lunes, 26 de diciembre de 2011

Un Dios Salvaje (2011)

Un salón y cuatro buitres


Un niño le parte un diente a otro niño en lo que dura el recreo de un colegio. Las dos parejas de padres de los niños se reúnen para solucionar el conflicto de manera adulta y, a ser posible, civilizada. Un Dios Salvaje es la adaptación de una obra teatral de la autora francesa Yasmina Reza.

Encerramos a cuatro actores en un salón hasta que acaben por subirse por las paredes y sacarse los ojos. Este punto de partida es a la vez audaz y arriesgado, ya que vuelve a sacar a la palestra el doble tema de cómo transformar una obra de teatro en una obra de cine y cómo puede resolver el cine el caso de un espacio reducido y cerrado.

Con una premisa de ese calado y bajo la dirección de un cineasta de renombre y prestigio internacional como lo es Roman Polanski, Un Dios Salvaje ya solo necesita dos bazas para ser una película genial. Un texto preciso y afilado, y un reparto cojonudo e inspirado.

Un Dios Salvaje necesita un póker de actores dramáticos con un registro cómico brutal. Y solo lo consigue a medias. Christoph Waltz y John C. Reilly, lo tienen. Jodie Foster y Kate Winslet, no. Así de sencillo. Tampoco consigue su propósito el guión. El texto de Yasmina Reza lejos de ser preciso y afilado es previsible, forzado y, a veces, hasta cargante.

A mi juicio, Un Dios Salvaje, aunque méritos no le falten para ser atractiva, amena e interesante, es una obra menor y decepcionante dentro de la carrera de Polanski.



viernes, 16 de diciembre de 2011

En movimiento

Un Método Peligroso


Toma final. Un movimiento ligero de cámara. Travelling de acercamiento hacia Fassbender sentado en un diván de su jardín. Mirada perdida en el horizonte. La música se va apagando y queda el rumor del agua. Corte a negro.

Michael Fassbender juega a ser Carl Jung. Y Cronenberg juega a insinuar que Jung soñó con una pesadilla premonitoria de la Primera Guerra Mundial. ¿Puede un simple movimiento de cámara sugerir el horror de un hombre desamparado ante la sola idea de haber predecido un acontecimiento de esa magnitud?

lunes, 28 de noviembre de 2011

Melancholia (2011)

Estados de ánimo




“Yo era el centro diminuto y cálido alrededor del cual se congregaba la vida del mundo.” (Palahniuk, El club de la lucha)

Una ablación de clítoris en plano detalle o el fin del mundo en plano general. Lars von Trier parte de una imagen aberrante, insufrible y desoladora para desgranar un posible núcleo de calor humano, íntimo y personal que conviva con esa imagen.

Me preocupaba especialmente el rumbo de Melancholia, el último film estrenado del director danés Lars von Trier, en el sentido de que hace dos años defendí su Anticristo (2009) como una especie de alto en el camino del cineasta que abrazaba por fin la excelencia técnica y visual, y este nuevo trabajo debía ser consecuente con los pasados logros.

Y Melancholia confirma esa metamorfosis en Lars. Probablemente muy pronto se entregue a otro tipo de cine, porque de lo que no cabe duda es de que Lars es un cineasta valiente y controvertido al que le gusta ponerse retos y ser siempre sorprenderte e imprevisible, para bien o para mal. A la espera de un nuevo rumbo en su trayectoria, Melancholia sigue la estela del esplendor visual que alcanzó Anticristo.

¿Ha hecho Lars una película para Vanity Fair? Con su noche de bodas y todo. Sí. ¿Es posible casar a Lars con una película de ciencia ficción?

Imaginemos pues que Melancholia es un film de catástrofes. Un planeta va a entrar en la órbita de la Tierra y es posible que colisione con ésta. Sin embargo no hay huida de ninguna clase. Todo son estados de ánimo, cambios de humor, fluidos, intuición, aceptación, resignación, sumisión, mentiras, engaños, dudas y fe. Esa es la hoja de ruta de Melancholia.

Un prólogo y dos episodios. Dos hermanas, Justine y Claire. La primera, enferma, bipolar, triste, deseosa de la llegada del planeta. La segunda, responsable, madre, esposa, temerosa de la llegada del planeta.

Para un film de carácter intimista e introspectivo como éste es inimaginable un final tan espectacular y grandilocuente en el que el empleo del color, los efectos especiales, el sonido y la música de Wagner acaben por devorar a las dos protagonistas del film. Y sin embargo así cierra Melancholia.

Lars von Trier culmina una jugada espesa a nivel narrativo y gris a nivel emocional con el plano final más devastador que le recuerdo a la historia del cine. En todos los sentidos. Un planeta comiéndose a otro.

Por la noche, la versión rubia de una Kirsten Dunst azul se desnuda a la luz de Melancholia. No es una metáfora. El fin del mundo está aquí, con su estruendo, su furia y su polvo. Literal. Tal cuál.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Super 8 (2011)

Devoción por Spielberg


Acaba de llegar, y sin embargo parece como si Super 8 ya llevase mucho tiempo con nosotros y ya todo estuviese dicho sobre ella. He de confesar primero de todo que disfruté de la película durante el tiempo que duró la sesión, y que a pesar de que no comparta el entusiasmo general, me parece un trabajo entretenido y divertido, pero que desgraciadamente nunca va más allá de eso.

Producida por Steven Spielberg y dirigida por J. J. Abrams (el creador de Perdidos) Super 8 no esconde en ningún momento su condición de homenaje al cine de ciencia ficción y aventuras que en los años 80 producía la Amblin (sirvan como ejemplo cintas como E.T., Gremlins, Los Goonies o Regreso al Futuro).

