martes, 26 de julio de 2011

Las Reliquias de la Muerte - Segunda Parte (2011)

 El entierro de la sardina



Vista con una cierta perspectiva la primera parte de Las Reliquias de la Muerte no fue más que un oasis de placer en medio de cientos de minutos de cine desnatado de gran presupuesto dirigido a una audiencia enorme y muy definida.

Al contrario que las dos primeras películas de Chris Columbus (dos películas de aventuras para toda la familia), a medida que Potter y sus colegas de instituto van cumpliendo años, sus películas cada vez están diseñadas con más mala leche para el no iniciado. Entendamos por no iniciado a todo aquel que no se haya empollado los siete tomos de Rowling y no se sepa de carrerilla la alineación entera del equipo de Quidditch como quien recita el once del Racing de Santander.


La franquicia Harry Potter se despide con más ruido que nueces. Esta última entrega despliega su baraja de cartas de la manera más generosa posible, sin reparar en gastos, pero con un abandono ya absoluto de cualquier tipo de humor desmitificador. La historia entra a saco en una épica del Bien contra el Mal (personificada en el esperado enfrentamiento definitivo entre Potter y Voldemort) tan desmesurada, tan lejos de sus posibilidades, que no logra esquivar lo ridículo.

Con todo, lo más inteligente era sacar la artillería fuerte. Era el momento de ceder el protagonismo al Severus Snape de Alan Rickman, el mejor personaje y el mejor actor que ha pisado Hogwarts. Rickman tiene toda la personalidad, el carisma, el misterio, la magia, la intensidad que no ha sabido encontrar Daniel Radcliffe en Potter.

Siguiendo con las comparaciones. David Yates no es Peter Jackson, y la sombra de Tolkien le queda demasiado grande a J. K. Rowling. Ya somos todos muy mayorcitos y un chaval que corre en chándal varita en mano no está para salvar al mundo.

Lo confieso. No he leído las novelas. Ni falta que hace. El buen cine sabe defenderse solito. El film de David Yates tiene pasajes espectaculares, nadie puede negarlo, pero es incapaz de encontrar el tono adecuado.

Para entendernos. El look de tragedia apocalíptica no le sienta bien a una historia que comenzó (no lo olvidemos) en una estación de tren con una lechuza y tres críos estrenando zapatos nuevos. ¿Quién no daría todo por volver al principio?

Para gustos los colores, o cada uno de los cuatro directores que han estado detrás de todas las películas de la saga. Pero después de ocho entregas es inevitable presentarse a la última convocatoria sin ganas de estudiar, exhausto y agotado de tanto Hogwarts.

Este fin de fiesta que es Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 2 no tiene la solemnidad de su antecesora, y la marcha fúnebre que debiera dar muerte a Harry Potter a ratos parece más bien un revival chanante.



viernes, 22 de julio de 2011

Las Reliquias de la Muerte - Primera Parte (2010)

La Santa Misa


La Orden del Fénix y El Príncipe Mestizo (quinta y sexta entrega de Harry Potter) sirvieron al director David Yates para tomar las riendas de su particular franquicia. Y lo cierto es que Yates, pese a su inexperiencia y escasa personalidad, ha demostrado más oficio que el de gran parte de sus guionistas e intérpretes, y eso es preocupante.

En Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 1 por momentos hay instantes de cine enigmático, misterioso y sugerente. El conjuro de Hermione a sus padres. La llegada de Snape a Hogwarts. La reunión de Voldemort con los Mortífagos. Harry y Hermione bailando a solas en una acampada a medianoche. La visita al cementerio en el que están enterrados los padres de Potter.

Ni siquiera la desgana y el hartazgo general por la agotadora imaginación de Multi-Salas de J. K. Rowling consigue hundir los momentos sobresalientes de esta película llena de matices. Entre esos matices se encuentra un punto de fuga alucinante y no hay otro momento ni remotamente tan genial en toda la franquicia, especialmente prodigioso y tratado con muy buen gusto. Me refiero a la fabulosa reconstrucción animada en la que cobra vida el cuento de Las Reliquias de la Muerte.

Es la entrega de la saga en la que vemos al Harry, y sobre todo a la Hermione y al Ron más adultos. Los momentos de acción no son simplemente un pegote de vaivenes, saben encontrar su lugar dentro del film, se muestran reveladores.

Es la entrega más calmada y sosegada de cuantas ha dirigido David Yates y suponemos que gran parte de la culpa la tiene el operador de cámara portugués Eduardo Serra. Y el compositor francés Alexandre Desplat firma una partitura preciosa que revive la magia de los parajes singulares sobre los que dispara Serra.

Igualmente el relato –no importa quién esté detrás de la cámara – no se sostiene por ningún lado, y el sentido de la aventura y de la épica queda reducido simplemente a pequeñas ráfagas.

Esta elegante y solemne primera parte de Las Reliquias de la Muerte deja la puerta abierta a una muy esperanzadora segunda parte (y última entrega de Harry Potter) y lanza al aire una incógnita complicada. ¿Serán David Yates y Eduardo Serra capaces de concretar todas las virtudes de este film sobresaliente en un desenlace sugerente y digno para una de las sagas más populares de la industria del cine?