Paranoid Park (2007)

Lo poco que queda de Gus Van Sant


Gus Van Sant estrenó en el año 2002 una obra mucho más importante de lo que pueda aparentar. Gerry marca el trazo a seguir a lo largo de un nuevo sendero, una forma distinta de hacer cine y el más extremo punto de inflexión que ha dado un cineasta en lo que va de siglo XXI. Un vuelco de escándalo, una bofetada al mainstream de sus anteriores trabajos. De las que dejan marca. Gerry solo era el borrador de un proyecto más ambicioso que desemboca en Elephant, Palma de Oro en el Festival de Cannes 2003, una obra maestra. Pero Van Sant nunca fue todo lo regular que nos gustaría. Last Days y sobretodo Paranoid Park son muestra de ello. Es como si Van Sant filmase Paranoid Park hastiado de su propio cine. O como si en un acto de hipnotismo hubiesen robado el cuadernillo de planificación del director de Gerry para rodar un guión barato.

El error en la dirección de casting es lamentable. Casi todos los intérpretes que aparecen en pantalla son debutantes, y todos sin excepción están espesos. No hay en ellos ni un atisbo de credibilidad, y su personaje protagonista, que debía ser un adolescente atormentado, pasa a ser uno de los caracteres más anodinos que han poblado el cine del director. Esperaba un brillante acercamiento a la compleja rutina del joven y sin embargo queda completamente desdibujado.

Gus Van Sant no da señales de vida en Paranoid Park. Lo narrativo carece de interés alguno y el trabajo de cámara ya no es novedad por lo que el nivel de atracción queda bajo mínimos, con la excepción de un par de planos que podríamos rescatar: el agua que se escurre a través del pelo de Alex en su ducha, o un plano fijo ralentizado que captura una tras otra las acrobacias de los skaters.


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