Ahora bien, ¿por qué J. J. Abrams se empeña en demostrar que ésta es una película nostálgica a base de martillo? ¿Por qué no deja que su película crezca sola en lugar de llevarla de la mano en cada cruce? ¿Por qué Abrams no deja que su película cruce la calle en rojo ni una sola vez?

Porque en Super 8 Abrams es el padre cargante y machacón que quiere que su hijo juegue con los mismos juguetes que a papá le encantaban de pequeño. Y no puede ser. Eso nunca funciona. Los niños quieren las tonterías que le ven al vecino. Los niños no lloran con las fotos en blanco y negro del álbum de papá.

Tan preocupado estaba Abrams de diseñar la película según dicta el manual que el tito Spielberg le regaló las navidades pasadas, que olvidó que Encuentros en la Tercera Fase y E.T. ya estaban hechas hace mucho tiempo, y con más y mejor criterio. Aunque eso sí, la actuación de la niña Elle Fanning está bien cerca de ser imborrable.

Los nostálgicos de calcetín alto gritarán de emoción al disfrutar de Super 8, pasando por alto que otros realizadores también norteamericanos (por ejemplo, Night Shyamalan, Richard Kelly o Alex Proyas) abordan la ciencia ficción mirando al pasado sin tanto bombo y con un pulso cinematográfico y una puesta en cuadro mucho más reveladora que la de Abrams.



lunes, 31 de octubre de 2011

¡Olvídate de mí! (2004)

Eterno resplandor de la mente inmaculada




En una noche de terror como ésta, como cualquier noche, no hay nada más aterrador que desempolvar ¡Olvídate de mí! (2004), una película que habla de lo terrorífico que es el olvido y de los recovecos oscuros del desamor. Una película sobre un imposible, el desamor como ejercicio de memoria.

En una época como ésta, como cualquier época, en la que todo parece inventado, dónde hasta lo original raya siempre lo predecible, es muy difícil encontrar a un hombre valiente que piense y trabaje de manera independiente a todo lo que ya se ha pensado antes, aunque ello le cueste nadar a contracorriente. Es muy difícil dar con ese tipo de persona. Pero no sólo ahora. Ahora y siempre.

Por eso mismo no puedo dejar de frotarme los ojos ante obras tan maravillosas como ¡Olvídate de mí!. La segunda película de Michel Gondry pertenece a esa extraña estirpe de películas milagro que esconden no solo a uno, sino a un equipo entero de hombres dispuestos a dar rienda suelta a su talento suicida y que son capaces de transformar su trabajo en una aventura inmensa. Éste es el prototipo de héroe del siglo XXI.


Lo es Charlie Kaufman, nacido en 1958. Un guionista neoyorquino que ha parido los libretos más originales y divertidos que se han escrito para cine en lo que va de siglo. Un cruce entre Franz Kafka y una estrella del rock. Kaufman escribe ¡Olvídate de mí!, cuyo título original Eternal Sunshine of the Spotless Mind viene a significar algo así como el eterno resplandor de la mente inmaculada.

Joel y Clementine se quieren. Pero a la vez uno se quiere olvidar del otro. Hasta aquí puedo leer, porque todo en esta película es descubrimiento. Un constante descubrimiento y una huida sin salida por el recuerdo de un amor imposible de borrar. Como decía Nolan en la promoción de su Inception (2010), tu mente es la escena del crimen.

Pero a diferencia de en Inception aquí lleva la batuta un cineasta libre y sin complejos, sin ataduras, sin miedo a explotar un cine genuino y auténtico. Michel Gondry, nacido en 1963 en la ciudad francesa de Versalles, es un cineasta que ha tocado todos los palos del audiovisual. Gondry trabaja con el guión de Kaufman con respeto pero sin temor alguno a transformarlo, a zarandearlo, a enriquecerlo, a matizarlo, a llenarlo de detalles que le hacen cobrar vida.

Su trabajo de planificación a cámara en mano es un ejercicio naturalista, ágil e inestable que permite acercarse a las perturbaciones del protagonista. Un Jim Carrey nostálgico, triste y melancólico, que desata un minimalismo expresivo absolutamente imprescindible. Imposible imaginarse a otro actor en su papel.


Los logros narrativos y estéticos de esta obra maestra han influido en proyectos tan ambiciosos como dispares y raros, como puedan ser 500 días juntos (Webb, 2008) o Inland Empire (Lynch, 2006). Y sin embargo ninguno de ellos ha alcanzado el nivel de genialidad, belleza y emoción de este maravilloso film.


jueves, 6 de octubre de 2011

No habrá paz para los malvados (2011)

Un pelotazo seco y contundente


Enrique Urbizu no es escritor de subrayados, y como tal, tampoco es muy dado a ser un cineasta de subrayados. En materia de puesta en cuadro es un realizador eficaz y práctico y ata su talento al lucimiento de una narrativa particular. Las películas de Urbizu destacan por su narrativa seca y contundente, desprovista de cualquier tipo de sentimentalismo, además de por su tratamiento del thriller como género capaz de revelar entre sus recovecos problemáticas sociales.

La caja 507 apuntaba al entramado de corrupción política y periodística que había detrás de la especulación inmobiliaria. No habrá paz para los malvados, su nueva película, pone el punto de mira sobre las grietas del sistema policial, sobre cómo éstas pueden llegar a convertirse en un coladero para organizaciones terroristas que pretender atentar contra la seguridad nacional. Y no sólo eso. La nueva película de Urbizu está recorrida por el escalofrío de la crisis. Y lo está desde su misma concepción.

