jueves, 29 de mayo de 2008

La niebla, de Stephen King (2007)

Lo que la niebla no deja ver



En un pequeño pueblo de Maine, estalla de repente una violenta tormenta que termina tan bruscamente como comenzó. Entonces aparece una espesa niebla que va entrando y atrapando a la gente en sus hogares, supermercados... y va matando a todo aquel que se adentra en su oscuridad.


Como adaptación es mejorable, y más teniendo en cuenta que el adaptado es Stephen King y el adaptador es Frank Darabont (autor de la maravillosamente clásica Cadena Perpetua). Quien haya leído la novela de King -rey del terror- sentirá una decepción no sin justificar. Pero para un desconocedor de la obra del superventas estadounidense, La Niebla es un terror fascinante, por momentos contenido. Tan cercano al cine de serie B y aun conserva la intriga sobrenatural que imprime Night Shyamalan en cada una de sus cintas. Darabont se rodea de un reparto sin estrellas reconocibles, salvo con alguna cara conocida como la de Marcia Gay Harden. Claro que los personajes son predecibles, pero esa debía ser la intención, imitar la tipificación de los estereotipos que se ven en las ya citadas series B. También salen a la luz defectos del director, la impaciencia le impide retener el misterio, y muy pronto muestra lo que la niebla oculta. La plaga de criaturas que descienden a la gran pantalla son de lo más sonrojante.


La sorpresa es cómo una película de ciencia-ficción cercana al terror es capaz de aventurarse en terrenos tan pantanosos del calibre de la naturaleza primitiva del hombre. Y es que lo más peligroso de esa niebla no es lo que oculta sino el efecto cegador que tiene sobre los protagonistas que encerrados en un supermercado -versión actualizada del propio mito de la caverna- se preguntan como niños qué es exactamente el miedo, y qué conocen de él. El final es algo frustrante porque mezcla una sensación esperanzadora con el más caótico desaliento. Se coja por donde se coja, es La niebla un alegato contra la ciencia... y la religión.



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