martes, 2 de junio de 2009

The Happening (2008) - versión 2.0 - Fallo de apreciación

El sosiego del fin de los tiempos




Hace unos meses, aproximadamente un año, cometí un error grave de apreciación al considerar El Incidente (The Happening, el título original y más apropiado) una profunda decepción y una película fallida de su director M. Night Shyamalan, cineasta -vaya por delante- que me entusiasma y a quien tengo en un altar, pero su último film me pareció una enorme estupidez en su momento y así lo reflejé en un artículo del que ahora mismo me avergüenzo: Shyamalan se pierde en la espesura de Hollywood. Todo lo que se podía leer en él era mi descontento con el nuevo rumbo que había tomado el indio y cómo por el camino había perdido sus virtudes. Me equivoqué porque es una película entretenida y sugerente y no puede estar más lejos de lo que hoy se entiende en Hollywood como cine de masas. Lo que más me entristece de mi error es el tiempo que llevaba lamentando la cantidad de gente que había salido decepcionada de las películas de Shyamalan, y yo mismo he caído en idéntica trampa.

No pretendo autoflagelarme por ello pero sí busco aprender alguna lección de este insignificante (por la nula repercusión de mis palabras) fracaso. Esto me hace replantearme mi sistema de apreciación de un film e incluso la manera de verlo. Una película -como cualquier otra obra- debe ser juzgada no en orden a aquello que ya conocemos, sino como proceso de aceptación de la propia naturaleza de la obra y a partir de ahí, lo exitoso de sus expectativas y lo satisfactorio que llegue a ser su modo de alcanzarlas.

¿Qué sentido tiene encontrar la maestría en un territorio - el del cine de terror de serie B- que nunca la buscó, y que se identifica precisamente con su ausencia? El Incidente persigue el género perdido del llamado terror serie B, de presupuestos bajos y resultados ínfimos. Es cierto que el guión es flojo, y las interpretaciones son, por poner un adjetivo general y que no hiera, malas. Pero el dominio absoluto y sosegado que tiene Shyamalan de su cinematografía permanece intacto. Es más, sale reforzado si cabe de tan difícil reto. Porque no es fácil tomarle el pulso a El Incidente. Hay que interpretarla como una particular versión del fin del mundo a pequeña escala.

¿Dónde podemos encontrar al mejor Shyamalan en su última película? La apertura como planteamiento argumental es un más que notable ejercicio de suspense (las dos primeras escenas son incluso sobresalientes) y todo el desarrollo de la trama adquiere una fluidez y una sutilidad casi hipnótica. Además hay dos planos preciosos en los que Shyamalan aleja la cámara del plano corto al general para que no podamos ver los rostros de sus protagonistas. Uno en el que Mark Wahlberg abraza a su sobrina a mitad de película. Otro, que pertenece a la penúltima secuencia, en el que Zooey Deschanel le cuenta a su marido la buena noticia, el niño que está en camino. Ambas contadas en plano general donde no se escucha más que la banda sonora del siempre inspirado James Newton Howard. Es una demostración de qué puede hacer un gran director con actores muy limitados.
"Intuyo que Shyamalan es de esos directores a los que el tiempo dará la razón, a los que las miradas retrospectivas y, por tanto, de conjunto, reivindicarán por encima de las urgencias derivadas de las reseñas exprés (como ésta que firma un servidor). Pero la actualidad tiene estas cosas, y aunque el que esto firma defendió a Shyamalan contra la corriente incluso a colación de El Bosque y La Joven del Agua, no encuentra argumentos sólidos para seguir haciendo lo propio en referencia a El Incidente." (Roberto Piorno: La Guía del Ocio)

Perfectamente hace un año podría yo suscribirme a estas palabras, pero el tiempo y un segundo visionado me han hecho entrar en razón y me he dado cuenta de que El Incidente es bastante mejor de lo que me temía. La labor del director está en la superficie pero tiene su repercusión en las profundidades cinematográficas del film, de ahí lo difícil que resulta abstraerla de otras tareas menos meritorias en relación con el cinematógrafo, como la trama argumental o el trabajo actoral.


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