Porque No habrá paz para los malvados en principio iba a tener un plan de rodaje más largo, pero entonces llegó el presupuesto y fue menor del que Urbizu y su equipo esperaban. El film nació ya con recortes por problemas económicos y al menos 20 páginas de guión descartadas. Quién sabe si quizá con un presupuesto superior ésta hubiese sido la primera película que indagase en el 11–M.

Desde el punto de vista narrativo No habrá paz para los malvados es un trabajo interesante que se construye a partir del contraste entre dos personalidades bien diferenciadas, como lo son la juez Chacón, interpretada por Helena Miquel, y el inspector de policía Santos Trinidad, al que pone cuerpo y voz un asilvestrado José Coronado. Ambos están involucrados en la investigación de una red de narcotráfico que esconde una célula de terrorismo yihadista islámico (ahí donde mediado el film se abre el tercer punto de vista). Helena Miquel es la actriz revelación del año. Coronado, en una nueva demostración de todo su potencial como actor, está sencillamente colosal.

En palabras del propio Coronado, su Santos Trinidad es “un auténtico hijo de puta”. Un hombre con un pasado (suponemos, pues en Urbizu nada es explicativo) brillante en lo profesional y tormentoso en lo sentimental. Por lo tanto un hombre liberado de toda esperanza, incapaz de ceñirse a un protocolo o de seguir unas normas establecidas. Una bestia parda con una placa en su cazadora de cuero y con ganas, muchas ganas, de dar guerra.

Los Goya ya tiemblan.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Obra monumental imposible de abrazar

El árbol de la vida

Extraña, deslumbrante, y sin embargo inclasificable, difícil de emparentar, de calificar y de vaticinar su futuro.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La piel que habito (2011)

Un cirujano, un tigre y un bisturí


Toma 1. Almodóvar adapta a la torera un texto de Thierry Jonquet. Novela negra, siniestra y francesa. Suena a postre delicioso.

Toma 2. Toledo. Robert Ledgard es un prestigioso cirujano plástico que encierra en casa a una atractiva mujer. Almodóvar pide contención a Banderas. Banderas responde.

Toma 3. Elena Anaya tiene mucha hambre. Quiere merendarse la película. Pero Almodóvar manda callar. Él tiene un buen manojo de puntos de fuga preparados para dar complejidad a su película.

Toma 4. El Doctor Ledgard tiene un pasado muy duro, el pobre. Tan duro que ya no recuerda lo que es odiar o amar. A lo mejor es por eso que La piel que habito no es una película romántica, tampoco es una película terrorífica. No es una película apasionada. Ni tan siquiera sádica o perversa. A decir verdad, para un cineasta que sabe lo que es encontrar la gloria en el exceso, esta es una película muy dispersa y muy poco excesiva.

Toma 5. Un tigre. El auténtico tigre de Canarias. Marisa Paredes da a luz a un tigre subnormal sin sufrir el más mínimo rasguño. Matando la gracia, el salero y el sentido del humor de Almodóvar. El tigre descubre a Elena Anaya encerrada en la fortaleza del Doctor y decide salvarla. A su manera.

Toma 6. Un tipo honesto y noble como Alberto Iglesias le roba a James Newton Howard el violín desgarrador de El Bosque de Shyamalan.

Toma 7. La señorita Anaya también tiene un pasado muy duro. Muy mucho. Por eso se hace un aumento de pecho.

Toma 8. La historia de un cirujano plástico obsesionado por devolver a la vida a su amante requiere la precisión hábil e inquietante de la puesta en cuadro de Hable con ella y no el feo y descuidado trabajo de cámara de Pepi, Luci y Bom. Y muy a mi pesar Almodóvar filma La piel que habito con el pulso tosco de sus primeras películas.

Toma 9. Planazo cenital con Banderas y Paredes sangrando en la moqueta para demostrar quién es el rey.

Toma 10. Fundido a negro y final. Almodóvar es el cineasta más importante que jamás ha parido este país nuestro. Eso no se lo quita nadie. Pero cuando no está de Dios, no está de Dios.


 

domingo, 11 de septiembre de 2011

Con derecho a roce (2011)

Friends with benefits


Con una fórmula temática explotada hasta el aburrimiento (dos amigos deciden tener sexo sin compromiso) y un guión pretendidamente chispeante, con diálogos rápidos y chistes de fogueo, llegará muy pronto a la cartelera española Con derecho a roce, una las comedias románticas más comentadas de la temporada. Sin embargo, será bien difícil encontrar algo que reseñar en una película que basa todo su encanto en la química de su pareja protagonista.

El tirón de Mila Kunis y Justin Timberlake, las dos cenicientas de la pasada temporada (fantásticos secundarios de Cisne Negro y La red social, respectivamente) decidirá en la recaudación en taquilla. Para aguar definitivamente la fiesta diremos que la química entre la pareja de actores es más bien escasa, ambos han utilizado la película exclusivamente para engrosar sus nóminas.

El director Will Gluck incluye en el film un cameo de Emma Stone, la que fuera estrella memorable de su anterior película (Rumores y mentiras), una estupendísima muestra de ingenio y talento para la comedia teen heredera del cine de John Hughes. Sin embargo aquí Gluck no consigue repetir la jugada, a pesar de tener al gran Richard Jenkins gritando “¡La vida es jodidamente corta!”.

