Shame (2011)

Vergüenza

Juan Manuel de Prada habla de ‘arte infiernado’ para referirse a Shame dentro de una corriente de arte, y de cine particularmente, que “retrata la vida como un infierno desolado de suplicios sin fin, arte que trae los tormentos propios de la condenación eterna a nuestra andadura terrenal”.  Y habla de arte porque Shame llega a la cartelera bajo el manto de un supuesto cine artístico –como si tal cosa pudiese existir, o como si tal cosa pudiese distinguirse de cualquier otro tipo de cine –, un cine inflado por gente que reconstruye con elucubraciones e interpretaciones dudosas el sentido del film y el de sus protagonistas.

Así visto, es por lo tanto un acierto que el director inglés Steve McQueen, en la que es su segunda película, vacíe de sustancia Shame para que el espectador avezado de cine intelectual –como si tal cosa pudiese existir, o como si tal cosa pudiese distinguirse de cualquier otro tipo de cine – descubra en ella una habilidad narrativa acorde con la emoción que parece latir detrás de sus imágenes. El hastío.

Pues desconozco las intenciones del director, no sé si estamos delante de una película que retrata la angustia de un hombre adicto al sexo, o que simplemente pretende dibujar la angustia de un hombre corriente en los primeros años del siglo XXI. Michael Fassbender interpreta a ese hombre, Brandon, un adulto de buena posición social con un trabajo estable y un apartamento en Nueva York. Al parecer Brandon sufre algo parecido a una obsesión por el sexo. En el film este hecho es representado con la más obvia de las acciones, la masturbación compulsiva, representación tan simple y fácil como pegar un hombre a una botella de alcohol y llamarlo alcohólico.

Pues bien, ese ‘arte infiernado’, del que De Prada habla, ha asumido que no hay vida más allá de esta vida, y que es precisamente en esta vida donde realmente se escenifican los estadios del cielo y del infierno. McQueen sitúa su Shame en un punto próximo a la actitud de Biutiful (Iñárritu, 2010), casualmente el film más afectado y tremendista del año pasado. McQueen se niega a involucrarse en este infierno terrenal dejando a sus protagonistas a merced de un terrible desamparo. El gatillazo y el suicidio son las expresiones más elevadas del fracaso en Shame.

En su segunda película, McQueen demuestra una pereza y una desgana absoluta, primero, escribiendo el guión y, segundo, rodando sus escenas. Más grave aún es este hecho considerando que su anterior película Hunger es, a mi gusto, una auténtica obra maestra, rigurosa formalmente y contundente en materia política. Hunger comparte con Shame productor, director, operador de cámara, guionista y actor protagonista. Por lo tanto hay un misterio terrible detrás de estas dos películas. ¿Dónde han quedado todas las virtudes de Hunger? ¿De dónde han salido los defectos de Shame?

Como es lógico, debido al tema central de la película y al desnudo integral del protagonista Michael Fassbender, la película ha despertado una gran expectación y es una verdadera lástima que tal cantidad de atención mediática quede prendada por un film tan insípido, insustancial y aburrido.


Comentarios

Pues eso, que en cuanto a planos etc está bastante bien... pero si le quitas las escenas de sexo y alguna más... esta película no la veía ni la madre del director. No sé de dónde sale tanto premio.
Víctor E. Blanco ha dicho que…
Yo ni eso. De las escenas de sexo se salva el trío, que me gusta cómo está rodado.
Trecce ha dicho que…
¡Ay, Señor! Esto de etiquetar las pelis, vale para tapar más de una carencia.

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