañar a los mas pequeños al cine se convertirá en todo un placer. Pero entonces es extraño que después de ver una película tan buena como WALL•E invada en el espectador un sentimiento de pesadumbre y una decepción gratuita.

WALL•E vuelve a tener un diseño técnicamente perfecto -ya no es sorpresa-, pero viene inflada por los intelectuales que la elevan a obra mejor que maestra, a obra generacional, que sienta las bases de la animación futura desde el cine mudo de Buster Keaton o el mismo Kubrick (ambos citados por el propio equipo de Disney Pixar) porque esto en manos de un inocente deseoso de cine innovador es una mala arma. Además porque Andrew Stanton (también director de Buscando a Nemo) falla donde no suele fallar Pixar, en el guión.

Uno espera una aventura irresistible y uno encuentra dos encantadores y tiernos robots -sin ninguna duda lo mejor de la película, WALL•E es el personaje más entrañable de la década- que sin mediar palabra llegan a transmitir mejor que cualquier actor de carne, palabra y hueso. Eso es la primera mitad del film, buenísima e innovadora, y fascinante. Pero llegan los gordinflones humanos en la segunda mitad para hacer de WALL•E una cinta floja, repetitiva, impropia de alguien que una década atrás se encargó de Toy Story.

Y según pasan los días crece en la memoria la intensidad del recuerdo de el clásico que Pixar regaló el año pasado, Ratatouille, que basa su encanto en rechazar la innovación a través del nacimiento de un nuevo cine que WALL•E ofrece. Ratatouille nace del gozo del cine bien entendido, del vanguardismo a partir del retorno al clasicismo de Disney de los años 40 y 50.

Para el recuerdo quedan algunas escenas mas devastadoras acerca del futuro próximo del hombre de lo que puedan ser muchas películas adultas, como por ejemplo la hazaña del comandante que da sus primeros pasos; o la primera y definitiva imagen de una ciudad que presume de unos rascacielos que no son mas que enormes montones de basura.


miércoles, 22 de agosto de 2007

Ratatouille (2007)

A la vanguardia del clasicismo


Remy es una simpática rata que sueña con convertirse en un gran chef francés a pesar de la oposición de su familia y del problema evidente que supone ser una rata en una profesión que detesta a los roedores. El destino lleva entonces a Remy a las alcantarillas de París, pero su situación no podría ser mejor, ya que se encuentra justo debajo de un restaurante que se ha hecho famoso gracias a Auguste Gusteau, una estrella de la cuisine. A pesar del peligro que representa ser un visitante poco común (y desde luego nada deseado) en los fogones de un exquisito restaurante francés, la pasión de Remy por la cocina pone patas arriba el mundo culinario parisino en una trepidante y emocionante aventura.

No me digan que no les recuerda a algo esos sueños de una pequeña y desgraciada rata. Y es que hasta el más insignificante ser es capaz de cambiar el rumbo, o al menos eso es lo que pretenden decirnos los señores de Pixar. Podemos creérnoslo o no. Pero lo que está claro es que todos tenemos un don personal que es creernos en posesión de talento, y aunque no suele ser cierto, no podemos vivir sin soñar. Original, divertida, técnicamente impecable. Pensarán, si bueno otro producto más del moderno cine de animación; pero no, Ratatouille tiene encanto, y eso es algo de lo que no todas pueden presumir.

El personaje más destacable de la función es la aparición de el refinado crítico Anton Ego (soberbio O´Toole en la voz). Muy buenos toques de humor ("no seas modesta, eres una rata"), estremecedor desenlace (no se alarmen, no deja de ser Disney). La película es en su concepto un conjunto de genialidades que te hacen sentir como pocas veces consiguen otros largometrajes animados. Me llama la atención que esté dirigida a un público infantil que no estoy seguro de si apreciarán la calidad de esta película; aunque quien sabe...

Ratatouille basa su encanto en rechazar la innovación a través del nacimiento de un falso nuevo cine. Ratatouille nace del gozo del cine bien entendido, del vanguardismo a partir del retorno al clasicismo de Disney de los años 40 y 50.

El hilo invisible (2017)

Para el chico hambriento El artista como loco déspota, la moda como vehículo de apariencias y el amor como enfermedad. ‘Phantom Th...