Pues eso. Tremendamente prescindible.


miércoles, 3 de agosto de 2011

El artista en el precipicio (2)

David Lynch


M. Night Shyamalan

Roman Polanski




El cine ha esculpido una y otra vez sobre el rostro de la mujer hasta convertirlo en fetiche. Patricia Arquette en Lost Highway de David Lynch. Bryce Dallas Howard en La Joven del Agua de Night Shyamalan. Y Mia Farrow en La Semilla del Diablo de Roman Polanski. Aquí de nuevo tenemos a tres cineastas que han hecho del riesgo una virtud y del precipicio, una seña de identidad.

martes, 26 de julio de 2011

Las Reliquias de la Muerte - Segunda Parte (2011)

 El entierro de la sardina



Vista con una cierta perspectiva la primera parte de Las Reliquias de la Muerte no fue más que un oasis de placer en medio de cientos de minutos de cine desnatado de gran presupuesto dirigido a una audiencia enorme y muy definida.

Al contrario que las dos primeras películas de Chris Columbus (dos películas de aventuras para toda la familia), a medida que Potter y sus colegas de instituto van cumpliendo años, sus películas cada vez están diseñadas con más mala leche para el no iniciado. Entendamos por no iniciado a todo aquel que no se haya empollado los siete tomos de Rowling y no se sepa de carrerilla la alineación entera del equipo de Quidditch como quien recita el once del Racing de Santander.


La franquicia Harry Potter se despide con más ruido que nueces. Esta última entrega despliega su baraja de cartas de la manera más generosa posible, sin reparar en gastos, pero con un abandono ya absoluto de cualquier tipo de humor desmitificador. La historia entra a saco en una épica del Bien contra el Mal (personificada en el esperado enfrentamiento definitivo entre Potter y Voldemort) tan desmesurada, tan lejos de sus posibilidades, que no logra esquivar lo ridículo.

Con todo, lo más inteligente era sacar la artillería fuerte. Era el momento de ceder el protagonismo al Severus Snape de Alan Rickman, el mejor personaje y el mejor actor que ha pisado Hogwarts. Rickman tiene toda la personalidad, el carisma, el misterio, la magia, la intensidad que no ha sabido encontrar Daniel Radcliffe en Potter.

Siguiendo con las comparaciones. David Yates no es Peter Jackson, y la sombra de Tolkien le queda demasiado grande a J. K. Rowling. Ya somos todos muy mayorcitos y un chaval que corre en chándal varita en mano no está para salvar al mundo.

Lo confieso. No he leído las novelas. Ni falta que hace. El buen cine sabe defenderse solito. El film de David Yates tiene pasajes espectaculares, nadie puede negarlo, pero es incapaz de encontrar el tono adecuado.

Para entendernos. El look de tragedia apocalíptica no le sienta bien a una historia que comenzó (no lo olvidemos) en una estación de tren con una lechuza y tres críos estrenando zapatos nuevos. ¿Quién no daría todo por volver al principio?

Para gustos los colores, o cada uno de los cuatro directores que han estado detrás de todas las películas de la saga. Pero después de ocho entregas es inevitable presentarse a la última convocatoria sin ganas de estudiar, exhausto y agotado de tanto Hogwarts.

Este fin de fiesta que es Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 2 no tiene la solemnidad de su antecesora, y la marcha fúnebre que debiera dar muerte a Harry Potter a ratos parece más bien un revival chanante.



viernes, 22 de julio de 2011

Las Reliquias de la Muerte - Primera Parte (2010)

La Santa Misa


La Orden del Fénix y El Príncipe Mestizo (quinta y sexta entrega de Harry Potter) sirvieron al director David Yates para tomar las riendas de su particular franquicia. Y lo cierto es que Yates, pese a su inexperiencia y escasa personalidad, ha demostrado más oficio que el de gran parte de sus guionistas e intérpretes, y eso es preocupante.

En Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 1 por momentos hay instantes de cine enigmático, misterioso y sugerente. El conjuro de Hermione a sus padres. La llegada de Snape a Hogwarts. La reunión de Voldemort con los Mortífagos. Harry y Hermione bailando a solas en una acampada a medianoche. La visita al cementerio en el que están enterrados los padres de Potter.

Ni siquiera la desgana y el hartazgo general por la agotadora imaginación de Multi-Salas de J. K. Rowling consigue hundir los momentos sobresalientes de esta película llena de matices. Entre esos matices se encuentra un punto de fuga alucinante y no hay otro momento ni remotamente tan genial en toda la franquicia, especialmente prodigioso y tratado con muy buen gusto. Me refiero a la fabulosa reconstrucción animada en la que cobra vida el cuento de Las Reliquias de la Muerte.

Es la entrega de la saga en la que vemos al Harry, y sobre todo a la Hermione y al Ron más adultos. Los momentos de acción no son simplemente un pegote de vaivenes, saben encontrar su lugar dentro del film, se muestran reveladores.

Es la entrega más calmada y sosegada de cuantas ha dirigido David Yates y suponemos que gran parte de la culpa la tiene el operador de cámara portugués Eduardo Serra. Y el compositor francés Alexandre Desplat firma una partitura preciosa que revive la magia de los parajes singulares sobre los que dispara Serra.

Igualmente el relato –no importa quién esté detrás de la cámara – no se sostiene por ningún lado, y el sentido de la aventura y de la épica queda reducido simplemente a pequeñas ráfagas.

Esta elegante y solemne primera parte de Las Reliquias de la Muerte deja la puerta abierta a una muy esperanzadora segunda parte (y última entrega de Harry Potter) y lanza al aire una incógnita complicada. ¿Serán David Yates y Eduardo Serra capaces de concretar todas las virtudes de este film sobresaliente en un desenlace sugerente y digno para una de las sagas más populares de la industria del cine?


sábado, 25 de junio de 2011

El placer de los Absolutistas

Devuélveme la verdura


Hace unos días el periodista Dan Kois publicó en The New York Times un artículo que arremetía contra ese cine "lento y aburrido" que los críticos se sienten en obligación de defender.

Kois comparaba este tipo de películas con las verduras, en el sentido de que a nadie le gustan y sin embargo los expertos siempre dicen que son buenísimas e imprescindibles. Una comparación simpática pero totalmente idiota, pues en absoluto todo el mundo detesta la verdura, y por otro lado está completamente demostrado que este tipo de alimento es indispensable en una dieta sana, saludable y equilibrada.
"Hasta ahora en lugar de evitar estas películas lentas y aburridas, veía en su aridez algo así como un signo de sofisticación. Parte de ser un observador civilizado de películas consiste en ver películas que se preocupan muy poco por mi falta de atención, películas que pretenden encontrar la manera de excavar por debajo de mi aburrimiento para crear una impresión duradera." (Dan Kois: The New York Times)

Obviamente la descripción de cine lento y aburrido se queda cortísima y Kois da ejemplos concretos de ese tipo de cine que detesta: Andréi Tarkovsky es el nombre que repite hasta la saciedad. Kois representa a un sector siempre enorme de gente que desprecia el trabajo del grueso de la crítica cinematográfica, por la simple razón de que ésta defiende a capa y espada per se trabajos controvertidos, arriesgados, insólitos y a contracorriente.

Quizá Kois también tenga en mente al escribir su artículo las dos últimas películas que han ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Han sido Uncle Boonmee (Weerasethakul, 2010) y The Tree of Life (Malick, 2011). Weerasethakul y Malick no se caracterizan precisamente por hacer un cine de entretenimiento. Ambos han sido abucheados por cada uno de sus trabajos y sin embargo sobreviven al eco de su “lenta y aburrida” obra y son imprescindibles en todas las listas que manejan los críticos de cine con ‘Lo Mejor’ ya sea del año o de la década.

Por aburrimiento entendemos lo opuesto a la diversión. El caso es que siempre ha habido gente incapaz de ni siquiera tolerar el hecho de que cada persona tiene derecho a encontrar placentero un tipo de cine u otro. Se trata de un Absolutismo que funciona en ambas direcciones, de un lado el crítico de cine que se siente tocado por una gracia divina y que no responde más que a sus propias convicciones, y de otro lado el espectador que se siente insultado y amenazado por la supuesta autoridad que él mismo debe conceder a ese crítico.


Por mi parte, personalmente me encuentro entre los que disfrutan con el cine de Weerasethakul, Malick y, por supuesto, Tarkovsky. Aunque, qué duda cabe, tolero a todo aquel que deteste este tipo de cine. El placer de este cine reside en la propia manera de filmar, es un placer estético por encima (aunque dudo que haya alguna manera de separarlos) del placer narrativo.

La única ley que debe prevalecer es aquella que la sensibilidad le dicte a cada uno. Que cada uno decida dónde colocarse y sea consecuente.

viernes, 3 de junio de 2011

Llorando

A dos metros bajo tierra


A dos metros bajo tierra cumple diez años. Pues eso.

lunes, 30 de mayo de 2011

Hijos de los hombres (2006)

Un acto de fe


Ya son cinco los años que lleva el director mexicano Alfonso Cuarón sin dirigir una película. Su última producción se estrenó en 2006 bajo el nombre de Hijos de los hombres. Un film muy interesante que sin embargo no tuvo todo el éxito que mereció, a pesar de venir firmada por un realizador de alto prestigio entre la crítica y a pesar de estar rodada en inglés y con un reparto de actores reconocidos.

La premisa argumental de Hijos de los hombres no puede ser más jugosa. Año 2027. Un Londres futurista y apocalíptico, tenebroso. El film arranca con la noticia del asesinato de la persona más joven del mundo, un joven de 18 años. La especie humana ha perdido su capacidad de procreación y la infertilidad se ha extendido a toda la población. Durante casi dos décadas no ha nacido un solo niño. Las grandes ciudades han sido todas saqueadas y Londres queda como último bastión civilizado. Bueno, civilizado por decir algo.

Este futuro aterrador queda reflejado bajo un diseño de producción y de ambientación alucinante que (y aquí viene una de las claves del discurso del film) nos es terriblemente cercano. Al igual que hacía Blade Runner, Hijos de los hombres utiliza el género de la ciencia ficción para echarnos en cara una triste realidad. ¿De verdad estamos tan lejos de convertir este planeta en un vertedero sin ningún tipo de esperanza para las próximas generaciones?

Se le puede achacar al discurso de esta película un tono victimista o catastrofista, pero ahí es donde entra la decisión acertadísima de Cuarón de filmar Hijos de los hombres siempre bajo el prisma del realismo formal. Secundado por el trabajo de un magnífico director de fotografía como es Emmanuel Lubezki, Cuarón rueda casi toda la película con cámara al hombro. Con enormes y extensos planos secuencia (dos de ellos especialmente memorables) que agilizan el relato. Y sin un solo truco de transiciones: sin fundidos, las tomas van encajadas por corte directo.


Tras la premisa argumental se sacrifica la ciencia ficción para entrar de lleno en un film de acción. El protagonista es Theo (el siempre cínico Clive Owen, aquí ajustado y muy convincente), un hombre que debe acompañar hasta el mismísimo corazón del infierno a una joven refugiada que milagrosamente ha quedado embarazada.

Y convertir una imagen que con suerte nos será cotidiana (como lo es la imagen de una mujer embarazada) en un extraño y emocionante milagro, es un auténtico prodigio.



jueves, 26 de mayo de 2011

Medianoche en París (2011)

Woody Allen baja los brazos

SINOPSIS: Un escritor norteamericano algo bohemio (Owen Wilson) llega con su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde va a conocer a personajes que jamás imaginaría iba a conocer... (FILMAFFINITY)

Woody Allen ha convertido Medianoche en París en un sketch que bien parece el colmo del gafapasta. Repleto de referencias culturales a escritores, músicos, pintores, fotógrafos, cineastas, algunas con más gracia que otras, eso sí, porque Adrien Brody está divertidísimo en la piel de Salvador Dalí. Pero ninguno de esos retratos pasa de la simple caricatura.

Medianoche en París no va más allá de una anécdota estirada hasta el aburrimiento, repetitiva y harta de sí misma. Owen Wilson no tiene ni la quinta parte de gracia y encanto que tendría ver al Woody Allen actor en su papel de un nostálgico escritor enamorado de París, constantemente riñendo con sus suegros y seduciendo a la mujer de sus sueños. Este es el reverso sin talento de La rosa púrpura de El Cairo.

La realización de Woody Allen en Medianoche en París no puede ser más pobre y descuidada, huérfana de cualquier tipo de pequeño aliciente. Hace unos años Allen consideró que estaba mayor para actuar en sus películas. Sintiéndolo mucho, ahora mismo creo que Allen también está mayor para escribir y dirigirlas.


domingo, 22 de mayo de 2011

Palma de Oro para Malick

The Tree of Life


Cuando el Festival de Cannes 2011 anunció (por fin) el estreno de The Tree of Life, la quinta película del genial Terrence Malick, estaba cantadísimo que se convertiría en el gran evento de esta edición. La sola presencia de una película de Malick (no del propio director, pues Malick es absolutamente reacio a cualquier exposición en público) ya serviría para elevar el caché y el prestigio del festival. Sin embargo, y muy probablemente debido a que a la expectación era máxima, el estreno de The Tree of Life decepcionó a la crítica de medio mundo.

Frente a otros muchos años, el jurado de esta edición, encabezado por Robert de Niro, ha querido premiar lo grande, dejando de lado los murmullos agoreros de la platea de críticos y periodistas que sentenciaban que la película protagonizada por Brad Pitt era un decepcionante fracaso y su premio demuestra que nunca hay ambición demasiado grande.

La otra cara de la moneda son los olvidados, por supuesto. De un lado, películas más pequeñas que han llamado poderosamente la atención como The artist de Michel Hazanavicius, un film francés que homenajea el cine mudo. De otro lado, los autores consagrados que injustamente continúan sin su Palma de Oro, como es el caso de Pedro Almodóvar que presentó este año La piel que habito.

Con todo, esta discutida Palma de Oro a The Tree of Life, me recuerda a cuando, en su momento, Cannes dio su premio mayor a Apocalypse Now, una película que por entonces despertó muchas dudas, y sin embargo una película que hoy es indiscutiblemente grande. Muy grande. El tiempo volverá a decidir.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos (2009)

Yimou cocinando pasta



Un hombre que tiene una tienda de tallarines se entera de que su mujer le engaña con un empleado y contrata a un asesino para que acabe con la vida de ambos y así vengar su traición. Lo que parece ser un crimen sencillo y sin cabos sueltos se enreda hasta convertirse en una maraña imposible de sangre y muerte.

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos ha sido entendido como un remake de Sangre fácil, la primera película que rodaron a mediados de los 80 los hermanos Coen. Sin embargo de Sangre fácil Yimou solo toma prestado el tronco argumental casi de manera esquemática y a brocha gorda.

No es nada habitual encontrar un remake chino de una película norteamericana. Menos común aún es que ese remake venga firmado por uno de los cineastas de mayor prestigio internacional. Para quien no le conozca, Zhang Yimou está entre los dos o tres directores de cine asiáticos más estilosos e importantes y posee una trayectoria admirable.

Su trabajo en Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos solo tiene sentido a la luz del conocimiento de su obra. Parece que Yimou ha hecho una especie de caricatura de sí mismo, especialmente una caricatura de sus últimos filmes, considerados bajo el influjo del cine comercial (cualidad despreciable para muchos críticos).


Yo sin embargo no la considero una obra menor, sino sencillamente una película que difícilmente podemos adscribir a la trayectoria previa del genial cineasta chino. Se aleja en forma y discurso del primer Yimou de Sorgo rojo, y se aleja en tono del Yimou de Hero o La casa de las dagas voladoras. La película de los Coen era un thriller de la América profunda desprovisto de humor, que Yimou ha transformado en una parodia ridícula (gracias a la comicidad de los actores y su vergonzoso vestuario) ambientada en la China medieval.

Pese a la ausencia absoluta de música el sonido es uno de los puntales del film, y Yimou ha prestado especial atención a este aspecto para enriquecer su película. El diseño de sonido final es alucinante. Como también es alucinante la escena en la que los protagonistas se lanzan a cocinar pasta, con una coreografía espectacular. En momentos puntuales como éste, surge el Yimou genial.

Visualmente es una gozada porque el tratamiento estético de cada plano está compuesto como si se tratase de una pintura. Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos conserva intacto el potencial de la trama argumental de los Coen y le añade un ritmo seco, preciso y sin baches. Finalmente, la agilidad con la que filma Yimou se impone al espantoso descalabro del ridículo (por difícil de exportar) humor de su película.




martes, 10 de mayo de 2011

GLEE / 1ª y 2ª Temporada

Vamos a hablar de GLEE



Uno. A día de hoy si no sabes qué es GLEE, sencillamente, no molas. Es una serie de televisión protagonizada por los chicos de un coro de instituto norteamericano. Enredos amorosos. Celos. Complejos. Hormonas. Y música.

Dos. Hoy en día hablar de GLEE es como hablar de Lady Gaga. Es un fenómeno que arrastra masas y siempre encontrarás a alguien en cualquier esquina dispuesto a partirse la cara por defenderlo o atacarlo. Eso nos coloca en una posición muy difícil. Pero también muy divertida.

Tres. Aunque sea difícil de creer, la vida en un instituto es la vida misma, sin colorantes ni conservantes. Unos pocos se reparten el poder, o lo que ellos llaman popularidad. Y unos muchos se conforman y pelean por ser mediocres y no bajar al último escalafón. El del marginado, el del inadaptado, el lugar de lo que se sale de lo común. GLEE nos dice que la vida es un concurso de belleza, una competición de música. Y nos lo creemos.

Cuatro. GLEE ha reunido a un grupo de nuevos intérpretes alucinante que cada capítulo nos regala varios números musicales deslumbrantes. Especialmente destaca de entre todos ellos, por su voz, su carisma, su trabajo histriónico, llevado muchas veces hasta el ridículo (como la propia serie) la interpretación central de una brutal Lea Michelle. Lea es Rachel Berry. Ella, aunque detestada por medio instituto, es la auténtica estrella del coro, una joven, criada por una pareja gay, con serios problemas de inestabilidad que adora a Barbra Streisand.

Cinco. Jane Lynch. Una actriz de 51 años curtida en cine y televisión, siempre desde el anonimato, salta al estrellato mundial con su Sue Silvester. Un personaje secundario en una serie de televisión. Y sin embargo un trabajo imprescindible. Cada vez que Sue Silvester aparece en pantalla, un terremoto atraviesa GLEE.

Seis. GLEE (como True Blood) es enteramente disfrutable y placentera porque se toma muy poco en serio a sí misma y es autoconsciente de que toda su trascendencia pasa ineludiblemente por ser un producto absolutamente placentero.

Siete. Si True Blood es una droga, GLEE es un chute de vitaminas, transmite unas ganas y una energía de vivir, de arrancarse a cantar y a bailar que no hay capítulo que no te haga saltar de la cama radiante de alegría.

Ocho. No os dejéis llevar por su apariencia ligera, liviana, poco seria y facilona. Tal y como está rodada, GLEE muestra un absoluto dominio de un lenguaje cinematográfico excelente. Cada encuadre, cada movimiento de cámara, cada transición cumple su cometido dentro de la narración. Así pasa, que los capítulos se devoran.

Nueve. –¿Es GLEE una serie imprescindible? –No, no lo es, no está a la altura de la realización, el trabajo actoral o los guiones de Six Feet Under, Los Soprano o Mad Men. Puedes vivir sin ella.

Diez. –Ah! ¿Se puede vivir sin ella? –Por supuesto. Pero se vive peor.


La Fox ha emitido dos temporadas de GLEE. Y GLEE ya es un éxito mundial. Pero va más allá. Sus dos primeras temporadas se han convertido ya –y no me tiembla el pulso al decirlo – en todo un hito televisivo.

jueves, 21 de abril de 2011

Código Fuente (2011)

Atrapado en la escena del crimen


Hace un par de años Duncan Jones, hijo del artista británico David Bowie, estrenó su primer largometraje como director de cine con Moon. Deduje por entonces que gracias a las influencias de su padre a Jones no le habría resultado especialmente costoso meter la cabeza en la industria del cine. Debutó en 2009 con Moon, un film de ciencia-ficción muy atractivo que con solo 5 millones de dólares de presupuesto logró una ambientación muy creíble y resucitó a Sam Rockwell que interpreta a un astronauta que vive aislado en una estación espacial en la Luna.

Este debut cosechó críticas entusiastas a pesar de que personalmente considero que (además de tener los pequeños defectos propios de un primerizo) Jones escribe y dirige Moon también con una cierta desgana que produce un ritmo cargante a la película. Y por lo tanto veo Moon como una película algo sobrevalorada y desganada.

Ahora en el año 2011 Duncan Jones pone el segundo peldaño de su filmografía con Código Fuente. De nuevo en el terreno de la ciencia-ficción, aunque esta vez con un presupuesto mucho mayor (32 millones de dólares) y con una estrella encabezando su reparto, Jake Gyllenhaal. Y Código Fuente es un paso adelante en la carrera de Jones.


Es una película muy entretenida y potente, en la que un hombre será insertado una y otra vez en una escena del crimen hasta que logre descifrar quién es el asesino. En un juego de referencias cinematográficas Código Fuente sería la suma entre Memento y Atrapado en el tiempo. A nivel de guion, narrativamente Código Fuente abre un portal de posibilidades ilimitadas y sin embargo acaba finalmente explotando muy pocas de ellas.

El film toca un tema muy poco frecuente en el cine, el juego con los intrincados mecanismos que rigen el cerebro humano. Puede que quizá Código Fuente tenga peores cartas que el Inception de Christopher Nolan. Pero Duncan Jones despliega con mejor habilidad su baraja, apostando por el espectáculo y la tensión de lo simple frente al castillo de naipes engreído de Nolan. Y eso se nota.

Código Fuente es un placer palomitero, de acción y suspense, y nadie debe pedirle explicaciones, no las da. Ni falta que hace. Te atrapa. Titubea con un par de finales quizá prescindibles. Y te deja ir.




viernes, 1 de abril de 2011

Mucho más que una obra maestra

Hable con ella


Mucho más que una obra maestra. Hable con ella es el trabajo definitivo de Pedro Almodóvar, un cineasta irrepetible, que aborda su particular versión de La bella durmiente con una emoción, una sensibilidad y una capacidad de sugestión asombrosa.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Lo mejor del 2010

10.- True Grit (Hnos. Coen)



True Grit recupera el Western intrascendente filmado con el mismo ensimismamiento con el que en su día se disfrutaba de este género. Increíble descubrimiento de Hailee Steinfeld, una niña de 14 años que se echa toda la película a su espalda e iguala en pulso al gran Jeff Bridges. (...) La realización de los Coen es tan brillante como de costumbre, y logran de nuevo su más preciada distinción, imponer su propio y particular ritmo a un relato que ya conoce otras pieles. Los Coen como un árbol anciano, trabajan su fruto, y éste, con el paso del tiempo, cae bien maduro a tierra firme.

9.- Copia certificada (Abbas Kiarostami)


Un relato que desdobla, sin por ello romper la naturalidad de su narración, la identidad de la pareja protagonista. Un film ensayo, cercano a lo que el cine europeo entiende por obra maestra, que rinde copia a su referente Roberto Rossellini y que cuenta con el imán magnético de otro encuentro romántico a tiempo real, Antes del atardecer (2004). Copia certificada es cine sobresaliente que esculpe una realidad desoladora.

8.- The Last Airbender (M. Night Shyamalan)

The Last Airbender es una salida de tono rara y personal sobre la que Shyamalan sella la huella de su maravilloso cine. Convierte un blockbuster infantil en un ejercicio de estilo. Llámenlo hiperinflación estilística o adorno gratuito. Los movimientos de cámara otorgan una fluidez casi hipnótica al ritmo de las secuencias de acción. Del más hortera y vulgar de los blockbuster fantásticos veraniegos brotan momentos extrañamente mágicos.

7.- Buried (Rodrigo Cortés)



Un ejercicio de claustrofobia resuelto con cine asombroso, que admite su propio reto de encerrar al único protagonista del film dentro de un ataúd durante 90 minutos. Parece imposible mantener el ritmo, la tensión, la credibilidad, el suspense, la hipnosis, pero el trabajo de cámara de Rodrigo Cortés y la actuación fantástica de Ryan Reynolds rompen cualquier pronóstico.

6.- Toy Story 3 (Lee Unkrich)

Toy Story 3 supera en todos los aspectos técnicos a las dos anteriores, está repleta de aciertos visuales, y de guiños cinéfilos, y (casi) iguala en encanto al original. Hay algo mágico en la mirada de este vaquero de rodeo llamado Woody, que atraviesa todo ese tiempo que nos separa de nuestra infancia. En especial la última mirada que le dedica Andy, su dueño, en el emocionantísimo epílogo que Toy Story se marca para redimir a sus dos tercios restantes y para acabar empapando las (por cierto, terriblemente pesadas y oscuras) gafas 3D. El cine como memoria impagable de recuerdos.

5.- The Ghost Writer (Roman Polanski)

Polanski planifica con la precisión, con la habilidad del mejor Fritz Lang, del de los años 50, del de Los sobornados y Más allá de la duda. Es un thriller político de suspense, ágil e inteligente protagonizado por un correctísimo Ewan McGregor y un Pierce Brosnan con un aplomo sorprendente. Ejecutada con un pulso firme y excepcional.

4.- Shutter Island (Martin Scorsese)

Con una puesta en escena que agarra a Leonardo DiCaprio en primer plano, y le castiga con contrapicados y cenitales. Es un film cargado de electricidad, alucinógeno, que mediante breves interrupciones de la narración presente (flashbacks y escenas oníricas) construye en paralelo los raíles que conducen hasta una (pen)última secuencia, que para algunos es demasiado explícita o explicativa, y sin embargo para otros (como para el que les escribe) es la enésima demostración del fascinante, sofisticado y turbador poder de atracción de Shutter Island. Un espectáculo cinematográfico brillante.

3.- Cisne negro (Darren Aronofsky)


Natalie Portman rabiosa y colérica, encendida, se saca de encima un tour de force desde el estómago. Aronofsky alcanza aquí una madurez de la que da muestra su enérgico (y atronador) trabajo de cámara filmando las escenas de danza. (...) Y esta escalada de histeria y obsesión en forma de laberinto repleto de trampas acaba por encaramarse a un cine apoteósico en un tercio final descarnado, desenfrenado, auténtico y terriblemente enfermizo.

2.- Uncle Boonmee (Apichatpong Weerasethakul)

Uncle Boonmee es una propuesta cálida y húmeda, irregular, a ratos irrelevante o insípida, y sin embargo por momentos deslumbrante e hipnótica. Es un cine abocado a lo sensacional, y por lo tanto premia la conquista de las sensaciones. Este mismo año habrá otras muchas películas más sólidas, concisas, mejor escritas, interpretadas o dirigidas, pero ninguna tan estimulante, arriesgada, libre o sugerente como Uncle Boonmee.

1.- La red social (David Fincher)

Con el mismo espesor narrativo con el que fuimos a la caza y captura del asesino (de) Zodiac, salimos en busca del origen de la idea emprendedora más importante de nuestro tiempo en La red social. La solemnidad de una verdad recia desgranada con esmero y apuntalada por el score alucinante de Trent Reznor. (...) David Fincher transforma el guión impresionante de Aaron Sorkin y lo muda a cine imperecedero. Un film prodigioso.